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"Gil Tablada Vive"

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Por Ronal Vargas Araya (*)


40 ANIVERSARIO DEL MARTIRIO DEL LÍDER CAMPESINO, EN LA CRUZ, FRONTERA NORTE.

A diferencia del Gran Área Metropolitana (GAM) "que desarrolló en general una vocación minifundista, en La Cruz se modeló desde el siglo pasado un estilo de vida señorial basado en el latifundio".[1] Ya desde 1960, cuando la población de La Cruz contaba alrededor de cinco mil habitantes, y sus playas eran casi vírgenes, el benemérito de la Patria Carlos Luis Fallas (Calufa) escribió su mejor ensayo sobre la tenencia de la tierra en esta zona, titulado acertadamente "Don Bárbaro", pues habla de los atropellos e injusticias cometidos por los grandes terratenientes de estos lugares.

En este ensayo novelesco, extrañamente desaparecido de todas las bibliotecas del país, escribía: "La terrible Doña Bárbara atropellaba a otros latifundistas, a otros señores feudales venezolanos que podían y sabían defenderse y atacar. Este Don Bárbaro cruceño sólo se ceba en campesinos humildes, analfabetos e indefensos".[2]

Para esta época el entonces distrito liberiano de La Cruz era como una gran hacienda donde los gamonales y sus aliados políticos y policiales hacían y deshacían a su antojo, abusando de la gente humilde y sin educación escolar que vivían en continuo temor.

"Fallas narró con todo detalle la terrible injusticia que Morice pretendía cometer con los campesinos. La gran mayoría de esta gente tiene más de veinte años de ocupar estas tierras y hay quienes tienen treinta y cuarenta años. Pero esta larga posesión no los ha librado de las persecuciones de Morice, quien de una u otra manera es ayudado en tan infame tarea por los resguardos y los alcaldes. En ocasiones los campesinos han sido sacados de la zona con las manos amarradas a la espalda...En La Cruz se han cometido las mayores injusticias y siempre con la alcahuetería o la participación de las autoridades, y al amparo de los ronquidos del ITCO".[3]

El miedo encarnado en la oscura piel asoleada de los cruceños tenía en el abandono y el olvido a las pobres familias campesinas de la región, que a ciencia cierta tampoco se sabía a cual país pertenecían, pues el comercio principal siempre lo efectuaban con el sur de Nicaragua, ya que el camino hacia Liberia era difícil y peligroso. Las tensiones internas por la tenencia de la tierra eran como una cruel versión del juego entre policías y ladrones, pero ahora ambos de un mismo bando, y el pueblo humilde, del otro.

La primera víctima mortal, profetizada poco antes por el mencionado Calufa, sería GIL TABLADA, un talabartero y zapatero de La Cruz, asesinado el 18 de noviembre de 1970 por apoyar y defender a los precaristas que habían tomado meses atrás las tierras costeras abandonadas en un latifundio estatal, pero reclamado por el terrateniente Luis Morice quien, aunque se las había apropiado para beneficio de su esplendoroso hato ganadero, todavía no gozaba de la titulación de estas tierras estatales. El día anterior a su asesinato, GIL TABLADA se sentía más valiente que nunca, pues había recibido un telegrama de Ricardo Salazar, secretario particular de José Figueres, Presidente de la República, en el que se le agradecen las gestiones ante él y ante Daniel Oduber Quirós, presidente de la Asamblea Legislativa, intercediendo en favor de los precaristas encarcelados y los que se mantenían en lucha por la tierra, que estaban atravesando condiciones precarias y un peligro constante.

La noticia del homicidio conmovió a la prensa nacional: "Asesinado un líder campesino Gil Marcial Tablada Corea, costarricense con cédula de identidad 5-062-269, dirigente de un grupo de campesinos de La Cruz. Fue asesinado por el latifundista Morice, cuando se dirigía a colaborar con los empleados del ITCO que iban a investigar el conflicto... Había nacido en La Cruz y era miembro del partido Liberación Nacional. No se trata de ningún aventurero nicaragüense, como han pretendido presentarlo algunos órganos informativos del país",[4] indicaba el periódico "Libertad" de aquella época.

Una vez asesinado GIL TABLADA, la Policía detiene y encarcela no precisamente al asesino, como en justicia debía ser, sino a varios líderes campesinos, acusándolos de desorden social y desacato a las autoridades, alargando por varios meses la investigación y el juicio contra el homicida Luis Morice, quien no tanto por el brazo fuerte de la justicia sino por la presión que ejerciera el Partido Comunista en los Medios de Comunicación, se vio obligado a huir hacia Nicaragua para evadir la cárcel.

"Luis Morice, el matador de mi esposo, anda muy campante por la calle, ante la indignación del pueblo de La Cruz. Mi esposo no tenía pendiente ningún problema de tierra con Morice. Simplemente ayudaba a los catorce precaristas presos en la cárcel de Liberia, por orden del mismo Morice",[5] declaró al periódico "Libertad" la viudad de Tablada, doña Chepana Aguirre (+ 13-12-2002), hoy enterrada junto a los restos de su esposo muy cerca, y a la izquierda, de la entrada principal del Cementerio de La Cruz, en el nicho familiar con mejor vista al mar.

Estando en aquel destierro voluntario, vacacionando en su hacienda de Rivas, "Don Bárbaro" participa del solemne matrimonio de su hijo Gerardo Morice Martínez con María Cristia Ocampo Baltodano, hija de una influyente familia liberiana que ha controlado por décadas, junto a la familia Román, el Municipio y los liderazgos políticos de la región. En dicho matrimonio estuvo como padrino el entonces Ministro de Seguridad de Costa Rica, quien en vez de ejercer la "orden de captura" que ya circulaba contra Luis Morice, lo llenó de abrazos, mientras el asesino agradecido le ponía dinero en sus sucios bolsillos.

Años después doña María Ocampo, ahora divorciada, se casará con Luis Román para unir el poderío político y económico de tradicionales e influyentes familias liberianas.[6] Todo esto sucedió en uno de los países todavía calificados como de los menos corruptos de América Latina, según Transparencia Internacional.

Al aclararse el panorama legal de aquellas tierras costeras, el Estado las declararía tierra libre para los campesinos terracarentes, bautizando esta zona costera tal como la población del lugar lo sugirió: "Colonia GIL TABLADA COREA"· Y no era para menos, pues GIL TABLADA será modelo como patriarca cruceño en la lucha por la tierra; él"fue baleado mortalmente en la cara después de una corta lucha. En un esfuerzo por ocultar el crimen, Morice colocó una pistola en la mano izquierda de la víctima para que pareciera que se había suicidado. Lo que Morice no sabía era que Tablada era zurdo, Más aún, la pistola no tenía cargador".[7]

Gil Tablada "nunca recomendó la violencia, sino el apego a la ley y a la justicia. No era un matón Era un costarricense de paz. Dijeron los periódicos que Morice mató a mi marido cuando trató de agredirlo Eso es falso. Una vez muerto...le sacaron el revólver que llevaba en la cartuchera y se lo pusieron en la mano izquierda, cuando mi marido no era zurdo. Sencillamente mi marido fue asesinado a sangre fría por ayudar en la lucha de los catorce precaristas de La Cruz presos por las maniobras de Morice".[8] Tales evidencias quedaron plasmadas en el inconcluso juicio contra Morice, del que nunca cumplió con la pena de cárcel que correspondía a los asesinos.

Las denuncias anteriores del injusto trato hacia los campesinos y el asesinato de GIL TABLADA han sido de sobra documentadas, "sobre la triste historia de cómo fueron a parar a manos de los hermanos Arias unos lotes junto al mar, propiedad de campesinos pobres y que obtuvieron con su lucha heroica y la sangre generosa de Gil Tablada. Vean los ciudadanos cómo el círculo se dibuja con nitidez: primero un terrateniente usurpa tierras que son del Estado, es decir, del pueblo; después los campesinos invaden las tierras y reivindican su derecho a poseerlas; una vez asentados en ellas, sufren una violenta represión; después el terrateniente asesina a mansalva al líder campesino; posteriormente el IDA entrega las parcelas a los campesinos que lucharon por ellas, pero los abandona a su suerte; cogidos por hambre, unos testaferros les compran las parcelas a vil precio; después el testaferro se las traslada al terrateniente. Un círculo perfecto. ¿Problema penal? Puede ser, pero antes que nada es un asunto de moral y ética política de primer orden".[9]

Hoy que nos volvemos a preguntar cuál sería la causa del vil asesinato del que fue objeto Gil Tablada, la razón parece obvia, tal como le aconteció a Jesús, el mártir de la Verdad: "por decir la verdad, fue asesinado el dirigente campesino Gil Tablada Corea por el terrateniente Luis Morice, por decir la verdad, fue asesinado el dirigente campesino Antonio Mendoza, en la zona norte cuando la CONTRA nicaragüense, se paseaba como "Juan por su casa", durante la administración Monge Álvarez",[10] por decir la verdad siguen siendo hoy investigados y amenazados por la DIS y los políticos del partido dominante muchos líderes sociales en el país.

"En Costa Rica, en estos días, se nos dice que "no es momento de hacer olas", que "mejor no hacer críticas 'destructivas'", que "lo peor que puede pasar es criticar" a ciertos personajes transitorios, falibles, sujetos al error y posiblemente muy limitados, como todos nosotros. Con ello lo que pretenden lograr es una generalización del comportamiento de los "yes men" hacia todas las personas que puedan tener opiniones diferentes, posiblemente porque calculan que, si se les hacen críticas, dañan al "líder de turno". Craso error: la persecución incansable de la verdad, encarnada en una tradición social de la crítica, permite que exista un mundo civilizado. Mejor: ¡al diablo con la mojigatería de los hipócritas y bienvenidas sean las críticas!".[11]

El Instituto de Tierras y Colonización (ITCO), antecesor del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA), era la entidad que distribuía parcelas para las familias campesinas sin tierra en los años 70s, preocupándose además de mejorar los caminos de la nueva comunidad agraria. Años después la organización comunal logró que el MEP fundara la primera escuela del lugar, bautizándola también a la memoria del mártir contra la tierra acaparada: Escuela GIL TABLADA COREA. Hoy en día aunque esta comunidad, ubicada a 17 kilómetros de La Cruz, cuenta también con campos deportivos, un puesto de salud [12] hoy convertido en EBAIS, salón comunal, varios templos y mejores viviendas, una nueva crisis, acentuada con el arribo del turismo, atenta contra la vida digna de sus pobladores: la escasez de agua potable.

El año pasado el IDA pretendió sacar a licitación las 13 hectáreas que mide la parcela 2 de El Jobo, contiguo a las tierras del presidente Oscar Arias, cerca de donde fuera asesinado GIL TABLADA. Al respecto el ex diputado "Merino recordó que anteriormente el IDA se había comprometido, ante la comunidad Gil Tablada y el sacerdote Ronal Vargas, a destinar estos terrenos para construir lugares deportivos y de recreación, parque y zona pública. El padre Vargas había dicho "que el destino demócrata-comunitario se cambió por un destino ariastócrata-profano".[13] Al parecer las altas autoridades del IDA, esas que desconocen la situación paupérrima de sin número de familias que deambulan por sus parcelas en casi total abandono, prefieren dedicar estas tierras, originalmente de los campesinos, al goce de políticos y empresarios que sí pueden pagar por ellas, pues hoy son tierras de gran potencial turístico, que la pobretería no sabría cómo aprovechar...

GIL TABLADA, como tantos otros luchadores contra el latifundio improductivo, es modelo para todos los cristianos de cualquier confesión. Es uno de los mártires de nuestras causas sociales, aunque aún no sean reconocidos como santos. Todos ellos son un reto para nuestra fe. "Su empeño a favor de los más pobres y su lucha por la dignidad de cada ser humano han ocasionado, en muchos casos, la persecución y aún la muerte de algunos de sus miembros, a los que consideramos testigos de la fe. Queremos recordar el testimonio valiente de nuestros santos y santas, y de quienes, aun sin haber sido canonizados, han vivido con radicalidad el evangelio y han ofrendado su vida por Cristo, por la Iglesia y por su pueblo".[14]

El 18 de noviembre de 2003 los asistentes a la celebración de un aniversario más del asesinato de Gil Tablada enviamos una carta abierta al Consejo Municipal de La Cruz haciéndole sólo tres peticiones:

1. Decretar el 18 de noviembre como "día cantonal contra la tenencia de la tierra acaparada";

2. Que en todos los centros educativos del Cantón se recuerde esta gesta heroica del mártir cruceño con un pequeño acto cívico

3. Que se honre la memoria póstuma del líder campesino construyendo un digno Monumento o mausoleo donde descansan sus restos, en el Cementerio Cantonal (de la entrada principal, 12 metros a la izquierda) y otro en la Colonia que lleva su nombre.

Como era de esperar de un municipio que perdió su memoria histórica, nunca recibimos respuesta. Sin embargo, a pesar del olvido municipal, el mausoleo espiritual ya ha sido levantado en todo el territorio nacional, en cada lucha por la dignificación del agro, en cada esfuerzo por mejorar la vida de las familias campesinas, en cada recuperación de tierras ociosas por parte de familias sin tierra, en cada discurso que recupere la memoria siempre vida de GIL TABLADA, mártir de la tierra acaparada.

Precisamente, a raíz de la celebración del 35 aniversario de GIL TABLADA, y por unas declaraciones que sirvieron para darle sustento histórico y político a tal acontecimiento, fui acusado por el actual Alcalde de La Cruz, Matías Gonzaga, apadrinado por el entonces presidente Oscar Arias, por el supuesto delito de "injurias, calumnias y difamación" contra ambos personajes políticos, efectuándose el juicio penal en los Tribunales de Justicia de Liberia, el 31 de enero de 2007. Allí se ventilaría si dos parcelas del IDA, ubicadas en la Colonia GIL TABLADA, fueron compradas legalmente o fueron choriceadas por Matías Gonzaga y otros funcionarios deshonestos del IDA, para terminar finalmente, como se planeó desde el principio, en manos de la familia presidencial ARIAS SÁNCHEZ.

Por la connotación política de aquel juicio se hicieron presentes en Liberia varios medios televisivos y periodísticos nacionales, desfilando personas de diferentes regiones del país por aquella sala de los tribunales, que aquel día parecía más una plaza de toros, donde se enfrentaba la astucia y sagacidad política de un individuo que ya tiene encima tres períodos municipales y añora ser reelegido por cuarta vez como Alcalde de La Cruz, contra la malicia indígena de un líder religioso que se sabía empujado por un pueblo inspirado en el testimonio del mártir de Galilea y el mártir de La Cruz contra la tierra acaparada.

Cuando subió a rendir su testimonio Marvin Tablada, hijo del Patriarca de La Cruz, sus palabras cayeron como fuego del cielo que devoró los testimonios de los falsos profetas, ofrecidos por un Pastor evangélico, un líder comunal del PLN y una maestra casada con uno de los máximos líderes del PLN en el cantón: "Si mi difunto padre GIL TABLADA resucitara y descubriera cómo están las tierras por las que él luchó y cómo manejan estos sucios políticos los destinos del cantón de La Cruz, seguramente que de la cólera, se volvería a morir". Un aplauso espontáneo y general brotó de todas las personas en aquel recinto judicial, provocando la airada reacción del Juez, quien expulsó de la sala a todo el público presente, sin excepciones.

Sin embargo, al dictar su SENTENCIA fue enfático al afirmar que "este Tribunal tiene establecido, para mayor abundamiento, que efectivamente se dieron irregularidades en el procedimiento de adjudicación de las parcelas 1 y 18A al señor Matías Gonzaga, y también existieron esas irregularidades en el trámite de levantamiento de limitaciones que pesaban sobre esas mismas parcelas, antes del plazo establecido en el artículo 67 de la Ley de Tierras y Colonizaciones". [15] De tal forma que el ex presidente Oscar Arias planeó deliberadamente que ambas parcelas, por intermedio de su súbdito fiel Matías Gonzaga, fueran de su patrimonio personal hasta el día de hoy, con la perversa actuación de sinnúmero de funcionarios del IDA que todavía gozan los beneficios personales recibidos a cambio de traficar la tierra regada por la sangre de GIL TABLADA.

A pesar que la Contraloría General de la República reconoce estas situaciones irregulares en un informe emitido en el año 2006,[16] hasta el día de hoy ninguna institución del Estado ha hecho nada por recuperar para beneficio nacional, estas tierras costeras, que hoy valen una inmensa fortuna, por lo que el espíritu luchador de Gil Tablada sigue inquieto, esperando que la justicia y el derecho lluevan sobre la colonia que inmortaliza su nombre, al celebrarse los cuarenta años de su partida.


[1]
GESTIERA S.A. y Cámara de turismo de La Cruz. Proyecto: Plan para el desarrollo de un turismo sostenible en el Cantón de La Cruz. (borrador). La Cruz, 1998, p. 7

[2] FALLAS, Carlos Luis, "Don Bárbaro", Cuadernos Prometeo n.8, UNA, Heredia 1978, p.7.

[3] Periódico LIBERTAD, año XI, n. 407, 28 de noviembre de 1970

[4] IBID.

[5] IBID.

[6] María Ocampo, actual diputada por el PLN, es madre de Luis A. Román, presidente del Consejo Municipal de la Municipalidad de Liberia por el PLN, es hija del ex diputado Asdrúbal Ocampo, es nuera del ex diputado Víctor Julio Román Méndez, esposa del ex diputado Luis Román y tía de la ex diputada María Lourdes Ocampo. Además es nieta del ex gobernador de Guanacaste Edgar Baltodano y sobrina nieta del ex diputado Aristides Baltodano.

[7] SELINGSON, Mitchell A., "El campesino y el capitalismo agrario en Costa Rica" San José 1984, EUCR, p. 138

[8] Periódico LIBERTAD; año XI, n. 407, 28 de noviembre de 1970

[9] MONTERO, Álvaro; "La verdad jamás ensucia"; periódico La Nación, Opinión, 3-11-2005.

[10] CONTRERAS, Gerardo; "Por decir la verdad", Semanario Universidad;http://www.semanario.ucr.ac.cr/ediciones-antiguas/ediciones2002/M5Mayo_2002/1480_MAY24/pais3.html

[11] SMITH, Carlos Federico; "El Yes man" artículo de opinión en Diario Extra, http://www.diarioextra.com/2009/noviembre/17/opinion03.php

[12] Según el ASIS de la CCSS del año 2005 aquí se dieron la mayoría de casos de dengue reportados el año anterior, lo que habla de la precariedad de la salud de esta zona.

[13] http://www.elpais.cr/articulos.php?id=15623

[14] CELAM (Obispos de América Latina), Documento de APARECIDA (2007), #98

[15] SENTENCIA N°10-07; TRIBUNAL DE JUICIO DE GUANACASTE. Sede de Liberia, a las dieciséis horas del ocho de febrero del dos mil siete. CAUSA PENAL número 06-000004-0384-PE

[16] Contraloría General de la República, DFOE-AM-RH-1/2006, 30 de enero, 2006


(*) Sacerdote Católico



Fuente: Diario Digital Nuestro País

Foto: "Manos de obrero" de Tina Modotti.



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El atroz magnicidio de Puntarenas 5: conmoción internacional por el doble crimen de Estado

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  • Quinta de cinco entregas del capítulo 16 del libro El lado oculto del Presidente Mora, del académico y escritor Armando Vargas Araya (Eduvisión, 2010).


XVI

El atroz magnicidio de Puntarenas


La criminal delincuencia del Estado novoerista es el reconocimiento de su rotundo fracaso en la conducción política de la sociedad. La incapacidad policial mete al ejército en funciones de gendarmería y hasta en la cacería de una persona. El régimen intenta justificar el asesinato del Presidente Mora porque lo consideraba “un amago constante contra el orden y tranquilidad de Costa Rica”. Las víctimas mortales de las guerras napoleónicas (1799-1815) se estiman en dos y medio millones de militares y un millón de civiles, pero los británicos no asesinan a Napoleón I vencido sino que lo recluyen de por vida en la isla sudatlántica de Santa Elena. La monstruosidad del magnicidio perpetrado por los de la nueva era no tiene símil en las naciones civilizadas.

Concluida la matanza, el “Ejército libertador” retorna a la capital en un “día de fiestas y regocijos nacionales”. El Presidente de la República aclama a “los vencedores de la Angostura”. Hay banquete en el cuartel Principal y -qué obsceno-, el régimen testifica
motu propio en el Diario de Operaciones de las Fuerzas Armadas: “Los soldados fueron igualmente obsequiados y gratificados; y antes de volver a sus casas, recibieron sus pagas respectivas”. ¡Un prohombre novoerista le dice al cónsul usamericano -horror de horrores- que “le pueden exigir al país dos millones de dólares en concepto de reparaciones” por los sucesos de Puntarenas! ¿Cuántos pesos a los que dan muerte al Presidente Mora? ¿Cuántos pesos a los que matan al general Cañas? ¿Cuántos dólares a los exportadores y comerciantes cuyas operaciones mercantiles resultaron interrumpidas? “Si hay gloria no hay paga, si hay paga no hay gloria”. ¿Qué hay entonces?

La tragedia de Puntarenas conmueve a Costa Rica y a las naciones amigas. Los fusilamientos “han hecho una sensación penosa”, expresa el Gobierno de Guatemala; “rechazado el ataque y obtenido un triunfo tan completo como el que alcanzaron las fuerzas de la Administración, el Gobierno y el país entero habrían ganado en que se usase de alguna lenidad con los vencidos”. En Estados Unidos, “la impresión que estos sucesos han producido es desfavorable”, reporta el embajador en Washington luego de conversar con sus colegas diplomáticos; la severidad del reproche al régimen “podría tal vez modificarse […] si se refutan los cargos sin pasión y con la mayor moderación posible”.

La noticia de las atrocidades estremece a la opinión pública en el Reino Unido, España, Francia, Estados Unidos, Panamá y El Salvador. El
Times (Londres), el New York Times, el Español de Ambos Mundos (Madrid) y el Panama Star & Herald documentan en destacados reportajes los asesinatos a sangre fría, la violencia contra personas indefensas, los saqueos de almacenes y los ultrajes a banderas extranjeras durante el weekend de terror protagonizado por militares del régimen. La Gaceta de El Salvador critica la sinrazón de “un simple consejo de guerra para juzgar a un Capitán General”.

El New York Times dedica a Costa Rica un extenso comentario editorial -“La última tragedia hispanoamericana: muerte del Presidente Mora”-, que arponea a los cabecillas novoeristas. El Presidente Mora, dice el prestigioso periódico, “emprendedor, inteligente, liberal, dio nuevos impulsos a la industria y una nueva dirección a los capitales nacionales, alentó la agricultura y otros medios pacíficos de adquirir riqueza, y salió a la defensa contra las amenazas de William Walker. Con esos y otros rasgos semejantes de política, raras veces vistos en países hispanoamericanos, colocó a Costa Rica al frente de todos ellos por la prosperidad y los resultados sociales de la riqueza nacional”. Con base en despachos de los corresponsales, juzga que los desastres de Puntarenas representan “una regresión sangrienta del progreso a la reacción, del pensamiento libre a la superstición, [y] el espectáculo extraordinario de un pueblo en el alba radiante de la civilización que retroceda a las tinieblas”.

El régimen la emprende contra “los filántropos periodistas de allende, […] ciertos escribas y fariseos, […] los falsos informes y calumniosos escritos de algunos impostores”. Intenta explicarse y justificarse en las 100 páginas del libro de autoría colectiva,
Exposición histórica de la revolución del 15 de setiembre de 1860, acompañada de algunas reflecciones sobre la situación del país, antes y después del 14 de agosto de 1859. Aunque finja pena por “remover las cenizas de aquellos que apenas ha cuarenta días bajaron al sepulcro”, carga de dicterios al Presidente Mora a quien califica, entre abundantes invectivas, como “estadista de aldea”, “filibustero de la peor ley”, “Su Insolencia” y “pauvre diable”; llena de epítetos a los insurrectos de Puntarenas como “pandilla de especuladores”, “comerciantes quebrados”, “renegados de la patria” o “viles discípulos de Caín, de Nerón y de Calígula”. Arguye que el ex gobernante “estaba muerto civilmente” y la corte marcial “no solo era innecesaria […] sino que la sentencia estaba ya pronunciada y lo que restaba era probar la identidad de los criminales. […] Hubiera sido un contrasentido, una demencia, un imposible el pretender salvarlo”. Con tan vil catálogo de estulticias cobra su más amplio significado tropical la expresión francesa qui s’excuse, s’accuse, o quien se excusa, se acusa.

Los asesinatos de los héroes Mora y Cañas son acciones contrarias al ser de la nacionalidad costarricense; violan los principios, los valores y los ideales de la costarriqueñidad. Los homicidios intencionales de Mora y de Cañas de ninguna manera se pueden justificar nunca, constituyen crímenes de lesa patria, configuran crímenes de guerra, son delitos de lesa humanidad. Peor que un crimen, lo de Puntarenas es un colosal error político, histórico, humano.

El historiador nicaragüense José Dolores Gámez dice que “se asesina a [dos] virtuosos patriotas, a quienes se debe en primer término la expulsión de Walker de Nicaragua. […] No hubo para Mora y Cañas ni un pobre ataúd. […] Y lo que es más increíble todavía: esos hombres fusilados sin conmiseración alguna […] fueron ejecutados de orden de un miembro de su misma familia, hermano político de ambos y entonces Presidente de Costa Rica”. Ruega el memorialista nicaragüense Jerónimo Pérez: “Los centroamericanos que pasen por allí, visiten esas tumbas veneradas… En ellas descansan dos héroes, a quienes Centro América debe su salvación del filibusterismo”.

El homicidio político del Presidente Mora lo entroniza en el corazón del pueblo y lo consagra en el empíreo de Costa Rica y de las naciones que pelean por su libertad, su independencia y su soberanía. Al inmolarlo, lo eternizan. Su perdón a quienes lo cazan, lo condenan y lo matan es una imperecedera lección de nobleza y un llamado permanente a la conciliación.


© Armando Vargas Araya, 2010.


Fuente: Tribuna Democrática



Más:

El atroz magnicidio de Puntarenas 1: el régimen decide quitar la vida a don Juan Rafael Mora Porras, Armando Vargas Araya.

El atroz magnicidio de Puntarenas 2: un judas capitalino "vende" a los moristas insurrectos, Armando Vargas Araya.

El atroz magnicidio de Puntarenas 3: el asesinato de Juan Rafael Mora está decidido antes de que se rinda, Armando Vargas Araya.

El atroz magnicidio de Puntarenas 4: dos vergonzosos crímenes de Estado, Armando Vargas Araya.



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El atroz magnicidio de Puntarenas 4: dos vergonzosos crímenes de Estado

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  • Cuarta de cinco entregas del capítulo 16 del libro El lado oculto del Presidente Mora, del académico y escritor Armando Vargas Araya (Eduvisión, 2010).


XVI

El atroz magnicidio de Puntarenas


Vencido, el ex Presidente Mora confía en la palabra de honor de sus perseguidores que invocan a Dios en un falso juramento. El domingo -por medio del vicecónsul inglés y en compañía de su hermano el general Mora- se entrega a las nueve de la mañana para salvar a los suyos. Lleva dos días en vela, sin ingerir bocado, agua si acaso. Guarda la compostura y demuestra grave serenidad. “La excitación es intensa [entre los puntarenenses] cuando corre la noticia de que Mora está preso”, reporta un periódico extranjero. Lo encalabozan en el cuartel de la Aduana o de la Punta. Quedan seis horas para el atroz magnicidio.

Inmediatamente se simula una corte marcial que debe contar con cinco generales porque él es Capitán General por Ley de la República. Como solo hay dos, se da de alta en el servicio militar a los comisarios civiles y, en el acto, se los asimila al generalato, igual que se hace con un coronel. ¿Registra la historia militar del mundo ascensos tan vertiginosos? La desvergüenza resulta macabra. Es, en la jerga forense de los ingleses, una “kangaroo court” o corte canguro, un remedo de tribunal que envilece los principios del Derecho y de la Justicia. Los cinco hacen que deliberan y, ausente él sin oportunidad de defenderse, al mediodía dictaminan, de manera asaz informal, aplicarle la pena máxima: será ejecutado en tres horas. ¡Es un asesinato de Estado!

No le permiten hablar con nadie, excepto con uno de los “jueces” que le ofrece -cuánta malignidad- “bajo su palabra de honor, cuidar de la educación de Albertito”, su hijo de cuatro años. Antes de dirigirse al cadalso, a las dos de la tarde recibe la absolución y es confortado con auxilios espirituales: “Sincero y buen católico en vida y en muerte”, dice el obispo e historiador Víctor M. Sanabria, “no quiere comparecer ante el tribunal de Dios, sin haber arreglado los negocios de su conciencia”.

“Estoy sentenciado a muerte y tengo poco tiempo que perder”, avisa a su hermano Miguel y a sus cuñados, a quienes les encomienda a doña Inés y a sus hijos: “No temo el lance; que venga la muerte que es el término de las desgracias mundanas. […] Dios recibirá mi alma y tendrá misericordia de mí. […] Les ruego que aun a los que me sacrifican, los perdonen como yo los perdono”.

Apenas si le queda tiempo de escribir a su señora esposa:

“Mi siempre idolatrada Inesita. […] Nada temo solo me inquieta la triste situación en que quedas viuda, pobre, en el destierro y llena de hijos. Te encargo mucho la educación de mis hijos. […] Cuida de nuestros hijos y háblales siempre de su desgraciado padre, para que jamás se mezclen en la política porque ella es un verdugo que destroza a sus seguidores. […] Recordarás que yo tenía mis motivos para tener tanta repugnancia para invadir este ingrato país y que lo hice instigado por los que me han sacrificado. Dios les perdone como yo les perdono. […] Dios quiera que […] con mi sacrificio todo se acabe, y vuelva la paz y el progreso para estos pueblos desgraciados. Cañas y José Joaquín no corren peligro, a lo menos así me lo han asegurado. No puedes figurarte lo indiferente que me es morir, solo siento la muerte por ti y por mis hijos. […] Va el último beso para mis hijitos. […] Muero como cristiano y confío en Dios que me perdonará mis culpas y que cuidará de ti y de mis hijos. […] Pidan a Dios por esta víctima de pasiones ajenas. […] Adiós, adiós y adiós a mis hijos - tuyo, tuyo hasta el último momento”.

Cambia unas pocas palabras de despedida con su hermano José Joaquín. Estoico, camina por el Callejón del Estero hacia el patíbulo. Hay nobleza de alma y ecuanimidad extraordinaria en los largos minutos terminales del grande hombre. El sitio de la muerte es donde se alza un árbol de jobo. Los tambores redoblan bajo los rayos calcinantes. En el instante solemne, pide morir de pie, de cara al sol, sin venda en los ojos y ruega que le apunten al corazón. No hay un costarricense con agallas para dar la orden de disparar, que es dicha por un extranjero. La fatal condena se ejecuta a las tres de la tarde del día final de setiembre. Su cuerpo se desploma, la arena se tiñe de rojo, la Patria se mancha por siempre. Acribillado, el Héroe todavía “muestra señales de vida, un oficial lo remata con un disparo de revólver en la cabeza”.

“Es la página más negra en la historia de Costa Rica”, dice el humanista Eugenio Rodríguez Vega. “Todavía la recordamos avergonzados”.

De entre los muchos que presencian la inmolación -populacho alcoholizado tras jornadas de desenfreno-, y a la seña de un uniformado, salta una chusma que se abalanza sobre el cadáver del Prócer para tirarlo al mar; la gentuza recula ante la airada voz del cónsul galo, Jean Jacques Bonnefil, que envuelve y protege con el pabellón tricolor de Francia el cuerpo sangrante del Capitán General y Benemérito de la Patria. Al ocaso, lo coloca en una barca y boga, solitario con el difunto, al otro lado del estero donde lo sepulta en un lugar recóndito.

Esa misma tarde de ignominia, el general en jefe de la inhumana cacería da cuenta al implacable adversario en San José sobre el fusilamiento. El régimen “aprueba todo lo practicado”. En cuanto al general Cañas, “de acuerdo con un numeroso Consejo de Gobierno, previene sea pasado por las armas”. ¿Cómo, un Consejo de Gobierno dicta una condena a muerte? Dos días después es matado el general Cañas. ¡Es un crimen de Estado!

El régimen pretende justificarse y escarnece la memoria de uno de los Defensores de la Libertad de Costa Rica: alega, leguleyo, que “era general en servicio activo del Gobierno del Salvador; no vino como hijo expatriado de Costa Rica, sino como militar de una potencia extranjera, cuyo servicio no había dejado”. Un testigo, Lorenzo Montúfar, dice: “Cañas es el jefe centroamericano que más trabaja en toda la guerra. […] A su valor militar reúne un carácter suave y afable, que lo hacen querer por la tropa y estimar en alto grado por los jefes de los ejércitos aliados. Aun los más implacables opositores del presidente Mora le tributan elogios”. La verdad es que el general Cañas es ultimado porque “sus enemigos tiemblan de pavor”, dice el historiador Rafael Obregón Loría, al calcular que “desterrado, vuelva enseguida con fuerzas militares a cobrar la muerte” del Presidente Mora.

© Armando Vargas Araya, 2010.


Fuente: Tribuna Democrática


Más:

El atroz magnicidio de Puntarenas 1: el régimen decide quitar la vida a don Juan Rafael Mora Porras, Armando Vargas Araya.

El atroz magnicidio de Puntarenas 2: un judas capitalino "vende" a los moristas insurrectos, Armando Vargas Araya.

El atroz magnicidio de Puntarenas 3: el asesinato de Juan Rafael Mora está decidido antes de que se rinda, Armando Vargas Araya.



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El atroz magnicidio de Puntarenas 3: el asesinato de Juan Rafael Mora está decidido antes de que se rinda

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  • Tercera de cinco entregas del capítulo 16 del libro El lado oculto del Presidente Mora, del académico y escritor Armando Vargas Araya (Eduvisión, 2010).


XVI

El atroz magnicidio de Puntarenas


El 14 de setiembre, sin derramamiento de sangre, los rebeldes toman Esparza y Puntarenas, dejan un destacamento en el cruce del río Barranca y abren una trinchera con siete cañones en la Angostura. El martes 18 desembarcan -desarmados- el ex Presidente Mora, el general José María Cañas, el general José Joaquín Mora, el sobrino Argüello, un coronel salvadoreño y tres hombres más. No hay pronunciamientos en el interior, ni llegan refuerzos. El sudamericano huye al oír los primeros tiros y el lunes 24 cae el paso del Barranca. En la mañana del viernes 28, el general Cañas recibe informes secretos de los feroces planes del régimen, propone al ex Presidente Mora abandonar Puntarenas y dejarlo a él a cargo de todo, pero la idea es rechazada por imperativo de dignidad. En breve y sangrienta refriega -50 cañonazos cuenta un testigo-, como a las ocho de la noche se pierde la Angostura al tiempo que, vía marítima, la ciudad es tomada por el régimen. “Ni Santa Rosa y Rivas pueden igualar a lo arduo y peligroso de este combate”, se jacta uno de los triunviros civiles.

Esa noche de terror hay una orgía de sangre, negocios asaltados, licores robados, ciudadanos blanqueados, fusilamientos callejeros; despavoridos, “algunos moristas se lanzan al mar donde se ahogan o son pasto de los tiburones”. El cónsul usamericano informa que la ocupación del puerto es “sanguinaria. […] Muchas personas desarmadas son abaleadas; las casas son tomadas por asalto, sus ocupantes ejecutados y los bienes saqueados. Es un acontecimiento espantoso”. El New York Times reporta que “las tropas entran como demonios y comienza la matanza indiscriminada. […] Las banderas de los Estados Unidos y del Reino Unido son despedazadas y pisoteadas. […] La casa de Crisanto Medina, agente de los vapores y del ferrocarril de Panamá, es asaltada y los soldados se enfurecen porque logra escaparse el hijo de Medina a quien tenían órdenes de asesinar”. En su propio Diario de Operaciones, el ejército reconoce: “Algunos de los facciosos fueron víctimas de la cólera y venganza de nuestros soldados”. El régimen confesará: “En esos momentos de calor y exaltación fueron fusiladas cuatro personas culpables que tuvieron la desgracia de ser capturadas en esta hora de exacerbación”. Es la praxis novoerista del “¡primero afusilen, luego virigüen…!” -así decía Pancho Villa-. Las atrocidades se conocerán más en el exterior que dentro del país, gracias a los informes de la prensa.

Un recado desde el campo del terror adelanta que la pieza mayor de la cacería oficial “debe estar junto con Cañas y Don José Joaquín sepultados entre el monte, pueda ser mañana los tengamos entre la tierra para siempre. […] Mañana se formará el Consejo de guerra”. El cruel adversario lo tiene todo fríamente calculado desde San José. Los sabuesos del régimen meten las narices en pozos artesianos y hasta en excusados de hueco, en busca “del hombre caído y desgraciado”. El ex Presidente Mora, oculto en una residencia bajo la Union Jack o bandera británica, recibe una nota manuscrita: “La vida de U. salva de la muerte a muchos de los suyos. Si U. se presenta o es descubierto será ejecutado tres horas después, los demás se salvarán y tendrán gracia”. Firma uno de los comisarios civiles del triunvirato de la muerte. Sin capturarlo aún, ni instruirlo de cargos o someterlo a juicio, la condena está dictada desde mucho antes: será ejecutado en tres horas.

Augura el régimen: “Dentro de poco habrá que poner el epitafio. […] Será sepultado entre el chischás de los sables en las playas del Océano”. Escribirá el abogado de su fiero adversario: “Consideramos [la sentencia] como una necesidad penosa, pero indispensable para la conservación del país. […] Sentimos la mano de hierro con que la Providencia manifiesta en momentos críticos su voluntad”. La alevosía del crimen que viene es irrecusable.

La revolución se derrumba cual castillo de arena. Junto con algunos de sus subalternos, el general Cañas se presenta ante las autoridades el sábado temprano, por conducto del vicecónsul de la Confederación Granadina. En vano, el Bayardo Centroamericano -caballero sin miedo y sin tacha- ofrece que lo fusilen a cambio de la vida del ex gobernante.


© Armando Vargas Araya, 2010.



Fuente: Tribuna Democrática



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El atroz magnicidio de Puntarenas 2: un judas capitalino "vende" a los moristas insurrectos

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  • Segunda de cinco entregas del capítulo 16 del libro El lado oculto del Presidente Mora, del académico y escritor Armando Vargas Araya (Eduvisión, 2010).


XVI


El atroz magnicidio de Puntarenas


El ex Presidente Mora
dispone anunciar que “se aproxima el momento de aliviar las penas de los que gimen separados del hogar, de la familia”. Dirige un manifiesto al morismo malcontento. Es el cruce del Rubicón.

“He escuchado vuestros votos por el restablecimiento de la legitimidad y no he debido ser indiferente a ellos. […] Vuestra noble abnegación, vuestro patriotismo, vuestra lealtad y vuestro sufrimiento han sido la palanca que levantó mi espíritu. […] Ha llegado el día de la expiación para los malvados que se sublevaron el 14 de agosto. […] Se hallan a mi lado el vicepresidente de la República [Escalante] y los generales Mora y Cañas: tengo las simpatías y la eficaz cooperación de los gobiernos de la América Central, que nos ayudan. […]

“Nada debéis de esperar de esos hombres que para llegar al poder principiaron por cometer un crimen. Al apropiarse del mando no han tenido por objeto realizar una noble idea; movióles la codicia, la venganza y ese deseo inmoral de especular con las calamidades públicas, como hicieron en medio de aquellos grandes conflictos de la patria [1856-1857], cuando vosotros dabais al mundo una prueba de vuestro valor y patriotismo; […] lo hicieron por especular con la hacienda pública y engrosar su fortuna particular. […]

“A la voluntad de la nación, no hay tiranía que no ceda”.

Si los tres meses en la Unión Americana aquietan su espíritu, la vuelta a Centroamérica lo enciende. Acciones insumisas, hojas impresas, cartas confidenciales y mensajes clandestinos del morismo revoltoso lo sobreexcitan. Se niega a aceptar que el régimen se consolida con una Asamblea Constituyente y una elección presidencial. Pasado y presente bullen en su mente apasionada. Los anunciados apoyos de Guatemala, Nicaragua y El Salvador lo empujan en dirección equivocada. Ya no piensa claro, lo obnubila una obsesión.

El régimen se anticipa y desbarata una conspiración para tomar los dos cuarteles de la capital, con gente llegada de las provincias centrales y jefes de San José. Se incautan armas y pertrechos en La Soledad y en Mata Redonda. Varios detenidos son sometidos a juicio. En el morismo soliviantado abunda el voluntarismo pero escasean disciplina, planificación y organización.

Una calma chicha marca los cuatro meses previos al desenlace del cruento drama. Se integra un Comité Central Morista, rápidamente penetrado por el oro del régimen que todo lo espía, todo lo ve y todo lo oye. El comité confía el mando rebelde a un aventurero sudamericano, Ignacio Arancibia, antiguo matarife y osado contrabandista, cuyo carácter se rebelará débil a la postre. Planean la toma de Esparza y de Puntarenas, el desembarco del ex Presidente Mora y del general José María Cañas, depositan sus esperanzas en… el espontáneo levantamiento en masa de Alajuela, San José y otras poblaciones al centro del país. Ilusos irresponsables los comitecos, engañado y alucinado el caudillo, “debiendo suponer”, dice el historiador y estadista Cleto González Víquez, “que el movimiento se resolvería, no en los arenales del Pacífico sino en los valles de la Meseta Central”.

“Si don Juan Rafael Mora y el General Cañas no llegan a Puntarenas en el vapor que lleva esta comunicación, a su vuelta, no por esto se suspenderá la toma de cuarteles de Esparza y el Puerto, y entonces, fracasará probablemente la revolución, y nosotros, sus amigos y partidarios, seremos sacrificados”, le escriben una sesentena de gentes “de posición”, alajuelenses en su mayoría. “No esperamos que se nieguen a ayudarnos con sus personas; pero si así fuere, les quedará a Mora y Cañas el remordimiento de habernos abandonado”. No hay una estrategia insurreccional sino presión política, tan bienintencionada cuanto disparatada. Es la negación del abecé de cualquier plan revolucionario.

En El Salvador se analizan las alternativas: invasión a Moracia con retirada franca por Nicaragua, o desembarco en Puntarenas con “jugada completa, vencer o morir”. El general José María Cañas y el sobrino Manuel Argüello prefieren la primera posibilidad, el ex mandatario escoge la segunda “empujado por las circunstancias”. El general Cañas comprende que van a un desastre, pero decide acompañarlo por afecto y lealtad. Nadie, nunca, comenzaría una acción armada en un solo punto tan vulnerable, sin opciones de salida ante un eventual revés. Es un paso mortal: del error al horror.

La antenoche del viaje sin retorno, el ex Presidente Mora cavila y consigna en un cuadernillo de apuntes privados:

“Diez de setiembre a las once de la noche.―Por fin partiremos mañana. Que Dios guíe mis pasos. Él, que conoce mis intenciones, que favorezca mi buena fe. Me aseguran que no se derramará una gota de sangre. Cañas duerme tranquilo en el cuarto siguiente. ¡Pobre Cañas, uno de sus niños queda enfermo y por más esfuerzos que hace se le conoce la tristeza con que lo deja! Casi deseo que el Puerto no haya sido tomado, que Arancibia se haya arrepentido; entonces seguiríamos a Panamá y después viviríamos tranquilos en este destierro por más puyas y empeños que vengan de Costa Rica… Son las doce… ¿Por qué estoy triste? No lo sé. He visto a mis hijitos dormidos y me destroza el corazón la idea de que quedaran desamparados. ¿Qué sería de Inesita si una desgracia me condujera al sepulcro? Esto no es probable, a menos que la traición… si tal sucede… si fuere sacrificado… Hijos míos, no procuréis vengar mi muerte, porque la venganza desasosiega antes y desespera después de hecha”.

Lleva la batalla perdida en el fondo de su corazón. Intuye que su hora está próxima. La suerte está echada, la odisea comienza.

Días antes del inicio de las acciones, “un Judas, y no un Iscariote cualquiera sino un conspicuo y titulado Judas Capitalino, en quien los moristas habían depositado su confianza, […] revela el proyecto de revolución con todos sus detalles al ministro omnipotente” de la Guerra, Vicente Aguilar, acérrimo adversario del ex Presidente Mora. Rápidamente, cientos de conocidos moristas son detenidos en Alajuela, San José y otras localidades del interior; se descabezan así los esperados alzamientos. El régimen prepara una expedición de caza mayor en la ratonera que será la lengüeta arenosa en la embocadura del golfo de Nicoya. Un coronel comanda la avanzada del ejército que corta la carretera nacional Cartago-Puntarenas e impide el paso de voluntarios armados. Más de un millar de oficiales y soldados bien equipados y mejor entrenados, son lanzados sobre 130 improvisados insurrectos -en Rivas fueron 1500 combatientes los que se enfrentaron a la falange filibustera de 750 guerreros-. Un general y dos comisarios civiles -vicepresidente uno, futuro canciller el otro- forman el triunvirato que decidirá las cosas sobre el terreno. En los 17 días que separan el viernes 14 del domingo 30 de setiembre de 1860, se escribirá la página más execrable en la historia de Costa Rica.


© Armando Vargas Araya, 2010.


Fuente: Tribuna Democrática



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El atroz magnicidio de Puntarenas 1: el régimen decide quitar la vida a don Juan Rafael Mora Porras

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  • Primera de cinco entregas del capítulo 16 del libro El lado oculto del Presidente Mora, del académico y escritor Armando Vargas Araya (Eduvisión, 2010).


XVI

El atroz magnicidio de Puntarenas


El morismo es una corriente humana innegable pero descoyuntada, carente de líderes duchos, partido político y organizaciones cívicas. Tras el rompimiento del orden constitucional se registra una creciente ola de descontento. Factores castrenses sostienen al régimen, encabezado por José María Montealegre, en un clima de constante nerviosismo político. El derrocamiento de Juan Rafael Mora obedece a los intereses de un puñado de personas acaudaladas, no a un sentimiento generalizado. El historiógrafo Carlos Meléndez señala que “no ha existido en Costa Rica un régimen que tuviera que luchar tanto por su estabilidad” como el de la nueva era (así se autodenominan los de la cuartelada).

El mismo 14 de agosto de 1859 se reúnen en San Rafael de Ojo de Agua de 300 a 400 hombres para marchar sobre San José y restituir el mando al ex Presidente Mora, pero el destituido gobernante pide por escrito deponer las armas para evitar la efusión de sangre. Justo al mes del golpe de Estado, los tribunales condenan a un año de prisión a dos ciudadanos inculpados de sedición. Se instruye un caso por presuntos actos subversivos. Se requisan hojas sueltas contra la administración de facto. Se reprime un intento de alzamiento militar en Guanacaste. En el occidente de Alajuela, cunde el espíritu de rebeldía. Durante octubre y noviembre llueven rumores sobre inminentes acciones de armas. El desasosiego es ostensible.

A su retorno de Estados Unidos, donde ha permanecido un par de meses, y rumbo a El Salvador, el ex Presidente Mora hace escala en Puntarenas el 21 de diciembre. Sería la primera vez que pise suelo patrio desde su remoción. Muchos de sus seguidores se trasladan al puerto para saludarlo. Su señora esposa doña Inés Aguilar de Mora, con 29 años de edad y cinco hijos, gestiona negocios familiares de exportación e importación para lo cual alquila una bodega donde se juntan a conversar los moristas. El régimen advierte que se aprestan asonadas en Atenas, Esparza, Grecia, San Ramón y otras comunidades. El gobernador militar prohíbe que el expatriado toque tierra, clausura la bodega y da tres horas a doña Inés para abandonar la localidad, apresa muchos fuereños y emplaza cuatro cañones al lado de una zanja que hace cavar a la entrada de la ciudad, en la Angostura.

Es probable que el impedimento del régimen a que el ex Presidente Mora comparta unas pocas horas con su señora esposa y con sus chiquitos -a quienes no ve desde hace cuatro meses-, le active la resolución del desquite. De Nueva York sale solo, pues su sobrino Manuel Argüello viaja a Irlanda; allá lo llamará para que regrese y lo auxilie en una comisión clandestina. Aunque su voluntad declarada sea retirarse de la política, dedicarse a los negocios, establecerse con la familia en otro país y visitar Europa, las atrevidas y numerosas acciones del morismo insurrecto lo jalan en sentido contrario. “Cede al fin a las repetidas instancias de sus numerosos amigos que le llaman por todos los correos”, dice el historiador Ricardo Fernández Guardia, quien anota que “en política los amigos suelen ser más peligrosos que los enemigos”. Es un grave yerro, de costo imponderable porque hay más irreflexivos rebeldes que razones y regimientos. Todo jefe derrocado fantasea con una insurgencia que lo devuelva al mando.

En la Nochebuena, el comandante militar de San Ramón arresta a un número de comerciantes e irrumpe en la casa cural adonde apresa a familiares del párroco, implicados en una revuelta. “Algunos sacerdotes, olvidándose de su misión de paz”, sostiene el régimen, “se convierten en ministros de sedición y de anarquía”. La alarma se extiende por los 32 rumbos de la rosa de los vientos. Para sofocar el movimiento, es enviado un general con numerosa tropa: las armas que ayer vencieron al filibusterismo son hoy el contrafuerte del régimen.

El cuartel de Liberia y la jefatura política de Bagaces son ocupados a mediados de enero por conspiradores moristas. Los insurrectos encalabozan a varios novoeristas. En Nicoya y Santa Cruz se producen movimientos de apoyo a la resistencia. El régimen despacha al mismo general “multiusos” al frente de unidades de soldados y pelotones de reclutas. Los amotinados escapan y se internan en Nicaragua. Hay detenciones a diestra y siniestra, incluida la del capellán militar en la Guerra Patria, Pbro. Francisco Calvo. La tropa vuelve y es recibida en la capital con arcos de triunfo.

El clima insurreccional “va acumulando en la mente de los que gobiernan el país, una serie de ideas -maquiavélicas quizá-, que vendrían a ser la única solución posible para acabar con tantas y tan continuas dificultades”. El régimen recurre a soplones, sobornos y otras marrullerías de disimulo y doblez. El historiógrafo Meléndez dice que “la idea de hacer desaparecer para siempre al hombre que tanta intranquilidad les ocasiona, va tomando cada vez más fuerza”.

A la semana de los trastornos en Moracia (hoy, Guanacaste), se presenta en Puntarenas, sin bajar del barco, el ex Presidente Mora. Es la segunda vez que el temible expatriado se acerca al puerto. La noticia corre de boca en oído y de oído en boca. El régimen entra en pánico, sin razón. El motivo del viaje es recoger a su señora esposa y a sus hijos para trasladarlos a El Salvador. En Santa Tecla ha iniciado un almácigo de café en gran escala.

El sobrino recién llegado de Europa va a Nicaragua y obtiene compromiso firme de auxilios del general Tomás Martínez: mil rifles y municiones, enganche de voluntarios en Granada y Rivas, un jefe de frontera que colabore con una insurrección en Moracia, reconocimiento de un gobierno provisional en Liberia, envío de tropas nicaragüenses, garantía de un préstamo por 14 000 pesos. Sin embargo, al ex mandatario le repugna imaginar siquiera el ingreso de soldados extranjeros al territorio patrio.

En Guatemala es recibido con honores de Jefe de Estado. El periódico gubernamental informa: “El Sr. Gral. D. Juan Rafael Mora, Presidente de la República de Costa Rica, que se halla separado del Gobierno de aquel país, a consecuencia de sucesos que son bien conocidos de nuestros lectores, llegó a esta capital. El Sr. General Mora visitó inmediatamente al Excelentísimo Sr. Presidente [Rafael Carrera] y ha sido recibido por S. E. con toda la atención y cortesía que corresponde a su carácter público y cualidades personales”. Los novoeristas leen y el régimen se sobrecoge.

Relata al presidente Carrera que su idea había sido buscar un sitio fuera de Costa Rica “donde vivir con mi familia y no influir en manera alguna en los destinos de mi patria”. Pero el llamado insistente de “personas notables”, el clima insurreccional, los encarcelamientos y confinamientos de sus amigos, le hacen cambiar de opinión al punto de, “si es preciso, dar la vida por salvar a mi patria”. Le comunica que el Gobierno de El Salvador ha decidido contribuir “al restablecimiento del orden y de la legitimidad en Costa Rica”. Le solicita ejercer “sus oficios protectores y saludables” a favor de todo Centroamérica.


© Armando Vargas Araya, 2010.



Fuente: Tribuna Democrática



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La hora del héroe

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Por Dionisio Cabal A.

¿Un solo héroe?

A nadie se le ocurriría plantear una discusión para que se reconozca que el Sol es luminoso. Discusión que por cierto en nada afectaría la luminosidad del astro. El Sol es luz y punto. Pues bien lo mismo ocurre con don Juan Rafael Mora Porras, don Juanito. Es el máximo Héroe Nacional, lo ha sido siempre.

Aunque apenas hace unas horas esta realidad haya sido oficializada por la Asamblea Legislativa. Las cosas caen por su propio peso. Y una de ellas es la supina ignorancia que en asuntos de la historia de 1856 han mostrado la mayoría de los diputados. Pero hay que ser justos, no se les puede responsabilizar, ni a ellos ni a los profesores de segunda enseñanza o de educación primaria que por más de un siglo repitieron acríticamente una versión de los acontecimientos de La Guerra de 1856, en particular del papel de Juan Santamaría, que en poco se ajusta a la realidad, versión que coadyuvó a tergiversar los hechos y las razones del asesinato de don Juanito Mora. Acto de lesa Patria.

Independientemente de lo que creamos saber y prefiramos creer sobre el heroísmo de Santamaría y de Mora, este artículo invita a dilucidar sobre una pregunta que algunos se hicieron a raíz de ciertas declaraciones del diputado Fabio Molina en torno a lo expuesto. ¿Puede un país tener dos héroes?

Dos, tres, cuatro, cien...

La pregunta parte de una presunción falaz: reconocer oficialmente como Héroe Nacional a don Juanito equivale a "bajarle el piso" a Santamaría. Pensamos que no.
Si algo ha hecho tambalearse a Juan Santamaría no ha sido el reconocimiento de la gloria de Mora, sino la manipulación y las falacias tejidas en torno a las actos que se imputan al soldado alajuelense. Medias verdades que ahora se están resolviendo a la luz de nuevas investigaciones.

Héroes coetáneos


La historia demuestra que es perfectamente posible que coexistan distintos héroes nacionales en la historia de un país, se correspondan a una misma época (Morelos e Hidalgo en el México de 1810) o a épocas distintas (también en México, Zapata y Villa en 1910). O bien en Cuba, José Martí y el Ché, o en Venezuela Bolívar y Miranda, José Félix Rivas y El Negro Primero, o en Perú, el mismo Bolívar y el singular Tupac Amaru. En Nicaragua Enmanuel Mongalo, Andrés Castro y Sandino.

Para el caso de Costarrica, debemos repasar con cuidado, porque nuestra nación debe su existencia al desvelo heroico de muchos. El denuedo mostrado por Gregorio José Ramírez para evitar nuestra anexión al imperio mexicano de Iturbide, salvó al país, y en lo que cuenta fue cronológicamente el primer verdadero héroe nacional pos independencia. Porque claro está y según se mire, ¿no es acaso Pabru Presberi un héroe singular en su lucha por la libertad como lo fue el gran cacique coyoche Garabito?¿No les debemos respeto, admiración y afecto? Y en la lucha contra los Tinoco, ¿Vamos a negarles su condición de héroes de la patria a Rogelio Fernández Güell y a Marcelino García Flamenco (por cierto salvadoreño, como lo era el general José María Cañas) que pagaron con su vida el coraje de enfrentar a la tiranía, y en esa misma jornada anti tinoquista ¿no fue heroína popular, arriesgando su vida, María Isabel Carvajal, nuestra gran Carmen Lyra, quien encabezando un grupo de audaces e idealistas maestros le dio fuego -como si de un mesón plagado de enemigos se tratara- a las oficinas del diario "La Información" ? ¿No es acaso héroe nacional -de la juventud- Guadalupe "Valedor" Martínez el niño que muere en Santa Rosa tocando la trompeta a degüello comunicando la orden de ataque de nuestras tropas? ¿Y dónde vamos a ubicar a Francisca Carrasco, y al Capitán Quirós y a los setenta y tres soldados escasuseños muertos en la batalla de Rivas? Claro que son héroes nacionales.

Podrá argumentarse que el heroísmo de unos y otros tiene planos de desigualdad. Pero tal afirmación siempre será subjetiva. El heroísmo de Santamaría tiene parangón con el heroísmo de muchos costarricenses en las distintas batallas. Pero en cambio nadie duda del audaz y complejo nivel de responsabilidad que implicaban las oportunas decisiones de Mora, su capacidad visionaria, el desprecio por su propia vida en aras de la libertad Centroamericana, su inmensa capacidad de convocatoria. ¿Y en qué afecta la grandeza incuestionable de Mora el heroísmo de Santamaría? En nada.

Lo que pareciera estar en el fondo de esta disquisición, es que se está empezando a caer la supuesta verdad oficial, y reconocer o reivindicar a Mora es parte de ello. Pero tal vez es importante reflexionar que la fuerza moral que está levantando a Mora a su exacta dimensión de Héroe Nacional y Latinoamericano es la misma fuerza que rescatará a Santamaría de la manipulación.


Día histórico

Costarrica se ha rescatado a sí misma en un gesto que los tiempos juzgarán por su auténtico valor trascendente. Un 16 de septiembre de 1860, hace 150 años, don Juan Rafael Mora Porras, acompañado de su hermano José Joaquín y del general Cañas (ambos irrefutables Héroes Nacionales), y de unos pocos amigos, avistaba, desde la proa del "Guatemala" -el barco que lo traía desde El Salvador-, las costas de su amada Costarrica. Fondeando frente a Puntarenas, ciudad donde nunca se le ha dejado de venerar. Catorce días después moriría entregando su vida generosamente a cambio de la de sus partidarios. Volando a la libertad, inmortalizado. 150 años después, un 16 de septiembre del 2010, Costarrica le rinde un homenaje con el que paga una deuda vergonzosa. Lo declara Héroe Nacional.

No es don Juanito quien necesitaba de este reconocimiento. Somos nosotros como pueblo quienes lo urgíamos, para saber merecernos el gentilicio de costarricenses. Para dignificarnos mirando la verdad directamente a la cara,
"cien años la escondieron, pero ya no", dice una canción. Desde el siglo diecinueve Centroamérica entera lo ha llamado Libertador, los poetas le han dicho Padre de la Patria. Hoy es Héroe Nacional. Está confirmado: ¡Ha llegado la hora de Juanito Mora!


Fuente Diario Digital El País


El énfasis es nuestro



Nota relacionada:

Don Juan Mora Porras "LIBERTADOR y HÉROE NACIONAL" Diario Digital El País


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Allende Presidente

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Allende Presidente


¡El pueblo unido jamás será vencido!

Allende, presidente,
te vengo a saludar,
tu presencia está viva
de la montaña al mar.
Eterna en la memoria
de Chile que sufrió
por la rastrera infamia
de un general traidor,
cobarde y asesino,
así lo llamo yo.

Allende, presidente,
usted fue la esperanza,
de un mundo de justicia,
sin odios ni venganza.
Allende, compañero,
usted que resistió,
la metralla en la mano,
tenía la razón,
la dignidad era parte
de vuestro corazón.
¿Quién ordenó la muerte,
Kissinger o Nixon?
Consumaron el crimen,
horror y delación,
la CIA, los fascistas,
pagados en Washington.
El pueblo desarmado
no tuvo protección,
cae la noche en Chile,
torturas y prisión.

Allende, combatiente,
maestro Presidente,
los hijos de la Patria
hoy te dicen ”presente”.
La luz de tu memoria
lealtad, valentía
quedaron en la historia
como una profecía.
La justicia demora
pero al fin llega un día,
Presidente chileno,
hermano, compañero,
volvemos a cantar,
contigo venceremos.

¡Córrele, córrele, córrele, córrela,
córrele, corre, que te van a matar!

Bolívar y Zapata,
el Ché, los jornaleros,
los pobres de la tierra,
indican el sendero:
Justicia, pan, trabajo,
escuelas para el pueblo.
Mujeres combativas,
ardientes como el fuego
renuevan la confianza,
firmes como el acero.
Treinta años han pasado
vuelves a aparecer,
los traidores se pudren,
se morirán de sed.
Tu imagen se agiganta,
tus ideas también.
El pueblo nunca olvida
a quien lo quiso bien
y escriben en los muros,
vuelves a florecer.
Allende, presidente,
que sirva la ocasión;
denuncio aquí la infamia,
la noche del terror,
de brutos carceleros
que imponen el dolor,
violando la inocencia.
Que le pidan perdón
a la bandera patria,
a Víctor, al amor.

Me despido tranquilo,
amigo Salvador,
vendrán otros momentos
de historia y emoción.
El cuento no termina
cantando esta canción,
seguiremos luchando
con fuerza, con pasión,
semilla que sembraste
por la revolución.


Ángel Parra y Mauro di Domenico


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En la primera fila de las olas

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XIV

EN LA PRIMERA FILA DE LAS OLAS


El distrito de Tinh Gia, al que llegamos ayer, es una excelente síntesis de esta guerra. 'En la primera fila de las olas, en el primer paso de los vientos', es su divisa. Durante los tres días que pasamos en él, en dos nos tocó meternos, apurados bajo techo, porque los aviones, que se vienen, desde los portaaviones de la Sétima Flota, rozando la olas para burlar el radar, pasaron rugiendo sobre los techos.

La Trong Thao, Comisario Político del Distrito nos cuenta:
-Este distrito es una avanzada. Como usted lo vio, aquí estamos en la costa. Ayer atacaron el embarcadero, los puentes y una aldea de pescadores. También hemos sido bombardeados 4 veces con artillería naval. Es el distrito más al sur de la provincia y lo cruzan importantes caminos. En 1965 realizaron aquí 2.800 incursiones aéreas. Casi todas las 29 aldeas del distrito han sido atacadas. las 14.000 bombas que nos han lanzado dan un promedio de una por cada 7 habitantes. (El distrito tiene 110.000 habitantes).

Le pregunto quién puede narrarme algo de particular interés personal y me promete que me llevará a conversar con Nguyen Van Trong.

Es de noche. Nos alumbra una lámpara de petróleo puesta en una mesita. Al lado, listo un cabo de bambú, con el que de inmediato la tapan apenas se escucha una alarma. No dejan que se escape ni un reflejo fuera de la choza. Hay en el cuarto seis o siete hombres y mujeres viejos en su mayoría. Entre ellos, Nguyen Van trong. Me lo señalan. Me sonríen tres dientes. Es el encargado de desarmar las bombas que no explotan.

-¿Y por qué no explotan? -pregunto.
-O por el ángulo rasante en que vienen o porque caen en los arrozales inundados o en las dunas de la playa -me explica.
-¿O sea que muchas no explotan?
-Algunas.
-¿Y usted dónde y cómo aprendió a desarmarlas?
-Seguí un curso. Iba a ser de dos meses, pero el instructor tuvo que irse antes. Él nos explicó como eran los detonadores de las distintas clases: las de tiempo, las de destrucción, los rockets, las 'mariposas'. Yo no pude anotar todo porque sólo tengo segundo de primaria y hubo cosas que no entendí.

Nguyen tiene 45 años, dos hijos, piel oscura y cabello azuloso de negro, que se peina a la antigua, con carrera al lado. Se esfuerza por responderme con mucha correción, con el ceño fruncido.

-¿Y cuál fue la primera que le tocó?
-Una de destrucción, de 125 kilos. En el primer momento estuve indeciso y fui a buscar al técnico del distrito, pero no lo encontré. Volví con mi camarada lo discutimos mucho. No teníamos las herramientas necesarias y tuvimos que improvisar otras.

Al decirlo me pasa tres fierros. Son dos ganchos de un rastrillo y un 'diablito', como el que usan los ladrones en Chile para reventar candados. Me quedé atónito.

-¿Y con 'ésto' las desarmaron?
-Sí, había que hacerlo -me dice.

Recorro con la vista el resto del grupo: están todos serios, inexpresivos, salvo una viejita que, cuando se cruzaron nuestras mirads, me sonrió.

-Yo me senté a caballo -continúa Nguyen -y le fui dando vueltas al detonador, en sentido inverso a las manecillas del reloj, como nos habían enseñado. Mi compañero consultaba su libreta y me iba diciendo.

Estuve a punto de preguntarle si había pensado en sus hijos en ese momento, pero me contuve.
-¿Y qué apuro había en desarmarla? -fue lo que dije.
-Porque estaba en la mitad del arrozal y la gente tenía miedo de trabajar. La podía hacer explotar un búfalo de una patada u otro accidente cualquiera.
-¿Y cuántas ha desarmado ya?
-Siete.
-¿Y su compañero?
-No. el sólo me ayuda. Y yo lo obligué a que no estuviera muy cerca.
-¿Y a cuál de las siete le tuvo más miedo?
-A la última. Esa tenía un detondor raro, que yo no había estudiado y mi compañero tampoco. Pero me dije: si la pudieron armar también debe poderse desarmar.

Me pongo de pie, le doy un abrazo -tiene huesitos frágiles- y lo felicito por su heroísmo. Él me mira, más serio que nunca, y no dice nada.




Tomado de " VIETNAM Crónicas de Guerra" de Joaquín Gutiérrez Mangel

Foto: Combatientes del Frente Nacional de Liberación de Vietnam




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Cómo vivieron y cómo murieron

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Por Fernando Francia*


David Maradiaga murió muy joven, a los 27 años. Era escritor, poeta, ecologista, luchador, soñador y enamorado de la vida. Solidario, alegre, de franca risa, de mirada cuestionadora y de palabra certera.

Era integrante de la Asociación Ecologista Costarricense (AECO), organización que ya había perdido, en un muy extraño incendio en Guadalupe, a tres de sus compañeros: el 7 de diciembre anterior, tan solo seis meses antes, murieron Oscar Fallas, María del Mar Cordero y Jaime Bustamante. David murió el 14 de Julio, pero su cuerpo fue identificado por familiares, amigos y compañeros a inicios de agosto, luego de que familiares y compañeros visitaran hospitales, comisarías e incluso la morgue. Ambos incidentes, el de diciembre y el de julio, rodeados de misterios, ocultamientos y engaños. Oficialmente no se habla de asesinato, pero tampoco se dan, de forma certera y creíble, los orígenes del incidente.

La duda y lo que estas cuatro personas significaban para el movimiento ecologista y social permite hablar de mano criminal. A finales de 1994 AECO había ganado una dura batalla contra intereses forestales, madereros y narcos en la zona sur. La Stone Forestal quería construir un muelle astillero en pleno Golfo Dulce. Pero estos cuatro compañeros trascendieron incluso aquella lucha. Su activismo social, ecologista, político no partidario, pero político en definitiva, iba más allá de una lucha. La lucha de David era por la vida, su lucha era por la autonomía de las comunidades. Su lucha tenía que ver con la libertad, la armonía entre los seres humanos y con su entorno, pero muy especialmente, tenía que ver con los más desposeídos. Los cuatro buscaron, siempre, las oportunidades que se le ha arrebatado históricamente a tanta gente.

David, además de poeta y brillante escritor, era un amigo, amigo de centenares de amigos. Amigos que lo recordamos, que lo extrañamos, que aprendimos, amigos que todavía lo vemos caminar, en forma solitaria en las calles de San José, hablándole a las estrellas o a algún indigente que, a altas horas de la noche, era también su amigo.

David Maradiaga era un ser especial, a los 14 años ingresó, como poeta, a la cofradía (casi se le puede llamar así) de Andrómeda, de la mano de otros poetas malditos, como ya era catalogado David.

Su poesía, firmemente comprometida con la vida, la naturaleza; ácidamente contraria a la hipocresía y al falso pudor del qué dirán, fue premiada, aunque él nunca vio su libro publicado.

David sabía que lo hermoso y grandioso de la vida estaba en algunas pequeñas cosas. Pero también sabía que la única manera de hacer de este mundo un mejor lugar tenía que ver con cambiar, no solo la forma en que se cuida al ambiente, sino, sobre todo, la forma en que deberíamos cuidarnos unos a los otros, toda la humanidad.

En este mundo de impunidad no es posible dejar pasar un muerto más. No es posible quedarse sin siquiera inmutarse por la violencia y la muerte en Honduras. No es posible no reaccionar ante la desigualdad que provoca la riqueza más absoluta y la pobreza más extrema.

David luchaba y escribía y le dolía la injusticia, así como le duele a este mundo tanta impunidad. Quizás sus familiares y compañeros no sepamos nunca la verdad. Quizás a nivel oficial no pueda afirmarse cómo murieron. Lo que si podemos saber y debemos reivindicar, como sociedad toda, es cómo vivieron. Una vida entregada a la lucha, a las causas comunes de los seres humanos y a todas las especies del planeta.

Especialmente a las causas de nuestra propia gente, de Costa Rica.

Pasados 15 años, ya es hora de que la sociedad por la que tanto lucharon les reconozca su lucha y si no puede decir cómo murieron, que nos pueda dejar en la memoria colectiva cómo vivieron.


*Comunicador


Fuente Diario Extra
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“Todos tenemos que estar con ellas”

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  • La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo viajó a Sudáfrica para promocionar la candidatura al Premio Nobel de la Paz. “Los argentinos queremos saber la verdad”, dijo el DT de la Selección después de saludarla.

Estela de Carlotto fue a ver una práctica de la Selección en Sudáfrica, donde viajó para promocionar la candidatura al Premio Nobel de la Paz para las Abuelas de Plaza de Mayo. Terminado el entrenamiento, Diego Maradona se acercó a saludarla y le dio su apoyo. “Es una luchadora”, dijo sobre la titular de Abuelas. También reconoció el trabajo que está haciendo la entidad para recuperar a los hijos de desaparecidos apropiados durante la dictadura. “Los argentinos queremos saber la verdad”, sostuvo. “Todos tenemos que estar con ellas, y los que no quieren estar es porque se hacen los giles.”

Carlotto viajó a Sudáfrica para realizar una serie de actividades, entre ellas entrevistarse con Nelson Mandela, aunque esa reunión se suspendió luego de que una bisnieta del ex presidente sudafricano –Zenani, de 13 años– perdiera la vida en un accidente de tránsito.

La visita de ayer a la Selección tuvo en parte el objetivo de hacer un gesto de agradecimiento a Maradona. El equipo argentino está respaldando públicamente la postulación de Abuelas de Plaza de Mayo para el Nobel de la Paz. En el partido de despedida antes de viajar a Sudáfrica, que el seleccionado jugó contra Canadá, los jugadores salieron a la cancha con una bandera que decía “Apoyamos a las Abuelas de Plaza de Mayo para el Premio Nobel de la Paz”. La pancarta viajó a Sudáfrica y está ahora colgada en las tribunas del estadio de Pretoria durante los entrenamientos.

Carlotto llegó al Centro de Alto Rendimiento de la Universidad de Pretoria con un vestido de invierno negro. Hacía un frío polar que calaba los huesos, y el viento, intenso, helaba manos y narices. Carlos Bilardo le prestó un camperón de los que usan los integrantes del cuerpo técnico.

Terminada la práctica, Maradona y ella charlaron a un costado de la cancha durante unos cinco minutos. “Gracias por venir, las quiero mucho”, le dijo el DT de la Selección. Diego le regaló además un banderín argentino y tuvo gestos de afecto como tomarle las manos y despedirla con un cerrado abrazo. La escena fue vista desde las tribunas, a las que Maradona se dirigió después para decir, sobre el trabajo de Abuelas, que “todos los argentinos queremos saber la verdad”.

Diego se confundió también en un abrazo con Gabriel Batistuta, quien presenció el entrenamiento en las tribunas mezclado entre los periodistas. “¡Aquí traemos a buenas personas!”, les gritó a los periodistas que cubrían el entrenamiento.

Carlotto, por su parte, contó del encuentro que le había agradecido por la actitud de “su hija Dalma, que es muy solidaria, y a través de su arte, del Teatro por la Identidad, nos ayuda a buscar a nuestros nietos”.

“Me recibió con gran cariño y ternura”, agregó. “Tiene dos hijas maravillosas y él también es abuelo ahora. Abrazarlo es abrazar algo muy querido, con la ternura de una abuela. El representa a los argentinos que luchan desde abajo, desde donde surgieron.”

La presidenta de Abuelas conoció a Maradona un 1º de Mayo en Cuba, donde había sido invitada por Fidel Castro para los festejos del Día de los Trabajadores. Ayer se dijo ilusionada con la posibilidad de que el seleccionado se consagre campeón del mundo y que las Abuelas consigan también su reconocimiento. Carlotto comparó este mundial con el que se hizo con Videla en el palco presidencial: “En el Mundial ’78 se hacían los goles y los papás de desaparecidos llorábamos, a pesar de ser argentinos, porque mientras se hacía un gol se apagaban los gritos de los que estaban secuestrados y estaban siendo torturados e iban a ser asesinados”, recordó. En cambio, dijo, el Mundial de Sudáfrica “nos llena de esperanza”. “Qué lindo sería que la Argentina se merezca el premio que es esta copa y el Nobel que es para todos los argentinos”, apuntó.

La dirigente llegó a Sudáfrica el sábado. El domingo estuvo en el Pabellón Argentino, una muestra en Sandton, a unos pocos kilómetros de Pretoria, y en el Museo de la Memoria, en Soweto. Tiene previsto asistir mañana, antes de volver a Argentina, al partido que la Selección disputará ante Corea del Sur en el estadio Soccer City de Johannesburgo, donde tal vez pueda sacarse las ganas de ver a Juan Sebastián Verón, al que ayer no pudo saludar. La titular de Abuelas contó que conoce a Verón “desde que es bebé”, porque su familia frecuentaba en La Plata “al papá de Sebastián”. “Conozco a Bilardo, al papá de Sebastián y a él de cuando era bebé. Además hay algo especial, mi esposo era fanático de Estudiantes. Todavía recuerdo el campeonato del ’68”, cuando el equipo de La Plata ganó el titulo de campeón del Mundo.

La candidatura de Abuelas para el Premio Nobel de la Paz fue aceptada por el comité noruego el pasado 20 de abril. La postulación fue impulsada por Daniel Filmus, quien las propuso como “un ejemplo no sólo de recuperación de la memoria, sino de cómo buscar un futuro mejor para todos”. El ganador del Nobel se dará a conocer a mediados de octubre y la ceremonia de entrega se realizará en diciembre en la ciudad de Oslo, Noruega. Hasta el momento, Abuelas logró localizar y restituir a 101 jóvenes apropiados por el terrorismo de Estado. En el organismo estiman que todavía quedan otros 400 por encontrar, para muchos de los cuales, cuando ellas no estén, quedará el registro del Banco de Datos Genéticos. “El mejor premio, siempre, es encontrar otro nieto”, reiteró ayer Carlotto ante los medios que registraron el encuentro con Maradona.


Fuente Página/12

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Un sol de fuego

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6 de agosto de 1945
Hiroshima y Nagasaki

Un sol de fuego, violenta luz jamás vista en el mundo, se eleva lentamente, rompe el cielo y se derrumba. Tres días después, otro sol de soles revienta sobre el Japón. Debajo quedan las cenizas de dos ciudades, un desierto de herrumbre, muchos miles de muertos y más miles de condenados a morir de a pedazos a lo largo de los años que vienen.

Estaba la guerra casi acabada, ya liquidados Hitler y Mussolini, cuando el presidente Harry Truman dio la orden de arrojar las bombas atómicas sobre las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki. En los Estados Unidos, un clamor nacional exigía la pronta aniquilación del Peligro Amarillo. Ya era hora de acabar de una buena vez con los humos imperiales de este arrogante país asiático jamás colonizado por nadie. Ni muertos son buenos, decía la prensa, estos monitos traicioneros.

Ahora no caben dudas. Hay un gran vencedor entre los vencedores. Los Estados Unidos emergen de la guerra mundial intactos y más poderosos que nunca. Actúan como si todo el planeta fuera su trofeo.


Tomado de "Memoria del Fuego" de Eduardo Galeano
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