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Elecciones en Colombia: ¿Dos candidatos y una sola política?

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Por Gilberto Lopes (en Bogotá)

Colombia acudirá a los urnas el domingo 30 de mayo para elegir el próximo presidente de la República, con un duro pulso entre el “uribismo” y la oposición, cuyo aspirante mejor colocado es el candidato del Partido Verde y dos veces alcalde de Bogotá, Antanas Mockus.

El uribismo –una vez que el presidente Álvaro Uribe vio rechazada por el tribunal constitucional su aspiración de presentarse por tercera vez como candidato– estará representado por su exministro de Defensa, Juan Manuel Santos, encargado de llevar adelante lo que la actual administración llama“política de seguridad democrática”.

No son los únicos aspirantes, pues nueve candidatos aspiran a gobernar Colombia, de los cuales apenas seis aparecen en las encuestas, entre ellos Noemí Sanín, del Partido Conservador (8,8%); Gustavo Petro, del Polo Democrático (7,3%); Germán Vargas, de Cambio Radical (3,8%); y Rafael Pardo, del Partido Liberal (3,8%).

Mockus y Santos llegan empatados a la recta final
. A solo once días de los comicios, un sondeo de la firma Gallup Colombia le da a Santos un 37,5% de las preferencias, frente a 35,4% de Mockus, un empate técnico. En marzo, la misma encuesta le daba a Santos 34,2%, mientras Mockus tenía apenas un 10,4%.

Si ninguno obtiene más del 50% de los votos, habrá segunda vuelta el 20 de junio, entre los dos más votados. En ese caso, según la misma encuesta, Mockus ganaría con 48,5%, mientras Santos lograría un 43%. En marzo, Santos tenía un 53,8% en la segunda vuelta, y Mockus, 31,2%.


EL ESCENARIO

En el escenario de guerra que vive Colombia, la visión del conflicto y la manera de enfrentarlo, es el principal tema de la política, afirman los especialistas.

Uribe ha impulsado su política de “seguridad democrática” con la que ha logrado una alta popularidad entre la población, según las encuestas, mientras la realidad muestra el deterioro de la vida institucional, que en Colombia llaman “narcopolítica”, con su otra cara, la “parapolítica”.

En este país “hay más de 70 parlamentarios procesados o en la cárcel”, dijo a UNIVERSIDAD Lilia Solano, directora de la organización Justicia y Vida y candidata a senadora por el Polo Democrático, en las elecciones parlamentarias de marzo pasado.

De los 102 senadores, los diferentes sectores del uribismo lograron 58. Esa cifra puede incrementar si partidos como Cambio Radical, exuribista, deciden apoyar al gobierno. Entre esos apoyos está el del Partido de Integración Nacional (PIN), con ocho senadores. Los principales dirigentes del PIN son el exsenador Luis Alberto Gil, hoy preso por sus vínculos con la parapolítica y el exgobernador de Santander, Hugo Aguilar, bajo investigación judicial por su vínculos con el Bloque Central Bolívar de las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Para muchos analistas, el resultado electoral no puede entenderse sin considerar el papel de la narcopolítica y la parapolítica. En Colombia se estima que los ingresos anuales por narcotráfico pueden llegar a los $15 mil millones El voto se puede comprar, ya sea con amenazas o con plata, como lo señaló la propia misión de observadores de la OEA. De los nuevos senadores y congresistas electos, por lo menos 50 están acusados judicialmente o bajo investigación por vínculos con la parapolítica, lo mismo que políticos muy cercanos al presidente, primos, embajadores, ministros y militares.


MAR DE SANGRE


Con cerca de 100 mil desaparecidos en la última década, más de cuatro millones de desplazados (una población similar a la de Costa Rica), cuatro millones de hectáreas expropiadas a los campesinos en las zonas de conflicto, y le 63% de la población en situación de pobreza o miseria, el escenario político está marcado por el terror de la parapolítica.

No se trata solo de la muerte de opositores. “Han asesinado a 1.680 paramilitares, casi todos mandos medios que se acogieron a la ley de Justicia y Paz, y que comenzaron a hablar. Y los fueron matando, uno a uno, dijo Lilia Solano, refiriéndose al proceso de desarme de los grupos paramilitares impulsado por el actual gobierno.

Algunos de los principales dirigentes de las AUC, entre ellos Salvatore Mancuso, fueron deportados a Estados Unidos, para impedir que hablaran.

Sin embargo, desde la cárcel, han hecho denuncias que obligaron a la Fiscalía General a reabrir una investigación contra el vicepresidente de Colombia, Francisco Santos, acusado de haber contribuido a la formación del grupo paramilitar en Bogotá, el “Bloque Capital”.

El candidato presidencial, Juan Manuel Santos, podría, por su parte, ser acusado por los tribunales ecuatorianos, que han decidido investigarlo por su responsabilidad en el bombardeo del campamento en que murió Raúl Reyes, dirigente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en territorio ecuatoriano, en marzo del 2008.

El paramilitarismo está estrechamente vinculado a los intereses económicos de las grandes empresas, como lo reveló el propio Mancuso. Este relató el caso de la minera Drummond Co., a la que acusó de financiar acciones de las AUC para liquidar a líderes sindicalistas, en el departamento del César.

Más recientemente estalló el escándalo del asesinato de jóvenes en Ciudad Bolívar, una enorme y empobrecida villa de desplazados, al sur de la capital, cuando un grupo de madres denunció la desaparición de sus hijos.

Se trata de jóvenes “reclutados” por paramilitares y entregados al ejército en Ocaña, departamento de Santander, donde aparecieron muertos, uniformados de guerrilleros, parte de los “falsos positivos”, casos presentados por el ejército como guerrilleros caídos en combate. Por cada baja ocasionada a la guerrilla, los militares reciben permisos, ascensos y plata.

“Hay más de 4.000 casos de falsos positivos en investigación”, dijo Lilia Solano.

“Los reclutadores confesaron que reclutaban a los muchachos, los llevaban a una casa en Santander y ahí los entregaban al ejército. Lo que ocurría después, no lo sabían. Los mataban muy cerca del batallón. Hay 16 casos documentados, pero pueden ser más. Y se sabe ahora cuales militares contrataban a los reclutadores”, aseguró.


SEGURIDAD DEMOCRÁTICA


La base de la política de Uribe es la “seguridad democrática”. Para la oposición, ésta “es el nombre que le dio a una vieja política de represión que, con diferentes nombres, se aplica desde hace muchos años, “para un control de la vida civil por la vía militar”.

“Se les da estos nombres, pero es lo mismo: control de la población, de la gente que ha luchado por la tierra, los campesinos, los indígenas. En 1964 se llamó Plan Lazo, para lograr la pacificación del país. En 1968 se llamó Plan Andes, una guerra contraguerrillera. Ahí se hizo famoso el Manual provisional para el planeamiento de la seguridad nacional. El 1974 se llamó la Estrategia Nacional contra la Violencia’.

Luego vino el Plan Colombia, de Andrés Pastrana, en 1998, con millones de dólares y ayuda militar para lograr la pacificación del país. En el 2002 llega Uribe, con su plan militar de Seguridad Democrática, una combinación de la guerra de baja intensidad con una convencional”, explicó Solano.

“La lucha por la tierra es el tema grueso de todas las guerras en Colombia, desde la Conquista. En el pasado, el campesino huyó, pero volvió para luchar por la tierra. A finales de los 70 el narcotráfico empezó a apropiarse de grandes cantidades de tierra y tuvo que expulsar al campesino. Surge esa estrategia de los paramilitares, una estrategia de Estado pero a la vez, un servicio al narcotráfico. Se habla de cuatro millones de hectáreas expropiadas a los campesinos”, agrega.

“La seguridad democrática necesita resultados y esos son: desapariciones, asesinatos, bombardeos a pueblos. Cuando se flexibilice el control de la información se sabrá la dimensión de esos hechos”, vaticinó.

Por su parte, el diputado del Polo Democrático, Germán Reyes, aseguró que “para que sea posible un acuerdo humanitario y una solución al conflicto interno, tiene que haber un reconocimiento de la naturaleza del conflicto. El actual gobierno no lo reconoce y así no es posible avanzar”.

En su opinión, el gobierno no acepta la existencia del conflicto porque de hacerlo, tendría que explicar sus orígenes. “¿Les parece poco 4,5 millones de personas desplazadas; les parece poco cuatro millones de hectáreas expropiadas a los campesinos?”, se pregunta.

“Este conflicto se mezcló con el narcotráfico, con la siembra de la coca. Mezclados los temas de la coca con el de la tierra, éste asumió otra dimensión. Pero no es mediante la instalación de siete bases militares estadounidenses y de la llegada de soldados de ese país que vamos a resolverlo. No puede ser esta la política antinarcóticos del gobierno. Hay que restituir las tierras a los campesinos, hay que recuperar el patrimonio público, como las empresas de telecomunicaciones, y evitar que se sigan privatizando los sectores estratégicos de la economía nacional”, enfatiza.


SANTOS O MOCKUS


Frente a esta realidad, Santos y Mockus son la alternativa preferida por la población.

“La elección de Santos es fundamental para cubrir el desastre de Uribe, porque han sido ocho años de criminalidad, de limpieza de expedientes, de negocios. No es cualquier cosa lo que hay que tapar. La función de Santos es promover esa política, que necesita las bases militares norteamericanas, y sacar a Uribe del embrollo en que se encuentra”, asegura Solano.

La diferencia entre Santos y Uribe está en el estilo, explicó a UNIVERSIDAD un periodista con larga experiencia en la política colombiana. Uribe es un gamonal; Santos, un hombre de formación urbana, “pero que ha traicionado a todos los amigos cuando hizo falta”, agrega, refiriéndose a una posible acusación contra el mandatario en el Tribunal Penal Internacional, un tema sobre el que se habla con frecuencia en Colombia.

Mockus ofrece honestidad y asegura que la guerra contra los grupos ilegales debe ganarse “limpiamente”, en vez de la política mafiosa de Uribe.

En reciente entrevista al diario argentino Página 12 dijo: “Seremos implacables, rígidos, con las FARC”. Y agrega: “Nosotros necesitamos contar con la presencia en territorio colombiano de naves norteamericanas, de tripulaciones, de contratistas norteamericanos, en una escala que está regulada por los acuerdos… Sin las bases el país sería probablemente presa de las FARC o de la alianza guerrilla-narcotráfico”.


Fuente Semanario Universidad


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Denuncia abusos de la DAS en Colombia

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Por Gilberto Lopes (en Bogotá)


El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, montó compañas de desprestigio contra quienes no comparten su propuesta de “seguridad democrática”, utilizando las estructuras del organismo de inteligencia conocido como Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), denunciaron personas que decidieron fundar un sindicato para evitar su destrucción.

Durante el gobierno de Óscar Arias se firmó un acuerdo con el de Colombia, para que la DAS prestara asistencia a su contraparte costarricense, la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS).

Un escándalo surgió cuando la revista Semana reveló que la DAS había estado interceptando llamadas de magistrados, periodistas y líderes opositores, en plena campaña de Uribe para lograr una reforma legal que lo autorizara a reelegirse por segunda vez consecutiva.

“Uribe tenía todo fríamente calculado. Por debajo se cocinaba la guerra política: el paramilitarismo”, dijo a este Semanario Helena Villegas, presidente de la Asociación Sindical de Servidores de la Seguridad del Estado, el sindicato de la DAS.

Creado hace seis meses, el objetivo del sindicato es evitar que Uribe cierre la institución para que no salgan a la luz pública los abusos cometidos, que incluyen el asesinato de agentes considerados peligrosos.

“Cuando empezó la lucha por su reelección, Uribe necesitaba saber lo que pensaban en la Corte. Él utilizó la inteligencia para tratar de garantizar la reelección, para desprestigiar a la oposición, para vincularla con el terrorismo. Él necesitaba desprestigiar a la Corte y a la oposición para presionarlas sobre el referendo. Por suerte no lo pudo hacer. Y se le desmontó el aparato”, afirmó Villegas.


CONTRA LA OPOSICIÓN

Documentos publicados en Colombia revelan la dimensión de las acciones promovidas por el gobierno de Uribe.

Se trata de una “guerra política” montada por la Subdirección de Operaciones, de la Dirección de Inteligencia de la DAS, con el objetivo de “defender la democracia y la nación” y “crear conciencia sobre las consecuencias de un sistema comunista”.

Para eso la DAS montó tres operativos: Amazonas, Transmilenio y Bahía.

Amazonas definía como blancos los partidos políticos opositores y miembros de la Corte Constitucional, que debía resolver sobre la legalidad de una consulta popular para permitir una nueva reelección. La Corte decidió, finalmente, en febrero pasado, en contra de esa aspiración.

La operación Transmilenio tenía como objetivo “neutralizar las acciones desestabilizadoras de las ONG en Colombia y en el mundo”, vincularlas con organizaciones narcoterroristas, “en busca de su judicialización”. Para eso pretendía impedir la publicación de libros contrarios a los intereses del gobierno, neutralizar las acciones de organismos de derechos humanos, desprestigiar a dirigentes opositores y crear conflictos entre ellos.

Lo que hoy se conoce como el escándalo de las chuzadas (intervenciones telefónicas) es una acción sistemática ordenada por la casa presidencial para utilizar las agencias de seguridad con el fin de interceptar comunicaciones privadas, construir montajes judiciales, intimidar, chantajear, amenazar, calumniar y atentar contra la integridad de los ciudadanos, instituciones, empresas y medios de comunicación, denunció el senador Alexander López en el Senado, el 4 de mayo pasado.

“Ese grupo buscaba desprestigiar a la oposición, a periodistas y líderes de derechos humanos. ¿Con qué fin? Con el fin de obligar a un pueblo a alinearse con el presidente”, afirmó la presidenta del sindicato.

“Ellos empiezan a escoger blancos, personas que denunciaban los vínculos del gobierno con el paramilitarismo. Luego fueron ampliando la lista. Ese grupo empieza a hacer una guerra política, atemorizando a la gente, haciendo llamadas en las que les hacían oír gritos de personas que eran torturadas, realizando seguimientos ilegales”, aseguró Villegas.

“No se puede contener tantos secretos. A Uribe se le sale el poder de las manos cuando estalla el problema del DAS. Ahora es la inteligencia del Estado contra la corrupción de Uribe.

Ya es incontrolable, sale una cosa por aquí, otra por allá”, añadió.

“Quieren liquidar al DAS para tapar las pruebas que comprometerían al presidente, para ocultar el grupo que crearon ilegalmente”,concluyó.


Fuente Semanario Universidad

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El esténcil dice:
"La guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es fortaleza. Bienvenidos a 1984 2009."


Nota relacionada:

Colombia: Revelan que servicio secreto vendió información a paramilitares



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Colombia: Revelan que servicio secreto vendió información a paramilitares

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Bogotá, (dpa) - El ex subdirector del servicio de Inteligencia José Miguel Narváez aseguró hoy ante la Corte Suprema de Colombia que existía dentro de ese organismo una oficina paralela que vendía información a paramilitares, reveló RCN Radio.

Narváez, ex integrante del polémico Departamento Administrativo de Seguridad (DAS, servicio secreto), hizo el anuncio durante el proceso que lleva el Supremo contra el ex director de ese organismo Jorge Noguera, investigado por nexos con paramilitares.

Según el ex funcionario, los documentos sustraídos eran en su mayoría investigaciones que se realizaban por supuestos nexos entre altos oficiales de la fuerza pública con paramilitares o narcotraficantes.

"De acuerdo con Narváez, la información clasificada era entregada al extinto narcotraficante Wilber Varela, alias 'Jabón', y a Miguel Arroyave, ex cabecilla paramilitar de los llanos orientales", precisó RCN Radio.

Durante la audiencia, el ex miembro del DAS agregó que hay varios funcionarios del servicio secreto y de la Fiscalía implicados en la venta de información a narcotraficantes "que no han dejado prosperar en el interior de la Fiscalía".

Por el caso del espionaje en el DAS contra magistrados, periodistas y líderes opositores, la Fiscalía de Colombia citó a declarar a Bernardo Moreno, el secretario general de la Casa de Nariño (sede de gobierno).

A comienzos de este mes, cinco ex funcionarios del servicio secreto fueron llamados a juicio bajo acusaciones de concierto para delinquir agravado, prevaricato por acción, abuso de función pública y violación ilícita de comunicaciones.

El caso de las "chuzadas" salió a la luz en febrero de 2009, cuando un medio local publicó declaraciones de ex funcionarios del DAS sobre seguimientos a magistrados de altas cortes, líderes de la oposición, periodistas y defensores de derechos humanos.

Ante las denuncias, políticos opositores acusaron al gobierno y al presidente de ordenar las interceptaciones ilegales y seguimientos contra decenas de ciudadanos.

El presidente Álvaro Uribe niega que la instrucción de hacer estas tareas de espionaje, consideradas ilegales por no haber sido ordenadas por la justicia, haya sido emitida por el gobierno.


Fuente Nuestro País

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El espejo de Uribe

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Por Atilio Boron

La Cumbre de la UNASUR en Bariloche tendrá que enfrentar dos gravísimos problemas que abruman a América Latina: el golpe militar en Honduras y la militarización de la región como resultado de la instalación no de una sino de siete bases militares norteamericanas en Colombia.

En relación a lo primero la UNASUR deberá exigirle a Barack Obama coherencia con sus propias declaraciones a favor de una nueva era en las relaciones interamericanas. Como lo hemos reiterado en numerosas oportunidades este golpe es un globo de ensayo para testear las respuestas de los pueblos y los gobiernos de la región. Y si tiene lugar en Honduras es precisamente porque fue ese el país más meticulosamente sometido a la influencia ideológica y la dominación política de Washington.

Fracasada la negociación de la OEA Washington procedió a suspender la emisión de visas para los ciudadanos de Honduras. Medida tibia, muy tibia, pero síntoma de que está tomando nota del clima político imperante en la región. Pero Obama debe hacer mucho más, y dejar de lado el falaz argumento que expresara hace unos pocos días cuando se refirió a la contradicción en que incurrirían los críticos del imperialismo al exigirle ahora que intervenga en Honduras. Es “irónico” –dijo en esa ocasión- “que algunos de los que han criticado la injerencia de Estados Unidos en América Latina se quejen ahora de que no está interfiriendo lo suficiente”.

Sabemos que Obama no está demasiado informado de lo que hacen sus subordinados civiles o militares, para ni hablar de los servicios de inteligencia. Pero debería saber, por ser tan elemental, que Estados Unidos viene interviniendo en Honduras desde 1903, año en que primera vez los marines desembarcaron en ese país para proteger los intereses norteamericanos en un momento de crisis política.

En 1907, en ocasión de la guerra entre Honduras y Nicaragua, tropas estadounidenses se estacionaron durante unos tres meses en las ciudades de Trujillo, Ceiba, Puerto Cortés, San Pedro Sula, Laguna y Choloma. En 1911 y 1912 se reiterarían las invasiones, en este último caso para impedir la expropiación de un ferrocarril en Puerto Cortés. En 1919, 1924 y 1925 fuerzas expedicionarias del imperio volverían a invadir Honduras, siempre con el mismo pretexto: salvaguardar la vida y la propiedad de ciudadanos norteamericanos radicados en este país. Pero la gran invasión ocurriría en 1983, cuando bajo la dirección de un personaje siniestro, el embajador John Negroponte, se establecería la gran base de operaciones desde la cual se lanzó la ofensiva reaccionaria en contra del Sandinismo gobernante y la guerrilla salvadoreña del Frente Farabundo Martí.

Obama no puede ignorar estos nefastos antecedentes y por lo tanto debe saber que el golpe contra Zelaya sólo fue posible por la aquiescencia brindada por su gobierno. Lo que se le está pidiendo es que Estados Unidos deje de intervenir, que retire su apoyo a los golpistas, único sustento que los mantiene en el poder, y que de ese modo facilite el retorno de Zelaya a Tegucigalpa. La Casa Blanca dispone de muchos instrumentos económicos y financieros para disciplinar a sus compinches. Si no lo hace es porque no quiere, y los gobiernos y pueblos de América Latina deberían sacar las conclusiones del caso.

En relación al segundo problema, las bases norteamericanas en Colombia, es preciso decir lo siguiente. Primero, que el imperio no tiene diseminadas 872 bases y misiones militares a lo ancho y largo del planeta para que sus tropas experimenten las delicias del multiculturalismo o de la vida al aire libre. Si las tiene, a un costo gigantesco, es porque tal como lo ha dicho Noam Chomsky en numerosas oportunidades, son el principal instrumento de un plan de dominación mundial sólo comparable al que en los años treintas alucinara a Adolf Hitler.

Pensar que esas tropas y esos armamentos se desplegarán en América Latina para otra cosa que no sea asegurar el control territorial y político de una región que los expertos consideran como la más rica del planeta por sus recursos naturales -acuíferos, energéticos, biodiversidad, minerales, agricultura, etcétera- constituye una imperdonable estupidez. Esas bases son la avanzada de una agresión militar, que puede no consumarse hoy o mañana, pero que seguramente tendrá lugar cuando el imperialismo lo considere conveniente.

Por eso la UNASUR debe rechazar enérgicamente su presencia y exigir la suspensión del proceso de instalación de las bases. Y, además, aclarar que este no es un “asunto interno” de Colombia: nadie en su sano juicio puede invocar los derechos soberanos de un país para justificar la instalación en su territorio de fuerzas y equipamientos militares que sólo podrán traer destrucción y muerte a sus vecinos. Cuando en los años treinta Hitler rearmó a Alemania los Estados Unidos y sus aliados pusieron el grito en el cielo, sabedores que el paso siguiente sería la guerra, y no se equivocaron. ¿Por qué ahora sería diferente?

Segundo: mientras Uribe sea presidente de Colombia no habrá solución a este problema. Él sabe, como todo el mundo, que Estados Unidos ha venido confeccionando un prontuario que no cesa de crecer en donde se lo califica de narcotraficante y de cómplice de los crímenes de los para militares. En 2004 el Archivo Federal de Seguridad de Estados Unidos dio a conocer un documento producido en 1991 en el que se acusa al por entonces senador Álvaro Uribe Vélez de ser una de los principales narcotraficantes de Colombia, referenciado como el hombre número 82 en un listado cuyo puesto 79 ocupaba Pablo Escobar Gaviria, capo del cartel de Medellín.

El informe, que puede leerse en http://www.gwu.edu/%7Ensarchiv/NSAEBB/NSAEBB131/dia910923.pdf asegura que el hoy presidente colombiano “se dedicó a colaborar con el cartel de Medellín en los más altos niveles del gobierno. Uribe estaba vinculado a un negocio involucrado en el tráfico de narcóticos en Estados Unidos. Su padre fue asesinado en Colombia por su conexión con los narcos. Uribe trabajó para el Cartel de Medellín y es un estrecho amigo personal de Pablo Escobar Gaviria ...(y) fue uno de los políticos que desde el Senado atacó toda forma de tratado de extradición.”

Por lo tanto, Uribe no tiene ningún margen de autonomía para oponerse a cualquier pedido que provenga de Washington. Su misión es ser el Caballo de Troya del imperio y sabe que si se resiste a tan ignominiosa tarea su suerte no será distinta de la que corrió otro personaje de la política latinoamericana, presidente también él: Manuel Antonio Noriega, quien una vez cumplida con la misión que la Casa Blanca le asignara fue arrestado en 1989 luego de una cruenta invasión norteamericana a Panamá y condenado a 40 años de prisión por sus vinculaciones también con el cártel de Medellín.

Cuando Noriega dejó de ser funcional a los intereses del imperio pasó velozmente y sin escalas de presidente a prisionero en una celda de máxima seguridad en los Estados Unidos. Ese es el espejo en que día y noche se mira Uribe, y eso explica su permanente crispación, sus mentiras, y su desesperación por volver a ser elegido como presidente de Colombia, convirtiendo a ese entrañable país sudamericano en un protectorado norteamericano, y a él mismo en una suerte de procónsul vitalicio del imperio, dispuesto a enlutar a todo un continente con tal de no correr la misma suerte que su colega panameño.

- Dr. Atilio A. Boron, director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED), Buenos Aires, Argentina.


Fuente ALAI

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El tóxico de Uribe

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Por
Atilio Boron

¿Qué pretende Uribe con su frenética gira por América Sudamérica? Nada menos que vender una iniciativa tóxica, para utilizar el lenguaje impuesto por la crisis capitalista: justificar la escalada de la ofensiva militar del imperio con el propósito de revertir los cambios que en los últimos años alteraron la fisonomía sociopolítica de la región.

Ante esta desconcertante realidad
la táctica de la Casa Blanca ha sido abandonar la retórica belicista de Bush y ensayar un discurso igualitarista y respetuoso de la soberanía de los países del área, pero desplegando nuevas bases militares, manteniendo a la Cuarta Flota y fortaleciendo sin pausa al Comando Sur.

En este sentido Barack Obama, a quien los perpetuamente desorientados “progres” europeos y latinoamericanos continúan confundiendo con Malcom X, está siguiendo al pie de la letra los consejos de Theodore Roosevelt, el padre de la gran expansión imperialista norteamericana en el Caribe y Centroamérica, cuando dijera “speak softly and carry a big stick”, es decir, “habla bajito pero lleva un gran garrote”. Roosevelt fue un maestro consumado en aplicar esa máxima a la hora de construir el Canal de Panamá y lograr, con la infame Enmienda Platt, la práctica anexión de Cuba a los Estados Unidos. Con su política de remilitarización forzada de la política exterior hacia América Latina y el Caribe Obama se interna por el camino trazado por su predecesor.

La justificación que Uribe esgrime en apoyo de su decisión de conceder a las fuerzas armadas de Estados Unidos siete bases militares es que de esa manera se amplía la cooperación con el país del Norte para librar un eficaz combate contra el narcotráfico y el terrorismo. Excusa insostenible a la luz de la experiencia: según una agencia especializada de las Naciones Unidas los dos países donde más creció la producción y exportación de amapola y coca son Afganistán y Colombia, ambos bajo una suerte de ocupación militar norteamericana.

Y si algo enseña la historia del último medio siglo de Colombia es la incapacidad para resolver el desafío planteado por las FARC por la vía militar. Pese a ello el general Freddy Padilla de León ­–quien gusta decir que morir en combate “es un honor sublime”- anunció días pasados en Bogotá que las siete bases estarían localizadas en Larandia y en Apiay (ambas en el Oriente colombiano); en Tolemaida y en Palanquero (en el centro de Colombia); en Malambo (sobre el Atlántico, en la costa norte); en Cartagena, sobre el Caribe colombiano y la séptima en un lugar aún no determinado de la costa del Pacífico.

El Congreso de Estados Unidos ya aprobó la suma de 46 millones de dólares para instalar su personal y sus equipos bélicos y de monitoreo en estas nuevas bases con el objeto de reemplazar las instalaciones que tenía en Manta. En la actualidad ya hay en Colombia 800 hombres de las fuerzas armadas de Estados Unidos y 600 “contratistas civiles” (en realidad, mercenarios) pero los analistas coinciden en señalar que la cifra real es mucho más elevada que la oficialmente reconocida.

No hace falta ser un experto militar para comprobar que con la entrega de estas bases Venezuela queda completamente rodeada, sometida al acoso permanente de las tropas del imperio estacionadas en Colombia, amén de las nativas y los “paramilitares”. A ello habría que agregar el apoyo que aportan en esta ofensiva en contra de la Revolución Bolivariana las bases norteamericanas en Aruba, Curazao y Guantánamo; la de Palmerolas, en Honduras; y la Cuarta Flota que dispone de suficientes recursos para patrullar efectivamente todo el litoral venezolano.

Pero no sólo Chávez está amenazado: también Correa y Evo Morales quedan en la mira del imperio si se tiene en cuenta que Alan García en Perú arde en deseos de ofrecer “una prueba de amor” al ocupante de la Casa Blanca otorgándole facilidades para sus tropas. En Paraguay, Estados Unidos se aseguró el control de la estratégica base de Mariscal Estigarribia –situada a menos de cien kilómetros de la frontera con Bolivia- y que cuenta con una de las pistas de aviación más extensas y resistentes de Sudamérica, apta para recibir los gigantescos aviones de transporte de tanques, aviones y armamento pesado de todo tipo que utiliza el Pentágono. También en ese país dispone de una enorme base en Pedro Juan Caballero, ¡localizada a 200 metros de la frontera con Brasil!, pero según Washington pertenece a la DEA y tiene como finalidad luchar contra el narcotráfico.

La amenaza que representa esta expansión sin precedentes del poder militar norteamericano en Sudamérica no pasó desapercibida para Brasil, que sabe de las ambiciones que Estados Unidos guarda en relación a la Amazonía, región que “puertas adentro” los estrategas imperiales consideran como un territorio vacío, de libre acceso, y que será ocupado por quien tecnológicamente tenga la capacidad de hacerlo.

Ante estas amenazas los países sudamericanos tienen que reaccionar con mucha firmeza, exigiéndole a Estados Unidos archivar sus planes belicistas en Colombia, desmilitarizar América Latina y el Caribe y desactivar la Cuarta Flota. La retórica “dialoguista” de Obama es incongruente con la existencia de semejantes amenazas, y si quiere lograr un mínimo de credibilidad internacional debería ya mismo dar instrucciones para dar marcha atrás con estas iniciativas.

Por su parte,
los gobiernos de la región nucleados en la Unasur y el Consejo Sudamericano de Defensa deberían hacer oídos sordos ante las falacias de Uribe y pasar del plano de la retórica y la indignación moral al más concreto de la política, impulsando algunos gestos bien efectivos: por ejemplo, ordenando el inmediato retiro de las misiones militares y los uniformados estacionados en nuestros países mientras no se reviertan aquellas políticas.

De ese modo el mensaje de rechazo y repudio al “militarismo pentagonista” -como precozmente lo bautizara un gran latinoamericano, Juan Bosch- llegaría claro y potente a los oídos de sus destinatarios en Washington.
Las súplicas y exhortaciones, en cambio, no harían sino exacerbar las ambiciones del imperialismo.


- Dr. Atilio A. Boron, director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED), Buenos Aires, Argentina www.centrocultural.coop/pled http://www.atilioboron.com


Fuente ALAI

Imagen Gervasio Umpiérrez


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Colombia: Asesinan a esposo de líder indígena

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Por Simone Bruno*

Difícil creerle al general Justo Eliseo Peña, comandante de la tercera división del Ejército colombiano, que aseguró, en una entrevista con La W Radio, que un grupo de soldados campesinos disparó por error contra la camioneta del CRIC (Consejo Regional Indígena Del Cauca), en el cual usualmente se moviliza la líder Aída Quilcué.

A menos que el general no se refiera al error de haber matado al esposo de Aída y no a la líder indígena.

La camioneta iba a recoger a la consejera mayor Aída Quilcué en Popayan
cuando a las 4 de la mañana recibió una ráfaga por parte de miembros del Ejército Nacional mientras pasaba por la finca San Miguel, de propiedad del señor Bolívar Manquillo, en la vereda Gabriel López del municipio de Totoró. “En esta finca hay presencia permanente de tropas del ejército Nacional”, afirma un comunicado de la ACIN (Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca).

A su interior iba una misión médica y Edwin Legarda, esposo de Aída. Los 17 disparados contra el vehículo impactaron en los lados y en la parte frontal, cosa que contradice la versión oficial, según la cual los militares dispararon porque el carro no paró en un retén. Edwin recibió 3 balas, una en el tórax y dos en las piernas. Llegó vivo en el hospital de Popayán en donde murió poco después.

El CRIC y la ACIN confirman que testigos oculares aseveraron que en el área no había ningún tipo de retén militar. La misma Aída Quilcué dijo:el atentado era para mi" y agregó que "este vil atentado, que reafirma el cumplimiento de las amenazas reiterativas al CRIC y a la ONIC, por atrevernos a contar, movilizar, desalambrar senderos y pensamientos, denunciar la crisis humanitaria y genocida que viven nuestro pueblos, no nos callará, por tanto es claro que el atentado contra el CRIC es un atentado contra la ONIC, el movimiento indígena colombiano y a todos aquell@s que nos atrevemos a proponer cambios desde el sentir de los pueblos".

Hoy es 16 de diciembre, y este día también se cumple el decimoséptimo aniversario de una de las masacres más violentas y simbólicas perpetradas contra los indígenas del Cauca: La masacre del Nilo, en la cual agentes del Estado mataron a 20 comuneros, incluidos mujeres y niños. Por esta masacre, el Estado ha reconocido su responsabilidad, ha pedido perdón y ha prometido reparación individual y colectiva, pero hasta hoy no ha cumplido.

La Consejera Mayor regresó apenas ayer desde Suiza, como una de las delegadas de la ONIC (Organización Nacional Indígena Colombiana) ante la Asamblea de evaluación de los 60 años de la ONU.

Era entonces fácil imaginar que se desplazaría en esta misma camioneta por este mismo camino que cada día recorre. Este hecho y la fecha simbólica del 16 de diciembre llenan de dudas la versión oficial del error.

Desde que se supieron los hechos, los indígenas han rodeado la base militar en Totoró pidiendo la admisión de responsabilidades y juzgar a los responsables según las leyes ancestrales, como está previsto por la constitución Colombiana.

El presidente de la ONIC, Luis Evelis Andrade, denunció a la agencia Efe que las amenazas contra los pueblos del suroeste, se incrementaron desde la reciente "Minga" por efecto de los señalamientos por parte de altos cargos del Gobierno del presidente Álvaro Uribe.

Este atentado se enmarca efectivamente en una serie de hechos y amenazas, como las ordenes de capturas contra los coordinadores de la guardia indígena, y el asalto contra la radio comunitaria Pa`yumat en el Cerro de Munchique Los Tigres, donde están ubicados todos los equipos de transmisión y la antena.

Una estrategia de “agresión integral” contra los indígenas por parte del Estado y de los grupos insurgentes. Esto se explica por el rechazo por parte de los indígenas del conflicto en sí mismo, no importa cual sea el actor del mismo. Atacar la idea de la guerra es atacar a quienes de ésta viven y que con ésta se reproducen: la insurgencia y el ejército nacional que vive de los enormes gastos del Plan Colombia.


*Periodista italiano


Fuente ALAI

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Más información:

Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC)

Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC)



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La persecución llega a las universidades colombianas

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  • Revisarán las bases de datos de las universidades públicas

Juan Alberto Sánchez Marín
Yvke


La Fiscalía colombiana revisará las bases de datos de las universidades públicas, “para detectar la presencia de terroristas”.
La medida causó el asombro de juristas y de la Procuraduría. Los estudiantes ven en el anuncio la continuidad de la represión y el terror propios de la “Seguridad Democrática” del presidente Uribe, hacia un sector que no comulga con sus métodos ni políticas.

La revisión de las bases de datos se hará en las universidades Nacional, Distrital, Pedagógica, el Sena, y la Libre. La orden fue emitida por el fiscal de la unidad especializada contra el terrorismo, Jorge Iván Piedrahita Montoya, “con el propósito de detectar la presencia de terroristas”. La Autónoma, que no hace parte de la lista elaborada por la Fiscalía, fue la primera universidad a la que el intendente comisionado de llevar a cabo la indagación hizo llegar el oficio correspondiente.

“Es el intento de perseguir y señalar al movimiento estudiantil y a los dirigentes estudiantiles”, dijo Andrés Paredes, coordinador de Comunicaciones de la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios, ACEU, en entrevista con YVKE Radio Mundial

“El estudiantil universitario es uno de los sectores sociales que más confronta la política que aplica el gobierno del presidente Álvaro Uribe en el país. Eso ha generado paros y conflictos, que hacen que se trate de estigmatizar el movimiento estudiantil, y que exista muy mala relación entre el alto gobierno y la universidad pública. La revisión anunciada es un elemento más dentro de la estrategia del gobierno para identificar cuáles son los activistas de las universidades”.

¿Porqué la universidad pública?
Se preguntan en un comunicado las Juventudes del Polo Democrático Alternativo. Y agregan: “Esta campaña de desprestigio de la universidad pública colombiana no hace parte de ninguna lucha contra los movimientos ilegales armados, ni mucho menos contra el terrorismo; si esto fuera cierto hace muchos años que las universidades públicas serían "rebaños de ovejas", con la cantidad de represión, desplazamiento y muerte que han tenido que sufrir los movimientos y gremios estudiantiles”.


La parodia de Parody

El sector estudiantil fue puesto en la mira del huracán cuando la senadora uribista Gina Parody, hace algunos meses, reveló documentos y videos que muestran a encapuchados en mítines dentro de las sedes universitarias, específicamente, en la Universidad Distrital de Bogotá.

La denuncia llevó al DAS, la central de inteligencia del Estado, a advertir que las FARC se infiltran en los centros docentes y el movimiento estudiantil, para "demostrar su trabajo político y dar a conocer sus ideas en las juventudes".

La senadora Parody se rasgó entonces las vestiduras y afirmó que en sus tiempos de universitaria jamás vio a ningún estudiante defendiendo sus ideas con capuchas. Claro, hay que tener en cuenta que la senadora estudio en la Pontifica Universidad Javeriana de Bogotá, donde nunca se ven ni se verán capuchas o encapuchados; ni siquiera capuchinos, sólo los jesuitas dueños de la educación en Colombia. Donde la presencia del DAS y de otros organismos de inteligencia es innecesaria. Ella no estudió en la nacional, ni el la distrital, ni en la Pedagógica, ni en ninguna universidad pública, donde tantos estudiantes "revoltosos" deben ser tenidos a raya.

Las acusaciones indicaban que, con la aquiescencia de las directivas, se estaban propiciando actos subversivos en los centros de educación superior, sobre todo, en los de carácter público.

Carlos Ossa Escobar, rector de la Universidad Distrital (ex constituyente, ex contralor del país y ex director del Banco de la República), frente a la avalancha de críticas e insinuaciones, indicó que “nos vimos precisados a salir al debate público y a presentar cuatro argumentos: primero, en la universidad hay libertad de expresión y cualquiera tiene el derecho a exponer sus ideas; segundo, el uso de capuchas no es necesariamente motivo de alarma, pues puede deberse a razones de seguridad y a precaver persecuciones contra quienes disienten; tercero, fueron expresiones pacíficas de ideas. Y un cuarto argumento, o más bien, un comentario a tener en cuenta, fue llamar la atención sobre lo peligroso de “macartizar” la Universidad Pública”.


Opinan sobre el exabrupto


"Es un acto improcedente que debe aclararse lo más pronto posible. Es una medida que no tiene lugar", dijo Samuel Moreno, alcalde de Bogotá.

“Esto a lo mejor ni el propio fiscal general debe saberlo. Esa es una orden bastante arbitraria. No se pueden hacer investigaciones indeterminadas porque eso sería el desvío de poder", manifestó Alfonso Gómez Mendez, ex fiscal y precandidato liberal.

“Es un exabrupto de la Fiscalía. Más bien es una cacería de brujas, donde se busca hacer una redada abstracta en las universidades buscando a aquellos que tienen un pensamiento contrario del Gobierno”, señaló Parmenio Cuellar, ex ministro de Justicia y ex gobernador de Nariño, quien agregó que “en ese proceso, seguramente, los investigadores ya tienen en mente a quien perseguir o a quienes capturar”.

“Lo correcto es que si la Fiscalía sospecha de algunas personas pregunten por cada una de ellas, y no comprometer a estudiantes y docentes”, dijo Pedro Herrera, presidente del Sindicato de Profesores Universitarios. “Con este tipo de ordenes se pone bajo sospecha la totalidad de la comunidad estudiantil”.

"Este tipo de procedimientos puede ser violatorio de los derechos a la defensa, al buen nombre y al ejercicio pleno de las libertades. La responsabilidad penal es individual y pretende someter a todos por igual a una especie de examen colectivo y estigmatizar a la comunidad universitaria, puede acabar con el principio de inocencia", dijo Clara López Obregón, Secretaria de Gobierno del Distrito.

Andrés Paredes
, en su charla con YVKE, señaló que “las universidades son un bastión importante en términos de la construcción de ideas. Creemos en la batalla de ideas, y en los campos universitarios vivimos eso. Esto nos lleva a no estar de acuerdo y confrontar algunas políticas del gobierno”.

“En las últimas investigaciones que hemos hecho desde la ACEU”, complementó el dirigente estudiantil, “hemos descubierto que en los últimos 3 años han asesinado 15 dirigentes estudiantiles, muchos han sido desplazados y más de 100 estudiantes están amenazados”.


Argentina, para no olvidar el presente colombiano

Las numerosas fichas y los expedientes sobre estudiantes, hallados hace algunos años en la Argentina, han revelado el grado de sistematización, coordinación y organización de la persecución ideológica, que la última dictadura militar montó sobre las universidades públicas y hasta privadas de todo el país. Una universidad alertaba al resto de los alumnos suspendidos, sancionados o expulsados por actividades subversivas. Era un sistema aceitado: la facultad informaba al rectorado, éste al sistema universitario y de allí, al resto.

A 32 años del golpe, se siguen desclasificado documentos y hallando nuevas historias, nombres y conexiones de lo que se ha llamado el “Plan Cóndor Universitario”, un circuito de información que daba cuenta del comportamiento y la militancia de los estudiantes de todas las casas de estudio de la Argentina.

La revisión de los datos y la sistematización de la información universitaria, condujo en el país austral a un grado de control descabellado, hallándose incluso requerimientos de las comisarías exigiendo a las autoridades educativas que remitieran informes sobre los libros que los alumnos sacaban de la biblioteca.

En los cruces de datos, los investigadores han encontrado hasta el momento 20 estudiantes desaparecidos sólo de la Facultad de Periodismo y Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Pero se trató de un sistema represivo y criminal que se extendió a todo el país.

Las coincidencias vistas ahora Colombia con los pasos iniciales de ese aciago recorrido dado en Argentina durante los años de la dictadura militar, no son coincidencias. Son acciones típicas y medidas calculadas por parte de aquellos gobiernos que tienen mucho que tapar y mucho que acallar.


La solidaridad necesaria


“Varias investigaciones de las organizaciones estudiantiles colombianas muestran el grado de represión que ha representado el gobierno del presidente Uribe para el movimiento estudiantil universitario”, dijo Andrés Paredes, de la ACEU.

En un país en el que hay que “tragar entero” y “comer callado”, el que opina pierde, el que habla queda marcado y el que protesta se muere.

Los estudiantes de las universidades públicas, más que por las “pruebas fehacientes” de la reciente parodia, que sí lo fueran de hecho originarían investigaciones judiciales concretas y no estas ráfagas de metralla preventivas y amedrentadoras, han sido en Colombia un sector difícil para el gobierno del presidente Uribe.

“Por eso es muy importante la denuncia de los hechos de violación de los derechos humanos de la población estudiantil, y que se pueda despertar la solidaridad con respecto a nuestro movimiento”, concluye el dirigente estudiantil.

Una piedra en el zapato tan molesta como los indígenas, los sindicatos, los trabajadores, los desempleados. Y como todo el resto del país que no hace parte del 80% o 90% de los 2000 o 5000 encuestados entre aquel segmento de ciudadanos (porque son de ciudad), que a lo sumo alcanza el 10% de la población total del país, por lo general, beneficiarios de Uribe o beneficiados con él, que creen que su presidente hace las cosas entre bien y muy bien.


Fuente Rebelión

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Fracasa diálogo de indígenas con Uribe; las etnias mantendrán movilizaciones

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  • Exigen al presidente alto a las agresiones y dejar de vincularlos con las FARC
  • El gobernante ofrece retirar la fuerza pública en poblados a cambio de que cesen los bloqueos


Bogotá, 2 de noviembre. Unos cuatro mil indígenas colombianos recibieron hoy al presidente Álvaro Uribe en el departamento del Cauca para sostener un diálogo en torno a reclamos sobre la devolución de tierras arrebatadas a pueblos originarios en la región suroeste de Colombia y acerca de las agresiones que han padecido las etnias colombianas en el contexto de la política de “seguridad democrática” que fue establecida por el mandatario desde su llegada al poder en 2002.

El encuentro comenzó al mediodía en La María, localidad rural del municipio de Piendamo, y durante la jornada Uribe escuchó y rebatió argumentos de representantes indígenas, pero al final del diálogo de unas seis horas no hubo acuerdos específicos sobre el pliego de peticiones, por lo que las etnias decidieron continuar con la movilización (llamada “Minga”) de protesta. Ninguna de las partes ofreció fechas tentativas para la nueva cita.

Mabel Andrade, de la Red Nacional, presentó ante el mandatario un informe que muestra que mil 244 indígenas han sido asesinados en los últimos seis años, 67 de los cuales fallecieron en 15 matanzas, ocho en 2007 y siete en 2008.

Tres de los homicidios múltiples “se atribuyen a fuerzas del Estado”, precisó Andrade después de decir que Uribe habla de “policías y militares de la patria, pero también queremos decir que ellos son los que nos están asesinando. La seguridad democrática ha sido muerte y destrucción”.

Los indígenas convocaron al diálogo para exigir especialmente al presidente que su gobierno pare de vincular a las organizaciones indígenas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
, que ha servido de pretexto para tratar de desarticular su movimiento en favor de la restitución de territorios que pertenecieron a las etnias en diferentes regiones del país.

En el contexto de la política de “seguridad democrática”, 55 líderes comunitarios han sido asesinados y ha habido 317 detenciones arbitrarias de indígenas, campesinos e integrantes de sindicatos presentados por las fuerzas de seguridad como guerrilleros, quienes tras de ser liberados, se quejó Andrade, quedaron marcados como milicianos porque “los medios no tuvieron espacio para publicar que fueron declarados inocentes”.

Otra de las demandas fue planteada por el representante de la Asociación de Cabildos del Norte del Cauca, Feliciano Valencia, quien advirtió que en la zona suroeste de Colombia hay 18 pueblos en vías de extinción, lo que hace necesario que el Estado colombiano establezca una política de reparación.

Durante el diálogo, también fue planteada al presidente una solicitud de “restitución” de 200 mil hectáreas de tierras, así como el rechazo al Tratado de Libre Comercio que el gobierno conservador negoció en los últimos años con la administración de George W. Bush, todavía pendiente de aprobación en el poder legislativo estadunidense.

Los indígenas comenzaron la “minga” en la tercera semana de octubre para presionar a Uribe a entablar un diálogo que estaba previsto para el domingo anterior en la ciudad de Cali. El gobierno envió a fuerzas de seguridad a despejar carreteras bloqueadas en el suroeste del país, desatando enfrentamientos con cientos de manifestantes. Los choques causaron la muerte de dos personas y heridas a varias decenas y desde entonces, los cuerpos policiales y militares se han mantenido en caminos y poblaciones rurales, como La María.

En el intercambio de este domingo, Uribe dijo estar dispuesto a “examinar en qué condiciones puede retirarse la fuerza pública”, pero a cambio de que las organizaciones indígenas se comprometan a no cerrar el tránsito en las carreteras.

El mandatario asumió la responsabilidad de la movilización policial en la región, dijo que a las fuerzas de seguridad no se les puede vetar el acceso a ningún punto del territorio nacional y subrayó que “en la medida que avanzó la seguridad democrática” se ha logrado abrir el tránsito en carreteras como la Panamericana, que antes de 2002 “era intransitable”.

Pese a no haber alcanzado acuerdos sobre el pliego petitorio, el presidente Uribe aceptó formar una comisión de gobierno que estudie la adhesión del Estado colombiano a la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblo Indígenas.


Fuente La Jornada

Foto AP


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Más: ONU adivierte posible intervencion de Corte Penal en Colombia TeleSUR




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Se cancela diálogo entre Uribe e indígenas; no hay acuerdo sobre el sitio de reunión

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  • El presidente llegó con horas de retraso a la cita, pero los campesinos se retiraron del lugar
  • Los marchistas piden cita al Ejecutivo para hoy; no hay respuesta de la Casa de Nariño

El diálogo pactado para este domingo entre el presidente Álvaro Uribe e indígenas de todo el país, en Cali, fue cancelado porque el mandatario se negó a acudir al lugar de la cita propuesto por las comunidades étnicas, que recorrieron a pie un centenar de kilómetros en el suroeste de Colombia con el objetivo de reclamar la restitución de tierras, fin a la violación de sus derechos humanos y diálogo de paz con los guerrilleros colombianos.

Un día después de que al menos 20 mil personas –el diario El Espectador ubicó la cifra en 40 mil– terminaron una marcha por los departamentos Cauca y Valle del Cauca, Uribe argumentó razones de seguridad para no presentarse en el Centro Administrativo Municipal de Cali.

Representantes de Uribe sugirieron que el encuentro se realizara en los estudios de Telepacífico
para que las conversaciones fueran transmitidas por la emisora oficial del gobierno y en la página de Internet de la presidencia; el lugar tiene una capacidad máxima para 350 personas.

El diálogo estaba previsto para horas de la mañana, pero los representantes de las comunidades originarias esperaron hasta la una de la tarde en las instalaciones municipales. Cuando los representantes de las comunidades originarias comenzaron a abandonar el sitio, el gobernante llegó sorpresivamente a la zona del Centro Administrativo Municipal, pero la gente no detuvo su retirada, según la versión del periódico El Tiempo en su página web.

Rodeado de escoltas y funcionarios auxiliares, Uribe subió a un puente peatonal cerca del lugar de la cita y megáfono en mano trató de llamar la atención de los campesinos que se retiraban rápidamente y quienes en algunos momentos respondieron con rechiflas.

En el recinto preparado para el diálogo, la silla de Uribe quedó vacía. Daniel Piñacué, cabeza de la marcha, dijo que el esfuerzo realizado en los últimos días era muy grande para retirarse sin un resultado claro.

La marcha hacia Cali –470 kilómetros al suroeste de Bogotá– fue convocada la semana antepasada después que estallaron protestas contra el gobierno por la problemática agraria y éste envió a la fuerza pública para tratar infructuosamente de desmantelar la movilización indígena y desbloquear caminos en diferentes regiones del país, pero particularmente en el departamento del Cauca, cerca de la frontera con Ecuador. La acción gubernamental arrojó un saldo de decenas de heridos y al menos dos muertos.

Los indígenas
, que tras marchar durante una semana se alojaron en la Universidad del Valle, informaron por medio de sus delegados que volvieron a citar a Uribe para este lunes en el estadio Pascual Guerrero de Cali, según versión del sitio en Internet del diario El Tiempo, pero hasta el cierre de esta edición, la Casa de Nariño no había respondido al respecto.

El sitio de Internet de la presidencia no informó sobre lo sucedido en Cali, aunque desplegó extensamente información y reacciones sobre la fuga del legislador Oscar Tulio Lizcano, que pasó ocho años secuestrado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

La cobertura internacional de los hechos en torno a la reunión pactada fue desplazada por el fin del cautiverio de Lizcan.

A pesar de que la marcha a Cali –llamada Minga Nacional de Resistencia Indígena– concluyó el sábado, para este lunes se espera la llegada de trabajadores cañeros del departamento de Valle del Cauca, que han estado en huelga desde el 15 de septiembre; Uribe ha tratado de mediar en este conflicto, pero sin resultados hasta ahora.

Feliciano Valencia, miembro del Consejo Regional Indígena del Cauca, calculó que para este lunes habrá unas 50 mil personas en Cali, la capital de Valle del Cauca, entre indígenas y cañeros.

Valencia dijo que si no se logran dialogar con Uribe en Cali o si no alcanzan acuerdos con el mandatario, entonces la Minga seguirá hasta Bogotá.

Los representantes indígenas acordaron el viernes pasado presentar ante Uribe una agenda de cinco puntos que plantea respeto a los derechos humanos, derogar leyes que atentan contra la integridad territorial, laboral y cultural de los pueblos originarios, incluida la cancelación del tratado de libre comercio con Estados Unidos, ya negociado, pero en espera de aprobación en el Congreso estadunidense.

Otro punto de la agenda es la entrega de 200 mil hectáreas que los indígenas consideran como parte de su herencia ancestral.

El viernes, al dar a conocer la agenda, los indígenas en marcha habían previsto pedir a Uribe que buscara el diálogo de paz con la guerrilla, un asunto que hasta el año pasado fue parte de los temas a tratar con los insurgentes, junto al tema de los secuestrados.

Según El Tiempo, un informe de la Procuraduría colombiana identificó algunos obstáculos para la entrega de tierras a indígenas, que incluye la negativa de los actuales ocupantes a ponerlos en venta al gobierno (para trasladarlos luego a comunidades originarias). Otros impedimentos son la oposición de administraciones municipales y comunidades negras y el alto costo de los predios.


Fuente La Jornada

Foto: La silla de Uribe quedó vacía. (ONIC)


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Llega la marcha indígena a Cali para debatir hoy con Álvaro Uribe La Jornada

Venció el plazo, Uribe no llegó: No tenemos gobierno, tenemos dignidad ONIC (Organización Nacional Indígena de Colombia)






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Entre asesinatos y atropellos avanza la movilización indígena en Colombia

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Por Juan Alberto Sánchez Marín


En Colombia, como en el resto de América Latina, los indígenas no sólo han sido excluidos, expropiados y vejados. Ellos, sobre todo, han hecho parte del olvido. Un olvido conveniente y estratégico. Una desmemoria absoluta y malintencionada, que permite que los indígenas no existan para el resto de la sociedad.

Aunque estaban acá primero, no lo recordamos. Aunque a lo largo de 516 años casi los extinguimos, la historia ayer y los medios hoy lo explican y validan como algo natural, una forzosa medida frente a los salvajes. Aunque los convertimos a una fe infame con un cielo sin puertas, no nos percatamos del infierno en el que los dejamos. A pesar de que acá y ahora son y siguen estando, desterrados en sus resguardos, no los vemos, no los oímos, no nos importan.

En otras partes de la región, muchos pueblos originarios han venido elevando su voz y haciéndose sentir. En Bolivia, un indígena rige los destinos del país, claro está, en medio de la oposición más férrea. La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, la CONAIE, es un ejemplo de resistencia, y con sus movilizaciones masivas ha puesto y depuesto presidentes.

En un país en el que las voces disidentes, distintas o minoritarias son negadas a sangre y fuego, los desgraciados indígenas colombianos han sido víctimas del asesinato selectivo de sus líderes, de las masacres y de la violencia de los actores armados de un conflicto consuetudinario, que campea por sus territorios.


"NO MÁS"


Después de mucho silencio y de aguantar tanta miseria, los indígenas en Colombia están diciendo “no más”. No más incumplimiento por parte del gobierno a los acuerdos logrados, no más violación de sus territorios por parte de las multinacionales y del propio gobierno, no más asesinatos, atropellos ni sindicaciones. Basta de Plan Colombia, Plan Patriota, o más planes apátridas.

“Son muchas cosas, muchos incumplimientos y problemas, los que han llevado al movimiento indígena a decir “no más” y a levantarnos nuevamente”, afirma Marlitt Pusecc, consejera del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRI), en entrevista concedida a YVKE.

“Y por querer defender nuestros derechos, hemos sido atropellados por la fuerza pública y por el propio presidente, cuando en un consejo comunitario manifiesta que los indígenas somos terroristas. A partir de esa sindicación, han sido asesinados muchos líderes”.


PRONTUARIO DE ASESINATOS

Más de 1200 indígenas han sido asesinados durante los 6 años del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, cuya relación exacta, con nombres y fechas, esperan poder leerle al presidente el próximo lunes, o cuando se digne recibirlos, si lo hace.

17 de esos crímenes fueron cometidos durante el último mes. Hace apenas 20 días, fue asesinado un exconsejero del CRI. Según indagaciones hechas por los propios indígenas, ocho de esos crímenes han sido cometidos por la fuerza pública, cuatro por los paramilitares, uno por la guerrilla, los otros por autores desconocidos. Las llamadas fuerzas oscuras, que son tan claras.

Sólo durante este mismo gobierno, se estiman en 55 mil los indígenas desplazados, 400 mil sin acceso a tierras y 18 pueblos enteros en peligro de extinción.


LA MINGA INDÍGENA NACIONAL


La Minga Indígena Nacional no pretende otra cosa que avanzar hacia el país posible y necesario. Se trata de un mecanismo, “para establecer un camino sólido, desde los pueblos, para construir y desarrollar una agenda de unidad, desde la diversidad y el respeto”.

La Minga es un grito desesperado para la defensa de la vida y los derechos territoriales, políticos, ambientales y alimentarios de las comunidades indígenas.

Unos diez mil indígenas y campesinos, partieron desde el sitio La María, en el municipio Piendamó, en el departamento del Cauca, al sur occidente del país, hacia Cali,
una de las ciudades más importantes de Colombia, capital del vecino departamento del Valle del Cauca. En el camino han seguido sumándose miles de indígenas, en una audiencia que crece más y más, y que espera reunir finalmente más de treinta mil indígenas.

“La marcha que estamos realizando la hacemos también para dar a conocer el atropello de que somos víctimas por defender nuestros derechos.”, señaló Marlitt Pusecc a YVKE. “Queremos llamar la atención de la opinión pública sobre el trato que nos están dando, como terroristas, y denunciar que va a haber un genocidio acá en Colombia contra nosotros los indígenas”.

Los días 14, 15 y 18 de este mes, la fuerza pública arremetió de una manera desmedida y brutal contra los indígenas congregados en La María. Como parte de la movilización, los indígenas bloquearon la vía Panamericana, que conduce de la ciudad de Popayán, capital del Cauca, a Cali.

Lo que era una marcha pacífica, se volvió una batalla campal, cuando la policía intentó desalojar la vía por la fuerza.

“En el momento contamos con 120 heridos, la mayoría con arma de fuego, y dos compañeros muertos, también con arma de fuego. Seis compañeros perdieron la vista. Y ocho familias, indígenas y campesinas, fueron desalojadas por la fuerza pública. Quemaron sus viviendas y lo que tenían, y quedaron en total desamparo”, dice Marlitt.

Víctor Meléndez, delegado de la Defensoría del Pueblo en el Cauca, calificó de “desproporcionada” la actitud de la fuerza pública.


LA PALABRA ACORRALADA

A esta represión abierta, y al hermetismo y las tergiversaciones de los poderes mediáticos, se agrega el modo torpe con el que se trató de silenciar los exiguos medios de comunicación del movimiento indígena.

“Cuando hubo más abuso de la autoridad, y estábamos pidiendo solidaridad, nos quitaron la energía en La María y en los sectores desde donde tratábamos de difundir lo que estaba pasando”, afirma Marlitt Pusecc. “Nuestras páginas en Internet se cayeron. Los correos electrónicos y los celulares fueron bloqueados. Nos querían dejar incomunicados”.

La situación motivó un comunicado de la Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP, en el que expresaba su preocupación por estos hechos, y solicitó a las autoridades “que se aclare lo sucedido con los medios comunitarios del Cauca”.


EL FONDO DE LA RESISTENCIA

Un punto fundamental del reclamo de los indígenas tiene que ver con el incumplimiento por parte del gobierno de acuerdos adquiridos previamente.

“Han habido masacres cometidas por la fuerza pública, llevadas a instancias nacionales e internacionales, que obligan al gobierno a cumplir con indemnizaciones a las familias y a las comunidades, y el gobierno no ha cumplido”, expresó Marlitt Pusecc.

No se trata, en esencia, como lo explica la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) en un documento reciente, “de negociar nada nuevo, sino de que se dé cumplimiento a lo convenido”.

Frente a masacres cometidas por el propio estado, entre 1991 y 2005, se celebraron 13 Acuerdos, en los que el Estado Colombiano se comprometió a reparar, individual y colectivamente, a las víctimas y al pueblo Nasa del Norte del Cauca.

El Presidente Ernesto Samper pidió perdón público por la masacre de El Nilo. Una resolución de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), instancia a la que los indígenas tuvieron que recurrir al no lograr justicia en el país y ante el asesinato de abogados, jueces y testigos, recomienda al Estado, desde el año 2000, cumplir con los compromisos relativos a la reparación integral.

El propio gobierno actual se comprometió, en 2005, a través del último acuerdo, a dar cumplimiento a todas las obligaciones pendientes en un plazo máximo de dos años.

Pero la larga lista de masacres continúa sin enmienda. Masacres como, por ejemplo, la de la Hacienda El Nilo, con 20 indígenas masacrados, en 1991; la del río Naya (límites entre los departamentos de Cauca y Valle), con más de un centenar de muertos, la mayor parte indígenas, en 2001; la de Gualanday (municipio de Corinto), con 13 indígenas asesinados, en 2001, o la de San Pedro (municipio de Santander de Quilichao), con 7 indígenas asesinados, también en 2001.

El gobierno del presidente Uribe no sólo no ha cumplido con los acuerdos, sino que ha promulgado leyes en contravía de los mismos, y se ha valido de toda clase de artilugios para desautorizar cualquier reclamo de las comunidades indígenas.

Otro punto de la agenda tiene que ver con el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. “Sabemos que en este momento el TLC está en manos del Congreso de los Estados Unidos, por lo que proponemos mecanismos de interlocución frente al Congreso de ese país”, sostienen los indígenas.

La denominada “Legislación de Despojo” es otro tema de la agenda. La misma Corte Constitucional declaró inexequible la Ley Forestal. Los indígenas exigen que el Estatuto Rural, el código de Minas, los Planes de Aguas, y todas las leyes que han debido ser sometidas a consulta previa, sean derogadas. Un verdadero desafío para el presidente Uribe, y, como lo señala el columnista Alfredo Molano, “el mayor alzamiento que haya cuestionado sus políticas —de seguridad democrática, tierras y aguas— y sus planes electorales”.

Ante la amenaza que les significa el propio estado, los indígenas plantean la necesaria intervención y la presencia de una comisión internacional, que pueda asumir funciones concretas, para que se dé respuesta real a su gravísima situación, y solicitan la coordinación del Relator Especial para los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas.


ATENTADOS CONTRA LA DIGNIDAD

“Y le pedimos al presidente el resarcimiento del buen nombre del movimiento indígena. Que no nos nombren como terroristas, ni nos vinculen con los grupos guerrilleros. Queremos dejar esto muy en claro, porque no es así. Y hoy las vidas de quienes representamos a las comunidades están amenazadas, nos sentimos en peligro. Somos un movimiento donde velamos por los derechos de quienes representamos. Que nos traten con la dignidad y el respeto que nos merecemos”, terminó indicando la Consejera del CRI, Marlitt Pusecc.

La Organización Nacional Indígena de Colombia y la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca han presentado una acción de tutela contra el presidente Álvaro Uribe Vélez, el Ministro del Interior Fabio Valencia Cossio, y el General Freddy Padilla de León, como comandante del Ejército, por la violación de los derechos fundamentales a la vida, la integridad personal, la protección de la honra y la dignidad de los pueblos indígenas que participan en la Minga.

El manejo autoritario de esta crisis y el trato déspota hacia unos interlocutores a los que se subestima o considera indignos, se ejemplifica en los continuos palos de ciego dados por el ministro de defensa, Juan Manuel Santos, adalid de la oligarquía colombiana, y personaje muy estimado y querido para los Estados Unidos.

En la misma tónica en la que el ministro sale apresurado a calificar de atentados de las Farc los “falsos positivos” del estamento militar que él mismo orienta, Juan Manuel Santos sembró en el aire la duda de que estas marchas eran financiadas con recursos internacionales.

A esto, señala Marlitt Pusecc, que “claro que nosotros hemos pedido y estamos pidiendo solidaridad. Necesitamos que nos colaboren con recursos, víveres, agua, medicamentos, que es lo que esencialmente necesitamos. Son 6 días y una cantidad grande de personas marchando. Así que, aunque la responsabilidad de la marcha está en las propias comunidades, pedimos la solidaridad de instituciones y de ONG´s, del país o de afuera”.

Y en verdad que no puede ser de otra manera. No se trata de las marchas uribistas, en las que, al igual que en las campañas presidenciales, van y vienen, y a montones, los dineros lícitos y más bien ilícitos de los grupos económicos, de la oligarquía, del paramilitarismo, y, mejor dicho, del uribismo.

Estamos hablando de marchas indígenas, mejor dicho, de marchas de pobres.
Pobres entre los más pobres. En una condena irremediable para el campo, los campesinos y con ellos los indígenas, a la que el propio Juan Manuel Santos contribuyó desde su posición como ministro de Hacienda, durante el gobierno de Andrés Pastrana, y durante 9 años como delegado en Londres ante la Organización Internacional del Café (OIC), poniendo en marcha las políticas neoliberales que ahora escandalizan a sus mismos responsables.

El ministro Santos, en otro ex abrupto, sin que le temblara un músculo de la cara, le exigió a los indígenas disculpas ante los policías heridos en los enfrentamientos. Bien lo respondió el diario colombiano “El Espectador”, en su editorial del domingo anterior, al sostener que “iguales razones, pensarán, tienen ellos (los indígenas) para exigir disculpas de parte de quienes los confrontan violentamente y estigmatizan”.


Y LA MINGA SIGUE


La marcha continúa ahora, en medio de los abusos de la Fuerza Pública, cuyos coroneles pregonan la orden de no abrir fuego, aunque los videos caseros de los celulares evidencien otra cosa. Los indígenas siguen adelante, avanzando masivamente por el Sur Occidente, hacia el propio corazón de Colombia, aunque la mayor parte de los medios masivos vuelvan sus titulares hacia “la realidad del país”, donde ellos irremediablemente no figuran. O se los reseñe apenas para afirmar que se están matando ellos mismos, como en el caso de Elver Ilitro, citando la incuestionable Agencia Nacional de Noticias Policiales (Annp). Una agencia independiente, de policías inocentes.

En la Minga, los indígenas le apuestan cada paso a este lema:
¡El estado de conmoción no apagará la voz del pueblo y el clamor de la madre tierra! Y uno no puede dejar de pensar: Ojalá no tengan que apostarle también la vida que les queda.

Las Crónicas de Indias sólo tuvieron la mirada de los conquistadores. ¿Hasta cuándo la conquista y la colonización que aún se hace de los territorios indígenas seguirá teniendo apenas la perspectiva de Uribe y sus congéneres?


Fuente Rebelión

Fotos:

1. La marcha sigue su avance por un carril de la vía Panamericana. C.Ortega.

2. E. Domínguez.

3. ONIC.


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