Mostrando las entradas con la etiqueta manipulación mediática. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta manipulación mediática. Mostrar todas las entradas

"Vivimos tiempos difíciles"

|





Por Alicia Pifarré (*)

Ese fue el anuncio de nuestra señora Presidente. Como casi todos los tiempos, pensé. Nada nuevo. El problema ahora, diría Sábato, es que están dilapidando nuestro porvenir.

Me revienta que me traten de idiota. Lo digo así, en directo, porque para expresar sentimientos los eufemismos pueden dar lugar a confusiones. En realidad, ya somos varios los que decimos esto, de muchas maneras, en distintos tonos, pero parece que a nadie le importa.

A nuestros gobernantes definitivamente no les importa. Lo siguen haciendo. Y no me extraña porque probado está que se trata de una buena técnica de dominación. Lo que me extraña es que tanta gente se deje. Nuestro sistema educativo debería rendir cuentas sobre esto. Pero ¿quién se las pide?

Hace pocos días, el señor Ministro de Seguridad, trató de "poco patriotas" a quienes nos hemos opuesto a la libre -y exenta de responsabilidad- circulación de tropas y soldados norteamericanos por nuestro territorio. ¡Vaya! ¿En cuál diccionario habrá encontrado el señor Ministro que "patriota" es sinónimo de "obsecuente", "sojuzgado", "amansado", "amaestrado", "dominado"?

Nos quieren sumisos, callados, obedientes, miedosos, sobre todo miedosos. Quienes han sido cómplices por omisión de esta inseguridad atroz que nos invade -el crimen organizado no se instaló antes de ayer entre nosotros- ahora quieren usarla para amedrentarnos, para hacernos creer que el fin justifica los medios. Pues no, señores y señoras en el poder, no somos idiotas. Poco patriota es quien vende la Patria en el mostrador del comercio internacional, quien humilla nuestras leyes admitiendo la aplicación de normas foráneas a lo que acontece en nuestro territorio, quien defiende empresas extranjeras en detrimento de nuestras riquezas naturales, quien ofrece dádivas para concesionar nuestros puertos, quien declara de interés público aquello que es de interés exclusivamente privado y, además, de grave perjuicio público, quien permite que se prostituyan nuestros niños y niñas, quien no deposita durante meses las becas escolares otorgadas, quien tarda años en atender emergencias, quien propicia que se patente hasta el culantro coyote. Eso es ser poco patriota.

Hace pocos días se preguntaba la señora Presidente "...qué hacemos nosotros para defender la paz, la soberanía y la democracia que nos fueron legadas." Las palabras suelen aparecer glamorosas dichas desde una tarima y acompañadas del lenguaje no verbal apropiado. Pero cuando se analizan desde la realidad, sobre todo así, en blanco y negro, es dramático ver su oquedad.

En primer lugar, el "nosotros" sonaba más bien a "ustedes". Porque si de verdad hubiera sido un "nosotros", a renglón seguido nos hubiera expuesto un plan de acción. Pero no, nos quedamos esperando, que no es lo más adecuado -me atrevo a decir- cuando estamos viviendo "...una situación más dramática que en cualquier capítulo de nuestra historia...".

En cuanto a los "legados" por defender, vale la pena puntualizar.

La paz -y su hermana gemela, la concordia- la hemos perdido hace rato gracias a políticas públicas de sembrar discordia, promover miedos, dejar que se caigan puentes, encubrir contubernios, decomisar verduras a honrados vendedores ambulantes, desalojar artesanos, otorgar concesiones gravosas para el erario, construir carreteras que matan a pedradas, invadir campus universitarios, construir estadios en lugar de hospitales, apalear estudiantes, hacer mofa de quienes presentan recursos de amparo ("por joder" dijo literalmente un ex mandatario), gastar en consultorías dineros destinados a erradicar precarios, y una lista interminable de conductas que han llevado a la polarización y a la indignación social. No hay paz posible cuando se gobierna con prepotencia.

La soberanía, palabra que enciende corazones, también la hemos perdido. La entregaron quienes se dejaron seducir por el lema "enriquecerse es glorioso". Las cláusulas que admiten la aplicación de normas jurídicas extranjeras y la intervención de tribunales foráneos, incorporadas a los tratados de libre comercio y a los acuerdos de inversión, convierten en letra muerta a nuestro ordenamiento jurídico y, por ende, sepultan nuestra soberanía. Los tres Supremos Poderes de la República avalaron la sepultura pero ahora son convocados para buscar una gloriosa resurrección. No creo que haya alquimia posible para operar la transmutación de sepultureros en salvadores. Retazos -¿jirones?- de soberanía, que viene siendo lo que nos queda en este camino trazado hacia el "desarrollo", nos llevarán hacia el 2021 a conmemorar nuestra condición de... colonia. ¿A defender "eso" es que nos están convocando? No es aceptable. Para defender nuestra soberanía debemos rescatar a nuestro ordenamiento jurídico de la ineficacia crónica a la que ha sido condenado.

Por último, la democracia. Llevamos décadas de paulatino empobrecimiento democrático. El pueblo no elige sino que consagra a quienes disponen de suficientes caudales como para montar campañas publicitarias destinadas a repartir promesas de dudoso cumplimiento. Las propuestas diversas, los acalorados enfrentamientos, los cargos por lo que no se hizo y debió hacerse mueren el día de las elecciones. Lo que sigue son pactos, acuerdos, encerronas y alianzas que unirán antiguos contendientes en dulce montón. Salvo honrosas excepciones, debo decir. Todo cuanto era materia de debate se torna negociable, el bien común se manda directo al archivo y el pueblo, cuyo voto se pidió con abrazos, sonrisas, besos y almuerzos al por mayor, se convierte en insumo desechable a la hora de tomar decisiones que afectarán su existencia. ¿Es esto democracia? No, según lo que yo estudié; pero claro, estudié en otros tiempos, también difíciles pero más respetuosos de la verdad.

Inspirándonos en Sor Juana Inés de la Cruz podríamos hoy decir: "Gobernantes necios que acusáis al pueblo sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis; ...", o también, siguiendo el adagio romano: "Nadie puede alegar en su defensa su propia culpa".

Me revienta, me disgusta profundamente, me indigna, que me traten de idiota. Ya lo dije al principio, pero lo digo de nuevo. Y no es la primera vez que lo digo. Tampoco soy la única en decirlo. Pero no sirve de nada.

¿Qué podemos hacer para que nos traten como seres inteligentes y, de paso, como co-gobernantes cuya opinión cuenta, importa? Porque la Constitución dice que el gobierno lo ejercen "el Pueblo y tres Poderes distintos e independientes entre sí." Pero llevamos décadas jugando solo de "votantes-gobernados-pintados en la pared", para decirlo en buen criollo. Entonces, de nada sirve que no seamos idiotas si dejamos que nos traten como tales.

Decía don Juanito Mora, nuestro Héroe Nacional y Libertador: "¡Ay del nacional o extranjero que intentare seducir la inocencia, fomentar discordias o vendernos!" Tal vez si empezamos a repetirlo, con voz vibrante, cada vez que intenten manipularnos, podamos hacer honor a tantos legados perdidos, arrebatados; tal vez hasta podamos recuperarlos; tal vez hasta logremos rescatar el porvenir.

(*) Abogada



Fuente: Diario Digital El País

Imagen: El Roto


El énfasis es nuestro




Leer más...

Ahora SÍ

|












Caricatura Mecho



Leer más...

Post-independencia líquida

|



Por:Alfonso Chase


La verdadera idea de independencia es pensar diferente. No sumarse al rebaño que, la mayoría de las veces, muge complacido ante lo que se le pone delante. En la retórica usada para celebrar todo aquello que se convierte en fetiche, no en símbolo real, lo circunstancial define lo aleatorio y lo real auténtico se esfuma entre la niebla que todo lo opaca, pero que es breve en su encubrimiento.

Posiblemente sea esta la primera celebración de Independencia, de fiestas patrias, que se celebre con la plenitud de la abolición de todo lo que fuimos y la incertidumbre de lo que ya no seremos, en cuanto a institucionalidad se refiere, dando paso, no solo retrocediendo, a una nueva visión de esa patria que somos ahora, ya en manos de todo aquello que evitaron nuestros padres fundadores, sus sucesores ilustres y aquellos a los cuales les ha tocado ser los sepultureros de la historia real, para dar paso a la historia fabricada en los grandes gabinetes, en ese afán de apertura para la entrada de las huestes del maletín y contratos, todos jugosos para aquellos que detentan un poder, otorgado por frágiles mayorías que esperan el reparto, en el cual sólo recibirán fábulas o bofetadas.

La historia de nuestro país es singular y todo nos amina a conocer la Costa Rica profunda, esa que transcurre al margen de los textos escolares que leen nuestros estudiantes, entre líneas, pero a los cuales les quedan dudas, temblando y en espera de ser aclaradas.

Nada más lejano de las fanfarrias escolares que las bastoneras, los desfiles con marchas extranjeras, marcando el paso con esa inmovilidad pétrea de solo estar desfilando, en medio de un festejo que ha perdido todo el valor de sus contenidos, para mostrarnos la vacuidad de ese sentido de desplazarse sin rumbo, una vez al año, repetido en el siempre marcar el paso pero nunca con los pies sobre la tierra y la cabeza sobre los hombros.

El fracaso de los otros, los que detentan mando pero no gobiernan, no debe ser el nuestro, en el sentido de que todas las conquistas sociales permanecen en lo más profundo de la mente, para ser rescatados cuando sea menester y los cipayos se arrinconen en la historia, temerosos de la ira popular o el desprecio de la historia para con su conducta cívica y política o, simplemente, el cumplimiento de los deberes para consigo mismos o con la comunidad.

Todo parece estarse esfumando, para ellos, sustentados ya en la mentira frecuente, las cartas debajo de la mesa, los negocios hechos en la oscuridad de la noche y los grandes y medianos proyectos derrumbándose como un castillo de naipes, no más diferente que en otros gobiernos anteriores, pero marcados ahora con la tinta indeleble de enfrentar lo verdadero con lo falso, la vanidosa idea de pasar a la historia entre los aplausos o las glorias determinadas por la falsedad de los elogios, ya transformada, para siempre, la meritocracia en mediocracia o la lealtad convertida en mera muestra cortesana de la genuflexión, como signo de obediencia.

Vivimos en un tiempo de transformaciones. De la caída de todas las máscaras y el asomo del rostro verdadero, en el escenario de una fiesta efímera, sepultada con música de bombos, platillos y los movimientos rítmicos, algunos hasta con paso de ganso, que convierten todo esto en un festival de recuerdos, en donde las sonrisas se convierten en rictus, parte todo esto de un sainete con figurantes incluidos.

Nada de este espectáculo podría existir sin los convidados, que existen por su propia voluntad de protagonismo, de ocupar un lugar en el proscenio, de inclinarse con simpática alegoría, la mayoría de las veces adquirida en un colegio privado y ensayado en los partidos izquierdosos de los años setenta, ante de ingresar, desmelenados, en la cartelera del oportunismo y la engañifa.

Nada de eso es tampoco ajeno a nuestra historia, cuando leyendo de nuevo, con cierta nostalgia, los relatos de los viajeros extranjeros en el siglo XIX, o las rumbosas descripciones de las fiestas de la Cofradía de la Virgen de los Ángeles, en el Cartago socarrón e hipócrita de la Colonia, y vemos cómo escenificaban, como inicio de sarao, lo que ahora sus herederos ensayaban como si fuera una comedia, o una Opera China de la que nadie entiende anda, solo la intriga siniestra, con los actores haciendo gorgoritos para un público que aplaude hasta el delirio.

Si tomamos muy en serio estas cosas podríamos enfermar de la mente y perder la diferenciación entre cerebro y corazón, como dice la letra de una canción romántica. Es tal el efecto de la esfumación, que bien puede convertirse en una alucinación retórica, con insumos de marcha extranjera, ya lo dijimos, y olvido de las concretas melodías de lo criollo, tan certeras en describir a los traidores, los siervos menguados, los pitucos subidos a la tribuna, robando cámara, mientras alguien manda callar a la orquesta cuando interpreta melodías “musicalmente incorrectas”.

Algo se les fue de las manos a todos estos oficiosos señores. La cámara fotográfica expone a las imágenes a un proceso de alteración final, que no ocurre adentro del aparato, sino en la mente y el espíritu de los retratados, que generalmente exponen su fastidio, y malhumor, con muecas extrañas, o buscan desaparecer de los actos oficiales, irrelevantes, para no ser objeto de interés periodístico negativo.

La historia de estas fiestas cívicas ha sufrido transformaciones asombrosas. Si usted lo observa, con cuidado, han desaparecido, se desvanecen, los símbolos patrios que antes se usaban como signo de pertenencia.

La globalización ha sido tan poderosa que el país se ha integrado a la nada universal, convertido ya en colonia corporativa de las compañías transnacionales y la bandera nacional se expresa en los anuncios del libre mercado, en vallas y en cuanto lugar quede libre para ponerlos, todo concertado a ritmo de reggeatón o en los movimientos sincopados de jugosas pechugonas.

Solo nos queda esperar, convenientemente activos, el último acto de esa Opera China, el cual es trágico casi siempre. Siendo una leyenda, un mito, una obre ficcional, el sustrato de realidad es tan profundo que bien la hace parecer parte del realismo mágico o de una elegía siniestra, apenas necesaria para esperar “El Año de la Peste”, política, que es lo más inmediato de aguardar en este juego de marionetas.



Fuente: La Prensa Libre


Foto: Netcom.es

*El énfasis es nuestro



Leer más...

Están las mentiras, las mentiras cochinas y las encuestas

|








Por
Luis Mata


De entrada nomás, confieso que no creo en las encuestas. He llegado a la conclusión de que tanto fallo en el instrumento de medición y el que los dueños de las encuestadoras las defiendan con argumentos que rayan en la ridiculez y a veces en la estupidez, me hacen pensar en dos posibles razones para yerros tan evidentes y frecuentes en sus resultados: o se hacen a la medida del pagador de las encuestas o el instrumento no sirve para medir la opinión pública costarricense, en cualquier caso, aterrizo en no creer ni en encuestas ni en empresas encuestadoras.

Si a esto se le suma que las encuestas fallan en muchos países --no por un punto ni dos-- pues ni modo; a uno no le queda más remedio que utilizar otros mecanismos, menos caros, menos científicos, pero más certeros en medir la realidad cotidiana y dejar el juego de adivinación al que nos someten encuestas y encuestadores; de allí que las últimas dos, una publicada en Llorente hecha por la empresa del hermano de Julio Rodríguez --que en cada fallo inventa una nueva excusa-- y otra por La Extra, me merecen la credibilidad que merece escuchar que en México no hay pobreza o en las razones de Bush, para invadir Irak.

De tal manera que aun cuando leo que la pobreza en nuestro país baja, la ficción se rompe al salir a la calle, observar, comparar y escuchar --por más cantos de gloria del capitán del navío y sus marineros-- a la gente que acude al chino por las mañanas, para darme cuenta de que el pan, los frijoles, atunes y demás cosas que uno --por la mala costumbre de comer-- adquiere para su alimentación suben de manera incontrolada; encima, la entrada de tanto dólar a esta tierra bendecida por el carro del desarrollo que promueve el TLC --tras de que no nos llega a todos y a todas-- bajó, provocando que hasta la clase social beneficiada con Mercedes Benz y BMW de los que prometió el presidente el año pasado, vean reducirse sus ingresos, consumiendo menos, para desazón de los y las comerciantes de multiplaza y lugares afines.

Para que una encuesta tenga algún valor, hay que conocer, en principio, la formulación de las preguntas y la objetividad real de la empresa o institución encargada de hacerla; así, un malicioso como el que escribe, podrá corroborar –como Santo Tomás—la veracidad de los resultados; de nada me sirve el resumen de sumas y restas que publican algunos medios, si no sé como llegaron a ellos; menos, si por mi malicia indígena, observo que una –la de La Extra—habla de lo bien que se percibe la candidatura del Alcalde de San José, en la misma semana que el gobierno inicia su campaña para favorecer a la única vice-presidenta que le queda; me parece una curiosa coincidencia, de esas que suceden sólo en las telenovelas.

La otra encuesta, la de Llorente, nos habla de un país en el que dan ganas de vivir; Oscarilandia; la pobreza baja, las inversiones aumentan, todos y todas gozan del derrame liberal de la riqueza y lo único que le preocupa --y casi que ni tanto-- a los beneficiados de su buen gobierno, es la inseguridad ciudadana; dicho sea de paso, tema ahora de una organización formada principalmente por empresarios, iglesia y un abogado que cree que la manera de acabar de una vez con la delincuencia, es haciendo más cárceles y dando más garrote.

La inocencia con se publican ambas encuestas, resulta de cuento chino; aparecen a la medida del presidente y el alcalde; ambos gozan de buena imagen, popularidad, fama, mientras al principal partido de oposición, le sucede exactamente lo contrario; nadie lo quiere, todos y todas lo cuestionan, nadie se siente contento con su actuar político; rara coincidencia, como la de dejar llamar al bloque de los 38 y casi 39, con la fea palabra de "coalición", dando paso a una más suave y positiva: alianza. Cosas que aparecen de la nada, por generación espontánea, para tratar de incidir y vender una mejor imagen de quienes no la tienen.

Por otra parte, aun cuando nada debería sorprenderme de los políticos, llama la atención que la presidenta del PAC, justifique su "baja calificación en las mismas", a partir de la campaña dirigida contra su partido, por don Jorge Cornick, especialista en ese tipo de propaganda --antes ligado al gobierno de don Miguel Ángel y ahora tan cercano a las posiciones de don Oscar y don Rodrigo-- digo que me llama la atención, pues si algún partido debería haber aprendido desde hace rato a desconfiar de encuestas y encuestadoras es el PAC, pero no; por el contrario, las valida con comentarios simplistas y escasos de análisis; dicen que el buen ateo y el buen creyente, se reconocen por la convicción de sus posiciones; el uno no entra a cuestionar si Dios existe o no; simplemente no cree y el otro, hace lo contrario, creer: ambos coinciden en su convicción.

Desde mi óptica de escribidor, me merece confianza la recogida de firmas que los y las muchachas del bloque verde, principalmente FECON, hacen para llevar a referéndum el nocivo convenio de UPOV, que en simple, patenta la vida; me merece confianza el que hasta hoy, más de setenta y cinco mil costarricenses, de su puño y letra, respaldada con su firma y número de cédula, estén diciéndole al gobierno y su gran fracción de 38 diputadas y diputados –más casi una--, que no aprueben tal convenio; eso, para mí si merece una credibilidad, misma, que crece, si al leer los diarios de nuestro país, no merece ni una línea el que ese trabajo se haga en silencio, sin dinero y a puro corazón.

En resumen y para no abusar del espacio de LA PRENSA LIBRE, finalizo con la frase que da título a éste artículo, misma que no es de mi autoría, sino de un director de uno de los medios más influyentes de España: "En política, existen las mentiras, las mentiras cochinas y las encuestas", como no me gustan mucho las mentiras y menos las mentiras cochinas, pues ni modo; menos creeré en las encuestas.


Fuente Si vieras

Caricatura El Roto


El énfasis es nuestro
Leer más...

Carta abierta a Julio Rodríguez

|


(Si quiere paz, trabaje por la justicia)




"Anuncio fúnebre del periódico LA NACIÓN "

Por Pbro. Ronal Vargas Araya.


Señor Julio Rodríguez, no lo conozco, ni creo que lo llegue a conocer nunca, pues nos movemos en dos mundos muy distintos: usted con quienes sostienen el imperio del poder en Costa Rica y yo con los resultados de sus políticas neoliberales, las pobres comunidades guanacastecas.

A pesar de no conocernos usted en varias ocasiones ha criticado mi persona y la de varios compañeros sacerdotes con una libertad que ni nuestros padres Obispos se permiten, y yo he dejado que me dé "por una mejilla"…pero creo que ya es el momento de que se baje de su Olimpo, la página 15 de LA NACIÓN , donde usted se ha constituido en el terrorista comunicativo más tristemente famoso del país.

En primer lugar: ya que insulta con sus decadencias políticas a los que no son de su agrado, al menos respete el "derecho de respuesta" que las víctimas de su acoso periodístico sufrimos. Cómo le sigue doliendo a usted el comunicado contra el TLC de los "92 sacerdotes" (ver su Editorial del 30-09-2007) a los que tanto nos sigue ofendiendo.

A propósito, firmamos 98 curas y después muchos otros nos dieron su apoyo oral. Yo me quedé esperando el comunicado de sus "700 curas a favor del TLC" que nunca apareció…Sólo vi dos sacerdotes (2, no 98, sic) que públicamente apoyaron el TLC y lo siguen apoyando y que casualmente ambos son personajes que gustan escribir en LA NACIÓN. Todavía estamos esperando que "su majestad Julio" edite la réplica que le dimos a sus continuos ofensivos comentarios (su periódico la recibió el 1 de octubre de 2007)…nos llegará el sueño de los justos y nada…

Además…ya el referéndum (que a todas luces y ante muchos visores internacionales no fue más que un bien montado fraudulendum por ustedes y el Gobierno) terminó, entiéndalo Julio, ya TERMINÓ. Así que déjese esa majadería de todos los días criticarnos a los del NO, deje de perseguirnos, deje que haya personas que pensemos distinto a LA NACION , esa diversidad es la riqueza más grande de nuestra idiosincrasia nacional.

Yo sé que en LA NACIÓN están asustadísimos porque miles de suscriptores se retiraron y son pocos los costarricenses que leen con seriedad sus desacertadas editoriales y sus abominables "EN VELA". Pero no nos eche todas las culpas a los del NO, pues la decadencia de su periódico se veía venir desde hace rato, y por personas como usted muy pronto la otra Costa Rica, los patriotas de verdad, celebraremos los funerales de LA NACIÓN.

Exijo que borren mi nombre de los "personajes del día de LA NACIÓN "…me deshonra sobremanera que la gente me recuerde que el 2 de Febrero del 2007 ustedes me dieron ese galardón por enfrentar la maquinaria Arista y ser "defensor de los campesinos guanacastecos"… Yo hasta hoy he sido coherente y ético (aunque usted dijera lo contrario, EN VELA 28-09-2007)… ¿Y usted?... Poderoso caballero es don dinero…

Sabe Don "Julio…yo soy de Enero, y también tengo 31 días". Aproveche el poco tiempo que le quede al frente de los comentarios neoliberales de LA NACIÓN, porque no creo que su consciencia le permita disfrutar una vejez venerable, como la del Pbro. Armando Alfaro, otra víctima de su pluma asesina.

Y por favor, si LA NACIÓN sigue perdiendo tantos suscriptores, no piense que es por gente como yo que aconseja a todas sus amistades no leer tantas mentiras disfrazadas de patriotismo, sino porque ya la otra Costa Rica se cansó de que su NACIÓN siga carcomiendo NUESTRA NACIÓN.

Ah, y seguiré con los Comités Patrióticos y apoyando cualquier otra organización popular con ideales justos y nobles. Ahora entiendo más la voluntad de Dios, parecía que los del NO perdimos el 7 de octubre pasado, pero fuimos los grandes ganadores…jamás había existido en Costa Rica tantos Comités patrióticos preocupados no de un partido político, sino de una PATRIA que se ha partido por políticos y personas como usted.

No apoyo ni apoyaré ningún partido político porque esa no es la misión de un líder religioso, pero eso no implica que logren callarme con articulitos mediocres como el de ayer cuando usted trató de ridiculizarme escribiendo "EN VELA" que yo recomendé la lectura de un documento… El escrito al que usted alude fue una palabra de aliento y esperanza para los que nos sentimos traicionados de un Gobierno que irrespetó la normativa electoral para imponer su voluntad a como diera lugar, utilizando su periódico LA NACIÓN y sus subsidiarias (Repretel, Canal 13, Radio Monumental…) para desinformar, manipular, confundir e infundir miedo.


De Don Julio y de los Medios de Comunicación cómplices de la decadencia nacional, líbranos Señor. AMEN.


*El énfasis es nuestro



Leer más...

 

©2009 Sin pelos en la lengua... NO AL TLC | Template Blue by TNB