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Aguas en Guanacaste, sus causes y destinos

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Por Juan Félix Castro Soto

En Guanacaste las aguas no fluyen hacia sus destinos naturales, sus trayectorias están siendo artificialmente reorientadas. Desterradas del abrigo de la naturaleza, las aguas discurren solitarias atravesando acueductos, represas, canales de riego y embalses. Los ríos no se conocen con otros ríos ni se llegan a encontrar con los anchísimos brazos de las olas del mar. Los arroyos dejan de escuchar el bullicio de los animales silvestres y las plantas nativas. Tampoco ahora las aguas esculpen las piedras mientras se purifican. La materialización de las ideas del “progreso” y el “desarrollo” han modificado profundamente el carácter vital del agua que es entendido como un producto más del gran almacén de la naturaleza cuyos recursos permanecen a la venta expuestos en sus aparadores.

Desde mediados de la década de los 80, cuando se impulsa el turismo a todo ímpetu, la naturaleza se ha venido arrinconando. Al turismo le sigue casi de forma inmediata las plantaciones de monocultivos, como la caña de azúcar, las maderas foráneas y las meloneras, mientras tanto la amenaza de la piña se comienza a poner en evidencia.

Los caminos de la inversión son diversos y múltiples y en Guanacaste han abierto tres grandes heridas, monocultivos, turismo y bienes inmuebles. En la sangre que corre por estas heridas fluye también el sudor de los guanacastecos que ponen el mayor esfuerzo y reciben pésimos salarios y beneficios insignificantes, si es que los reciben. El despojo de la riqueza, de la carga de identidad y el robo de territorio a las comunidades persisten como un rastro inadvertido que va dejando el monstruo quimérico del llamado “desarrollo” que remolca a la provincia.

Los murmullos del agua, que corría de forma natural en comunión con la naturaleza, hoy por hoy, en Guanacaste, se han convertido en gemidos de súplica ante la maquinaria del mercado global, que con cada proyecto cambia concreto y tecnología espuria por recursos naturales.

Senara y AyA, administran el agua amparados en los mismos valores con que trabajan las grandes empresas a las que benefician. Las quejas y manifestaciones que puedan surgir de las comunidades son avasalladas con el discurso técnico-científico, el cual surge de investigaciones en las que el sesgo se deja ver a partir del abordaje aislado del fenómeno que se está investigando.

En la medida en que la empresa se torna más invasiva Senara y AyA se alejan en proporción similar de sus funciones de origen y se transforman en entidades ejecutivas que justifican técnicamente la entrega del agua a las grandes inversiones. De forma pasiva y acrítica los funcionarios de dichas instituciones aceptan la atribución de testaferros que el gobierno les endilga siguiendo las directrices del mercado. A excepción, claro está, de unos pocos que por levantar su voz se convierten en objeto de etiquetas y en presas de persecución.

Los guanacastecos logran ver los problemas relacionados con la extracción y distribución demencial del agua, no obstante suprimen una disonancia cognitiva, mediante la aceptación de una paradoja, “si tenemos que escoger entre trabajo y agua optamos por el trabajo”. Como si fuera posible vivir sin agua, pero con trabajo. Mirando con preocupación los destinos del agua, saben que los usos y las cantidades utilizadas por las grandes empresas turísticas y agroindustriales conducen a algo mucho menos que agradable, pero el sabotaje a iniciativas de desarrollo local y la invisibilización de proyectos autónomos propios de la zona les ha hecho pensar que la única posibilidad de empleo reside en la megaempresa. Sobre la base de esta estrategia redujeron hasta el hambre las oportunidades laborales.

“Agua para Guanacaste” se llama el proyecto apocalíptico que se impulsa desde el gobierno central para acorralar y terminar de enfermar la naturaleza. La magnitud de su impacto no solo anida en las características del proyecto como tal sino en la posibilidad que ofrece de abrir aún más, las tres heridas citadas, hasta poner en peligro de muerte el cuerpo sufriente de la provincia guanacasteca. La producción de biocombustibles, la ampliación de los monocultivos que ya existen y la consolidación de un turismo de élite esperan con el puño cerrado para asestar la estocada final a todo asomo de iniciativa de desarrollo local y comunitario.


Fuente: Diario Extra
Suplemento Página Abierta


Nota relacionada:

Ministra de Agricultura quiere eliminar potestades del SENARA sobre agua. Diario Digital Nuestro País.


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Hidrogeología, SENARA y Crucitas

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Por Allan Astorga Gättgens*

La hidrogeología es la disciplina de la geología que estudia las aguas subterráneas que se almacenan y se movilizan en las rocas del subsuelo. Cuando estas acumulaciones hídricas aportan agua por medio de manantiales o pozos se denominan acuíferos. Puede afirmarse que los acuíferos son grandes reservas de agua subterránea, que como tales, son de gran importancia para el desarrollo humano. Conforme más extenso es el acuífero, más importancia y valor estratégico tiene.

En la zona norte de San Carlos, debajo de donde se va a localizar el Proyecto Crucitas, se presentan dos acuíferos, el superior y el inferior. El primero se encuentra alrededores de 7 metros bajo el suelo y es de poca extensión, por lo que se dice que es un acuífero local. El segundo se encuentra a cerca de 50 metros de profundidad, es de mayor extensión, por lo que se ha llamado acuífero regional. Este acuífero tiene además, bajo Crucitas, una característica especial, es surgente, es decir que el agua sube a presión en un pozo, sin necesidad de usar una bomba para su extracción. Ambos acuíferos, bajo Crucitas, tienen limitaciones de calidad, el superior por ser ácido y el inferior por tener más hierro de la cuenta. Esta característica, sin embargo, no los hace despreciables, tan solo implica que en caso de querer utilizarse el agua debería ser tratada para neutralizarse esa característica de “contaminación natural y local” que tienen.

El desarrollo del Proyecto Crucitas impactará directamente ambos acuíferos. Así lo ha reconocido la empresa Infinito. El acuífero superior, bajo la mina, dado que se encuentra muy cerca de la superficie, será impactado de diversas formas, por efectos directos en los tajos, por contaminación debida a la actividad minera, por el uso de combustibles y por la misma laguna de relaves, etc. El acuífero inferior, el regional, como está confinado, es decir, protegido por capas de rocas impermeables, en principio no puede ser afectado por las sustancias contaminantes que se infiltran en el suelo, pero sí va a ser impactado, dado que en la excavación del tajo la minera lo interceptará, ya que los tajos previstos tendrán hasta 67 metros de profundidad. Será un “lago de aguas interceptadas”, el Lago del Tajo Fortuna, por donde los contaminantes (sustancias químicas) podrán ingresar al acuífero inferior. Durante la explotación, la salida de agua en el piso del tajo será espontánea y en gran cantidad. Tanto que la minera tendrá que extraer el agua para poder seguir explotando la roca con oro del fondo del tajo. Este hecho tiene un impacto más allá del área de la mina, en el subsuelo, ya que provocará que el nivel freático regional del acuífero descienda.

Faltante de estudio. Es claro que el impacto del proyecto minero Crucitas será importante, aunque se quiera minimizar. Es un impacto ambiental que debió ser evaluado con detalle por medio de un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) completo y coherente por parte de la SETENA y de la sociedad en general, durante el proceso de revisión. Proceso que no se dio porque la minera no presentó un EIA como el exige el Código de Minería y la Ley del Ambiente, con el cambio de diseño y con el incremento del volumen a explotar de 8 a 22 millones de toneladas. Este hecho, que fue alegado en la Sala Constitucional, se “subsanó”, según consideraron cinco magistrados de dicha Sala, durante el proceso judicial, mediante el “aval” que supuestamente SENARA dio, en un tiempo muy corto, al informe técnico hidrogeológico que presentó la minera.

La consulta al SENARA, y en particular a su Dirección de Investigación y Gestión Hídrica, donde se encuentran los hidrogeólogos de esa institución está claramente normada desde el año 2007, por medio de un Reglamento para regular la prestación de servicios en materia de aguas subterráneas (Acuerdo No. 3342 de la Junta Directiva de SENARA, publicado en La Gaceta No. 6 del 9 de enero). Ese Reglamento señala como parte de los servicios que da SENARA: b) la “elaboración de dictámenes técnicos detallados a las instituciones públicas como la SETENA, Dirección de Geología y Minas, Dirección de Hidrocarburos y otros, de los proyectos productivos o constructivos que se tramitan ante las instituciones del Estado para efectos de su aprobación y que por un potencial riesgo a la contaminación de los mantos acuíferos se requiere de la realización de estudios especiales en materia hidrogeológica. Se emitirá un criterio en función de los estudios especiales que aporte el interesado y la información disponible en SENARA sobre las condiciones en las cuales el proyecto se pretende llevar a cabo. Lo términos de los estudios dependen del tipo o carácter de la actividad a evaluar”.

Esta Dirección el 3 de diciembre del 2008, por medio del oficio ASUB – 543 - 08, referente al recurso de amparo sobre Crucitas, concluye que la información técnica aportada por la minera es local o puntual y, además, indica que el SENARA no cuenta “con información que permita definir las zonas de recarga y descarga y el impacto de la actividad minera a los mantos acuíferos y las aguas superficiales”, por lo que indica que “se requiere de la elaboración de estudios hidrogeológicos detallados para la valoración de los impactos de la actividad minera puede generar sobre los mantos acuíferos”, para lo que requiere de un tiempo estimado de 10 a 12 meses en su ejecución.

Dicho estudio técnico no ha sido realizado, ni por el SENARA, por ni por ningún otro profesional en hidrogeología. Esto, claro está, es a todas luces diferente a los reportes preliminares que emitió dicha Dirección a la información local y puntal que aportaron los estudios pagados por la minera bajo el sitio del proyecto Crucitas y que se han interpretado como un “aval” técnico del SENARA a la minera.

Asunto central. Este accionar, como se puede concluir, no resolvió el asunto central de todo esto, que es determinar el alcance de los daños ambientales que producirá la mina en los acuíferos, y si sus consecuencias son más costosas que los beneficios que produce. Es claro que al no realizarse un análisis regional de los efectos en el acuífero inferior, cuya extensión, según datos de pozos en poder del mismo SENARA, algunos de ellos de abastecimiento público, parece cubrir una gran parte de la zona norte del país e incluso extenderse hacia Nicaragua; dicha duda permanece y, por tanto, existe la necesidad de que se resuelva con la realización de los estudios técnicos detallados y amplios que debieron haberse hecho como parte del EIA que no se hizo.

La duda persiste, y es una muy importante, dado que se estaría poniendo en peligro un recurso natural estratégico muy relevante para el país y que incluso podría tener consecuencias internacionales, en caso de que se demuestre que es un acuífero regional de tipo internacional ("acuífero transfronterizo" según la nomenclatura de las Naciones Unidas, la cual ya tiene aprobado un anteproyecto de convención respecto al "Derecho aplicable a los acuíferos transfronterizos", aprobado por la Asamblea General de la ONU en enero del 2009). La duda debe ser aclarada, con el debido criterio científico e imparcial, antes de que se tome cualquier decisión sobre la minera en Crucitas.

*Geólogo, profesor UCR, exsecretario general de la SETENA.



Fuente Diario Extra
Suplemento Página Abierta

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Chinchilla continúa política ambiental de los Arias en el SENARA

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Retornó gerente de SENARA para investigar a funcionario transparente

Abrir un Órgano Director para investigar a Miguel Ramírez, funcionario del SENARA que denunció la falta de estudios de la entidad sobre el caso de la minería a cielo abierto en Crucitas, fue la primera decisión que tomó Bernal Soto, tras ser nombrado nuevamente como gerente general.

El lunes anterior Soto llegó nuevamente a la Gerencia General del Servicio Nacional de Aguas Subterráneas, Riego y Avenamiento (SENARA), y la primera decisión que tomó al mando de la Junta Directiva fue investigar al funcionario Ramírez.

Soto había concluido su labor en la entidad al finalizar la administración Arias Sánchez, pero fue nombrado de nuevo en su antiguo puesto, del que salió cuestionado y no respondió preguntas de este y otros medios de prensa.

Ramírez denunció en diversos medios de comunicación que los técnicos de SENARA no habían avalado ni respaldado un estudio hidrogeológico de la transnacional canadiense Industrias Infinito Gold, como lo hizo ver Soto a la Sala Constitucional y a la prensa.

Además, la versión de Ramírez fue respaldada por el personal técnico, encargado de realizar los estudios hidrogeológicos, quienes habían pedido recursos y un plazo de varios meses para realizarlos, pero no fueron autorizados por la gerencia general ni por la Junta Directiva del SENARA.

Trabajadores de la entidad dijeron a este medio que temen represalias contra Ramírez, así como contra profesionales y otros técnicos que laboran en la institución.

Ramírez había denunciado que la Gerencia validó el estudio hidrogeológico de la Infinito Gold, tras hacer varias preguntas sobre dicho documento a un técnico al que le dio 24 horas para responderlas.

Ramírez desmintió, la última semana de abril, al Gerente de SENARA y las declaraciones que dio durante la vista celebrada en noviembre del 2009 ante la Sala IV.

El funcionario enfatizó que no existe ningún estudio técnico a la fecha, que avale el proyecto minero en Crucitas por parte de SENARA.

Dijo que el Gerente de la institución, Bernal Soto Zúñiga, indujo a la Sala IV en error al considerar que una nota interna de la institución avalaba el proyecto.

"He revisado a conciencia los 21 tomos del expediente de Crucitas en la Sala IV. Lo he hecho personalmente porque me pareció que lo que dijo la señora Ana Virginia Calzada en Canal 7 debía de reposar sobre algún estudio técnico de SENARA cuando ella dice "SETENA Y SENARA dieron su aval al proyecto". No encontré en ningún folio un estudio técnico de funcionarios de SENARA o un estudio de campo con datos que avalen el proyecto minero de Crucitas", sostiene Ramírez.

Antes de que Soto abandonara su puesto de Gerente de SENARA, Diario Digital elpais.cr hizo públicos varios cuestionamientos que hoy le repetimos al retornar a su empleo:

1. ¿De dónde provienen las preguntas hechas por el Gerente de SENARA al hidrogeólogo Roberto Ramírez el 12 de febrero del 2009?

2. ¿Cómo se justifica que se dé un plazo menor a 24 horas para responderlas?

3. Por qué estas preguntas o dudas no fueron debidamente canalizadas ante la Dirección de Investigación y gestión Hídrica (DIGH) de SENARA, como corresponde?

4. ¿Por qué se solicitó a un solo funcionario de SENARA evacuar esas dudas, y no a los profesionales que trabajan en esa Dirección?

5. ¿Por qué apenas recibido, este informe es inmediatamente reenviado al MINAET con una carta del Gerente de SENARA "validando" el proyecto?

Nuestros lectores esperan las respectivas respuestas.


Fuente Nuestro País

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