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El maestro

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Un escrito de Eduardo Galeano… ¡en su voz!





EL MAESTRO
Eduardo Galeano

Fuente radialistas.net

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Los pecados de Haití

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Por Eduardo Galeano


La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.


El voto y el veto

Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.

Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:

-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.


La coartada demográfica

A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:

-Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.

Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.

En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado... de artistas.

En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.


La tradición racista

Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene "una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización". Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: "Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses".

Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: "El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro".

En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: "Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas". Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro "puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras".


La humillación imperdonable


En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.

La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.


El delito de la dignidad

Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.

Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.

La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.


Brecha 556, Montevideo, 26 de julio de 1996.

Foto Getty Images



Más:

Los siete demonios de Haití



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Un sol de fuego

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6 de agosto de 1945
Hiroshima y Nagasaki

Un sol de fuego, violenta luz jamás vista en el mundo, se eleva lentamente, rompe el cielo y se derrumba. Tres días después, otro sol de soles revienta sobre el Japón. Debajo quedan las cenizas de dos ciudades, un desierto de herrumbre, muchos miles de muertos y más miles de condenados a morir de a pedazos a lo largo de los años que vienen.

Estaba la guerra casi acabada, ya liquidados Hitler y Mussolini, cuando el presidente Harry Truman dio la orden de arrojar las bombas atómicas sobre las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki. En los Estados Unidos, un clamor nacional exigía la pronta aniquilación del Peligro Amarillo. Ya era hora de acabar de una buena vez con los humos imperiales de este arrogante país asiático jamás colonizado por nadie. Ni muertos son buenos, decía la prensa, estos monitos traicioneros.

Ahora no caben dudas. Hay un gran vencedor entre los vencedores. Los Estados Unidos emergen de la guerra mundial intactos y más poderosos que nunca. Actúan como si todo el planeta fuera su trofeo.


Tomado de "Memoria del Fuego" de Eduardo Galeano
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Disculpen la molestia

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Por Eduardo Galeano

Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.

¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?

El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?

¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?

¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?

Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?

¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?

¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal-Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. MacDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura, y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?

¿Quiénes son los justos, y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?
¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?

Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.

Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina 3 millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren 15 niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?

¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?

¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías?

Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.

Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales?

Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.

En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos.

Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?

Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?

¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?

¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?

Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda?

¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ése un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?

¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?

Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia, ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?

Según Lewis Carroll, la reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:

-Ahí lo tienes -dijo la reina-. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.

En El Salvador, el arzobispo Óscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. Él murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.

El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?

A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.


Fuente Tribuna Democrática

Caricatura El Roto



El énfasis es nuestro



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El regalo de Chávez a Obama sacude a EU

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  • Para políticos y analistas, Las venas abiertas de América Latina, de Galeano, es un libro "peligroso"


Por David Brooks

Nueva York. Un libro resulta a veces más poderoso que un país imperial o una cumbre de presidentes.

Al parecer, Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, aún hace temblar a muchos poderosos aquí, ya que, según ellos, es un libro "muy peligroso" que puede hasta poner en riesgo a la Casa Blanca.

Y es que el gesto de Hugo Chávez, de regalarle a Barack Obama el libro del escritor uruguayo ha generado más reacción aquí, al igual que la foto del saludo de los dos mandatarios, que casi todo lo que se dijo en la Cumbre de las Américas.

Por supuesto que esto también encantó a un amplio sector de gente que se considera progresista, pero las mejores recomendaciones del libro de Galeano, colaborador de La Jornada, provienen del otro bando, lo cual remarca el hecho de que ese libro tiene un poder que espanta a muchos.

Otto Reich, ex embajador en Venezuela, alto funcionario diplomático en los gobiernos de Ronald Reagan y de ambos Bush y ex asesor sobre temas de América Latina para la campaña presidencial de John McCain, afirmó que "fue un error" por parte de Obama recibir el libro de manos de Chávez.

"También fue, francamente, un error de su equipo. Debieron evitar eso. Trabajé para tres presidentes. No creo que eso hubiera ocurrido con Reagan o con los dos Bush. No debieron haber puesto al presidente Obama en esa vergonzosa situación, porque este es un libro muy antiestadunidense y antieuropeo también", comentó en una entrevista con Newsmax TV.

Y agregó: "Es un libro que tiene unos 30 años, escrito por un latinoamericano de ultraizquierda, un autor muy desconocido. Y ahora con su regalo Chávez ha puesto este libro, me dicen, en la cúspide de la lista de ventas de Amazon".

Para Andrés Oppenheimer, columnista del Miami Herald, fue casi insoportable el gesto, algo comparado con la peor ofensa imaginable. "Cuando Chávez le entregó un ejemplar en español del libro del autor uruguayo Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina, una diatriba cuyo tema de fondo es que la pobreza latinoamericana es causada por el imperialismo de Estados Unidos, Obama lo aceptó con una sonrisa. Cuando al presidente estadunidense le preguntaron más tarde los reporteros qué le parecía el regalo de Chávez, sonrió y dijo que ‘fue un gesto bonito… soy un lector’. Fue una respuesta curiosa, dado que el gesto de Chávez era el equivalente de regalarle Mein Kampf, de Adolf Hitler, a un presidente israelí".

El incidente llegó hasta los monólogos cómicos de los programas nocturnos de las cadenas nacionales de televisión. Por ejemplo, David Letterman, en su programa Late Night, de CBS, comentó que "hay una cumbre ahora en Trinidad, con ese malévolo Hugo Chávez. La idea es abrir líneas de comunicación. Ese furtivo Chávez le dio un libro al presidente Obama –en español. Obama no lee en ese idioma. Sería como darle a George W. Bush… bueno, cualquier libro".

En tanto, los políticos conservadores cuestionaron de inmediato la foto donde aparecen Obama y Chávez dándose la mano. Newt Gingrich, ex presidente republicano de la Cámara de Representantes, dijo que eso era apoyar a "los enemigos de Estados Unidos". Por lo menos tres senadores, también republicanos, criticaron al presidente, calificando su saludo a Chávez como un acto "irresponsable", tal vez mostrando su "poca experiencia" en asuntos internacionales y hasta insinuando que ese gesto había debilitado a la superpotencia.

En una entrevista con el conductor conservador Sean Hannity, en Fox News, el ex vicepresidente Dick Cheney también expresó su disgusto por la foto de Obama con Chávez. "Bueno, no creo que ayude… Tienes a millones de personas en todo Sudamérica observando cómo actuamos, y si ven a un presidente estadunidense acercándose a alguien como Daniel Ortega o Chávez, no creo que eso ayude, creo que establece una perspectiva equivocada".

Tampoco le gustó que el mandatario se disculpe tanto en nombre de Estados Unidos.
"Lo que encuentro preocupante es que ha ido a Europa, por ejemplo, y pareció disculparse profusamente allí, y después en México, y ahí también ofrecer disculpas, y así… Uno tiene que ser muy cuidadoso. El mundo, tanto nuestros amigos como nuestros enemigos, rápidamente tomarán ventaja si creen que están negociando con un presidente débil o uno que no defenderá de manera agresiva los intereses estadunidenses".

Obama ya esperaba las críticas e incluso comentó a reporteros que "es poco probable que como consecuencia de saludar de mano y sostener una conversación amable con Chávez se pongan en peligro los intereses estratégicos de Estados Unidos". Agregó que este debate ya se había dado durante la contienda electoral del año pasado, con la idea de que "si de alguna manera mostrábamos cortesía o abríamos un diálogo con gobiernos que previamente habían sido hostiles contra nosotros, esa sería una señal de debilidad. El pueblo estadunidense no aceptó eso, y hay una buena razón por la cual no se la tragó: porque no tiene sentido".

Un libro y una foto de un saludo cordial parecen haber provocado histeria y pánico entre algunos aquí. Al parecer, a veces las palabras de un periodista en busca de la verdad y una imagen son más poderosas que las espadas.

Mientras, el libro circula por todas partes –sigue en la lista de los más vendidos en Amazon y otros comercios– contaminando con ideas peligrosas a toda otra generación dentro de Estados Unidos y provocando, al parecer, mucho temor entre algunos autoproclamados guardianes de la historia oficial.


Fuente La Jornada

Foto REUTERS



El énfasis es nuestro




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El arcoiris terrestre

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Del ciclo La vida según Galeano, trasmitido por el canal Encuentro de Argentina compartimos con ustedes El arcoiris terrestre.

Donde nos habla de la hermosa diversidad humana.

¨El arcoiris terrestre tiene más colores que el arcoiris celeste, pero nuestras cegueras nos impiden verlos.


El racismo es una de esas cegueras enemigas de la diversidad…
…como el racismo, también el machismo niega y mutila la esplendida diversidad del arcoiris terrestre.¨

Eduardo Galeano







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¨No celebramos un año más de su muerte, sino la resurrección de Romero en su pueblo¨

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24 de marzo de 1980
San Salvador

La ofrenda

Hasta hace un par de años, sólo se entendía con Dios. Ahora habla con todos y por todos.

Cada hijo del pueblo atormentado por los poderosos es el hijo de Dios crucificado; y en el pueblo Dios resucita después de cada crimen que los poderosos cometen. Monseñor Romero, Arzobispo de El Salvador, abremundo, rompemundo, nada tiene que ver ahora con aquel titubeante pastor de almas que los poderosos aplaudían. Ahora el pueblo interrumpe con ovaciones sus homilías que acusan al terrorismo de Estado.


Ayer, domingo, el arzobispo exhortó a los policías y a los soldados a desobedecer la orden de matar a sus hermanos campesinos. En nombre de Cristo, Romero dijo al pueblo salvadoreño: Levántate y anda.


Hoy, lunes, el asesino llega a la iglesia escoltado por dos patrullas policiales. Entra y espera, escondido detrás de una columna. Romero está celebrando misa.

Cuando abre los brazos y ofrece el pan y el vino, cuerpo y sangre del pueblo, el asesino aprieta el gatillo.


Eduardo Galeano,
Memorias del fuego.



Más

Recuerdan al arzobispo Óscar Arnulfo Romero, a 29 años de su asesinato

Monseñor Romero tu sueño se cumplió


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La vida según Galeano: Mujeres

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La vida según Galeano es un ciclo trasmitido por el canal Encuentro de Argentina.En el Eduardo Galeano, nos cuenta con su manera hermosa y peculiar las historias que nunca oímos.

Esta vez habla de nosotras las mujeres.

Dura aproximadamente 28 min, nosotras esperamos que lo disfruten.

¡Feliz día a todas!






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El judaísmo oficial y la dictadura argentina

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Por Herman Schiller*

A principios del gobierno de Alfonsín, en una durísima discusión que tuvo lugar en un local del ala progre del sionismo ubicado en Junín al 200, la inolvidable Renée Epelbaum, una de las fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo que tenía a sus tres hijos desaparecidos, acuñó aquella frase que durante mucho tiempo se hizo carne entre los familiares de detenidos-desaparecidos de origen judío: “No quisiera enterarme que a mis hijos judíos los mataron con armas israelíes”.

En abril del ’99
, después que testimonié ante el juez Baltasar Garzón en Madrid, el Partido Socialista de Israel (“Meretz”) me invitó a participar en su país de una serie de actos. En ese contexto tuve oportunidad de hablar en la Universidad Hebrea de Jerusalem y, por supuesto, me referí al papel nefasto que los distintos gobiernos israelíes y la estructura institucional judeoargentina jugaron en la época de la dictadura.

Sobre el tema de los pertrechos bélicos me respondió Alex Ben Tzví, ex consejero de la embajada de Israel en Buenos Aires, con quien en 1996 había mantenido un altercado radial: “Nuestros enemigos exageran el tema, porque el Estado de Israel solamente (sic) le vendió a los militares argentinos el 13% de sus necesidades armamentistas”.

Aquellas palabras de Ben Tzví, que causaron sonrisas entre los presentes, deben haber sido seguramente la más clara confesión oficial israelí sobre ese sucio negocio.

Hace unos cinco años, en un programa televisivo de la comunidad judía local conducido por Daniel Schnitman, participaron Eduardo Luis Duhalde (entonces juez federal, hoy secretario de Derechos Humanos de la Nación), Oscar Kuperman (uno de los líderes piqueteros), María Gutman (integrante de la Asociación Madres de Plaza de Mayo) y yo.

Duhalde, en su intervención, narró de qué modo, sobre los finales de la dictadura y junto al poeta Vicente Zito Lema, entrevistaron en Europa a Peregrino Fernández, un policía que se quebró y confesó buena parte de las atrocidades cometidas por él y sus compinches durante la égida del terrorismo de Estado. Duhalde, en su intervención, transmitió que Peregrino, durante la extensa confesión, dio pormenores de cómo Herzl Inbar, ministro consejero de la embajada de Israel en la Argentina, les daba “instrucciones antisubversivas”.

Las declaraciones del policía se registraron en 1983 y, al tomar estado público, familiares de desaparecidos judíos se dirigieron a la embajada de Israel —entre ellos Fanny Bendersky, que luego trabajara durante muchos años en el Cels [N de La Haine: Centro de estudios legales y sociales, institución que en los últimos años de dictadura y los primeros de "democracia" jugó un papel importante en la defensa de los derechos humanos]— para que ratifiquen o rectifiquen la afirmación de Peregrino. Nunca hubo una respuesta.

Pasó casi un cuarto de siglo. De un tiempo a esta parte estamos asistiendo a una feroz ofensiva del judaísmo oficial -israelí y local- para autoblanquerase en este tema. No resulta fácil generar anticuerpos para contrarrestar esta orgía de mentiras, porque no son pocos los cómplices fuera del judaísmo que, por cálculos pragmáticos u oportunistas, se unieron a la farsa.

Probablemente influya en ésto la reducción de la otrora poderosa izquierda judía a la minima expresión. De todos modos hay algunos elementos puntuales que merecen señalarse. Por ejemplo, el libro de Marcel Zohar “Shlaj et amí lazalzel” (Manda a mi pueblo al diablo) que en 1991 apareció en Israel con denuncias muy parecidas a las mías y que fuera comentado en su momento por el matutino Pagina 12. Y, también, el incisivo artículo de un escritor y docente universitario israelí como Itzjak Laor publicado en el matutino Haaretz de Tel Aviv muy pocos días después de la masacre de la Amia.

El artículo se titulaba
“Zejer haneedarim bearguentina” (En memoria de los desaparecidos en Argentina) y fustigaba con mucha energía la doble moral desarrollada por Israel, que envió urgentemente una delegación de socorro en oportunidad del atentado de la calle Pasteur, pero nada hizo, ni siquiera levantó el teléfono para protestar, “cuando los militares asesinos se llevaban a los judíos por centenares durante la dictadura militar”.

Durante toda la etapa aciaga del ’76 al ’83, el judaísmo oficial, allí y aquí -eso incluye a los distintos gobiernos israelíes y a la casi totalidad de las organizaciones judeoargentinas establecidas-, solían caracterizar a los desaparecidos como “antiisraelíes al servicio del terrorismo”.

Inclusive los dirigentes del sector izquierdoso del sionismo, cuando eran entrevistados en Israel en los primeros años del horror por algún familiar o amigo de desaparecido que reclamaban desesperadamente “hagan algo” (hay varios testigos), respondían que “esto les había pasado por no recibir educación sionista”(sic).

Y como la vida institucional judía
(religiosa, cultural, sociodeportiva) se desarrollaba en la Argentina con absoluta normalidad -y los famosos countrys judíos como los de Hebraica y Hacoaj se inauguraron precisamente en esa etapa nefasta del país- resultó normal, casi obvio,el alineamiento explícito del judaísmo oficial con los militares, “quienes no sólo apoyan a Israel en los distintos foros internacionales, sino que también facilitan nuestra actividad comunitaria”.

El genocidio pareció importarles muy poco y priorizaban que el “ishuv” [comunidad judía pre-estatal] pudiera expresar su identidad judía sin inconvenientes. Y este cuadro de situación se ahondó aún más cuando el gran rabino de la comunidad Shlomo Benhamú, luego de participar a principios de 1977 de una reunión de religiosos de distintos credos con Videla, elogió la personalidad del dictador y enfatizó especialmente que, en plena Casa Rosada, le habían servido comida “casher”.

En declaraciones que, en su momento, merecieron el repudio de Marshall Meyer y mío y la publicación de comunicados muy críticos por parte de algunos familiares como Gregorio Lerner; el presidente de la DAIA, doctor Mario H. Gorenstein, llegó a decir por lo menos dos veces (una en la “kehilá” de Bahía Blanca y otra en el Centro de Estudios Judaicos que funcionaba en la calle Ayacucho donde hoy está el Instituto Científico Judío IWO) que a la comunidad judía le convienen más los gobiernos de facto que los constitucionales “porque los militares tienen mayor capacidad operativa para controlar el antisemitismo y el antisionismo”.

La izquierda y los terroristas están junto a quienes anhelan destruir al Estado judío, solían expresar los dirigentes judíos una y otra vez. Y, a través de sus declaraciones, discursos, comunicados, notas en la prensa adicta y demás, surgía claramente que sus posiciones a favor del régimen autoritario no era un tema táctico, sino de íntima convicción: “Los militares se encuentran de nuestro lado; en cambio, los subversivos alientan a nuestros enemigos”.

Eso se potenció hasta el hartazgo cuando Firmenich y Vaca Narvaja [ex-líderes de la guerrilla montonera] se fotografiaron junto a Arafat en el Líbano (y los dirigentes judeoargentinos corrieron a decirle a los militares “ven, ven, los enemigos de ustedes también son nuestros enemigos”) y algo parecido ocurrió en 1978, cuando el teniente general israelí Jaim Laskov se entrevistó con Videla y luego tuvo palabras de encomio hacia el gobierno militar en el Luna Park [estadio de boxeo en Buenos Aires], en oportunidad de celebrarse el trigésimo aniversario del Estado de Israel.

Acto, dicho sea de paso, que fue la única expresión permitida en esos días de persecución y muerte, con la presencia estelar y ovacionada del integrante de un gobierno de facto anterior: el almirante Isaac Francisco Rojas.

En esa misma línea también debe inscribirse al general Ariel Sharón que, en 1980, cuando era ministro de Defensa de Israel, dijo sin ruborizarse en oportunidad de visitar al general Policarpo Paz, jefe de la dictadura hondureña, que en esos días era denunciada en todo el mundo por su política criminal en materia de derechos humanos: “Israel no sólo le vende armas a Honduras por negocios, sino porque está con nosotros en la lucha común contra el comunismo internacional”.

En ese momento llegó a Buenos Aires Menajem Hacohen, un rabino ortodoxo que integraba en la Knéset el bloque opositor laborista. Al preguntarle en una entrevista acerca de esas declaraciones de Sharón, Hacohen me respondió: “Hemos creado el Estado judío para que sea distinto, justo y socialista, y no para convertirlo en proveduría de armamentos para las dictaduras militares de América latina”.

Durante mi mencionada visita a Israel de abril del ’99, estaba pronunciando una conferencia en “Tzavta” de Tel Aviv sobre la caracterología fascista y antisemita de la represión dictatorial en Argentina,cuando sorpresivamente se presentaron dos ex ministros del gobierno de Itzjak Rabín: Iosi Sarid y Amnón Rubinstein.

Ambos señalaron que no sólo habían concurrido para “rendirle homenaje a un luchador por los derechos humanos que dignifica al pueblo judío” -lo que para mí resultó una abrumadora gratificación en contraste con los palos que habitualmente recibo por parte de la reaccionaria dirección comunitaria judía local-, sino también para denunciar “el papel nefasto de Israel como cómplice de las peores dictaduras latinoamericanas y del apartheid sudafricano”.

Y Iosi Sarid, que en aquellos días todavía era considerado como el líder del ala izquierda de su partido, agregó: “Israel debería pedir perdón a todos los familiares de las víctimas de esos regímenes sangrientos”.

Quiero puntualizar dos cosas antes de concluir: no estoy tratando de levantar mi persona y de disminuir todo lo que esté enfrente. No es que en esa época yo era bueno y ellos eran malos -a lo mejor, y seguramente, debe haber sido al revés, porque no puedo ni debo omitir que cometí muchos errores-, sino que se trataba de los criterios filosóficos e ideológicos, absolutamente antagónicos, con que se tomó el asunto desde el principio: para mí los desaparecidos eran mis compañeros de lucha, muchos de ellos combatientes de las organizaciones armadas populares, mientras que para el judaísmo oficial eran terroristas que estaban en la vereda de enfrente.

Todos los desaparecidos judíos (hasta ahora se llevan contabilizados alrededor de 2.000), que entregaron su vida generosamente, y aunque no lo supieran o dijeran lo contrario, estaban para mí infinitamente más cerca de las utopías de justicia social de los antiguos profetas de Israel que de los corruptos burgueses que desde añares vienen conduciendo las instituciones judías locales.

*Periodista


Fuente La Haine

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Más:
Operación Plomo Impune, Eduardo Galeano





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¡Valió la pena Zumbí !

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Elaine Tavares
, Rebelión

Cuando el gobernador de Pernambuco, Caetano de Melo Castro, decidió colocar la cabeza de Zumbi dos Palmares en un poste para satisfacer los que se creían ofendidos por la idea de libertad que él representaba y para dar una lección a los negros que soñaban en huir para los quilombos, jamás podría imaginar que estaba dando alas al héroe negro.

Intentado borrarlo de la memoria y mostrar que estaba realmente muerto y humillado, el mediocre gobernador sólo consiguió hacer con que los negros que miraban la cabeza salada, estiraran su mirada para más allá de la muerte, para más allá de la prisión, y vieran el horizonte de belleza que él representaba.

Zumbi fue vencido en 20 de noviembre de 1695, después de largas y duras batallas. Mas cuál, esa es una información errada.
Su cuerpo fue violado, su quilombo diseminado, mas la idea que habitaba en su cabeza jamás se rindió. Su nombre crió alas, su cuerpo se fue transformando en otros tantos cuerpos negros, que huían de las garras del dolor y creaban espacios de libertad. Su deseo de vida digna, de riquezas repartidas, de trabajo colectivo, siguió cabalgando por los campos, colinas y montañas. El guerrero es, tal cual decía su pueblo, inmortal.

Es por eso que en todo noviembre su imponente figura vuelve a intimidar a las personas.
Él reaparece, lanza en puño, mirada ardiente, a decir que todavía hay mucho que libertar. Está el prejuicio, la discriminación, la violencia, el odio. Está la pobreza, el desempleo, el tratamiento desigual. Y nosotros, al verlo pasar, sentimos que no hacemos aún lo suficiente, que es preciso más. Zumbi nos inflama, nos desconforma, nos abre los ojos. Zumbi nos saluda, majestuoso, y nos invita a seguirlo.

Ah, ese hombre que fue traicionado, que perdió la cabeza y la vida, allí está, en el asfalto, en la ciudad, buscando los seguidores para un nuevo quilombo.
No más Zumbi, el nieto de la princesa Aqualtune, mas el que pasó a ser cuando su cabeza circuló por los fundones del Brasil. El espíritu. Entonces, cuando en las noches de este noviembre escuchamos el rumor delicado del viento, sabemos: es el espíritu... ¡Y lo acompañamos, para el mundo que vendrá, construido por todos nosotros!


Versión en español: Jole de Melo, Cordeiro, Rio de Janeiro, Brasil.



Fuente Rebelión


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Serra Dois Irmãos. Zumbí
Eduardo Galeano, Memoria del Fuego.




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Ojalá

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Por Eduardo Galeano

¿Obama probará, desde el gobierno, que sus amenazas guerreras contra Irán y Pakistán fueron no más que palabras, proclamadas para seducir oídos difíciles durante la campaña electoral?


Ojalá. Y ojalá no caiga ni por un momento en la tentación de repetir las hazañas de George W. Bush. Al fin y al cabo, Obama tuvo la dignidad de votar contra la guerra de Irak, mientras el Partido Demócrata y el Partido Republicano ovacionaban el anuncio de esa carnicería.

Durante su campaña, la palabra leadership fue la más repetida en los discursos de Obama. Durante su gobierno, ¿continuará creyendo que su país ha sido elegido para salvar el mundo, tóxica idea que comparte con casi todos sus colegas? ¿Seguirá insistiendo en el liderazgo mundial de los Estados Unidos y su mesiánica misión de mando?

Ojalá esta crisis actual, que está sacudiendo los cimientos imperiales, sirva al menos para dar un baño de realismo y de humildad a este gobierno que comienza.


¿Obama aceptará que el racismo sea normal cuando se ejerce contra los países que su país invade? ¿No es racismo contar uno por uno los muertos invasores en Irak y olímpicamente ignorar los muchísimos muertos en la población invadida? ¿No es racista este mundo donde hay ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, y muertos de primera, segunda y tercera?

La victoria de Obama fue universalmente celebrada como una batalla ganada contra el racismo. Ojalá él asuma, desde sus actos de gobierno, esa hermosa responsabilidad.

¿El gobierno de Obama confirmará, una vez más, que el Partido Demócrata y el Partido Republicano son dos nombres de un mismo partido?

Ojalá la voluntad de cambio, que estas elecciones han consagrado, sea más que una promesa y más que una esperanza. Ojalá el nuevo gobierno tenga el coraje de romper con esa tradición del partido único, disfrazado de dos que a la hora de la verdad hacen más o menos lo mismo aunque simulen que se pelean.


¿Obama cumplirá su promesa de cerrar la siniestra cárcel de Guantánamo?

Ojalá, y ojalá acabe con el siniestro bloqueo de Cuba.

¿Obama seguirá creyendo que está muy bien que un muro evite que los mexicanos atraviesen la frontera, mientras el dinero pasa sin que nadie le pida pasaporte?

Durante la campaña electoral, Obama nunca enfrentó con franqueza el tema de la inmigración. Ojalá a partir de ahora, cuando ya no corre el peligro de espantar votos, pueda y quiera acabar con ese muro, mucho más largo y bochornoso que el Muro de Berlín, y con todos los muros que violan el derecho a la libre circulación de las personas.

¿Obama, que con tanto entusiasmo apoyó el reciente regalito de setecientos cincuenta mil millones de dólares a los banqueros, gobernará, como es costumbre, para socializar las pérdidas y para privatizar las ganancias?

Me temo que sí, pero ojalá que no.

¿Obama firmará y cumplirá el compromiso de Kyoto, o seguirá otorgando el privilegio de la impunidad a la nación más envenenadora del planeta? ¿Gobernará para los autos o para la gente? ¿Podrá cambiar el rumbo asesino de un modo de vida de pocos que se rifan el destino de todos?

Me temo que no, pero ojalá que sí.

¿Obama, primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, llevará a la práctica el sueño de Martin Luther King o la pesadilla de Condoleezza Rice?

Esta Casa Blanca, que ahora es su casa, fue construida por esclavos negros. Ojalá no lo olvide, nunca.



Fuente Página /12

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12 de octubre hace 516 años

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12 de octubre de 1492
Guanahaní



Colón

Cae de rodillas, llora, besa el suelo. Avanza, tambaleándose porque lleva más de un mes durmiendo poco o nada, y a golpes de espada derriba unos ramajes.

Después, alza el estandarte. Hincado, ojos al cielo, pronuncia tres veces los nombres de Isabel y Fernando. A su lado, el escribano Rodrigo de Escobedo, hombre de letra lenta, levanta el acta.

Todo pertenece, desde hoy, a esos reyes lejanos: el mar de corales, las arenas, las rocas verdísimas de musgo, los bosques, los papagayos y estos hombres de piel de laurel que no conocen todavía la ropa, la culpa ni el dinero y que contemplan, aturdidos, la escena.

Luis de Torres traduce al hebreo las preguntas de Cristóbal Colón:

—¿Conocéis vosotros el Reino del Gran Kahn? ¿De dónde viene el oro que lleváis colgado de las narices y las orejas?

Los hombres desnudos lo miran, boquiabiertos, y el intérprete prueba suerte con el idioma caldeo, que algo conoce:

—¿Oro? ¿Templos? ¿Palacios? ¿Rey de reyes? ¿Oro?

Y luego intenta la lengua arábiga, lo poco que sabe:

—¿Japón? ¿China? ¿Oro?

El intérprete se disculpa ante Colón en la lengua de Castilla.

Colón maldice en genovés, y arroja al suelo sus cartas credenciales, escritas en latín y dirigidas al Gran Kahn. Los hombres desnudos asisten a la cólera del forastero de pelo rojo y piel cruda, que viste capa de terciopelo y ropas de mucho lucimiento.


Pronto se correrá la voz por las islas:

—¡Vengan a ver a los hombres que llegaron del cielo! ¡Tráiganles de comer y de beber!


Eduardo Galeano : Memoria del Fuego



Tik.

En el verano de 1972, Carlos Lankester, escuchó "ésta" palabra por primera vez.

Él había sido invitado a una Asamblea de Indios Tzeltales, en el pueblo de Bachajón, y no entendía nada. No entendía la lengua.

La discusión muy animada, le sonaba como algo así a una lluvia loca.

Había una palabra que atravesaba esa lluvia, era la palabra "tik".

Parecía una asamblea en clave de "tik". Tik, tik, tik... entre muchas otras palabras siempre sonaba la palabra tik.

Carlos, antropólogo, lingüista, había andado mucho mundo y sabía que la palabra más usada en todas las lenguas es la palabra "Yo".


La palabra "Tik", que brilla, en los sentires y los vivires del pueblo Maya, significa: "Nosotros".


Eduardo Galeano


Video: Los primeros americanos, según Galeano.
(Encuentro)


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Collar de historias

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"Unidos íntimamente, luchamos contra tiranos que intentan profanar nuestros más sagrados derechos".

José Artigas



Por
Eduardo Galeano


Nuestra región es el reino de las paradojas.

Brasil, pongamos por caso: paradójicamente, el Aleijadinho, el hombre más feo del Brasil, creó las más altas hermosuras del arte de la época colonial; paradójicamente, Garrincha, arruinado desde la infancia por la miseria y la poliomelitis, nacido para la desdicha, fue el jugador que más alegría ofreció en toda la historia del fútbol; y paradójicamente, ya ha cumplido cien años de edad Oscar Niemeyer, que es el más nuevo de los arquitectos y el más joven de los brasileños.

***

O pongamos por caso, Bolivia: en 1978, cinco mujeres voltearon una dictadura militar. Paradójicamente, toda Bolivia se burló de ellas cuando iniciaron su huelga de hambre. Paradójicamente, toda Bolivia terminó ayunando con ellas, hasta que la dictadura cayó.

Yo había conocido a una de esas cinco porfiadas, Domitila Barrios, en el pueblo minero de Llallagua. En una asamblea de obreros de las minas, todos hombres, ella se había alzado y había hecho callar a todos.

-Quiero decirles estito –había dicho-. Nuestro enemigo principal no es el imperialismo, ni la burguesía, ni la burocracia. Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro.

Y años después, reencontré a Domitila en Estocolmo. La habían echado de Bolivia, y ella había marchado al exilio, con sus siete hijos. Domitila estaba muy agradecida de la solidaridad de los suecos, y les admiraba la libertad, pero ellos le daban pena, tan solitos que estaban, bebiendo solos, comiendo solos, hablando solos. Y les daba consejos:

-No sean bobos –les decía-. Júntense. Nosotros, allá en Bolivia, nos juntamos. Aunque sea para pelearnos, nos juntamos.

***

Y cuánta razón tenía. Porque, digo yo: ¿existen los dientes, si no se juntan en la boca? ¿Existen los dedos, si no se juntan en la mano?

Juntarnos: y no sólo para defender el precio de nuestros productos, sino también, y sobre todo, para defender el valor de nuestros derechos.

Bien juntos están, aunque de vez en cuando simulen riñas y disputas, los pocos países ricos que ejercen la arrogancia sobre todos los demás. Su riqueza come pobreza, y su arrogancia come miedo.

Hace bien poquito, pongamos por caso, Europa aprobó la ley que convierte a los inmigrantes en criminales. Paradoja de paradojas: Europa, que durante siglos ha invadido el mundo, cierra la puerta en las narices de los invadidos, cuando le retribuyen la visita.

Y esa ley se ha promulgado con una asombrosa impunidad, que resultaría inexplicable si no estuviéramos acostumbrados a ser comidos y a vivir con miedo.

Miedo de vivir, miedo de decir, miedo de ser. Esta región nuestra forma parte de una América Latina organizada para el divorcio de sus partes, para el odio mutuo y la mutua ignorancia.

Pero sólo siendo juntos seremos capaces de descubrir lo que podemos ser
, contra una tradición que nos ha amaestrado para el miedo y la resignación y la soledad y que cada día nos enseña a desquerernos, a escupir al espejo, a copiar en lugar de crear.

***

Todo a lo largo de la primera mitad del siglo diecinueve, un venezolano llamado Simón Rodríguez anduvo por los caminos de nuestra América, a lomo de mula, desafiando a los nuevos dueños del poder:

-Ustedes –clamaba don Simón-, ustedes que tanto imitan a los europeos, ¿por qué no les imitan lo más importante, que es la originalidad?

Paradójicamente, era escuchado por nadie este hombre que tanto merecía ser escuchado.

Paradójicamente, lo llamaban loco, porque cometía la cordura de creer que debemos pensar con nuestra propia cabeza, porque cometía la cordura de proponer una educación para todos y una América de todos, y decía que al que no sabe, cualquiera lo engaña y al que no tiene, cualquiera lo compra, y porque cometía la cordura de dudar de la independencia de nuestros países recién nacidos:

-No somos dueños de nosotros mismos –decía-. Somos independientes, pero no somos libres.

***

Quince años después de la muerte del loco Rodríguez, Paraguay fue exterminado. El único país hispanoamericano de veras libre fue paradójicamente asesinado en nombre de la libertad.

Paraguay no estaba preso en la jaula de la deuda externa, porque no debía un centavo a nadie, y no practicaba la mentirosa libertad de comercio, que nos imponía y nos impone una economía de importación y una cultura de impostación.

Paradójicamente, al cabo de cinco años de guerra feroz, entre tanta muerte sobrevivió el origen. Según la más antigua de sus tradiciones, los paraguayos habían nacido de la lengua que los nombró, y entre las ruinas humeantes sobrevivió esa lengua sagrada, la lengua primera, la lengua guaraní.

Y en guaraní hablan todavía los paraguayos a la hora de la verdad, que es la hora del amor y del humor.

En guaraní, ñe'é significa palabra y también significa alma. Quien miente la palabra, traiciona el alma.

Si te doy mi palabra, me doy.

***

Un siglo después de la guerra del Paraguay, un presidente de Chile dio su palabra, y se dio.

Los aviones escupían bombas sobre el palacio de gobierno, también ametrallado por las tropas de tierra. Él había dicho:

-Yo de aquí no salgo vivo.

En la historia latinoamericana, es una frase frecuente. La han pronunciado unos cuantos presidentes que después han salido vivos, para seguir pronunciándola. Pero esa bala no mintió. La bala de Salvador Allende no mintió.

Paradójicamente, una de las principales avenidas de Santiago de Chile se llama, todavía, Once de Setiembre. Y no se llama así por las víctimas de las Torres Gemelas de Nueva York. No. Se llama así en homenaje a los verdugos de la democracia en Chile.

Con todo respeto por ese país que amo, me atrevo a preguntar, por puro sentido común: ¿No sería hora de cambiarle el nombre? ¿No sería hora de llamarla Avenida Salvador Allende, en homenaje a la dignidad de la democracia y a la dignidad de la palabra?

***

Y saltando la cordillera, me pregunto: ¿por qué será que el Che Guevara, el argentino más famoso de todos los tiempos, el más universal de los latinoamericanos, tiene la costumbre de seguir naciendo? Paradójicamente, cuanto más lo manipulan, cuanto más lo traicionan, más nace. Él es el más nacedor de todos.

Y me pregunto: ¿No será porque él decía lo que pensaba, y hacía lo que decía? ¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en este mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen?

***

Los mapas del alma no tienen fronteras, y yo soy patriota de varias patrias. Pero quiero culminar este viajecito por las tierras de la región, evocando a un hombre nacido, como yo, por aquí cerquita.

Paradójicamente, él murió hace un siglo y medio pero sigue siendo mi compatriota más peligroso. Tan peligroso es que la dictadura militar del Uruguay no pudo encontrar ni una sola frase suya que no fuera subversiva, y tuvo que decorar con fechas y nombres de batallas el mausoleo que erigió para ofender su memoria.

A él, que se negó a aceptar que nuestra patria grande se rompiera en pedazos;a él, que se negó a aceptar que la independencia de América fuera una emboscada contra sus hijos más pobres, a él, que fue el verdadero primer ciudadano ilustre de la región, dedico esta distinción, que recibo en su nombre.

Y termino con palabras que le escribí hace algún tiempo: 1820, Paso del Boquerón. Sin volver la cabeza, usted se hunde en el exilio. Lo veo, lo estoy viendo: se desliza el Paraná con perezas de lagarto y allá se aleja flameando su poncho rotoso, al trote del caballo, y se pierde en la fronda.

Usted no dice adiós a su tierra. Ella no se lo creería. O quizás usted no sabe, todavía, que se va para siempre.

Se agrisa el paisaje. Usted se va, vencido, y su tierra se queda sin aliento.

¿Le devolverán la respiración los hijos que le nazcan, los amantes que le lleguen? Quienes de esa tierra broten, quienes en ella entren, ¿se harán dignos de tristeza tan honda?

Su tierra. Nuestra tierra del sur. Usted le será muy necesario, don José. Cada vez que los codiciosos la lastimen y la humillen, cada vez que los tontos la crean muda o estéril, usted le hará falta. Porque usted, don José Artigas, general de los sencillos, es la mejor palabra que ella ha dicho.



Discurso de agradecimiento al título de primer Ciudadano Ilustre del Mercosur. 3 de julio 2008. Montevideo.

Eduardo Galeano, escritor y periodista uruguayo, autor de Las venas abiertas de América Latina, Memorias del fuego y Espejos/Una historia casi universal.


Fuente Rebelión

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Diosas y reinas

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Por Eduardo Galeano


Hindúes

Mitra, madre del sol y del agua y de todas las fuentes de la vida, fue diosa desde que nació. Cuando llegó a la India, desde Babilonia o Persia, la diosa tuvo que hacerse dios.

Unos cuantos añitos han pasado desde la llegada de Mitra, y todavía las mujeres no son muy bienvenidas en la India.

Hay menos mujeres que hombres. En algunas regiones, ocho por cada diez hombres. Son muchas las que no culminan el viaje, porque mueren en el vientre de la madre, y muchas más las que son asfixiadas al nacer.

Más vale prevenir que curar, y las hay muy peligrosas, según advierte uno de los libros sagrados de la tradición hindú: Una mujer lasciva es el veneno, es la serpiente y es la muerte, todo en una.

También hay virtuosas, aunque las buenas costumbres se están perdiendo. La tradición manda que las viudas se arrojen a la hoguera donde arde el marido muerto, pero ya quedan pocas dispuestas a cumplir esa orden, si es que alguna queda. Durante siglos o milenios las hubo, y muchas.

En cambio, no se conoce, ni se conoció nunca, en toda la historia de la India, ningún caso de un marido que se haya zambullido en la pira de su difunta mujer.


Egipcias

Heródoto, venido de Grecia, comprobó que el río y el cielo de Egipto no se parecían a ningún otro río ni a ningún otro cielo, y lo mismo ocurría con las costumbres.

Gente rara, los egipcios: amasaban la harina con los pies y el barro con las manos, y momificaban a sus gatos muertos y los guardaban en cámaras sagradas. Pero lo que más llamaba la atención era el lugar que las mujeres ocupaban entre los hombres.

Ellas, fueran nobles o plebeyas, se casaban libremente y sin renunciar a sus nombres ni a sus bienes. La educación, la propiedad, el trabajo y la herencia eran derechos de ellas, y no sólo de ellos, y eran ellas quienes hacían las compras en el mercado mientras ellos estaban tejiendo en casa.

Según Heródoto, que era bastante inventón, ellas meaban de pie y ellos, de rodillas.


Victorioso sol, luna vencida

La luna perdió la primera batalla contra el sol cuando se difundió la noticia de que no era el viento quien embarazaba a las mujeres.

Después, la historia trajo otras tristes novedades: la división del trabajo atribuyó casi todas las tareas a las hembras, para que los machos pudiéramos dedicarnos al exterminio mutuo; el derecho de propiedad y el derecho de herencia permitieron que ellas fueran dueñas de nada; la organización de la familia las metió en la jaula del padre, el marido y el hijo varón y se consolidó el Estado, que era como la familia pero más grande.

La luna compartió la caída de sus hijas.

Lejos quedaron los tiempos en que la luna de Egipto devoraba el sol al anochecer y al amanecer lo engendraba,la luna de Irlanda sometía al sol amenazándolo con la noche perpetua y los reyes de Grecia y Creta se disfrazaban de reinas, con tetas de trapo, y en las ceremonias sagradas enarbolaban la luna como estandarte.

En Yucatán, la luna y el sol habían vivido en matrimonio. Cuando se peleaban, había eclipse. Ella, la luna, era la señora de los mares y de los manantiales y la diosa de la tierra.

Con el paso de los tiempos, perdió sus poderes. Ahora sólo se ocupa de partos y enfermedades.

En las costas del Perú, la humillación tuvo fecha. Poco antes de la invasión española, en el año 1463, la luna del reino chimú, la que más mandaba, se rindió ante el ejército del sol de los incas.


Hebreas

Según el Antiguo Testamento, las hijas de Eva seguían sufriendo el castigo divino.

Podían morir apedreadas las adúlteras, las hechiceras y las mujeres que no llegaran vírgenes al matrimonio; marchaban a la hoguera las que se prostituían siendo hijas de sacerdotes y la ley divina mandaba cortar la mano de la mujer que agarrara a un hombre por los huevos, aunque fuera en defensa propia o en defensa de su marido.

Durante cuarenta días quedaba impura la mujer que paría hijo varón. Ochenta días duraba su suciedad, si era niña. Impura era la mujer con menstruación, por siete días y sus noches, y trasmitía su impureza a cualquiera que la tocara o tocara la silla donde se sentaba o el lecho donde dormía.


Chinas

Hace unos mil años, las diosas chinas dejaron de ser diosas.

El poder macho, que ya se había impuesto en la tierra, estaba poniendo orden también en los cielos. La diosa Shi Hi fue partida en dos dioses, y la diosa Nu Gua fue degradada a la categoría de mujer.

Shi Hi había sido la madre de los soles y de las lunas. Ella daba consuelo y alimento a sus hijos y a sus hijas al cabo de sus agotadores viajes a través del día y de la noche.

Cuando fue dividida en Shi y en Hi, dioses varones los dos, ella dejó de ser ella, y desapareció.

Nu Gua no desapareció, pero se redujo a mera mujer. En otros tiempos, ella había sido la fundadora de todo lo que vive: había cortado las patas de la gran tortuga cósmica, para que el mundo y el cielo tuvieran columnas donde apoyarse, había salvado al mundo de las catástrofes del fuego y del agua, había inventado el amor, echada junto a su hermano tras un alto abanico de hierbas y había creado a los nobles y a los plebeyos, amasando a los de arriba con arcilla amarilla y a los de abajo con barro del río.


Romanas

Cicerón había explicado que las mujeres debían estar sometidas a guardianes masculinos debido a la debilidad de su intelecto.

Las romanas pasaban de manos de varón a manos de varón. El padre que casaba a su hija podía cederla al marido en propiedad o entregársela en préstamo. De todos modos, lo que importaba era la dote, el patrimonio, la herencia: del placer se encargaban las esclavas.

Los médicos romanos creían, como Aristóteles, que las mujeres, todas, patricias, plebeyas o esclavas, tenían menos dientes y menos cerebro que los hombres y que en los días de menstruación empañaban los espejos con un velo rojizo.

Plinio el Viejo, la mayor autoridad científica del imperio, demostró que la mujer menstruante agriaba el vino nuevo, esterilizaba las cosechas, secaba las semillas y las frutas, mataba los injertos de plantas y los enjambres de abejas, herrumbraba el bronce y volvía locos a los perros.


Mexicanas

Tlazoltéotl, luna mexicana, diosa de la noche huasteca, pudo hacerse un lugarcito en el panteón macho de los aztecas.

Ella era la madre madrísima que protegía a las paridas y a las parteras y guiaba el viaje de las semillas hacia las plantas. Diosa del amor y también de la basura, condenada a comer mierda, encarnaba la fecundidad y la lujuria.

Como Eva, como Pandora, Tlazoltéotl tenía la culpa de la perdición de los hombres; y las mujeres que nacían en su día vivían condenadas al placer.

Y cuando la tierra temblaba, por vibración suave o terremoto devastador, nadie dudaba: –Es ella.


Griegas

De un dolor de cabeza puede nacer una diosa. Atenea brotó de la dolida cabeza de su padre, Zeus, que se abrió para darle nacimiento. Ella fue parida sin madre.

Tiempo después, su voto resultó decisivo en el tribunal de los dioses, cuando el Olimpo tuvo que pronunciar una sentencia difícil. Para vengar a su papá, Electra y su hermano Orestes habían partido de un hachazo el pescuezo de su mamá.

Las Furias acusaban. Exigían que los asesinos fueran apedreados hasta la muerte, porque es sagrada la vida de una reina y quien mata a la madre no tiene perdón.

Apolo asumió la defensa. Sostuvo que los acusados eran hijos de madre indigna y que la maternidad no tenía la menor importancia.

Una madre, afirmó Apolo, no es más que el surco inerte donde el hombre echa su semilla. De los trece dioses del jurado, seis votaron por la condenación y seis por la absolución.

Atenea decidía el desempate. Ella votó contra la madre que no tuvo y dio vida eterna al poder macho en Atenas.


*Capítulos del libro Espejos/ Una historia casi universal, de Eduardo Galeano.


Fuente Rebelión


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