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Perros pitbul de labios pintados

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Por Anacristina Rossi

Es la frase que usó Sarah Palin, candidata a vicepresidenta republicana, para describir a las madres de familia como ella: verdaderas pitbul, defensoras de traba de los valores más conservadores y machistas de Estados Unidos: la cacería, las armas, la guerra, el fundamentalismo religioso.

Soy feminista. Creo que a las mujeres se nos debe dar el mismo estatus humano de autonomía que a los hombres. Aún no lo tenemos.

Pero no soy esencialista: no creo que las mujeres, por el sólo hecho de ser mujeres, sean mejores que los hombres. Hay algo cierto e innegable: en occidente vivimos en una sociedad patriarcal cuyos valores –el afán de lucro, la codicia, la agresividad, la guerra- fueron establecidos por los hombres.

Las mujeres estuvimos totalmente al margen de la esfera pública hasta bien entrado el siglo XX. ¡Antes de 1950 en la mayoría de los países las mujeres ni siquiera podían votar! Por lo tanto las mujeres tenemos razón si nos sentimos poco identificadas con el mundo actual y sus desastres.

Sin embargo, hombres y mujeres somos construcciones sociales y si bien las mujeres NO creamos los valores dominantes de occidente, nos hemos sometido a ellos durante milenios. Las mujeres hemos sido y somos usadas por los hombres, a la fuerza o por las buenas, para sostener su mundo.

Por eso –presidentas, primeras ministras- en nuestros países las mujeres sólo pueden llegar al máximo cargo sometiéndose al poder de los hombres. No conozco un solo país en la historia del mundo –salvo Islandia- en que una mujer haya llegado a presidenta o primera ministra con valores distintos a los del establishment masculino. Salvo el caso muy particular de Islandia, ninguna mujer logra alcanzar el poder con valores propios, con esa diferencia que sólo las mujeres, por haber estado excluidas, podemos aportar.

Por eso la frase de Sarah Palin es tan cierta. Ella será el pitbul defensor de McCain y de los valores que McCain representa. Como Violeta Chamorro defendió los valores de los nicaragüenses que la pusieron allí. O como la Bachelet defiende los valores de mercado de la concertación.

¿Y qué me dicen de Margarita Thatcher? Antes de ella, la sociedad inglesa era poco consumista, tolerante, con valores espirituales como la libertad interior y la solidaridad. La Thatcher solucionó muchos problemas económicos al precio de convertir Inglaterra en una sociedad despiadada, donde sólo el dinero tiene valor. Un año más del “pitbull de hierro”- perdón, de la “dama de hierro”- y desaparece totalmente el seguro social inglés.

Así que cuando en este país nos presenten a una candidata mujer, busquemos quiénes la llevaron allí y sabremos cuáles son los valores qué realmente defenderá, abierta o solapadamente, lo acepte o lo niegue. Probablemente los mismos que han defendido a mordiscos las diputadas del PLN en la Asamblea Legislativa.


Fuente Diario Extra
Suplemento Página Abierta

Foto: Sarah Palin en su oficina.


El énfasis es nuestro


Más: La contradicción llamada Palin Por Montserrat Sagot





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Cinismo inigualable de Kevin Casas

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Por Montserrat Sagot*

En un artículo publicado recientemente en Epoch Times, el ex vicepresidente renunciante Kevin Casas se queja de la “baja calidad” del debate que se dio en Costa Rica en torno a la aprobación del TLC. Es de suponer que desde las alturas de la Brookings Institution de Washington, DC., donde Casas se encuentra refugiado después de que los Arias prescindieron de sus servicios, todo lo que pasó y pasa en Costa Rica debe verse como muy pedestre y de segunda categoría.

El contexto también debe favorecer el desprecio de Kevin Casas por las cosas mundanas del país. Valga recordar que la Brookings Institution es uno de los centros de pensamiento más influyentes de los Estados Unidos, famosa por su apoyo a las iniciativas de desregulación y a la política exterior de Bush, aunque trate de mantener una apariencia de centro-izquierda.

Es probable también que desde Chevy Chase, Rosslyn o Bethesda –no me imagino a Kevin Casas viviendo en Mount Pleasant St., calle donde históricamente se han concentrado los inmigrantes de Centroamérica- los argumentos contra el TLC presentados por las universidades públicas, los sindicatos, los grupos ecologistas, de campesinos o de mujeres parezcan como de muy baja calidad.

Lo que no dice Kevin Casas es que él, personalmente, con la elaboración del memorando del miedo, contribuyó de forma sustantiva a que en Costa Rica no se pudiera dar un debate profundo y de frente sobre los impactos del TLC. Por el contrario, la estrategia del memorando era saturar a la ciudadanía con mentiras, generar miedo y acallar, a toda costa, la discusión seria sobre el tema.

Sin embargo, con un cinismo inigualable, Casas se queja en su artículo de la falta de discusión democrática en el proceso de firma de los acuerdos de libre comercio, porque, según él, toda la “arquitectura del libre comercio internacional está llena de dobles estándares e hipocresía.” Para llegar a tan ilustrada conclusión, Casas no tendría que haber ido a Oxford ni estar haciendo tiempo en Brookings. Su propia participación en el proceso del referendo debió de brindarle suficiente evidencia empírica para eso.

Pero lo más sorprendente del artículo, más allá de su cinismo y del desprecio por los actores sociales que intentaron dar un debate de fondo en Costa Rica, son los argumentos de Casas de por qué existe incomodidad en el mundo en relación con el libre comercio. Y aquí empieza lo realmente bueno.

Utilizando ideas que parecen robadas del NO, Casas esboza una serie de puntos que, según él, crean las condiciones de rechazo al libre comercio. En primer lugar, plantea que el intercambio comercial solo es verdaderamente libre en aquellos sectores en los que los países desarrollados tienen ventajas comparativas aplastantes.

Por eso razón, dice, no hay libre intercambio en la agricultura. Como gran descubrimiento, nos aporta que el mundo desarrollado subsidia a sus agricultores por $500 billones al año, lo que pone en desventaja a los productores de los países en desarrollo. Como diría Watson, el personaje de la novela de Conan Doyle: ¿En serio, Sherlock?!

Otro punto levantado por Casas es que el libre comercio acarrea una especie de “culpa por asociación” al ser una de las recomendaciones del llamado Consenso de Washington, que también propuso, entre otras medidas para achicar el Estado, la privatización de las instituciones públicas. Según datos brindados por el propio Casas, el Latinobarómetro 2007 mostró que solo el 35% de la población latinoamericana cree que la privatización de los entes públicos ha traído beneficios para sus países.

En general, nos dice, la privatización es vista por la población como una “orgía de corrupción” y como el reemplazo de los monopolios estatales por los privados, con pocos beneficios para la ciudadanía. ¿Les resulta familiar ese argumento?

Reconoce también Casas, que si bien el libre comercio “generalmente” tiene efectos positivos sobre la pobreza, su impacto sobre la distribución del ingreso es tal que se le identifica con la creciente desigualdad al interior y entre países.

Finalmente, argumenta que la tendencia más perturbadora hacia la desigualdad tiene que ver con la introducción de reglas cada vez más estrictas sobre propiedad intelectual. Y como perla final, termina diciendo que no se necesita ser adivino para prever que este fenómeno aumentará las brechas entre países y regiones.

Ahora entiendo por qué Casas y los seguidores del memo del miedo no quisieron debatir en serio con los grupos opositores al TLC. En realidad estaban de acuerdo con nuestros planteamientos de fondo, pero evidentemente los intereses personales y económicos que estaban en juego eran demasiado poderosos.

Lo más lamentable de esto es que para la ciudadanía costarricense, en particular para los más vulnerables, ya es muy tarde. El TLC fue aprobado y traerá todas las consecuencias negativas que advertimos, y que ahora Casas utiliza para escribir sus divagaciones académicas desde la comodidad de su escritorio con vista a Dupont Circle, mientras espera la absolución del capitán y de su hermano. Porque la del pueblo de Costa Rica nunca la tendrá.

*Socióloga, Universidad de Costa Rica


Fuente Diario Extra
Suplemento Página Abierta

Caricatura Mecho


El énfasis es nuestro


Por qué las molestias sobre el libre comercio Por Kevin Casas
Semanario Universidad. Del 01 al 07 de Octubre de 2008.
Sección OPINIÓN. Edición 599. Año XII.






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¿Se ha perdido toda la decencia?

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Montserrat Sagot
Directora, Consejo Universitario UCR

En la edición del 1 de agosto del diario La Nación, apareció un artículo de la Sra. Alejandra Castro B., quien se firma como profesora de la UCR y la UNED, que no es más que una diatriba de insultos y descalificaciones dirigidas al Consejo Universitario y a la Rectora de la Universidad de Costa Rica, por las posiciones asumidas en relación con el TLC.

Aunque se coloca desde una posición de legitimidad y superioridad moral, cobijada supuestamente por su posición de docente de la UCR, la Sra. Castro no dice que, para el momento en que se publicó su escrito, no tenía ningún vínculo laboral con la Institución, ni que su relación con esta casa de estudios, en los últimos años, se ha limitado a un nombramiento por dos meses como profesora interina licenciada por un ¼ de tiempo.

Si la Sra. Castro usara para sí misma los principios de decencia y objetividad que reclama en su artículo, habría aclarado entonces que no está escribiendo como profesora de la institución, cargo que no tiene, sino como socia de una empresa que brinda asesoría en materia de propiedad intelectual y, por tanto, interesada directa en la aprobación del TLC

Pero no, haciendo uso de una posición que no ocupa, se atreve a referirse al Consejo Universitario y a la Rectora como el "grupúsculo que secuestró a la Universidad en un parnaso de soberbia."

A lo mejor, por no tener una relación cercana con la Institución, la Sra. Castro no está enterada de que las personas que integramos este Consejo fuimos elegidas democráticamente por una Asamblea Universitaria, conformada por docentes, estudiantes y administrativos, y que representamos una diversidad en términos profesionales, políticos e ideológicos.

A pesar de esa diversidad, que nos hace tener posiciones diferentes en muchas ocasiones, emitimos un criterio negativo unánime respecto al TLC, basado en un estudio serio y responsable, -no en intereses particulares- que nos llevó a concluir que este TLC es perjudicial para nuestro país.

Este criterio se emitió respondiendo a la consulta hecha por la Asamblea Legislativa, según lo establece el artículo 88 de la Constitución Política.

Aunque es abogada, la Sra. Castro parece desconocer que el Consejo Universitario tiene potestad constitucional para asumir posiciones respecto a los proyectos de ley que le son consultados.

A pesar de que planteamos ese criterio negativo y de que defendemos nuestro derecho y obligación de expresarlo públicamente, desde el Consejo Universitario no se ha emitido ninguna directriz institucional que impida o coarte la libre discusión de ideas sobre este tema.

Por el contrario, justamente porque creemos fielmente en la libertad de cátedra y porque creemos que la Universidad no se puede quedar al margen de la Historia, hemos promovido e incluso participado directamente en una gran cantidad de debates y discusiones sobre el TLC.

Cuando algunas pocas personas, como la Sra. Castro, de una forma sesgada y malintencionada han planteado que en la Universidad no se propicia el debate "equilibrado", inmediatamente han tenido micrófonos y páginas abiertas, incluyendo las de los medios y espacios universitarios, para expresar sus opiniones, aun cuando estas opiniones estén marcadas por el irrespeto y el oportunismo.

No contentos con insultar a las autoridades, la Sra. Castro y los que participan de esta cruzada por acallar y desautorizar la voz de la Universidad, se dedican también a insultar al resto de la comunidad universitaria, en particular a los estudiantes, al definirlos como una especie de autómatas, recipientes pasivos de los supuestos procesos de adoctrinamiento a los que están sometidos.

Pero se equivoca la Sra. Castro y los que han esgrimido este pobre argumento. Las universidades públicas siguen siendo los espacios por excelencia de la construcción crítica y creativa del conocimiento; siguen y seguirán siendo, aunque a algunas personas les moleste mucho, espacios de renovación, de formación de profesionales responsables y con criterio propio, y de construcción de propuestas para poner la ciencia, las artes y la técnica al servicio de la sociedad y del logro del bien común.

Esto lo sabe y lo valora la ciudadanía costarricense y por eso el interés desmedido de algunos por desprestigiar a la Universidad y por restarle credibilidad como interlocutora en este debate sobre el TLC.

La saña con la que intentan llevar adelante esta campaña de persecución y descrédito contra la UCR me hace recordar las audiencias organizadas por el Senador Joseph MacCarthy en los años 50, a las que cualquiera podía ser llevado bajo la sospecha de ser comunista, y las palabras de Joseph Welch, cuando al ser interrogado, con gran indignación preguntó: ¿no tiene usted decencia, señor? No le ha quedado ningún sentido de la decencia?


Fuente Informa-tico.com

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