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Locura militar

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  • Matar por gusto

Por Tom Turnipseed, Counterpunch

Los profesionales exitosos disfrutan de su trabajo. El Gobierno de Obama ha escogido a un guerrero exitoso y feliz, el general del Cuerpo de Marines, James N. Mattis para dirigir el Comando Central de EE.UU. El comando incluye a todas las fuerzas de EE.UU. en Afganistán, Iraq, todo Oriente Próximo y Asia central. Mattis se deleitó al decir que “es divertido matar a cierta gente” y “tened un plan para matar a todo el que encontréis”.

Matar es la clave para el éxito de acciones militares. Matar a suficientes insurgentes posibilita que las fuerzas invasoras y ocupantes de EE.UU. sometan y subyuguen a los sobrevivientes. Los verdaderos vencedores en Oriente Próximo son las corporaciones basadas en EE.UU. que quieren explotar los recursos de países ricos en energía y minerales como Iraq, Afganistán e Irán. Los mercaderes de la guerra corporativos de la industria de la defensa ganan como reyes. Suministran los instrumentos para los asesinatos, los mercenarios contratados y otros materiales, equipos y suministros derrochadores y costosos para nuestras interminables guerras contra el terror.

Mattis tiene un sólido currículo en el negocio del asesinato militar. Fue teniente coronel en la invasión de Iraq por EE.UU. en 1991, dirigió a los marines en la invasión de Iraq en 2003, encabezó el ataque de EE.UU. contra la ciudad iraquí de Faluya en 2004 y ayudó a planear el sitio que destruyó la ciudad y mató a miles de civiles iraquíes. Mattis también comandó las primeras tropas que llegaron a Afganistán en 2001.

Describiendo sus sentimientos sobre la gente en Afganistán, el general Mattis dijo: “…es una tremenda diversión dispararles. En realidad es bastante divertido combatir en su contra, sabéis. Es terriblemente gracioso. Es divertido disparar a alguna gente. Estaré ahí mismo con vosotros. Me encanta la pelea”.

El autor Thomas Ricks escribió que Mattis dijo a sus soldados que: “Sed corteses, sed profesionales, pero tened un plan para matar a todo el que encontréis”.

Según las informaciones Mattis dijo a sus soldados durante la Operación Tormenta del Desierto en Iraq: “Es la misión de cada marine en el batallón que envíe a un iraquí muerto de vuelto a su mamá”.

Tal vez el general del ejército en la Segunda Guerra Mundial George S. Patton, Jr., sea un modelo para Mattis en su glorificación de la locura militar y el placer de matar. Patton dijo: ¡Magnífica! En comparación con la guerra todas las otras formas de esfuerzo humano son reducidas a la insignificancia. ¡Que Dios me ayude, me encanta!” y “Ningún hijueputa ganó una guerra muriendo por su patria, la ganó haciendo que el otro pobre hijueputa muera por la suya”. Patton también dijo: “EE.UU. adora a un vencedor, y no tolera a un perdedor, por eso EE.UU. nunca ha perdido una guerra y nunca la perderá”. Por cierto, eso fue antes de nuestras malhadadas aventuras militares en Corea, Vietnam y Afganistán.

El secretario de defensa Robert Gates calificó a Mattis como “uno de los dirigentes en el combate y pensadores estratégicos más destacados de nuestras fuerzas armadas, y trae consigo una mezcla esencial de experiencia, discernimiento y perspectiva a este importante puesto”. Cuando se le preguntó por la retórica sedienta de sangre de Mattis, Gates hizo caso omiso de una reprimenda oficial contra Mattis y dijo que fue hace cinco años.

En Afganistán, las fuerzas de EE.UU. y de la OTAN siguen aumentando. La cantidad de estadounidenses muertos hasta ahora durante este mes es 23, con 14 muertos la semana pasada. En junio, murieron 102 soldados de las tropas de ocupación, incluidos 60 estadounidenses. 1.149 soldados estadounidenses han muerto en la guerra en Afganistán, y una cantidad innumerable de civiles afganos. No hacemos recuentos de víctimas del “enemigo” porque, como dijo el secretario de defensa Rumsfeld, “la muerte tiene una tendencia a alentar una visión deprimente de la guerra”.

Nuestra crisis económica está directamente vinculada al coste de la guerra. Cuesta un millón de dólares por año mantener a un solo soldado en Afganistán. El presupuesto 2010 del Pentágono es de 693.000 millones de dólares, lo que sobrepasa todos los demás programas de gastos discrecionales combinados –mientras nuestro déficit aumenta vertiginosamente-. Necesitamos desesperadamente dinero para crear puestos de trabajo ecológicos, reconstruir nuestra infraestructura que se desmorona y mejorar la educación.

El presidente Obama reemplazó al general McChrystal por el general Petraeus como general comandante de las fuerzas de EE.UU. y de la OTAN en Afganistán. McChrystal había hecho observaciones despectivas sobre Obama y la conducción de la guerra por su Gobierno. Petraeus era jefe del Comando Central y será reemplazado por Mattis. Obama dijo: “La guerra es algo más grande que cualquier hombre o mujer, sea soldado raso, general o presidente”.

La guerra en Afganistán es una gran perdedora. El cambio de las tumbonas para incluir a otro militar demente que piensa que “es divertido matar” no impedirá que se hunda como el Titanic. Sólo el fin de la guerra salvará a Obama.

Un reciente sondeo de ABC / Washington Post estableció que la gente piensa que la guerra no vale la pena, por un margen de 53 a 44. Un sondeo de NBC/Wall Street Journal dijo que un 62% del pueblo estadounidense dice que el país va en la dirección equivocada y que la tasa de aprobación de Obama es de 45%, con una desaprobación de 48%.

El presidente Obama fue el político más exitoso en EE.UU. que pareció encantado de ser elegido al máximo puesto en el país. El cumplimiento de su promesa de paz, esperanza y cambio habría sido exitoso. Sin embargo si no concluye la locura militar de matar por diversión se convertirá en un perdedor en 2012 y condenará a la ruina a su partido en noviembre.


Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens.


Fuente Rebelión

Original en inglés aquí



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Un millón de millones de dólares para la guerra

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Gasto militar mundial



  • Reexaminando los hábitos de gasto del Pentágono


Por Frida Berrigan, Counterpunch

¿Qué es un billón?(1). Una cifra enorme, sin duda. La mejor explicación que he encontrado para esta cifra alucinante es la que proporciona el autor de libros infantiles David Schwartz: "Un millón de segundos vienen a ser unos 11 días y medio. Mil millones de segundos son 32 años. Y un billón de segundos son 32.000 años".

¿Qué es un billón de dólares? ¿Qué se puede comprar con semejante suma?

Rethink Afganistán(2) —el intento de Robert Greenwald para ayudarnos a entender la guerra contra el terror, sus costos y consecuencias— dispone de una nueva aplicación de Facebook pensada para desglosar con exactitud todo lo que se puede conseguir con un billón de dólares.

Es un ejercicio divertido (en la medida en que puede serlo la guerra contra el terror en Internet) y muy esclarecedor.

Una ronda del juego nos permitió gastar 999.500 millones dólares para lo siguiente:
- Contratar durante un año a todos los trabajadores en Afganistán (930 millones de dólares);

- Pagar la limpieza del derrame de petróleo del Golfo a los precios del 28 de mayo (930 millones de dólares);


- Construir 4 millones de viviendas asequibles (516 millones de dólares); - Proporcionar atención médica a un promedio de 4 millones de personas durante un año (13.600 millones de dólares);

- Proporcionar atención sanitaria a 5 millones de niños durante un año (11.500 millones de dólares)


- Contratar a 5 millones de profesores de música y arte durante un año (292.500 millones de dólares).

- Financiar Centros de Servicios Sociales para tres millones de niños durante un año (21.900 millones de dólares);

- Generar energía renovable para 1 millón de viviendas durante un año (969,3 millones de dólares);

- Contratar a 2 millones de maestros de enseñanza primaria durante un año (122.200 millones de dólares);


- Proporcionar becas universitarias de un año a 1 millón de estudiantes (7.900 millones de dólares).


... Y nos sobran 516,5 millones dólares (mucho más de lo que necesito para pagar mi préstamo para estudios).

Un billón de dólares es también lo que Estados Unidos ha gastado desde 2001 en operaciones militares en Irak y Afganistán. Y se calcula que antes de que esas guerras hayan terminado se habrán añadido 800.000 millones de dólares más a la factura.


LOS INEXISTENTES DIVIDENDOS DE LA PAZ

Si usted está esperando a que la paz rinda dividendos a medida que las fuerzas estadounidenses se vayan retirando de Irak, puede seguir esperando un rato. Mientras que los costos de la guerra de Irak se han ido reduciendo, los costos de la guerra en Afganistán han ido aumentando. Los costos financieros, el número de tropas y el número de bajas en Afganistán son cada vez mayores. Este año fiscal (AF 2010) por primera vez se está asignando más dinero a Afganistán que a Irak.

Desde 2003 las operaciones militares en Irak han absorbido el grueso del dinero destinado para la guerra: tres o cuatro veces más dinero que el destinado a la guerra de Afganistán. Pero en 2009 esa brecha se redujo drásticamente.

Ahora, en 2010, vamos a gastar un 10% más en Afganistán que en Irak, y la diferencia de gasto será aún mayor cuando los 33.000 millones de dólares suplementarios aprobados para pagar los refuerzos de tropas para Afganistán se añadan a los 72.900 millones de dólares asignados inicialmente. Además, para el 2011 la Administración estadounidense está solicitando 110.300 millones de dólares para operaciones militares en Afganistán y 43.400 millones dólares para operaciones militares en Irak.

Otra forma de pensar en los costos de la guerra es computándolos por persona: ¿cuánto cuesta desplegar a cada soldado? El Centro de Estudios Estratégicos y Evaluación Presupuestaria afirma que "el costo anual por soldado desde el año fiscal 2005 ha sido de un promedio de 1,186 millones de dólares en Afganistán y 0,685 millones de dólares en Irak, en términos constantes del año fiscal 2011". Esa es otra razón por la cual, a medida que la guerra de Irak va perdiendo fuelle —al ritmo que fuere— lo más probable es que el ahorro sea absorbido por los crecientes gastos de las operaciones militares en Afganistán.

Otra forma de pensar en los costos de la guerra es en términos de horas, minutos y segundos. Laicie Olsen, del Centro de Control de Armas y No Proliferación, ha hecho los cálculos: "En 2010, el aumento de tropas en Afganistán va a costar 2.500 millones dólares por mes, 82 millones de dólares por día, 3.400 millones de dólares por hora, 57.000 dólares por minuto, y 951 dólares por segundo". Y eso solamente se refiere a los 33.000 millones de dólares aprobados para pagar el aumento de tropas, no a los 171.000 millones de dólares que estamos gastando en las dos guerras.

En resumen, si queremos que la paz nos rinda dividendos vamos a tener que encontrar alguna manera de salir de Irak y Afganistán.


LA INEFICACIA DE LOS FONDOS


Hay nuevas pruebas que sugieren que los miles de millones que se están gastando actualmente en Afganistán no son particularmente eficaces. Un informe reciente del Inspector General Especial para la Reconstrucción de Afganistán critica la forma en que el Pentágono ha estado evaluando los progresos obtenidos en el adiestramiento del ejército afgano. Lo más revelador del informe es que, según sus cifras, tras gastar 27.000 millones dólares en entrenar a las fuerzas de seguridad afganas, ni siquiera las unidades mejor entrenadas son capaces todavía de operar de forma independiente (es decir, que necesitan el apoyo de las tropas de EEUU para operar en zonas de combate). Según la reseña del informe que hace el diario New York Times, en el documento se recogen además "datos sobre uso indebido de drogas, altos índices de deserción, corrupción y analfabetismo entre las fuerzas de seguridad afganas".

En cuanto a la ayuda económica de EEUU a Afganistán, se han identificado problemas similares. En respuesta a una investigación realizada por el Washington Post según la cual los funcionarios afganos han bloqueado sistemáticamente investigaciones de corrupción a personas relacionadas con el ámbito político, el congresista Nita Lowey (D-NY) ha amenazado con bloquear una nueva partida de ayuda de 3.900 millones dólares hasta que "tenga la certeza de que el dinero del contribuyente estadounidense no está siendo empleado fraudulentamente para llenar los bolsillos de los funcionarios corruptos del gobierno afgano, de los señores de la droga y de los terroristas".

Así pues, los costos de la guerra y los gastos de los preparativos de guerra siguen aumentando, incluso en medio de la prolongada recesión económica y de una profunda ansiedad por el futuro. Se necesitan nuevas ideas y nuevas perspectivas para equilibrar un sistema profundamente disfuncional.

Mientras tanto, el presupuesto base del Pentágono —sin contar las guerras de Irak y Afganistán— sigue aumentando. De los más de 700.000 millones de dólares de gasto militar en 2011, aproximadamente 550.000 millones de dólares están destinados al presupuesto "ordinario" del Pentágono.

En resumen, el presupuesto de gastos ordinarios del Pentágono es más de tres veces superior a la cantidad que se está gastando en sus guerras. Por ello, existe un amplio margen para reducir el presupuesto ordinario del Pentágono incluso manteniendo en sus altos niveles actuales los costos de Afganistán e Irak.

Un nuevo informe muestra cómo podría hacerse.
Deuda, déficits y defensa: un paso adelante es un documento elaborado por la Fuerza de Choque de Defensa Sostenible donde se muestra cómo el Pentágono puede contribuir significativamente a reducir el déficit sin dejar de avanzar en las metas de seguridad nacional.

El informe presenta las opciones existentes para reducir el presupuesto del Pentágono, ahorrando casi un billón de dólares durante la próxima década.

Los recortes sugeridos incluyen un ahorro de más de 113.000 millones de dólares que se obtiene reduciendo el arsenal nuclear de EEUU a un total de 1.050 ojivas desplegadas en 450 misiles terrestres y en siete submarinos de la clase Ohio; un ahorro de más de 200.000 millones de dólares conseguido al reducir la presencia militar rutinaria de EEUU en Europa y Asia a 100.000 efectivos y al reducir el contingente total de personal militar uniformado a 1,3 millones de efectivos; y un ahorro de más de 138.000 millones de dólares obtenible sustituyendo los costosos e inutilizables sistemas de armas por alternativas más prácticas y menos costosas. Algunos de los sistemas de armamento a reemplazar serían las aeronaves de combate F-35, el MV-22 Osprey, y el Vehículo Expedicionario de Combate.

Y la lista continúa.

Deuda, déficits y defensa no es el único compendio de buenas ideas sobre cómo reducir el gasto militar. Sin embargo, echando otro vistazo a la lista de cosas que podríamos comprar con un billón de dólares si no los estuviéramos gastando en guerras en el extranjero, ese documento es un buen punto de partida para iniciar esta tarea tanto tiempo demorada.



NOTAS:

(1) El vocablo del inglés americano “trillion”, que es el que el autor utiliza en este artículo, se presta a equívocos dado que su sentido varía no solo en castellano sino también en inglés británico. Las equivalencias correctas, indispensables para comprender correctamente este texto, son las siguientes:

1 billion (inglés americano) = 1.000 millones (castellano)

1 trillion (inglés americano) = 1 billón / un millón de millones (castellano)

(2) http://rethinkafghanistan.com/


Traducido para Rebelión por LB.


Fuente Rebelión


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La munición radioactiva lanzada sobre Oriente Próximo puede cobrarse más vidas que en Hiroshima y Nagasaki

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Por Sherwood Ross*

Con toda la munición radioactiva que Estados Unidos, Reino Unido e Israel han lanzado sobre Oriente Próximo puede estarse incubando un holocausto nuclear a largo plazo que resultará más mortífero que el bombardeo atómico estadounidense sobre Japón.

“Se ha arrojado tanta munición conteniendo uranio empobrecido”, afirma Leuren Moret, una de las mayores autoridades científicas en materia nuclear, que “el futuro genético de la mayoría de la población iraquí puede considerarse ya destruido”.

“Desde 1991, se ha venido lanzando armamento con uranio empobrecido en cantidades tales que se ha llegado a superar en más de diez veces la suma de la radiación liberada durante una prueba nuclear (de bombas nucleares)”, escribe Moret, incluida la munición radioactiva disparada por las tropas israelíes en Palestina.

Moret es una científica estadounidense independiente que anteriormente estuvo trabajando durante cinco años para el Lawrence Berkeley National Laboratory y también para el Lawrence Livermore National Laboratoy, ambos en California.

Arthur Bernklau, miembro de Veteranos por una Ley Constitucional, añade: “El efecto a largo plazo del uranio empobrecido es una virtual sentencia de muerte. Iraq se ha convertido en un páramo tóxico. Todo el que viva o pase por allí se expone a contraer cáncer y leucemia. En Iraq, la tasa de bebés nacidos con mutaciones genéticas está totalmente fuera de control”.

Moret, Comisionada para Medio Ambiente en Berkeley, California, y antigua presidenta de la Asociación de Mujeres Geocientíficas, dice: “Por cada defecto genético que contemplamos hoy en día, aparecerán miles más en futuras generaciones”. Y añade: “El medio ambiente (de Iraq) es ya completamente radioactivo”.

La Dra. Helen Caldicott, una prominente luchadora antinuclear, ha escrito: “Gran parte del uranio empobrecido ha caído en ciudades como Bagdad, donde la mitad de su población, cinco millones, son niños que jugaron con los tanques calcinados y con la tierra arenosa y polvorienta”.

“Los niños son entre diez y veinte veces más sensibles a los efectos carcinógenos de la radiación que los adultos”, escribió Caldicott. “Mis colegas pediatras en Basora, donde esa artillería fue utilizada en 1991, informan de un aumento, multiplicado por siete, de los casos de cánceres infantiles y de graves anormalidades genéticas”, relató en su libro “Nuclear Power is not the Answer” (The New Press).

Caldicott va más allá diciendo que las dos Guerras del Golfo “han sido guerras nucleares porque han esparcido material nuclear por toda la tierra, y las personas –especialmente los niños- están condenados a morir básicamente de neoplasias y enfermedades congénitas de aquí a la eternidad”.

Debido a la inmensamente larga vida media del Uranio-238, uno de los elementos radiactivos contenidos en los proyectiles disparados, “los alimentos, el aire y el agua están contaminados para siempre”, explicó Caldicott.

El uranio es un metal pesado que penetra en el cuerpo inhalado por los pulmones o a través de la ingestión por el tracto gastrointestinal. Si se excreta por el riñón, y la dosis es suficientemente alta, puede provocar fallos renales o cáncer de riñón. También se aloja en los huesos, donde causa cáncer de huesos y leucemia, y si se excreta en el semen, donde se mutan los genes en el esperma, provoca nacimientos con deformidades.

La contaminación nuclear se está extendiendo por todo el planeta, añade Caldicott, pero las mayores concentraciones están en las regiones que se sitúan dentro de un radio de mil seiscientos kilómetros de Bagdad y Afganistán.

Los países que presentan mayor contaminación son el norte de la India, el sur de Rusia, Turquía, Egipto, Arabia Saudí, Tibet, Pakistán, Kuwait, los Emiratos del Golfo y Jordania. “A partir de la devastación radioactiva desatada en Iraq y siguiendo la dirección del viento, Israel está sufriendo también un gran aumento de cáncer de mama, leucemia y diabetes infantil”, afirma Moret.

Doug Rokke, en otra época alto oficial del ejército estadounidense encargado de la limpieza del uranio empobrecido y ahora militante contra dicho elemento, ha declarado que los tanques israelíes dispararon proyectiles radiactivos durante la invasión del Líbano del pasado año.

Las fuerzas estadounidenses y de la OTAN también utilizaron munición con uranio empobrecido en Kosovo. Rokke ha dicho que está muy enfermo a causa de los efectos del uranio empobrecido y que algunos miembros del equipo que le acompañaban en las labores de limpieza han fallecido ya por esa causa.

Como consecuencia de los bombardeos con uranio empobrecido, Caldicott escribe: “Se ha informado de bebés con malformaciones nacidos de civiles contaminados en Iraq, Yugoslavia y Afganistán y la incidencia y la gravedad de los defectos va aumentando según transcurre el tiempo”.

Se ha informado también de síntomas aparecidos entre los bebés nacidos de personal del ejército estadounidense que combatió en las Guerras del Golfo. Una investigación llevada a cabo por la Administración de Veteranos de Mississipi con 251 soldados de la Guerra del Golfo halló que el 67% de los niños nacidos de ellos sufrían de “enfermedades graves y deformaciones”. Algunos habían nacido sin cerebro u órganos vitales o sin brazos o sin manos o con las manos unidas a los hombros.

Aunque los oficiales estadounidenses niegan que la munición de uranio empobrecido sea peligrosa, es un hecho que los Veteranos de la Guerra del Golfo fueron los primeros estadounidenses que lucharon en una batalla radioactiva y, al parecer, sus niños han sido los primeros en manifestar deformidades espantosas.

Los soldados supervivientes que habían sido alcanzados por munición radioactiva, así como los que la dispararon, están cayendo enfermos, a menudo mostrando síntomas de enfermedades radioactivas. De los 700.000 veteranos estadounidenses de la I Guerra del Golfo, más de 240.000 padecen incapacidad médica permanente y 11.000 han muerto, según informes publicados.

Esas cifras suponen una mortalidad impresionante como consecuencia de un corto conflicto durante el que murieron en el campo de batalla menos de 400 soldados estadounidenses.

Desde luego, “las municiones con uranio empobrecido fueron y siguen siendo un factor causante del Síndrome de la Guerra del Golfo (GWS, en sus siglas en inglés)”, escribe Francis Boyle, importante experto estadounidense en derecho internacional en su libro “Biowarfare and Terrorism”, de Clarity Press Inc.

“El Pentágono continúa rechazando que haya un fenómeno médico clasificado como GWS, hasta el punto en que todo el mundo sabe que esa negativa es pura propaganda y labor de desinformación”, escribe Boyle.

Boyle sostiene: “El Pentágono nunca confesará las consecuencias criminales, políticas, delictivas, económicas y legales de admitir la existencia de GWS. Por eso, los veteranos estadounidenses y británicos de la I Guerra del Golfo, así como los hijos que hayan concebido después, continuarán sufriendo y muriendo.

Lo mismo les pasará a los veteranos estadounidenses y británicos de la II Guerra del Golfo de Bush Jr y a los hijos que puedan tener”.Boyle dijo que el uso del uranio empobrecido está prohibido por la Convención de Ginebra de 1925, que prohíbe el uso de gas venenoso.

Chalmers Johnson, presidente del Instituto de Investigación Política de Japón, escribe en su “The Sorrows of Empire” (Henry Holt and Co.) que, dadas las cantidades anormales de cánceres infantiles y deformidades aparecidos tanto en Iraq como en Kosovo, las evidencias señalan un papel determinante del uranio empobrecido”.

“El ejército, al insistir en su uso”, añade Johnson, “está despreciando deliberadamente una Resolución de Naciones Unidas de 1996 que clasifica la munición con uranio empobrecido como arma ilegal de destrucción masiva”.

Moret llama al uranio empobrecido “el caballo de Troya de la guerra nuclear”. Lo describe como “el arma que no para nunca de matar”. En efecto, la vida media del Uranio-238 es de 4,5 mil millones de años, y cuando se descompone engendra otros sub-productos radioactivos mortíferos.

Al parecer, la lluvia radioactiva del uranio empobrecido puede llegar muy lejos y de forma muy extendida. Tras el bombardeo inicial de Iraq por EEUU en 2003, las partículas de uranio empobrecido viajaron casi cuatro mil kilómetros hasta alcanzar el Reino Unido en una semana, donde la radiación atmosférica se cuadriplicó. Pero es en Oriente Próximo, sobre todo en Iraq, donde se ha vertido la mayor parte de la basura radioactiva.

En los primeros años de la década de 1990, la Autoridad para la Energía Atómica del Reino Unido advirtió que cincuenta toneladas de polvo proveniente de las explosiones de uranio empobrecido podrían cobrarse medio millón de vidas para el año 2000 a través del cáncer.

No ya cincuenta toneladas, sino una cifra de dos mil toneladas radioactivas se han lanzado en Oriente Próximo, lo que sugiere la posibilidad de que, con el transcurrir del tiempo, nos encontremos con cifras mucho más altas de víctimas mortales.

El Dr. Keith Baverstock, un asesor en radioactividad de la Organización Mundial de la Salud, informó a los medios que el clima árido de Iraq incrementaba las posibilidades de exposición a esas partículas diminutas cuando el viento las esparciera por doquier y fueran inhaladas por la población civil en los años venideros.

Los civiles muertos desde agosto de 1945, a causa de las bombas atómicas lanzadas contra Hiroshima y Nagasaki alcanzaron las cifras de 140.000 y 80.000, respectivamente. Sin embargo, se prevé que, a largo plazo, las muertes por enfermedades radiactivas se cobren las vidas de otros 100.000 civiles japoneses.


*Escritor independiente que vive en Miami, Florida, dedicado a a estudiar cuestiones políticas y militares. Ross ha trabajado como reportero para el Chicago Daily News y en varias agencias de noticias y publica con frecuencia en revistas nacionales de su país.


Este artículo se publicó el 22 de noviembre de 2007.


Fuente Ecoportal.net

Para leerlo en inglés aquí


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