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¡Derrotado el referendo del odio!

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Por Luis Paulino Vargas Solís

Son las seis de la tarde. Carlos Salazar, gran periodista y buen amigo, me hace llegar un mensaje electrónico con un comunicado de prensa: “Sala Constitucional dice no a referéndum sobre el proyecto de ley de uniones entre personas del mismo sexo”. Salto de alegría; solo en mi oficina grito hurras jubilosas y, enseguida, tomo el teléfono: primero llamo a mi pareja; en seguida a varios amigos. Y reenvío el mensaje recibido a amigas y amigos –en su mayoría heterosexuales- que me han acompañado solidariamente en esta lucha.

¡Derrotado el referendo del odio!

Por esta vez la Sala Cuarta se puso una flor en el ojal. Ganó la justicia y la dignidad aún a costa de los tremendos poderes del oscurantismo y la intolerancia.

Por primera vez en la historia –primicia de primicias- el sistema jurídico, político e institucional de Costa Rica tiene un gesto de respeto hacia las personas que somos sexualmente diversas. Por primera vez se reconoce que también somos seres humanos cuya dignidad merece ser tenida en cuenta.

Llegué a casa pasada las ocho. “Hoy es ocasión para celebrar con un buen vino”, le digo a mi compañero. Y tomamos y comimos; y nos felicitamos y nos abrazamos y bailamos. Y el remolino de los cuatro perritos que hemos rescatado de la calle y que tantas sonrisas y tan cálida compañía nos dan, revoloteó a nuestro alrededor como si comprendiesen que sus amos hoy tenían una razón especial para sentirse alegres y agradecidos.

Han sido meses en que hemos debido sobrellevar el odio más recalcitrante. Odio feroz, amargo, pertinaz, fiero, insidioso ¿Qué no se nos ha dicho?

Que destruimos la familia y corrompemos la infancia.


Que somos seres antinaturales, engendros demoníacos, seres patológicos y repulsivos.

Que desordenamos y ensuciamos el mundo a nuestro alrededor.


Que, infértiles e improductivos, nuestro amor es un amor enfermo de muerte.


Que, siendo de tal modo monstruos inmundos, no tenemos derecho a formar familia, cuando, y a lo sumo, tan solo engendramos relaciones patológicas y retorcidas.


Y una y otra vez se nos grita que Dios nos condena y nos maldice.


Han sido meses de escarnio, de injuria y de infamia.


A no mucha gente le ha importado. La solidaridad de los más solidarios no llega a tanto como para malbaratarla así.

Pero siendo poca la gente que sí ha sido solidaria, en cambio lo han sido de cuerpo entero y con la plenitud del corazón y la inteligencia. A ellos y ellas: ¡muchas gracias!

El caso, sin embargo, es que esta virulenta ofensiva no nos ha amilanado. Antes bien, nos ha fortalecido. Y, como nunca antes, hemos dado la cara y hemos levantado la voz. De seguro les ha sorprendido. De seguro imaginaron que, como siempre, tal cual ha sido la historia de siglos, permaneceríamos en silencio y, aterrorizados, nos esconderíamos en lo más profundo del clóset, con la ilusa esperanza de que nuestra invisibilidad nos protegería de la agresión y la violencia.

Y más allá de la sorpresa los atacó la ira. Y, entonces, muchas veces nos gritaron:
“¿y cómo se atreve esta raza maldita a levantar su voz y defender su abominación?”.

Pues aquí estamos y tan solo les decimos: "los monstruos que vosotros construís somos, sin embargo, y nada más que eso, seres humanos de carne y hueso, como cualquier otra persona: no más, pero tampoco menos. Y ese menos es justo el que ya no vamos a aceptar nunca más".

Pedimos un lugar en el mundo, al lado de las demás personas. Y el derecho a amar, a hacer familia, a construir una vida, a ser diferentes. Y a convivir con respeto.

Es muy poco y, sin embargo, es revolucionario, justo porque implica sanar las heridas abiertas por el odio y refundar la sociedad sobre bases de auténtico respeto y solidaridad.

Ayer fue una noche para celebrar.
Hoy aún persiste el sentimiento de júbilo, ese como hálito de libertad que el fallo de la Sala ha infundido en nuestro espíritu.

Pero la lucha continúa y todavía será muy, pero muy ardua. La dará esta minoría nuestra con algunas pocas solidaridades, que, siendo pocas, son sin embargo ubérrimas en la generosidad de su entrega.

Nos seguirán vilipendiando y, sin la menor duda, todavía lloverán sobre nuestra cabeza toneladas de odio vomitadas en nombre de Dios.

Pero al final, tarde o temprano, ganaremos esta lucha.



Fuente: Diario Digital El País



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Crisis europea: medicinas que envenenan

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Por Luis Paulino Vargas Solís

Atribuir la actual crisis económica griega a los excesos en sus sistemas de pensiones y seguridad social es, en el mejor de los casos, expresar una verdad a medias. O, si usted lo prefiere, una media mentira. Y la mentira excede de la mitad si se invoca el caso español. En lo que a Irlanda se refiere habría que recordar que, ante el impacto de la crisis, se optó, con anticipación (2009), por una política fiscal restrictiva, tendiente a la reducción del gasto público. Ello simplemente agudizó el desplome (reducción del -7,1% del PIB en 2009) y disparó el déficit fiscal (14,3% del PIB).

En general, los datos muestran de forma sistemática un deterioro generalizado de las finanzas públicas en el período posterior a 2007. Aunque parcialmente atenuado, ello es válido incluso para Alemania. Es indudablemente un problema vinculado a la crisis económica y refleja principalmente la confluencia de dos factores: el esfuerzo fiscal excepcional que se puso en marcha para atenuar la crisis, y el desplome de los ingresos tributarios ocasionado por la aguda recesión.

En el caso de los países que ya están atrapados en la telaraña de la deuda pública, los datos son claros. España, por ejemplo, pasa de superávits fiscales del orden del 2% en 2006 y 2007 a déficits que, para 2009, llegan al -11,2% del PIB. Irlanda, con un superávit del 3% en 2006, registra un déficit que excede del -14% en 2009. Portugal y, sobre todo, Grecia, ya registraban números rojos antes de la crisis. Esta última agudiza severamente el problema. En lo que se refiere a Italia, el agravamiento del déficit no es tan agudo (-1,5% en 2007; -5,3% en 2009), pero en su caso la deuda pública es extraordinariamente elevada (115,8% como porcentaje del PIB, al mismo nivel, en términos comparativos, que Grecia).

La crisis que explota en 2007 es, por lo tanto, la fuerza principal detrás de la actual crisis europea de la deuda. Sabemos que aquella detonó en Wall Street, de mano de los grandes especuladores de las finanzas. Culpabilizar a los sistemas de seguridad social y a los sindicatos resulta entonces una grosera mentira. Pero esto también advierte acerca de la peculiaridad de la crisis de la deuda como una segunda ronda o, si se prefiere, una nueva etapa en una crisis mucho más amplia, cuya solución aún está lejana. Ha habido dos etapas previas: la crisis financiera precipitada a partir de la crisis hipotecaria; y, en seguida, la recesión generalizada a nivel mundial. Estas dos primeras fases de la crisis exigieron una intervención estatal hasta niveles inéditos. Justo esto último es lo que ahora explota. Lo que sigue es, posiblemente, una segunda vuelta de la recesión, a lo cual están apostando -con admirable denuedo- tanto el FMI como muchos gobiernos, en especial los europeos. Una recaída en la recesión plantearía acuciantes problemas, en vista de que el margen disponible para ejercer política fiscal anti-cíclica estaría prácticamente cerrado.

A la hora de buscar causas subyacentes a la crisis económica (me refiero a la crisis en sentido amplio), un primer nivel de explicación que debe ser explorado tiene que ver, indudablemente, con el agresivo proceso de contra-reforma y globalización neoliberal de los últimos 30 años. Comprender esto último es un paso necesario, previo a profundizar en factores aún más fundamentales que, seguramente, también los hay.

Los datos son contundentes en el sentido de que durante estos tres decenios el ingreso y la riqueza se concentraron agudamente, mientras la participación de los salarios en la producción nacional declinaba sistemáticamente. Ello es válido incluso en el caso europeo, pero todavía más en Estados Unidos. Detrás de esto hay un agresivo esfuerzo tendiente a debilitar los sistemas de seguridad social y a desmantelar las organizaciones sindicales independientes. El proceso combina, de forma sumamente compleja, decisiones políticas, acciones represivas y movimientos de transnacionalización de las inversiones y la producción. Esto último puso a competir a las clases trabajadoras del mundo rico, con las masas trabajadoras -desorganizadas y de bajísimos salarios- de los países de la periferia, incluidos los del antiguo socialismo real.

En esas condiciones, y a fin de sostener la demanda y, con esta, el crecimiento económico, se puso en marcha un gigantesco mecanismo de deuda y especulación financiera que ganó en sofisticación, el cual -ya hacia los noventas del siglo XX- adquiere un perfil nítidamente globalizado. Las clases trabajadoras y los estamentos medios de los países ricos lograban mantener y elevar su nivel de consumo, no gracias a que sus ingresos aumentasen -que en realidad, en términos relativos, más bien disminuían- sino mediante el recurso al endeudamiento.

La crisis que explota en 2007 plantea un cuestionamiento directo a este mecanismo de deuda. Es plausible que ello marque un techo a la espiral de endeudamiento de las familias medias y trabajadoras, sobre todo en Estados Unidos. Esa situación forzó, a su vez, a un movimiento de traslación que, por la fuerza de las circunstancias, tuvo lugar de forma violenta y precipitada: de la deuda privada se pasó a la pública, y en un plazo de tan solo dos años está explota a niveles excepcionales, solo superados por los que se registraron durante la Segunda Guerra Mundial. Y si causa consternación la magnitud de la deuda española ($1,1 billones) o italiana ($1,4 billones), convendría recordar que la de Estados Unidos sobrepasa ya los $13 billones. Y si en este último caso aún no se declara una crisis, es seguramente por su privilegiada posición geo-económica y política -incluso el especialísimo privilegio de que su moneda nacional sea también divisa universal- y no solo por el enorme tamaño absoluto de su economía.

Las soluciones que ahora se proponen frente a la crisis europea de la deuda, reinciden -de forma tan obvia como pertinaz- justo en aquello que ha arrastrado a los países ricos a este pavoroso empantanamiento. A la espalda quedan treinta años durante los cuales se ha golpeado con dureza a las clases trabajadoras y los grupos medios. Y, sin embargo, el capitalismo no podría sostenerse sin el consumo de esos grupos ampliamente mayoritarios. Entonces se les ofreció crédito como la llave que abría la puerta del paraíso consumista.

Ahora proponen una dosis violentamente intensificada de la misma medicina:
terminar de aplastar a las clases trabajadoras y a los estamentos medios. Pero un detalle clave ha variado: con toda evidencia, la puerta del endeudamiento está cerrada, y posiblemente continuará estándola todavía por mucho tiempo más ¿cómo se supone que logrará entonces el capitalismo sostener su crecimiento durante los próximos 10 años?


Fuente Tribuna Democrática

Caricatura El Roto



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Variaciones alrededor de una derrota electoral

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Por Luis Paulino Vargas Solís

Para todo efecto práctico relevante, en la próxima Asamblea Legislativa tan solo habrá un grupo de 13 diputados y diputadas de oposición: las fracciones parlamentarias del PAC y el Frente Amplio. A condición, eso sí, de que alguien del PAC no salga con algún domingo siete, como ya aconteció en anteriores ocasiones. Sin duda vienen cuatro años de tinieblas.

¿Qué futuro nos queda? En una primera y muy preliminar reflexión, propongo tres tesis, intentando contribuir al debate al interior de la oposición al neoliberalismo.


1. La importancia de la organización ciudadana de base


Estoy de acuerdo con el planteamiento de Javier Torres Vindas en el sentido de que en los últimos años ha habido una poderosa contraofensiva neoliberal orientada a recuperar la dominación -que había sufrido un menoscabo relativo- sobre la subjetividad de nuestro pueblo. De acuerdo, sí, excepto cuando la propuesta se resuelve como una tesis conspirativa que imagina un plan cuidadosamente urdido del cual son partícipes desde los partidos políticos -PLN y libertarios incluidos- hasta medios de comunicación. La derrota que sufrieron con motivo del combo ICE y el estancamiento relativo de la agenda neoliberal dieron lugar a un proceso de recomposición táctica y estratégica de las oligarquías criollas. Pero eso debería ser visto como un proceso complejo, no exento de contradicciones y fracturas, no como un plan perfecto diseñado y dirigido por algún cerebro maestro. La realidad generalmente es poco condescendiente con ese tipo de simplificaciones.

Aparte lo anterior, la mayoría de las veces seguimos discutiendo, en tono quejumbroso más que como un esfuerzo racional de comprensión en profundidad, acerca de los formidables instrumentos de poder de que dispone la oligarquía neoliberal. ¿Por qué seguir reiterándose alrededor de lo obvio? Sabemos que es así. Mejor fuera analizar a fondo cómo funcionan esos mecanismos de poder y cuáles contradicciones y debilidades tienen. Ello es indispensable si queremos enfrentarlos con alguna posibilidad de éxito.

En todo caso, lo realmente esencial es recuperar lo mejor de nuestras experiencias del pasado. Fundamentalmente una: el poder de la organización ciudadana. Si en algún momento existió la posibilidad -y sin duda esta fue muy real- de que el no al TLC triunfara, fue gracias a la organización de la gente y su movilización a nivel nacional.

También sabemos que la experiencia del TLC no puede ser extrapolada simplistamente a los procesos electorales. Pero ello tan solo debería motivar la búsqueda de alternativas que establezcan el puente necesario. En todo caso, no creo que ese puente pueda ser creado al margen de los partidos. Estos deben fungir como instrumento articulador, de forma que las iniciativas autónomas de la ciudadanía confluyan alrededor de un proyecto compartido de alcance nacional. Pero esto también demanda, por parte de la ciudadanía organizada, un acercamiento más crítico y menos emocional a los partidos, vale decir, ello supone reconocerlos como interlocutores legítimos y actores necesarios, pero teniendo claro -y denunciando cuando así se requiera- los vicios o limitaciones de que pudieran adolecer.


2. El papel del PAC


Si admitimos, pues, que los grandes problemas colectivos en una sociedad compleja como la de Costa Rica no pueden ser resueltos exclusivamente desde organizaciones ciudadanas autónomas, reconoceremos, también, que necesitamos de los partidos y que, por lo tanto, como he dicho, deberíamos acercarnos a estos con espíritu de diálogo crítico y propositivo.

En ese contexto, el papel del PAC resulta crucial. Los resultados de esta última elección dejaron en claro dos cosas: que la oposición al neoliberalismo casi no tiene presencia electoral sin ese partido, pero que, al mismo tiempo, el PAC no pasa de ser una fuerza de segundo orden si no cuenta con el apoyo de una amplia alianza que atraiga a los demás -aunque pequeños- partidos de oposición, pero, sobre todo, que atraiga -mejor dicho que contenga y se sustente- en las fuerzas ciudadanas organizadas.

En síntesis eso es lo que nos dice los resultados obtenidos: no solo el lejano segundo lugar de Ottón Solís, sino los tremendamente insuficientes 12 diputados y diputadas del PAC. Este es mucho más grande y con mucha mayor capacidad de convocatoria que cualquier otro partido de oposición al neoliberalismo, pero es un partidito de segundo orden frente al PLN y, sobre todo, frente al conglomerado de los partidos neoliberales.

La sola presencia parlamentaria y electoral del PAC no basta -así nos lo demuestra, con contundencia, la experiencia disponible- para convocar a todas las fuerzas políticas y ciudadanas opuestas al neoliberalismo. Para ello se requiere abrir amplios espacios de diálogo con las otras pequeñas fuerzas políticas y, en especial, con todo el contingente de la ciudadanía organizada. Se requiere, en resumen, que el PAC ejerza, a nivel nacional, un liderazgo de nuevo tipo.

Me sospecho que esto implica hablar de una especie de refundación del PAC, en particular una profunda reestructuración de sus liderazgos internos y de sus líneas políticas dominantes. Ignoro si el PAC tendrá la capacidad para llevar adelante un cambio de tal envergadura. Sin embargo, lo que hoy día creo observar me indica que si el PAC no logra dar este paso, será muy, pero muy difícil que Costa Rica logre salir, en un plazo razonable, de esta ya larguísima oscuridad neoliberal que padecemos.


3. Un proyecto progresista


Retomo un concepto que propuse en un artículo anterior, conforme al cual hablo de progresismo para referirme a ese vasto, pluralista y heterogéneo conglomerado de expresiones sociales y políticas que se oponen al neoliberalismo. Ello incluye a gente y organizaciones que se consideran de centro, como otras de centro izquierda e izquierda. En el plano político-partidario, los dos principales referentes son el PAC -que oscila alrededor del centro político- y el Frente Amplio (FA) a la izquierda. Existen opciones a la izquierda de este último, las cuales, sin embargo, son renuentes al diálogo.

Esa es la realidad con la que contamos. En general, no parecen existir hoy día, ni para un futuro previsible, condiciones para un proyecto de izquierdas, si por tal entendemos el que representa el FA. Al decir esto último dejo de lado mis preferencias personales. Me refiero tan solo a lo que creo observar en la realidad socio-política actual. E, igualmente, y siempre sobre la base de tal observación, llego a la conclusión de que tan solo una propuesta progresista -no propiamente de izquierdas- resultaría viable como proyecto de oposición al neoliberalismo para los próximos años.

Retomo aquí ideas que formulé en algunos artículos anteriores, para proponer que ese proyecto progresista posiblemente tendrá en la agenda patriótica su eje articulador, visto que esta es como al modo de un hilo dorado que, con variantes de segundo orden, recorre prácticamente todas las expresiones del progresismo nacional. Otras agendas -la de transformación económica, la ambiental, la republicana y la de cambio socio-cultural- seguramente deberán ser objeto de procesos de debate más amplios. Al final, y de prevalecer un mínimo de generosidad y sensatez, debería tenerse un programa progresista que probablemente no satisfacerá plenamente a nadie, pero que si debería satisfacer suficientemente a todos y todas como para dar base a una amplia alianza político-partidaria y cívico-ciudadana. En general, y por lo que nos indica la experiencia acumulada, debería quedar situada en una suerte de centro izquierda.

No será lo que yo ambicionaría -una propuesta de radicalización de la democracia- pero si la única salida viable, decente y humana, ante la barbarie neoliberal.


Fuente Tribuna Democrática

Caricatura Boligán


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1984

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Por Luis Paulino Vargas Solís


El golpe de Estado en Honduras ha reeditado, de formas nuevas, una realidad siniestra que se creía superada –la del golpismo y la barbarie militar- como también ha traído de vuelta un fantasma que suponíamos desaparecido de forma definitiva: el de la guerra fría.


- La dictadura maquillada de neolengua orwelliana


Con la asonada militar, retorna también al primer plano el fascismo en su versión latinoamericanizada; tan asesino, violento e intransigente como históricamente lo conocemos. Solo que ahora –varios decenios después- se trajea de forma insospechada. Es un golpismo maquillado de democracia.

Así lo vemos en Honduras, donde con cinismo inigualable, el congreso y los tribunales (y el cardenal) legitiman como democrático algo que, de forma perfectamente clara, tan solo constituye un vulgar golpe militar.

Por doquier hay bayonetas, tanques y represión. Se cierran o, como mínimo, se hostilizan e intimidan a todos los medios alternativos de comunicación. Hay estado de sitio, se suspenden las garantías constitucionales. Se realizan detenciones masivas; a la gente se le aplican palizas en media calle. Incluso hay personas muertas.

Nada de lo anterior, sin embargo, impide que se hable de “democracia”.
Así lo hacen –sin inmutarse ni titubear- las autoridades de facto. Y, como sabemos, es algo a lo que se prestan –afanosos por legitimarlo- medios de comunicación e ideólogos de la derecha fascista.

De paso, proliferan las acusaciones contra Zelaya con lo cual tan solo se reafirma el trastoque siniestro de los conceptos. En su mayoría tiene que ver con lo que Zelaya “quería hacer”, no con lo que hizo. Y, encima, se le derroca en vez de juzgarlo. Como mínimo esto constituiría una muy dictatorial forma de reinventar (orwellianamente) la democracia.

Ese es el mundo que vivimos bajo el imperio global del capitalismo neoliberal, especulativo, financiarizado y supremamente corrupto. O sea, Orwell resultó ser un profeta certero en su novela 1984. Es un mundo donde esclavitud es libertad; fealdad es belleza; corrupción y estafa son honradez. No extrañe entonces que en Honduras la dictadura sea democracia. También es democracia el asesinato de niños, perpetrado por Estados Unidos en Iraq. Pero es que, tratándose de discursos políticos, justo eso hace la derecha y ello, centralmente, la identifica: su capacidad para secuestras conceptos propios de las izquierdas, vaciarlos de contenido y convertirlos exactamente en su contrario.

Tal es, en fin, síntoma y signo de la decadencia generalizada del capitalismo a escala mundial. Porque un sistema donde los conceptos se transmutan en su opuesto, es un proyecto de sociedad donde no tan solo desaparecen los límites entre lo justo y lo injusto; entre la opresión y la libertad; entre la belleza y la fealdad. Es también un proyecto donde igualmente se difuminan las diferencias entre vida y muerte. Pero llegado a este punto ese sistema deviene totalmente inviable. Tan solo le queda un camino: el de la agudización de la crisis y la descomposición.


- Un fantasma que retorna


Son ideas supremamente ridículas y chabacanas. Y, sin embargo, parecen que se las toman en serio. Me refiero a la interpretación de las derechas latinoamericanas en relación con los procesos socio-políticos que se han venido escenificando en América Latina y, en particular, en relación con el significado que atribuyen al golpe en Honduras.

Poco más o menos es así:

a) En América Latina han proliferado unos cuantos locos. Por supuesto, Chávez es el loco mayor (para la derecha latinoamericana, “loco” viene a ser una poderosa y novísima categoría sociológica).

b) Además de locos, estos tipos son comunistas (sic).

c) Estos locos-comunistas han urdido una siniestra conspiración para dominar el continente y “destruir la democracia” (más neolengua).

d) Los locos-comunistas han creado un eje del mal: Nicaragua-Cuba-Venezuela-Ecuador-Bolivia.

e) Este eje del mal estaba atrapando entre sus garras a Honduras, contando con la complicidad del loco-comunista Zelaya.

O sea, estamos ante el renacer de la guerra fría a escala latinoamericana. No importa que sea un planteamiento maniqueo y obtuso. Importa la lógica política subyacente, la cual permite justificar cualquier atropello.

Ello queda claro en el caso hondureño. Ante este escenario terrorífico tan solo quedaba el golpe de Estado. Lo habían intentado en Venezuela, Ecuador y Bolivia. Pero ahí se han desarrollado tejidos sociales y espacios de poder alternativos que, hasta el momento, han abortado los intentos golpistas. Está claro, sin embargo, que Honduras constituía un eslabón débil. Por ello, ahí sí logran el cometido: botan a Zelaya y, en bien de la democracia (de nuevo Orwell), imponen el reino del terror, todo lo cual es posible gracias a que, en efecto, Zelaya no tenía la base de poder suficiente, necesaria para sostener un proyecto favorable a los intereses del pueblo hondureño.

Lo que vemos es, muy a las claras, la imposición de la racionalidad política característica de una derecha neoliberal, oligárquica y fascista. Ello se hace manifiesto de formas diversas: en su discurso orwelliano (la dictadura es democracia); en el desenfado con que, en nombre de la democracia (el neolenguaje), reprimen, agreden, violentan, acallan; en el cinismo con que defienden los intereses de los más ricos diciendo que con ello favorecen a los más pobres (más Orwell).

Esa racionalidad también se hace manifiesta en estas teorías políticas que elaboran para justificar su proceder. La obsesión por el dinero, el poder, la ostentación y el lujo tiene su precio. Y este precio se paga en la forma de un oscurecimiento de la inteligencia. Entonces los vemos diciendo las cosas más burdas y soeces. Total, es por completo innecesario razonar con seriedad y un mínimo de fundamentación, si usted tiene a la CNN (o, para el caso costarricense, a Repretel, La Nación o Columbia) como altavoces que amplifiquen las cuatro incoherencias que usted dice.



Fuente Nuestro País

Foto Reuters


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Un escudo insuficiente frente a la crisis

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Por Juan Manuel Villasuso


Ya era hora! Han pasado diez meses desde que el Presidente habló por primera vez de las vacas flacas. Nada se hizo. Este gobierno es el último de América Latina en formular una propuesta frente a la crisis. Todos los demás están aplicado medidas concretas desde hace rato.

Ahora desde Zapote se anuncia el Plan Escudo. Escudo: protección y defensa. ¿Lanzas y espadas: lucha y combate? No las veo.

Escudo social. El gobierno busca proteger y defender a los grupos de menores ingresos y a los desempleados: aumento de pensiones, becas, seguros, Avancemos, loncheras, capacitación. Eso está bien. También pretende amparar las ganancias de los sectores empresariales con la depreciación acelerada, menos impuesto sobre la renta. Eso también es aceptable, especialmente para las pequeñas y medianas empresas, aunque sus efectos no son inmediatos.

Escudo para el gobierno: (a) medidas asistenciales para los mas débiles; resguardar los indicadores de pobreza y desigualdad, aunque aumente el desempleo; y mantener el apoyo de las bases populares; (b) beneficios fiscales a los empresarios; evitar que las utilidades, mas importantes que las ventas, se reduzcan; y salvaguardar el financiamiento para la campaña electoral.

Escudo mediático. Estamos preparados para enfrentar la crisis. Gran gobierno. Las cosas se han hecho bien. Hemos sido previsores y responsables pero los problemas nos llegaron de afuera. No nos culpen.

Falso. La solvencia fiscal no alcanza y hoy somos mas vulnerables que hace tres años cuando se inició esta Administración.

Nuestra economía es ahora más abierta, más expuesta a los choques externos y con menos instrumentos para enfrentar los ciclos de los mercados globales. Somos mas dependientes de las exportaciones, el turismo y la inversión extranjera.

Nuestra balanza comercial es ahora mas vulnerable, con un déficit sin precedente, que representa mas del 60% de las exportaciones y el 9% del PIB; y tiende a aumentar de manera alarmante en los próximos meses.

Nuestro régimen cambiario es ahora mas volátil, inestable y manipulable por los especuladores. Eso produce mayor incertidumbre y riesgo para todos. El tipo de cambio fluctúa de manera impredecible y el Banco Central amplia la banda. Cadexco ha pedido volver a las minidevaluaciones.

¿Y dónde están las lanzas y las espadas para luchar contra la crisis, para reactivar la demanda y reanimar la producción? ¿Los empréstitos externos? Llegaran retrasados y este gobierno solo podrá ejecutar el 10%, según el Presidente. Necesarios pero insuficientes y tardíos. Debieron gestionarse hace mucho.

La reducción selectiva de las tasas de interés, dirán algunos. Nueva forma de hacer política monetaria discriminatoria desde los bancos comerciales del Estado y no desde el Banco Central. Podrá aliviar a los actuales deudores, pero ¿quién solicitará nuevo financiamiento si los ingresos están en riesgo, el consumo contraído y la demanda efectiva decayendo?.

Plan de emergencia del gobierno. Escudo postergado, sin lanzas ni espadas. Insuficiente y diferida inversión pública, carencia de estímulos tributarios para los consumidores de menores ingresos, poca imaginación para crear empleos, y cero cambio en la política macroeconómica. Ojalá pueda mejorarse.

Pero el plan también encierra algo muy peligroso y nocivo. Se escuda en la crisis para impulsar un viejo afán de los fanáticos del mercado: la flexibilidad laboral. Resabio del Consenso de Washington que deteriora la seguridad social y precariza el trabajo. Eso no se vale.


Fuente Diario Extra
Suplemento Página Abierta

Caricatura El Roto


El énfasis es nuestro



Más:

El plan escudo, Luis Paulino Vargas Solís

Un escudo de papel, Alvaro Montero Mejía






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¿Un movimiento social políticamente inmaduro?

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Por Luis Paulino Vargas Solís

¿Qué fue de aquel vigoroso movimiento social que enfrentó, con convicción, coraje y esplendida creatividad, la lucha contra el TLC? Creo que sigue vivo, pero en estado de relativa latencia y arrastrado en un proceso de pérdida paulatina de su energía política

¿Qué fue -por otra parte- de la unidad de ese movimiento, de su capacidad para articularse y moverse en una sola dirección sin renunciar jamás, y antes bien reivindicando y potenciando, su enorme diversidad? He ahí el asunto clave. El movimiento parece haberse dispersado y escindido. Ello imposibilita que retome la fuerza que tuvo hasta octubre de 2007. Si antes lo diverso unificado fue matriz generadora de una enorme fuerza política, hoy lo diverso fragmentado es fuente de debilitamiento.

Claro que la derrota en el irregular referendo tuvo un efecto de retraimiento y desmotivación. Pero un movimiento políticamente maduro tendría capacidad para levantarse y reiniciar el camino. Una año y tanto después, no damos signos de poder lograrlo.

Conforme pasa el tiempo y la división persiste, más se ahondan los efectos disolventes. El riquísimo bagaje de educación política y organización ciudadana acumulado a lo largo de la lucha contra el TLC, podría reaparecer en el futuro si se dan las condiciones propicias. Pero entonces deberá recorrerse de nuevo, al menos en parte, caminos que ya habíamos andado. Reconstruir la unidad perdida exigirá entonces una inversión importante de energía política. Entretanto, continuará el reinado nefasto del neoliberalismo.

Propongo aquí algunas ideas para caracterizar las formas de manifestación del problema. En un artículo posterior ensayaré una posible explicación. Recalco que estas son hipótesis preliminares que tan solo buscan propiciar un debate urgente.


1) Un concepto estrecho de lo político


Esto se manifiesta en sectores del movimiento que ven lo político como restringido a los partidos, los políticos, los procesos eleccionarios y las típicas reyertas politiqueras. Se pierde de vista, o quizá no se comprende que, en el mejor de los casos, eso tan solo es una parte de lo político.

En realidad, lo político tiene que ver con los asuntos de la colectividad, es decir, con aquello que, en mayor o menor grado, nos afecta a todos y todas. Las decisiones correspondientes podrían ser tomadas por un grupo muy pequeño de gente -en el extremo por una sola persona- o podrían ser el resultado de procesos participativos amplios. Por lo demás, es preciso entender que lo político existe porque la sociedad existe. O sea, lo político se hace inevitable justamente porque somos seres sociales y nuestra existencia no es concebible si no es en sociedad. Puestas así las cosas, queda claro que la lucha contra el TLC fue, en el pleno sentido de la palabra, una lucha política.

Después del referendo, sectores del movimiento han tendido a asumir una actitud anti-política cuya manifestación más clara es el rechazo indiscriminado a los partidos y los políticos.
No se trata de taparle las vergüenzas a nadie ni de disimular tantas barbaridades que hemos presenciado. Pero también tenemos que entender que la realidad es compleja y que, por ello mismo, no se reduce a formas polares simples.

Nada es solamente blanco y negro; bueno y malo. En cambio, la realidad es diversa y matizada; admiten múltiples variantes y evoluciones. Comprender esto puede ayudar a entender que los distintos partidos y políticos difieren entre sí en grados más a menos significativos y que dentro de esa complejidad, no necesariamente todo mundo es corrupto ni malintencionado. Sin la menor duda, bregar con una realidad compleja exige reconocer que, en efecto, es una realidad compleja.

Por lo demás no deberíamos temer el hacer política. Durante la lucha contra el TLC -y en especial en la fase del referendo- se hicieron aportes extraordinarios que, en muchos sentidos, implicaban reinventar la política. Retomar ese camino de ampliación y profundización democrática implica volver a meternos en política. Y hacerlo como lo hicimos hasta octubre de 2007: de pie, con decisión, sin complejos.


2) Una mala comprensión de lo que significa la criticidad


La gente que enfrentó el TLC es, sin duda, gente crítica. Gracias a ello logró desprenderse de las ataduras ideológicas que se le quiso imponer recurriendo a una campaña masiva de adoctrinamiento e intimidación, en la cual concurrieron los poderes económicos, políticos y mediáticos. Esa criticidad aporta un tremendo potencial de cambio y una gran fuerza creativa y de renovación democrática.

Sin embargo, con alguna frecuencia se incurre en un error que, en términos aproximados, consiste en confundir criticidad con obligación de disentir. Es como si se considerara necesario escudriñar cada cosa que se dice o se hace en búsqueda de algún defecto o error que justifique el desacuerdo. Esto dificulta avanzar e impide gestar alianzas.

En cambio, me parece, criticidad comporta también autocrítica y, en consecuencia, reconocimiento de las propias limitaciones y, entonces, humildad y generosidad. A su vez, ello necesariamente conduce a reconocer lo positivo en lo que la otra gente propone y a enfrentar, con honesto afán de diálogo respetuoso, aquello con lo que se está en desacuerdo.

Por lo demás, creo evidente que sin estos elementos subjetivos, éticos y actitudinales no será posible la unidad del movimiento social.


3) La lucha política como una receta


Sectores del movimiento han acuñado una fórmula que tiene una doble función: traza un camino único y, a la vez, proporciona un arma poderosísima con base en la cual descalificar cualquier otra propuesta o programa de acción. La fórmula es simple y maniquea: nada se resuelve ni ninguna lucha se gana si no es mediante la protesta callejera.

Esto reitera un error que comenté anteriormente: se percibe el mundo en un juego polar simplista e irreductible de blanco-negro y bueno-malo. En cambio, aceptar que la realidad es compleja, implica admitir que las luchas sociales se despliegan de formas muy diversas. A veces, la calle será insustituible. Pero esa es una vía muy calificada que exige condiciones particulares. Muchas otras veces hay que recurrir a otras opciones de lucha. No entender esto podría convertirnos en autómatas que reaccionamos mecánicamente. Entre otros problemas, esto dificulta tremendamente establecer alianzas, ni a corto ni a largo plazo, cosa que debilita y dispersa.

Un aspecto particular donde este problema se visibiliza es la valoración que algunos sectores hacen de lo electoral. Recurren a una fórmula mecanicista que ve lo electoral atrapado de forma inevitable por las oligarquías, como si fuese una especie de maldición divina. Alternativamente uno podría ver lo electoral como un espacio social complejo y dinámico, cuya evolución y resultados no están predeterminados sino que dependen de las luchas de poder que se despliegan a su interior y de la forma como éstas se resuelvan. Sería, pues, un espacio que no debe abandonarse al capricho de las oligarquías neoliberales y que puede y debe ser trabajado a nuestro favor.


4) Electoralismo


Esta es una forma de simplismo equivalente al indicado en el punto anterior pero invertido, como reflejado en un espejo. Se expresa principalmente como la supeditación de toda otra consideración o espacio de lucha a los objetivos electorales. Ello implica, además, una adhesión acrítica al partido y al “líder”. Esto tiene diversas consecuencias. Quizá la peor sea que provoca división en las organizaciones de base. Posiblemente esta es una de las causas principales -acaso la principal- detrás del debilitamiento que han experimentado los comités patrióticos.

Está claro que estos comités incorporan personas que tienen diferentes simpatías o filiaciones partidarias o que no tienen ninguna. Resulta entonces comprensible que no asuman una bandera específica. Pero, en cambio, si pueden convertirse en promotores de la unidad del movimiento social, en general, y de los partidos, en particular. Esto respetaría la diversidad a su interior y aportaría un mecanismos mediante el cual conjuntar y sintetizar las diversas posiciones, al hacerlas confluir en un objetivo común: trabajar por la unidad.

Si alternativamente se opta por sacar a los comités patrióticos de toda implicación en lo electoral, se estaría eligiendo una vía que, implícitamente ,implica debilitar su rol político. Los comités patrióticos serían entonces un club de amigos y amigas o algo así, pero no un instrumento de lucha. Y todo esto, lamentablemente, en función de un electoralismo simplista, que subordina la acción ciudadana autónoma a las lealtades partidistas.


5) De “líderes”, vanidades y ambiciones


Primero que nada, dejo en claro que no creo que sea censurable que una persona aspire a un determinado puesto político -incluso la presidencia- ni creo que eso haga que nadie sea corrupto o maligno. Sin embargo, sí he sostenido que una convicción patriótica genuina debería conducir a que las ambiciones personales queden subordinadas a objetivos superiores y, en todo caso, pospuestas para un mejor momento.

Y esto significa principalmente una cosa: primero debería estar la consolidación de una fuerza social unitaria en capacidad de derrotar el neoliberalismo y emprender la construcción de un nuevo proyecto nacional, y después las aspiraciones que, legítimamente, cada quien tenga.

En general, me parece que esa convicción patriótica ha estado ausente. Tiende a prevalecer la ambición por sobre la unidad patriótica, ciudadana y política. Sea esto dicho con respeto pero con franqueza, y ojalá que, al menos, tengan la madurez para no enojarse porque uno lo diga.

En el fondo, me parece, esto refleja el peso tremendo que, incluso en los partidos antineoliberales y pretendidamente alternativos, sigue teniendo la política según los cánones tradicionales que, en su época de dominio, impusiera el unipartidismo bicéfalo del PLUSC.

Así, quienes tenían el potencial de liderar democráticamente el proceso de construcción de la unidad, han terminado liderando el proceso destructivo de la dispersión y fragmentación. Vemos así dirigentes que, en algunas cosas -pero, lamentablemente, cosas muy importantes- actúan como siempre actuaron los dirigentes del PLUSC. Anteponen sus ambiciones a objetivos patrióticos superiores y creen ser quienes salvarán a este país, sin necesitar para ello de un movimiento ciudadano vigoroso y crítico que, enriquezca y de sostén y fuerza a los procesos de cambio que necesitamos.

En un segundo artículo propondré algunas ideas para tratar de entender qué hay detrás de estos fenómenos de dispersión y desacuerdo.


Fuente Tribuna Democrática

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Inseguridad: ¿una estrategia para el control de la población?

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Por Luis Paulino Vargas Solís


Camaritas en avenida central o en las inmediaciones de la Universidad de Costa Rica.
Desde la radio una conocida periodista casi se desgañita: que los autos que circulan después de cierta hora en la noche -cualquiera sea el auto de que se trate- sean detenidos por la policía y requisados en busca de armas o cualquier otra cosa sospechosa.

Ante la cámara televisiva, un padre adolorido y furioso clama por venganza y, nuevamente desde la radio, se llama a estar vigilantes: cada movimiento “anormal” en el barrio debe ser vigilado y reportado. Podríamos alargar la lista al infinito.

Y ante todo esto me pregunto: ¿a quién realmente se quiere vigilar y controlar? ¿A los delincuentes y criminales o la población misma? Más aún ¿de la seguridad de quién estamos hablando? ¿La de la gente o la de quienes tienen el poder y los privilegios y buscan afanosamente impedir que nadie desafíe sus excesos, su avaricia y corruptela?


1) La privatización de la seguridad


Por supuesto que hay un problema de inseguridad en proceso de agravamiento. Esto es perfectamente obvio.

Otros detalles -casi tan evidentes como el anterior- son convenientemente olvidados. En particular uno: la operación de privatización de la seguridad que se ha aplicado por los últimos 25 años. El lema famoso de “la seguridad es asunto de todos” ya lo sintetizaba con eficacia. Se ha querido descargar al Estado de proveer seguridad y se ha buscado trasladar la responsabilidad a organizaciones civiles, empresas privadas y comunidades ¿Todavía alguien querría discutir que eso es parte del nefasto paquete de políticas neoliberales?

La privatización ha implicado debilitamiento de la seguridad.
Primer punto a favor del crimen y la delincuencia. Pero también ha implicado proliferaciones de “empresas de seguridad”, mal reguladas y supervisadas. Como consecuencia, pulula la gente armada con ínfulas militaroides. No quiero ser mal pensado, pero ¿cuántos delincuentes habrán recibido “formación” en estas empresas?


2) Las raíces sociales de la violencia

Ahora bien ¿la privatización de la seguridad es la causa del problema? Sospecho que es un agravante, pero no la razón fundamental. Esta última probablemente radica en el sistema social mismo. No tanto la pobreza como sobre todo la desigualdad social. Y no tanto la desigualdad como, particularmente, las condiciones de frustración y desesperanza en que se vive esa desigualdad, así como el contexto ferozmente competitivo y consumista que alimenta esa frustración y desesperanza hasta convertirlas en aguda patología.

Si lo que el proyecto neoliberal pretendía era engendrar una sociedad inhóspita y violenta, habría que aplaudirle la eficacia del trabajo realizado. La violencia ha sido inoculada a profundidad en las arterias del cuerpo social y, desde ahí, emerge, aquí y allá, al modo de supuraciones purulentas.

Uno podría recurrir a algunos ejemplos que lo ilustren. Mencionaré uno:. Daniel es un niño que conozco. Tiene ocho años y no asiste a la escuela. Su madre vive “arrimada” a la casa de un hermano y es trabajadora del sexo. Daniel y sus dos hermanitas duermen en un cuartucho gélido y tuguriento. Al padre jamás lo ven. El dinero que la madre obtiene lo entrega, íntegro, a su amante, un tipo vicioso y vividor. El niño y sus dos hermanas simplemente vienen y van…despreciados, olvidados, ignorados ¿Qué futuro les espera? ¿Es que estos pequeños tienen algo que agradecerle a esta sociedad que los trata como desecho?

Claro que su madre y padre son irresponsables
y, por lo tanto, culpables. Pero, a su vez, ¿qué oportunidades educativas, de crecimiento y realización personal han tenido a lo largo de su vida? El círculo vicioso se vuelve entonces infernal: generaciones enteras de hombres y mujeres que hoy son adultos jóvenes, han crecido en la frustración y la desesperanza y, a su vez, están haciendo crecer nuevas generaciones, a las cuales la sociedad las desahucia, ya desde la niñez, incluso de forma más cruel y violenta que a sus progenitores.

Ese es terreno fértil para la delincuencia.
No el único, pero sí uno muy importante y, sobre, muy pródigo. Mas tengamos claro que, en general, el sistema funciona como una maquinaria bien aceitada que estimula la violencia y el crimen.

Piense usted, ¿Qué hace que una persona sea valorada y ensalzada? No sus atributos artísticos o intelectuales; no su nobleza, desprendimiento y generosidad. La riqueza material ha devenido criterio fundamental: usted es lo que tiene. Punto. Lo demás son románticas estupideces. Desde luego que esto es un excelente incentivo para la criminalidad. Tanto la criminalidad elegante -la que roba y mata desde despachos alfombrados y por vías frecuentemente legales (por ejemplo, el robo y la estafa urdidos por los especuladores financieros)- como también la criminalidad y delincuencia callejeras.


3) La droga


He aquí el paroxismo de la exaltación del dinero y la ambición, metas tan apreciadas por el neoliberalismo. Pero -usted va a perdonar- el problema no es tanto la droga como la ilegalidad de la droga. El abuso de la droga mata. Y lo hace aunque sea ilegal. Lo mismo ocurre con el alcohol o el cigarrillo, aún siendo legales.

La ilegalidad de la droga no resuelve un problema -la adicción- cuyos orígenes son otros y nada tiene que ver con que una droga sea legal o ilegal. En cambio, la ilegalidad de la droga genera otros problemas gravísimos. Primero, el crimen organizado. Segundo, el despilfarro de millones y millones que sostienen un aparato policíaco-militar supuestamente destinado a controlar el tráfico de la droga. Tercero -que es, a fin de cuentas, lo peor del cuento- la salvaje espiral de violencia a que esto da lugar.

Así las cosas, los capos de la droga siguen en los suyo, matando gente y acumulando fortunas. Y la industria armamentista de plácemes proveyendo armas -con notable sentido de la equidad- tanto a quienes combaten la droga como a quienes la trafican. Y el mundo entero lanzado de cabeza en una carrera de muerte para la que no existe salida. O, mejor dicho, sí existe una: legalizar la droga.

Con ello se terminan los carteles, las mafias y el tráfico encubierto. Y los gobiernos se quitan de estar despilfarrando millones salidos de los impuestos que la gente paga. Será una mala noticia para los capos de la droga y para los capos de la industria armamentista. Para el resto del mundo será una buena nueva.

Claro, queda pendiente el problema de la adicción
. Pero ése lo tendremos igual, lo mismo si la droga es legal que si no lo es. Y, por cierto, y puesto que párrafos atrás hablábamos de una sociedad que cultiva con esmero la desesperanza y la frustración, ¿cuánto del problema de adicción es atribuible a ese estado de cosas? Probablemente una dosis considerable.


4) El Gran Hermano


El problema de la inseguridad es, pues, un asunto de fondo y mucho más complejo de lo que alguna gente quiere reconocer. Sin duda se necesitan más policías, pero lo cierto es que la cosa no se resuelve ni con cárcel ni con medidas de fuerza. Esto me hace volver adónde empecé.

Al eludir el problema social de fondo y optar por salidas represivas ¿en realidad no se está eligiendo una vía orientada a controlar la población ante que a la delincuencia? Me pregunto: ¿qué porcentaje de asaltos han sido evitados y qué porcentajes de delincuentes han sido apresados, gracias a las camaritas de avenida central o a las instaladas por la UCR? Seguramente ese dato es desconocido pero uno puede suponer que es despreciable.

En realidad las camaritas no controlan la delincuencia sino que vigilan a la gente. A usted y a mí. Igual con esos llamados a requisar autos de forma indiscriminada después de las 11 de la noche o las recomendaciones de “vigilar” cada movimiento en el barrio ¿Estamos en proceso de construcción de un estado policíaco vestido con ropajes de democracia?

El caso es que no solo nos tienen vigilados sino que, además, quieren que nos vigilemos los unos a los otros. Y la vigilancia lleva, casi automáticamente, a la delación. O sea: que nos delatemos los unos a los otros.

¿Vigilar y delatar qué? ¿Acaso la reunión de un comité patriótico, la de un grupo de intelectuales sospechosos de izquierdismo o la de un puñado de chicos y chicas universitarias, de campesinos protestones, de sindicalistas malamansados, de ambientalistas revuelca-albóndigas?
Pero no solo ese tipo de cosas; también los amantes furtivos o el vecino “raro” (sobre todo si es gay) o la señora de costumbres no muy católicas.

¿El Gran Hermano orwelliano, incluso en nuestro propio vecindario y con nuestra propia y directa implicación y complicidad? O sea, ¿El Gran Hermano interiorizado en nuestra propia subjetividad?



Fuente Tribuna Democrática

Caricatura El Roto


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Asunto de vida o muerte

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Por Luis Paulino Vargas Solís

Hablemos de propiedad intelectual. En primera instancia, es algo que tiene que ver con cosas intangibles. Por ejemplo una historia en un libro; una película; una canción en un disco. El dueño se supone ser aquella persona que escribió la historia o rodó la película o compuso o interpretó la canción.

Generalmente los verdaderos dueños son las corporaciones editoriales, cinematográficas o disqueras que producen y comercializan el libro, la película o el disco. También la propiedad intelectual se extiende al conocimiento contenido en el software que permite hacer diversas operaciones en una computadora, o el que está presente en una fórmula química utilizada para producir un medicamento.

Hasta aquí, el asunto está relacionado con invenciones o creaciones producto del intelecto o talento humano.

Pero resulta que de un tiempo para acá la propiedad intelectual se viene endureciendo y, entonces, han empezado a patentar cosas que la mente humana descubre pero no crea; por ejemplo, el genoma. Y, por esa vía, el proceso va camino de expropiar, apropiarse y privatizar la vida.

Así, ya no es cosa de ficción el que un particular gen dejé de pertenecer a la persona que lo aportó, y se convierta en propiedad de una empresa de biotecnología que lo “estudió”. Y ni hablar de las semillas, cuya apropiación privada coloca a los pueblos agricultores del mundo a merced de los caprichos de las transnacionales.

Esto tiene su historia. Los primeros acuerdos internacionales en la materia datan de finales del siglo XIX (Convenio de París, 1883; Convenio de Berna, 1886). Luego el proceso avanzó lentamente. Sin embargo, en el período reciente, y más agudamente en los últimos 15 años, la cosa se aceleró espectacularmente.

Un hito importantísimo es el que aportan los acuerdos que fundaron en 1994 la Organización Mundial del Comercio (OMC). Uno de esto es el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio, mejor conocido como ADPIC (o TRIPS en inglés).

Ese impulso que adquiere la tal propiedad intelectual en los últimos decenios está relacionado, sin duda, con los desarrollos recientes del capitalismo a nivel mundial y, en particular, con las características de las nuevas tecnologías.

La copia es inherente a estas tecnologías. Se puede copiar sin límite y prácticamente sin costo. Y, por otra parte, los bienes que se producen tienden a ser, en general, de una naturaleza intangible. O, dicho de otra forma, son bienes informacionales, es decir, constituidos por información (la historia en el libro; la canción en el disco; la película; la fórmula química de la medicina). Lo material es solo un soporte, no el bien mismo. Justo esa naturaleza informacional facilita la copia.

Pero, además, esto se da en un contexto más amplio: el del avance del capitalismo hacia áreas que en el pasado le estaban vedadas. Tal es el hipercapitalismo de que habla Rifkin o, dicho de otra forma, la conversión en mercancía de, literalmente, toda cosa o aspecto imaginable. Incluidas el agua, la biodiversidad, el conocimiento, la cultura…la vida humana.

De tal modo, podemos decir que la propiedad intelectual tiene, al menos, una doble faceta.

  • Primero, es una estrategia destinada a construir monopolios privados alrededor de los bienes informacionales. Se establecen legalmente y bajo tutela del Estado y su finalidad es, sin asomo de duda, garantizar ganancias extraordinarias a favor de las transnacionales.

  • Segundo, es un poderoso instrumento al servicio del proceso de ampliación de la mercantilización, apropiación y privatización de áreas que históricamente han estado en el dominio público o vedadas al capital y la ganancia

Para justificar esto, hablan acerca de la importancia de incentivar la creatividad y la innovación y, además, satanizan la copia. Tan solo diré, dejando los detalles para otro momento, que ambos argumentos son frágiles y están bajo severo cuestionamiento.


Las medicinas

Este es uno de los aspectos que mejor ilustra acerca del carácter retorcido de la propiedad intelectual. En los acuerdos sobre propiedad intelectual de la OMC (los ADPIC, 1994), se estableció que las patentes deberían tener vigencia por 20 años.

Antes de eso, existía en esta materia gran flexibilidad, al punto que, por ejemplo, la ley sobre patentes de Costa Rica (número 6867) en su versión del 25 de abril de 1983, establecía que las medicinas gozarían de patente tan solo por un año. Todavía entonces, la salud importaba más que las ganancias de las corporaciones.

Además los ADPIC contienen regulaciones que limitan la posibilidad de producir medicinas genéricas más baratas. Sin embargo, estos acuerdos introdujeron en su artículo 31 algunas flexibilidades que permitían producirlas, en caso de existir graves situaciones de salud pública que así lo justifiquen. Sin embargo, estas medicinas solo podrían utilizarse en el propio país, sin posibilidades de exportarlas. La reforma a la ley 6867 de enero de 2000, hacía efectivos para Costa Rica tales compromisos, incluyendo lo relativo a la posible producción nacional de fármacos genéricos.

La imposibilidad para exportar e importar medicinas genéricas generó mucha preocupación, especialmente entre países como los africanos al sur del Sahara, urgidos de medicamentos baratos pero carentes de capacidad para producirlos.

Ello motivó la famosa Declaración de Doha, del 14 de noviembre de 2001, cuyo párrafo 6 reconocía la legitimidad del reclamo planteado por esos países muy pobres y, además, encomendaba a la instancia administrativa correspondiente que formulara una solución práctica. Esto llevó al acuerdo del Consejo General de la OMC (30 de agosto de 2003), el cual establecía las reglas para dar aplicabilidad a lo dispuesto por la Declaración de Doha y abría, entonces, la posibilidad de exportar e importar medicamentos genéricos.

Hasta aquí, la cuestión no pinta tan mal. Pero el cuadro se vuelve terrorífico al observar lo que la Asamblea Legislativa de Costa Rica ha aprobado como parte de la llamada agenda de implementación del TLC con Estados Unidos.

Primero, es preciso indicar que jamás se introdujo en nuestra legislación lo dispuesto ni en la Declaración de Doha ni el acuerdo del Consejo General de la OMC que daba operatividad a esa Declaración. Y aunque esto es grave, lo es mucho más el que la reforma de la ley de patentes (la 6867), aprobada en marzo de 2008 ¡abierta y descaradamente tira la Declaración de Doha al canasto de la basura! Así de simple y así de terrible.

Esa reforma legal debilita la vigencia del mecanismo de las licencias obligatorias, y, por lo tanto, pone en riesgo nuestra capacidad para producir medicinas genéricas.

Pero, además, en cuanto a la posibilidad de exportar o importar tales genéricos, lo que se estipula claramente nos devuelve al ADPIC, 14 años atrás ¡Es como si la Declaración de Doha (noviembre 2001) y el acuerdo posterior del Consejo General de la OMC (agosto 2003) jamás hubiesen existido!

Bien que advertimos que TLC traería consigo este tipo de nefastas consecuencias. No olvidemos que, en todo caso, están planteadas reformas que establecerían restricciones aún más severas.

Esto es asunto de vida o muerte, porque de por medio está la salud de la gente. Y, por cierto, es a propósito de normas como estas donde queda claro quien defiende la vida concreta de personas concretas, y quien habla de la vida como una abstracción sin contenido, buena tan solo como recurso demagógico y como maquillaje para sus odios y prejuicios.

Aparte políticos como los Arias, su G-39 y su Sala IV, en esta segunda categoría entra la jerarquía católica, ciertos pastores evangélicos y esa plétora de ONG’s fascistas que hoy se recubren con trajes religiosos.


Fuente Tribuna Democrática

Caricatura TOMY


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¡Qué vaina con la economía!

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Por Luis Paulino Vargas Solís


Veamos algunos numeritos.

• Al 1º de mayo de 2008, el tipo de cambio de referencia del Banco Central (venta) estaba en 497,36 colones por dólar. Tres meses después -el 1º de agosto- había llegado a 556,78. Así, el valor del dólar frente al colón aumentó un 12%.

• En el mes de abril de 2008, las reservas monetarias netas del Banco Central alcanzaron un pico histórico: US$ 4.936,5 millones. Al 1º de agosto habían descendido a US$ 4.096,9 millones. En tan solo tres meses se redujeron un -17%.

• Entre enero y julio de 2007 la inflación acumulada alcanzó un 5,62%. Para el mismo período del presente año el dato salta a 8,83%. El Banco Central dice que para todo el año 2008 el aumento de los precios alcanzará 14%. En realidad, y a como a van las cosas, podría fácilmente sobrepasar el 16-17%.

• Durante el primer semestre de 2008, las exportaciones crecieron tan solo un 6%, muy lejos del 16% registrado en el mismo período del año anterior. Las diferentes cuentas de la balanza de pagos (registro de los intercambios con el resto del mundo) muestran un agudo deterioro. En el primer trimestre de este año, la cuenta corriente casi triplica su déficit del primer trimestre del año anterior. El déficit de la cuenta comercial en el primer semestre más que duplica el dato respectivo para el mismo período de 2007.

• Dos años atrás (2006), el promedio de las tasas de interés activas (que se cobran sobre créditos) se mantenían en los alrededores del 23-24%. Hacia abril-mayo de este año se habían derrumbado hasta 14%. Ahorita han vuelto a estar algo por encima del 16%. Las tasas pasivas promedio (que se pagan sobre ahorros) se desplomaron desde más del 12% en 2006 hasta aproximadamente un 3,5% hacia mayo-junio de este año, aunque ya a inicios de agosto han escalado un punto por encima de ese mínimo ¿Quién va a querer ahorrar en esas condiciones? Endeudarse y gastar parecen ser entonces las alternativas más “aconsejables”.

¿Qué hizo posible que en los años de auge -especialmente el bienio 2006-2007- el colón ganara valor frente al dólar, las tasas de interés se derrumbaran, el crédito y el gasto se dispararan y la economía anduviese a todo vapor? Seguramente hubo una fuerza dominante detrás de todo esto: los inmensos flujos de capital provenientes del extranjero, los cuales alcanzaron, tan solo en el trienio 2005 a 2007, una cifra cercana a los US$ 5.700 millones. Sin embargo, un vistazo a los numeritos mencionados más arriba muestra que la situación se ha modificado. Las vacas flacas ya están aquí.

Recientemente se ha estado discutiendo con acalorado interés acerca de quiénes ganaron con el “salto” que el tipo de cambio experimentó hace unas semanas. Se ha advertido, con plena razón, que estos movimientos tienen carácter especulativo. Justo e indiscutible. Pero la verdad sea dicha con todo respeto, esta es una discusión trivial acerca de un asunto trivial. No hay novedad alguna en que se especule con el tipo de cambio y que algunos tagarotes saquen de ello ganancias sustanciales.

La realidad es que la oligarquía neoliberal ha hecho de Costa Rica un enorme casino donde se especula y apuesta sistemáticamente contra las condiciones de vida del pueblo costarricense. El llamado auge de los años 2006-2007 representó un momento paroxístico en ese perverso devenir económico. La especulación contra el tipo de cambio no debería entonces sorprender a nadie. Ese es el nuevo frente de apuesta que el propio Banco Central promovió mediante su política de bandas cambiarias, el cual se vuelve más atractivo en momentos en que las cuentas externas se deslizan inexorablemente hacia una situación crítica.

Es válido preguntarse acerca de quiénes ganaron con estos abruptos movimientos del tipo de cambio. Válido pero trivial. La misma interrogante es relevante en relación con las muchas otras fuentes de especulación que enferman gravemente la economía costarricense actual.

¿Quién ha ganado con la inversión inmobiliaria fuera de control, con el crecimiento desbocado del crédito y la deuda, con el desborde del gasto de consumo y la explosión de las importaciones? Yo no sé quienes ganaron ni cuánto ganaron. Pero estoy seguro que son muy poquitos los ganadores y muy, muy gordas las cifras de su ganancia.

Y al cabo de esta borrachera especulativa, vamos de retorno hacia la realidad. O, mejor dicho, el pueblo costarricense va de vuelta hacia su triste y cruda realidad. De trasfondo hay una cierta orientación de la economía o, si usted lo prefiere, un cierto modelo de desarrollo. Es el modelo neoliberal, cuyo signo distintivo es básicamente uno: la especulación a gran escala.

Un elemento ideológico central en esta religión del peculio y la avaricia es la dogmática acerca de la irrestricta libertad de movimientos de capitales. Esa es la conexión principal mediante la cual quedamos insertos y subordinados a la globalización financiera, la cual es, en sí misma, un aparato especulativo de alcances planetarios. Y por esa vía nos vimos invadidos durante estos años por ríos de capitales extranjeros que pusieron al rojo vivo las locomotoras del crédito, la construcción, la especulación inmobiliaria, el consumo y las importaciones.

Así se gestó ese llamado auge. De esa forma la economía se recalentó. Algunos especularon y acumularon fortunas. El pueblo, por su parte, se dejó arrastrar por el embrujo consumista que, como ya vemos, ha sido tan solo un espejismo.

Aquellos que especularon con el auge, seguirán especulando con la crisis. No le quepa duda. Y entonces como ahora, lo harán a costillas de la gente, especialmente de la más humilde y pobre. Lo harán con el tipo de cambio o de cualquier otra forma, según mejor les convenga. Y lo seguirán haciendo, al menos hasta tanto no nos decidamos a hacer que, de una buena vez, la tortilla se vuelque.



Fuente Tribuna Democrática

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Caricatura El Roto





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