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Costa Rica y la represa en el Río San Juan

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·Amenaza ambiental de indescriptibles consecuencias


Por Freddy Pacheco*
frepaleon@gmail.com

El Río San Juan, de 189 km de longitud, y su cuenca, incluyen diversos ecosistemas que van del bosque tropical seco hasta el bosque tropical húmedo, que forman parte de un corredor biológico natural que permite la interacción entre especies originarias de la región Neoártica del norte y Neotrópica del sur del continente. Ecosistemas que son asiento de numerosas áreas protegidas, hábitat de numerosas especies de aves (garzas, cigüeñas, espátulas rosadas, ibis blancos, patos aguja, piches…) así como cormoranes neotropicales, especialmente evaluados por tratarse de la colonia más grande de Costa Rica, y poblaciones permanentes del clarinero nicaragüense, ave endémica de la cuenca del Lago de Nicaragua.

Asimismo, en las áreas boscosas y humedales son frecuentes los avistamientos de especies en peligro de extinción como pumas, dantas, jaguares, manigordos, monos congo, cariblancos, colorados, tolomucos, perezosos y nutrias. Destacándose también las tortugas terrestres, los caimanes y decenas de especies de peces, incluido el pez gaspar, al que se le considera fósil viviente.

Aunque muestra grandes fluctuaciones en su caudal, tanto a lo largo de su recorrido como en las diferentes épocas del año, en promedio se estima que en su nacimiento, cuando el lago pasa a ser río, es de 475 metros cúbicos por segundo. Caudal que aumenta considerablemente a 1.308 m3/segundo con el aporte del río Sarapiquí, y en conjunto con el Lago de Nicaragua, la cuenca transfronteriza constituye la mayor reserva de agua dulce del istmo centroamericano y una de las más grandes de continente.

Hemos querido anotar los anteriores datos
(¡solo unos cuantos!) para ayudarnos a describir la magnitud de la amenaza ambiental de indescriptibles consecuencias que tendría la construcción de una represa de 400 metros de cresta en la región del río cercana al Lago, con la que se espera detener totalmente su flujo hacia el Caribe, con los consecuentes impactos ambientales predecibles. Tapón de concreto que provocaría el que el río pasaría a ser quizá una quebrada o riachuelo de menor importancia a lo largo de decenas de kilómetros, desde la represa hasta la desembocadura del río Sarapiquí, condenando a su desaparición, a todo su largo, aquella flora y fauna incapaz de soportar un cambio ambiental tan brutal como el que se propone causar.

Situación que nos hace reiterar nuevamente el por qué se habrá de plantear la destrucción como desarrollo, como ha sido la historia usual de ambos países en muchos periodos de su corta historia republicana.

Ante las necesidades energéticas nicaragüenses, que tienen carácter de urgencia, sus gobernantes parecieran estarse decidiendo por obviar la gran riqueza de su maravilloso río con tal de generar un poco más de 250 MW de electricidad, que tampoco solucionaría su crisis energética.

Decisión que se apoya en expresiones del presidente Daniel Ortega quien ya en setiembre del 2006 había declarado que “…no crea mayores complicaciones medioambientales ni de ningún tipo”, y el acuerdo suscrito entre el gobierno y la empresa privada brasileña Andrade y Gutiérrez, en febrero del 2009, para que ésta iniciara los estudios conducentes a hacer realidad el proyecto de $600 millones.

Acciones para evitar el desastre. Como el asunto es muy conocido por nuestras autoridades desde hace meses y porque indiscutiblemente nos compete como Estado ejecutar acciones que eviten que tal desastroso proyecto se haga realidad, nuevamente llamamos la atención al canciller “verde” y a demás autoridades gubernamentales para que nos describan las acciones que han venido ejecutando como reacción a esa agresión.

Como la naturaleza no conoce de tratados de límites, ni la fauna y flora transfronterizas portan pasaportes de nacionalidad, ticos y nicas hemos de unir esfuerzos por convencer a los empresarios interesados en este mal negocio, de las consecuencias que tendría pasar a la vertiente del Pacífico a través del istmo de Rivas, las aguas que recibe el río San Juan del Lago de Nicaragua. Convencerlos de que el Proyecto Hidroeléctrico Brito conlleva, además de la violación fragrante de convenios internacionales reconocidos por ambos Estados, un grave irrespeto a los recursos naturales y los habitantes que se tiene el deber de resguardar, brindándoles educación, salud, alimentación y una calidad de vida que les retribuya los derechos humanos que no conocen.


*Catedrático UNA

Fuente: Diario Extra
Suplemento Página Abierta

Foto: informa-TICO


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La geopolítica del Banco Mundial para Costa Rica

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Por José Luis Vega Carballo*

Estamos en un medio de un proceso de destrucción de algo que podríamos llamar el “modelo social costarricense”, basado en derechos y servicios públicos universales por parte de un super-poderosa agente externo: el Banco Mundial (BM), sus agencias y acólitos neoliberales internos incrustados desde los años de 1980 en las estructuras neo-oligárquicas de poder del bipartidismo (PLUSC) y ahora apuntaladas recientemente por los libertarios.

El ataque banco-mundialista se concentra en desbaratar las conquistas y avances logrados por una alianza histórica de clases medias y populares con sectores progresistas y nacionalistas de la clase dominante. Esa alianza fue forjada en la segunda mitad del siglo XX y materializada en su principal producto: la construcción progresiva de un Estado Social de Derecho, respetuoso de los derechos humanos y laborales. Y este es el blanco principal contra el cual han apuntado el BM y sus aliados internos, o sea, los tecno-burócratas neoliberales instalados en el gabinete, en las instituciones autónomas y semi-autónomas, en el poder judicial, en la contraloría y el Banco Central, a los cuales hay que sumar ahora toda una franja tecno-burocrática de entes reguladores de nueva generación (las “superintendencias”), los que en la jerga del BM son medulares para que opere su proyecto denominado el “Neo-institucionalismo” y al cual en esta columna nos hemos referido en múltiples ocasiones.

Toca ahora desnudar y desmenuzar aquí en varias entregas en qué consiste el guión o recetario que viene impulsando el BM y sus agencias en esa arremetida contra el modelo social, para la cual han logrado el apoyo de los PLUSC-gobiernos. El gran objetivo es convertir el Estado Social y la sociedad del bienestar en su opuesto: el primero, en una maquinaria al servicio de los grandes negocios transnacionales privados y la segunda en una sociedad informatizada y globalizada del conocimiento, a la que buscan controlar mediante estrategias y mecanismos mercadológicos, de lo cual deriva la importancia asignada a la transformación del sistema educativo (especialmente de la educación superior)en un puntal de la competitividad y en un apéndice del sector productivo globalizado, en especial de las firmas transnacionales y los complejos empresariales (o “cluster”) tipo maquila de zona franca cuyo buque insignia es INTEL, y que han prosperado de acuerdo a los lineamientos de las políticas de apertura comercial y desregulación que el BM impuso a estos países periféricos a raíz de la crisis de la deuda de años 1980-90.

Recordemos, de paso y para no dejar de tenerlo en mente, algo que es decisivo y a veces no se advierte. Que el BM siempre desarrolla tales políticas en alianza con fuerzas tan poderosas como las siguiente: el Fondo Monetario Internacional(FMI), la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el Foro Económico Mundial de Davos, y una triada imperial compuesta por los gobiernos de EEUU, la Unión Europea y Japón que dirige el binomio G-8/G-20, bajo la protección global militar-policial de Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Se les menciona a todos claramente, con sus nombres y siglas, para que vayamos ubicando bien las raíces y palancas externas con que cuenta el recetario que se nos ha venido aplicando consistentemente y sin interrupción desde la primera administración de los Arias, entre 1986 y 1990, en un proceso que culminó con la aprobación fraudulenta del TLC con EEUU y, para colmo, que ha sido coronado por la ocupación militar-policial del país, transformado en una base inter-oceánica apuntalada por el Pentágono y el Comando Sur con la aprobación explícita del gobierno “nacional” por una flota de 46 barcos militares y más de 7.000 efectivos militares. Pero esto no es casual.

Una muestra de esa absorción geopolítica del país por EEUU –gran potencia hegemónica que comanda esa constelación de organismos internacionales--, la comenzamos a ver la semana pasada en la zona del Caribe con el atraque del barco anfibio USS Iwo Jima-LHD7 (costo actual: US$1.400 millones) cargado de infantes de marina, misiles Sea Sparrow, helicópteros de varios tipos y aviones de combate Harrier AV-8B, que se integran a la 26th Expeditionary Force (26 MEU) compuesta por los marinos a bordo. Es un buque de guerra anfibio de asalto del tipo WASP, diseñado con tecnologías avanzadas para combates y otras operaciones militares en tiempo real.

Según informa la Armada Nacional de Colombia, el USS Iwo Jima zarpó de Norfolk, Virginia, el 12 de julio comandada por el comodoro Thoman Negus y visitará ocho países de la región (Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Haití, Nicaragua, Panamá y Surinam). Luego de estar en Haití, llegó a Colombia en su cuarta visita el pasado 8 de agosto encabezando misión "Promesa Continua 2010".

Mencionamos lo anterior para que no perdamos de vista que, contrario a lo que se ha hecho creer a la población, el USS Iwo Jima no es un pacífico barquito u hospital flotante. Puede actuar ofensivamente y disfrazarse como barco-hospital de apoyo a supuestas misiones humanitarias, entiéndanse operaciones camufladas en teatros de guerra. Aún más, para que se entienda su misión, este super-anfibio ha participado en maniobras y misiones militares en el Mediterráneo, el Golfo Pérsico y Djibuti, la guerra de Iraq y la guerra civil en Liberia (África) desde que fue lanzado al mar en febrero del 2000, siendo desde 2003 incorporado a una operación militar de larga duración denominada Operación Enduring Freedom (OEF) de la que es parte esta nueva misión que cumple en nuestras costas del Caribe, la “Promesa Continua 2010”, la cual encabeza y donde no actúa solo sino formando una triada compuesta por otros dos barcos anfibios ultramodernos de asalto, pacotilla naval de asalto conocida como Iwo Jima Amphibious Ready Group.

Cabe anotar que, curiosamente, la guerra de EEUU en Afganistán lleva el mismo nombre oficial de Enduring Freedom, luego de ser bautizada inicialmente por Bush como Operación Infinite Justice. Ambas han sido parte de la operación sombrilla anti-terrorista y contra-insurgente, designada como Global War on Terror (GWOT), quel incluyó hasta el 10 de agosto pasado a la Operación Iraqui Freedom que dejó a Iraq despedazado. A su vez, la Operación Enduring Freedom (OEF) comprende varias sub-operaciones, además de la de Afganistán (OEF-A), a saber: Filipinas (OEF-P), Cuerno de África (OEF-HOA) y Trans-Sahara (OEF-TS).

Asimismo, el país debe saber que la Enduring Freedom se ha extendido a la zona del Caribe a cargo de la IV Flota en apoyo al Plan Colombia (ahora coordinado con el Plan México o Mérida, que incluye a Centroamérica), nada más que disimulada como misión humanitaria “Promesa Continua 2010”; y es apoyada por la flota anunciada que vendrá a posicionarse en Costa Rica y de la cual el Iwo Jima es solo su avanzadilla. Esta operación está dirigida por el U.S. Southern Command (USSOUTHCOM) y es ejecutada por la U.S. Naval Forces Southern Command (USNAVSO)/ U.S. 4th Fleet.

Todo lo cual la US Embassy en San José se ha encargado de encubrir cuidadosa y hábilmente, junto al gobierno, con una campaña mediática calculada para engañar a la opinión pública nacional y mundial, cuando se sabe que en realidad todo el montaje es parte de un mismo engranaje guerrista y un amenazante operativo imperial, con lo cual además se confirma lo que pregona el chiste de mal gusto que, a raíz de la llegada del USS Iwo Jima y la instauración de la base yanqui, hacen en la Casa Blanca de que “Costa Rica no tiene un ejército porque, con los amigos que tiene en Washington, no lo necesita”.

Pues bien, al hacer de Costa Rica una neo-colonia, bajo los auspicios del BM y con la aprobación del TLC, la administración Arias-Chinchilla nos ha integrado ahora a la maquinaria militar imperial y ubicado en el centro de este tipo de peligrosas estrategias y horrendos escenarios militares, despedazando así la Proclama de Neutralidad y la tradición de paz que hasta la Sala IV había consagrado como supremo valor de la nacionalidad y la institucionalidad.

Que lo aquí expuesto hasta este punto solo como un preámbulo a la exposición y análisis del recetario del BM que haremos, comenzando con un tema de enorme actualidad y trascendencia pública. El de los puertos de Limón, donde precisamente está atracado el USS Iwo Jima y donde, como por casualidad, el BM ha propiciado que se privaticen esas infraestructuras nacionales, por razones no sólo económicas sino también de seguridad, como ingrediente de su Proyecto Mesoamérica (antes llamado Puebla-Panamá). Una receta oficial del BM que fue adoptada y aplicada manu militari por el gobierno de los Arias mediante un violento e ilegal atropello al gremio de muelleros Sintrajap, el cual fue descalificado la semana pasada por resolución de la Sala IV. Ya veremos, entonces, lo que en materia de muelles establece el BM porque ilustra bien los alcances geopolíticos de sus estrategias para nuestro país y revelan lo que en esencia constituye el gobierno continuista de Chinchilla.

*Catedrático exdirector del Instituto de Investigaciones Sociales, UCR


Fuente: Diario Digital El País

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No poner en riesgo el exitoso modelo actual

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Por Mayid Halabi Fauaz*

Sobre la apertura del sector eléctrico nacional. La pretensión medular de casi todos los discursos emitidos a favor de una nueva ley de electricidad es abogar por estos objetivos: la generación eléctrica por fuentes limpias (95% o más), excelente calidad y precio, así como el desarrollo de nuevos proyectos que garanticen el abastecimiento nacional por lo menos para los próximos 20 años, para todos los habitantes de Costa Rica (actualmente abastecidos en 99% de la población).

Con documentos en mano, índices y análisis sin duda se puede afirmar que eso ya lo tenemos. No es necesario un cambio en la legislación nacional para lograrlo.

El ICE en 66 años ha podido lograr un éxito rotundo en todos los campos que ahora persiguen los impulsores de esta nueva ley, excepto que, como empresa del Estado, no satisface algunos intereses que no pueden tolerar que un servicio público tan valioso, no esté en manos privadas.

Hemos tenido años en que la generación eléctrica se ha dado cercana a los 95% por fuentes limpias y en los peores casos, por sequías, rondamos el 90%. Tenemos programado en nuestros planes de desarrollo un significativo aporte de otras fuentes limpias, como la biomasa, el viento, la geotermia y el sol. Pero quienes pretenden tener un 100% de generación limpia pervierten el modelo, al hacer creer que un sistema dependiente de las condiciones climáticas (agua, sol, viento) podrá sustentar el faltante eléctrico por otras fuentes, cuando en futuros años secos se tenga que hacer. Siempre es necesario para respaldo un componente térmico, aunque mínimo.

Superior a los demás. El ICE tiene una calidad de electricidad superior a cualquiera del área centroamericana y muy similar a los países desarrollados, sus tarifas residenciales son de las más bajas del área y sin duda somos un ejemplo en el porcentaje de cobertura eléctrica (99,2%).

Deberían ser más sinceros quienes buscan imponer un modelo de mercado abierto (mercado mayorista) y una consecuente participación privada sin límites en la producción eléctrica, distribución y comercialización de los productos, como ha sucedido en América Central y que ha tenido malísimas consecuencias para los clientes, tal y como lo afirma la “Evaluación de diez años de reforma en la industria eléctrica del istmo centroamericano” (www.cepal.org, 2004, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, organismo dependiente de la ONU, responsable de promover el desarrollo económico y social de la región).

Este estudio, sumamente serio y completo afirma, entre otras cosas, que: “El servicio empeoró, la cobertura no creció y las tarifas aumentaron”; “no se han generado condiciones de competencia en el mercado al mayoreo; las pérdidas de electricidad han crecido a pesar de que reducirlas fue objetivo prioritario de la privatización”; “la dependencia de los hidrocarburos ha aumentado alarmantemente en una región con vocación e historia hidroeléctrica; la emisión de contaminantes por consumo de hidrocarburos en la industria eléctrica es hoy una de las primeras causas de contaminación ambiental”; “Los menos perjudicados son Panamá y Costa Rica, el primero porque el Estado se reservó 50% de la propiedad del sector y el segundo porque mantuvo el control de casi 90% de la producción y la figura de comprador único en manos del Estado, además de impulsar un ambicioso programa de generación hidroeléctrica, eólica y geotérmica con inversión pública”.

Esquema fracasado. Estas conclusiones nos informan que el esquema que se pretende crear en Costa Rica ha fracasado en el resto de América Central, trayendo consecuencias terribles para todos sus habitantes. Recientemente, el Poder Ejecutivo nos cuenta que pretende hacer variantes al modelo de mercado abierto, creando un mercado mayorista privado y dejar solo al ICE.

Sin embargo, en un mercado tan pequeño como el costarricense, el modelo propuesto no será tan beneficioso como pretenden, excepto para los nuevos generadores y comercializadores al mercado mayorista de Centroamérica, que sin duda están de brazos abiertos esperando que la electricidad generada en Costa Rica sea trasegada para una Centroamérica cuyos precios de electricidad son altísimos y cuyas necesidades de abastecimiento son enormes. ¿Es un problema que abastezcamos a Centroamérica con nuestra electricidad? Resulta que no es tan sencillo el problema, porque tiene que haber una discusión de país, para determinar si nuestras fuentes de generación limpia, como nuestros ríos, deberían ser explotados para proveer electricidad desde Panamá hasta México y si eso es lo que queremos.

Para atender algunas de las “necesidades” de los proponentes de este cambio legislativo, sin poner en riesgo el exitoso modelo actual, existen algunas opciones fácilmente realizables y no generarán la polarización que se anticipa de seguirse con el plan propuesto, entre ellas destaco: un ajuste a la actual ley 7200 ampliando los topes a la participación privada y los esquemas de alianzas público-privados (nacionales e internacionales) para desarrollo de proyectos eléctricos por fuentes limpias.

Esperaremos el nuevo texto del proyecto de ley, porque hay elementos del esquema actual que de seguro no abandonarán y podríamos referirnos a futuro sobre ellos.


*Presidente del Sindicato de Ingenieros del ICE
mhf@mhalabi.com


Fuente: Página Abierta


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El Proyecto Mesoamérica y el golpe de Estado en Honduras

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El día de hoy inicia en Guanacaste, Costa Rica, una cumbre más del fallido Plan Puebla Panamá, rebautizado como Proyecto Mesoamerica, ante el enorme descrédito creado por la falacia del desarrollo neoliberal y el incremento del abismo entre las clases sociales de del istmo centroamericano y México, producto de la estrategia económica exógena impuesta desde el norte.

Los cinco corredores que pretende abarcar más de 13.000 kilómetros y según los diseñadores del proyecto propiciarán la conectividad y competitividad de la región, ponen en peligro los hábitats de la mayoría de los pueblos indígenas de mesoamerica.

El fallido Plan Puebla Panamá despertó ilusiones entre los creyentes en el "desarrollo" basado en un modelo capitalista de la explotación irracional de los recursos y la exclusión social.

Uno de los mayores señuelos de la administración del expresidente Fox, fue la instalación de una refinería en Centroamérica, que nunca llegó a concretarse, ante el declive de producción de hidrocarburos en ese país, el que supuestamente supliría el petróleo necesario.

El Proyecto Mesoamérica es la zanahoria que viene acompañada de un garrote denominado la Iniciativa Mérida, versión local del Plan Colombia. Narcotráfico y maras se han convertido en el pretexto para la militarización paulatina del istmo, siendo que los dos problemas traen un rotulo visible que dice "made in usa".

En la cumbre de Guanacaste el tema del golpe de Honduras será parte del menú obligatorio. El aberrante golpe de estado y la intervención de los Estados Unidos evidencia la pugna existente entre el Proyecto Mesoamericana y la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA).

La adhesión de Colombia al Proyecto Mesoamérica y su plan de implementación de proyectos de biocombustible, ponen de manifiesto una visión de destrucción de los remanentes de bosque tropical y de los humedales, además del desplazamiento de las poblaciones locales, acompañadas por una política de "parademocracia" que tantas víctimas humanas a cobrado el régimen de Uribe.

En Guanacaste esperamos que saldrán a relucir no sólo las fallas e imprudencias del fallido y resucitado Plan Puebla Panamá, sino también la confrontación que vive nuestro continente en contra del neocolonialismo del siglo XXI y sus recetas represivas. Al mismo tiempo los fervientes seguidores del neoliberalismo trataran de darle un maquillaje de institucionalización al Proyecto Mesoamérica, a través de la creación de marcos jurídicos que se obviaron con la iniciativa de Fox.

Para la OFRANEH y el pueblo garífuna, el Proyecto Mesoamérica no es más que una intervención en nuestro territorio, y en la actualidad vemos como uno de sus proyectos, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), está finiquitando el humedal de Laguna de Micos en la Bahía de Tela, colocando en peligro a las comunidades circunvecinas con el relleno de 80 hectáreas del humedal; situación que exacerbada por el cambio climático traerá posibles inundaciones fatales.

La ausencia de verdaderos procesos de consulta y la utilización de ONG's prepago para maquillar el autoritarismo con que se han impuesto muchos de los proyectos del corredor caribe, demuestran la visión de exclusión de los pueblos indígenas en el ya de por sí fracasado Plan Puebla Panamá.


Organización Fraternal Negra Hondureña, OFRANEH
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La Ceiba, Atlántida, dado a los 29 días de julio.


Fuente ALAI

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Los megaproyectos de inversión en Centroamérica: Control hegemónico y apropiación de recursos naturales

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Por Raúl Moreno*


Después de dos décadas de políticas neoliberales implementadas en Centroamericana, se hace evidente la significativa reducción de las competencias de los Estados y la eliminación de sus funciones económicas, con lo que se potencia la “iniciativa privada” y la expansión de las corporaciones transnacionales.

Los sucesivos gobiernos impulsaron amplios procesos de privatización de las empresas públicas y de los activos del Estado, a partir de los cuales se trasladaron servicios públicos y de utilidad pública a la esfera del mercado, bajo el control de monopolios transnacionales y de las burguesías nacionales.

Uno de los ejes fundamentales del paquete de reformas neoliberales ha sido la promoción y el fomento de la Inversión Extranjera Directa (IED), confiriéndole a éstas una amplia gama de incentivos fiscales, la total permisividad de los gobiernos por violaciones laborales y ambientales, un mercado laboral flexibilizado y un marco jurídico que les protege y provee de mecanismos para resolución de controversias para demandar a los Estados ante el riesgo de verse afectados por la puesta en práctica de cualquier política pública.

El marco de políticas neoliberales, impulsado por las instituciones financieras internacionales (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Banco Interamericano de Desarrollo), se complementa y profundiza a través de los acuerdos y tratados Internacionales, para configurar una segunda generación de reformas económicas, jurídicas e institucionales.

A través de acuerdos multilaterales, como los de la Organización Mundial de Comercio; acuerdos regionales, como el ALCA; y bilaterales como los Tratados de Libre Comercio (TLC), se subordina toda la legislación secundaria e incluso, con su implementación se vulnera, de facto, la misma Constitución de la República.

El predominio del poder económico y político de las empresas transnacionales se expresa en la configuración de una normativa construida a “su medida” y con aplicabilidad global, misma que adoptó la forma de Programas de Ajuste Estructural; y más recientemente, en el intento de configurar una especie de Constitución del planeta, que está contenida en los acuerdos y tratados internacionales en materia de comercio e inversión, con los cuales amenazan con ampliar más sus privilegios para transformarlos en derechos.

En el actual escenario económico multipolar, el gobierno de los Estados Unidos promueve una estrategia para las Américas basada en un enfoque de seguridad nacional, que busca un mejor posicionamiento de las empresas estadounidenses frente a la competencia de la Unión Europea y de las economías de Asia del sudeste pacífico.

La estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos trasciende del clásico enfoque de la “defensa del territorio”, pues integra como elementos fundamentales a los TLC y a un conjunto de iniciativas en todo el hemisferio a fin de crear las condiciones de infraestructura que faciliten el funcionamiento de las empresas transnacionales; con el propósito supremos de garantizarles el acceso y control sobre los recursos naturales: el agua, la biodiversidad, el gas natural, el petróleo, los minerales (metálicos y no metálicos) y la tierra misma.

En este contexto, se impulsan desde las instituciones financieras internacionales, los bancos regionales, la Corporación de la Cuenta del Milenio y los gobiernos del continente la implementación simultánea en el norte, el centro y el sur de América tres iniciativas que integran un abanico de megaproyectos articulados desde la perspectiva de seguridad nacional del gobierno de los Estados Unidos: el Acuerdo para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN), el Plan Puebla Panamá y la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA).

El ASPAN constituye una iniciativa cualitativamente superior al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que busca una “integración profunda” entre los tres países norteamericanos, trascendiendo de la simple construcción de un mercado común.

En este acuerdo se retoma el componente clásico de la defensa del territorio y las fronteras estadounidenses, pero trasciende al ubicar como el aspecto central del ASPAN: el acceso y control de los recursos naturales estratégicos. Además, la concepción de defensa del territorio del gobierno de los Estados Unidos lleva implícita una ampliación de su perímetro defensivo, rebasando sus fronteras y extendiéndolo a una región que va desde el extremo norte de Canadá, el Océano Ártico, hasta el extremo sur de México, la frontera con Guatemala y Belice.

Uno de los elementos a destacar en el ASPAN es la inclusión de los recursos naturales en la estrategia de seguridad nacional. Así, el control del petróleo, el gas, el agua y la biodiversidad son parte de la noción de seguridad. Según palabras del presidente Bush, “el agua de Canadá es parte de la seguridad energética de Estados Unidos”
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En este sentido, el ASPAN incluye varios megaproyectos, como la construcción de súper-carreteras para la transferencia de mercancías, pero también redes de canales y tuberías que atraviesan las fronteras de los países para trasladar el agua en bruto desde los ríos y lagos de Canadá hasta los Grandes Lagos, donde EEUU tomaría millones de litros de agua. Uno de los megaproyectos más importantes es el NAWAPA (por sus siglas en inglés de Autoridad Norteamericana para la Energía y el Agua), que contempla reencauzar los ríos de Columbia Británica y del Yukon hacia un gigantesco cráter en las Montañas Rocallosas para abastecer a los Estados Unidos
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De manera complementaria al ASPAN, desde 2002 los gobiernos mesoamericanos impulsan el PPP; un conjunto de megaproyectos incluidos en ocho iniciativas, las cuales se financian principalmente a través de la contratación de préstamos y las asignaciones otorgadas desde los presupuestos nacionales.

Entre las iniciativas más importantes del PPP se encuentran la integración vial, la integración energética y el corredor biológico mesoamericano; sólo las dos primeras iniciativas concentran más del 96% del presupuesto total del Plan.

En el caso de la integración vial se busca la creación de infraestructura vial basada en un sistema que comunica los centros de producción con los mercados de origen de las materias primas y los mercados de destino de los bienes producidos; en este sentido se busca la construcción de canales secos interoceánicos, así como la construcción de puertos y aeropuertos, de manera que puedan facilitarse la circulación de las mercancías y reducir los costes de transporte.

La posición centroamericana resulta estratégica para los intereses estadounidenses, por constituir un puente entre los dos bloques económicos mundiales: Europa y Asia, sobre todo ante la posibilidad del trazado de un canal seco interoceánico que sustituya el paso a través del Canal de Panamá, y que suponga una significativa reducción de los costes de transporte.

A la iniciativa de integración vial responden los proyectos de construcción de la Carretera Longitudinal del Norte (318 kms.) y del Corredor Logístico Interoceánico que ligará el Puerto de Cutuco, en El Salvador, con Puerto Cortés, en Honduras (371 kms.) cuyo trazado está determinado en función de intereses estrictamente económicos –principalmente transnacionales- y no en función del desarrollo y la reducción de la pobreza de los municipios que son atravesados.

Resulta que el trazo de la Longitudinal del Norte coincide con la mayoría de proyectos de exploración y explotación de minería metálica en El Salvador, el proyecto de exploración de uranio en Guatemala, los proyectos de desarrollo turístico de la zona norte, la ubicación de las presas y los proyectos de represas contemplados en el PPP; con el agravante que el trazado de la misma se proyecta a través de la cuenca alta del Río Lempa, principal fuente de abastecimiento de agua del país.

El establecimiento de una zona de actividades logísticas en La Unión, basada en la construcción de un puerto de tercera generación tipo Panamax, no sólo tendrá un efecto negativo sobre los pescadores artesanales de la zona que ya tienen dificultades para faenar y los habitantes del litoral oriental del país que “gracias” a los proyectos de desarrollo turístico ya están siendo desalojados de sus lugares de vivienda para dar paso a la instalación de infraestructura hotelera de primer nivel.

El Puerto de Cutuco requiere del restablecimiento del ferrocarril, lo cual afectará indirectamente a más de 50,000 familias que residen a lo largo de la línea férrea y que amenazan con ser desalojados, ante la falta de una solución habitacional por parte del gobierno.

La iniciativa de interconexión energética del PPP está empujada por un conjunto de corporaciones estadounidenses y españolas que ejercen un control monopólico u oligopólico del sector energético regional (producción, distribución y comercialización); son estas corporaciones quienes resultarán directamente beneficiadas de la implementación de esta iniciativa, dado que el principal proyecto de esta iniciativa, el Sistema de Interconexión Eléctrico de América Central (SIEPAC), pretende la creación de un mercado regional de electricidad, para lo cual se proyecta la construcción de una línea de transmisión de 1,829 Kms. a un coste de US $ 320 millones, de los cuales US $ 280 millones provendrían de préstamos contratados por los gobiernos al BID y Banco Europeo, y sólo US $ 40 millones serían aportados por un grupo de corporaciones estadounidenses y españolas, que se convertirán en la Empresa Propietaria de la Línea (EPL).

En la iniciativa energética también se contempla la construcción de presas y represas que estarían ligadas a la línea de interconexión. Los daños colaterales de esta iniciativa tienen una trascendental relevancia, pues el desvío del cauce de los ríos ocasiona el desplazamiento de comunidades de sus lugares de vivienda, la destrucción de ecosistemas, la pérdida del patrimonio natural y, en general, mayor vulnerabilidad frente a los desastres.

Aunque el corredor biológico mesoamericano, no constituye un proyecto priorizado en términos presupuestarios en el PPP, tiene una enorme relevancia para las empresas transnacionales dedicadas a la bio-prospección, pues de manera complementaria al Capítulo de Propiedad Intelectual del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (CAFTA-DR por sus siglas en inglés), con esta iniciativa se favorecería directamente los ejercicios de apropiación y extracción de los recursos de biodiversidad de la región: especies vegetales, bancos de microorganismos y material genético; así como el acceso directo a los recursos hídricos, petróleo y gas natural localizados en las áreas naturales protegidas.

IIRSA, que constituye para Suramérica una iniciativa gemela del PPP incluye una cartera de 350 proyectos de infraestructura de transporte, energía y comunicaciones, que representan una inversión estimada de US $ 38.000 millones
. En 2000 los gobiernos de doce países suramericanos elaboraron un Plan de Acción para la Iniciativa, que identifica como ejes de integración y desarrollo “franjas multinacionales de territorio en donde se concentran espacios naturales, asentamientos humanos, zonas productivas y flujos de comercio actuales, sobre las que las inversiones en infraestructura ayudarán a crear nuevas oportunidades de desarrollo sostenible para sus habitantes”.

ASPAN, PPP e IIRSA encuentran en los Tratados de Libre Comercio (TLCAN, CAFTA-DR y TLC andinos, respectivamente) el complemento perfecto para culminar la estrategia corporativa que les permita avanzar en el control de los recursos naturales de la región y culminar el proceso de privatización de los servicios públicos y servicios de utilidad pública que se encuentran en proceso.

Los TLC definen marcos jurídicos permisivos para el capital a través de la subordinación de las legislaciones secundarias, e incluso la violación de la misma Constitución de la República. Esto a través de la liberalización de las inversiones, la apertura de los sistemas de licitaciones públicas para las corporaciones; la profundización de los procesos de privatización bajo la figura de concesiones; la “legalización” de la bio-piratería a través de la figura de protección de marcas y patentes.

Por otra parte, de manera complementaria, ASPAN, PPP e IIRSA crean las condiciones de infraestructura (canales secos, puertos, aeropuertos, presas y represas, corredor biológico, líneas de transmisión eléctrica y fibra óptica) que necesitan las corporaciones transnacionales para operar en la región con mínimos costes, pero sobre todo para poder ejercer el control de los recursos naturales.

*Catedrático de la Escuela de Economía, Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de El Salvador.


Fuente ALAI


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Iniciativa Mérida: correr la frontera hacia el sur

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Por Luis Hernández Navarro

Un alto mando del Ejército Mexicano, con larga experiencia en el trato con Washington, resume en tres consejos la relación que las fuerzas armadas deben tener en la cooperación con Estados Unidos: “A los estadunidenses –dice– hay que cumplirles lo que se les ofrece, no ofrecerles lo que no se va a cumplir y no abrirles la puerta para que pasen porque si no, no se les saca nunca…”

La lección tiene como sustrato una amarga y compleja historia de forcejeo silencioso y colaboración de baja intensidad. Una historia marcada por el hecho de que el Ejército Mexicano mantiene una doctrina militar propia, atravesada por el nacionalismo.

Estas advertencias, sin embargo, las pasó por alto el gobierno mexicano en sus negociaciones con la Casa Blanca. Con el beneplácito de Los Pinos, el 22 de octubre de 2007, el presidente George W. Bush dio un paso más en su plan de correr la frontera de su país un poco más hacia el sur. O, si se quiere, avanzó en sus planes de relocalizar sus conflictos en otros territorios. La agenda de la seguridad estadunidense, su doctrina, se han convertido, más de lo que ya eran, en un asunto mexicano.

Ese día, el mandatario estadunidense pidió al Congreso un presupuesto de 550 millones de dólares como “financiamiento de emergencia para otras actividades críticas de seguridad nacional”, entre las que mencionó la “asistencia vital a nuestros socios en México y Centroamérica, quienes están trabajando para vencer a los cárteles de la droga, combatir el crimen organizado y detener el tráfico humano. Todas esas son prioridades urgentes de Estados Unidos, y el Congreso debe financiarlas sin demora”.

La partida se presentó como anexo de una propuesta por 46 mil millones de dólares para sostener las intervenciones militares en Afganistán e Irak. Un acto simbólico. Para Washington, las relaciones con México son una pieza más del rompecabezas bélico global. La guerra sigue siendo el poder constituyente desde el que quiere trazar la nueva geografía planetaria.

En un hecho que anticipa cómo se van a manejar las cosas, el anuncio de la iniciativa fue una medida unilateral, a pesar de ser un programa binacional. Durante días se habló de que los mandatarios de Estados Unidos y México darían a conocer a la opinión pública el proyecto de manera conjunta. No fue así. Finalmente fue George W. Bush quien lo difundió.

El programa de cooperación tiene como telón de fondo la creciente importancia de México como abastecedor de drogas ilícitas a Estados Unidos, el crecimiento de la narcoviolencia y el incremento de la migración indocumentada.

El plan coloca el combate a las drogas, la delincuencia y el terrorismo en territorio mexicano como una de las “necesidades críticas” de la seguridad nacional estadunidense. Al hacerlo, abre las puertas para que actúen impunemente y sin control policías de su vecino del norte.

Simultáneamente, en su frontera sur, el gobierno mexicano hace el trabajo sucio a la administración de Bush. Se ha vuelto su gendarme y se prepara para levantar una valla que frene el paso de indocumentados centroamericanos, ubicada a 3 mil kilómetros de distancia de donde Washington construye un muro para evitar el paso de mexicanos sin papeles.

La Iniciativa forma parte, además, del intento de la Casa Blanca por contener la expansión continental de alternativas al neoliberalismo. Según El País (21/10/07), en una reunión con Diálogo Interamericano, Stephen Jonson, subsecretario del Departamento de Defensa, vinculó en términos estratégicos este acuerdo a la amenaza que Estados Unidos y algunos aliados sienten por el ascenso del presidente venezolano Hugo Chávez y los gobiernos de Ecuador, Bolivia o Nicaragua.

Presentada como “un nuevo paradigma de cooperación en materia de seguridad”, la Iniciativa Mérida coloca un nuevo piso en la edificación que sirve de marco a la colaboración en torno a las cuestiones de seguridad establecidos. Un edificio del que forman parte, entre otros, el Plan Antinarcóticos de la Frontera Suroeste, el Comando Norte y la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN). Este nuevo piso implica una participación mucho mayor de Estados Unidos en asuntos de seguridad pública y nacional mexicanos.

En 2002 el Ejército Mexicano sostuvo que no se involucraría en el Comando Norte, proyecto de transformación de las fuerzas armadas continentales impulsado por Estados Unidos en el contexto de su guerra contra el terrorismo. No obstante ello, recibe entrenamiento militar en Fort Bragg y Fort Benning, la Fuerza Aérea ha obtenido tecnología para el desarrollo de una plataforma de vigilancia aérea y la Armada recibe fragatas destructoras.

Sin embargo, este nivel de relación es insuficiente en la lógica estadunidense. Como muestra un informe de la Oficina de Contabilidad Gubernamental (GAO, por sus siglas en inglés) –La Jornada, 21/9/07–, la prioridad central del Pentágono consiste en la participación del Ejército Mexicano en un esquema de cooperación que pase de la fase actual de entrenamiento y disposición de equipo a la fase de coordinación, que en la doctrina se conoce como interoperabilidad de los cuerpos militares. El Plan México sería uno de los instrumentos para obligar a dar este paso.

La alarma que la Iniciativa Mérida ha provocado en una parte importante de las fuerzas políticas del país no es expresión de un nacionalismo trasnochado. Se trata, por el contrario, de una sana reacción a un peligro real: el que proviene de la pretensión estadunidense de correr sus fronteras hacia el sur, transformar la doctrina militar de nuestro Ejército y convertirnos en maquiladores de su seguridad.

Fuente La Jornada

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