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Monsanto y el Proyecto Vencedor

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Por Thalles Gomes

La empresa estadounidense Monsanto donó semillas transgénicas a Haití
. La denuncia se hizo el pasado 10 de mayo en un artículo escrito por el cura inglés Jean-Yves Urfié, ex profesor de química del Collége Saint Martial, en Puerto Príncipe. “La empresa transnacional Monsanto está ofreciendo a los agricultores del país un regalo mortal de 475 toneladas de maíz transgénico, junto con fertilizantes asociados y pesticidas, que serán entregados gratuitamente por el Proyecto Winner (vencedor en inglés), con el respaldo de la embajada de Estados Unidos en Haití”, alertó Urfiè. Según él, la multinacional Monsanto ya comenzó a distribuir las semillas de maíz transgénicas en las regiones de Gonaives, Kenscoff, Pétion-Ville, Cabaré, Arcahaie, Croix-des-Bouquets y Mirebalais.

La fuerte repercusión de esa denuncia obligó al Ministro de la Agricultura de Haití, Joana Ford, a convocar a una rueda de prensa el pasado día 12 de mayo en Puerto Príncipe. "Haití no tiene la capacidad para administrar los OGM (Organismos Genéticamente Modificados)” afirmó el Ministro Ford antes de desmentir que la donación de la Monsanto sea de maíz transgénico. "Nosotros tomamos todas las precauciones antes de aceptar la oferta hecha por la multinacional Monsanto para hacer una donación de 475,947 kg de semillas de maíz híbrido y 2.067 kg de semillas de hortalizas. Debemos mencionar también que, en ausencia de una ley que reglamente la utilización de Organismos Genéticamente Modificados en Haití, no puedo permitir la introducción de semillas ‘Roundup Ready' o cualquier otra variedad de transgénicos", enfatizó el Ministro.

Según Ford, las semillas híbridas ofertadas por la Monsanto son adaptadas a las condiciones tropicales de Haití. La donación forma parte de una campaña del Ministerio de Agricultura para reactivar el sector agrícola después del terremoto del 12 de enero. Para ello, informa el Ministro, más de 65 mil hectáreas de tierra están siendo beneficiadas con tractores que preparan el suelo, fertilizantes, pesticidas y formación para los agricultores.

La propia Monsanto se vio obligada a pronunciarse sobre el caso. “Nosotros creemos que la agricultura es la clave para la recuperación a largo plazo de Haití”, afirmó la transnacional en nota publicada en su página de Internet. “Tras el desastre, la Monsanto donó dinero para la recuperación”, continúa la nota, “pero era evidente que la donación de nuestros productos - maíz y semillas de hortalizas de calidad - podría realmente hacer la diferencia en la vida de los haitianos”.

Imbuida de este espíritu de generosidad fue que la mayor productora de semillas del mundo resolvió donar a Haití el equivalente a US$ 4 millones en semillas de maíz híbrido, repollos, zanahoria, berenjena, melón, cebolla, tomate, espinaca y sandía. 60 toneladas de esas semillas llegaron a territorio haitiano en la primera semana de mayo. Otras 70 toneladas arribarán a la capital de Puerto Príncipe el 13 de mayo. La previsión es que, para los próximos 12 meses, 345 toneladas más de semillas híbridas de maíz sean distribuidas a los agricultores del país.


ABRIENDO MERCADOS


El terremoto del 12 de enero provocó la muerte de 300 mil personas y dejó sin techo a más de un millón de haitianos. Sus consecuencias fueron devastadoras. Pero, a pesar de haber alcanzado siete grados en la escala Richter, es poco probable que el terremoto haya quebrantado las estructuras de funcionamiento de una empresa transnacional como la Monsanto. La donación de las 475 toneladas de semillas híbridas puede ser promocionada como una acción de generosidad de la transnacional con el pueblo haitiano. Sin embargo, si se analizan las condiciones en las que esta donación ha sido efectuada, la generosidad se convierte en mera táctica empresarial para incrementar divisas.

El lucro de la Monsanto en el trimestre que cerró el 28 de febrero de 2010 fue de US$ 887 millones. En el mismo periodo del pasado año, su ganancia fue de US$ 1,09 billón, lo que significa una caída de 19%. Según el director ejecutivo de la transnacional, Hugh Grant, el principal motivo de esta caída fue la disminución en las ventas de herbicidas y productos químicos.

En una conferencia con analistas a inicios de abril, Grant afirmó que no podría recurrir al incremento de precios para revertir esta caída, ya que los agricultores no parecen dispuestos a pagar precios más altos por las nuevas líneas de semillas transgénicas, algunas de las cuales son dos veces más caras que las variedades más cultivadas hoy. "El retorno que estoy teniendo de los hacendados es que si nuestros precios fueran diferentes, la curva de adopción de las semillas será diferente", dijo Grant.

Al no ser posible subir el precio de sus productos, la única salida para la Monsanto es revertir la caída en su tasa de ganancia con la apertura de nuevos mercados consumidores. No es una casualidad que a poco menos de un mes de la conferencia de Hugh Grant, las semillas de la Monsanto arribaran a Haití.

Lo que no ha sido dicho ni por la Monsanto, ni por el Ministerio de la Agricultura haitiano, es que esas semillas híbridas de maíz sólo podrán cumplir sus promesas de productividad y adaptación al clima tropical haitiano si son tratadas con herbicidas, fertilizantes y productos químicos específicos, que no por casualidad son producidos por la propia Monsanto. Eso significa que los agricultores haitianos que reciban las semillas híbridas sólo conseguirán volverlas productivas si adquieran los herbicidas y fertilizantes de la Monsanto.

Además, las familias campesinas no podrán reaprovechar las semillas que broten de ese maíz, ya que una de las características de las semillas híbridas es que sólo su primera generación es adecuada para la siembra. Si quisieran continuar produciendo en la próxima siembra, los campesinos tendrían que comprar nuevas semillas de la Monsanto.

A ese ritmo, con el aumento del consumo de semillas y, consecuentemente, de herbicidas, fertilizantes y productos químicos de la Monsanto, la previsión del cura Jean-Yves Urfié podrá volverse realidad: “Pronto, habrá sólo semillas de la Monsanto en Haití. Entonces, será el fin de la independencia de los agricultores”.


VENCEDOR


La Monsanto no está sola en esta empresa. El transporte y toda la logística de distribución de las semillas en Haití está a cargo de otras dos empresas estadounidenses: la Kuehne + Nage Emergency and Relief Logistics y la UPS Foudation.

Ken Sternad, presidente de la UPS, insistió en pronunciarse sobre esta acción: “Como parte de nuestros esfuerzos continuos para apoyar la recuperación de Haití, la UPS tiene el orgullo de donar nuestros servicios a los barcos de semillas, ya que el país empieza a moverse en dirección a la construcción de un futuro sostenible".

Ese “futuro sostenible” de que habla Sternad y que viene atrayendo el interés de tantas empresas extranjeras está consolidado en el Proyecto Winner lanzado el 8 de octubre de 2009 por la USAID (Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional). El Proyecto Winner invertirá 126 millones de dólares en los próximos cinco años para construir una nueva infraestructura agrícola en Haití, con el objetivo de aumentar su productividad. Entre tanto, suministrará asistencia técnica especializada, además de servicios técnicos e insumos agrícolas, como pesticidas y fertilizantes.

Es por intermedio de este Proyecto que serán distribuidas las 475 toneladas de semillas de la Monsanto. De hecho, tales semillas no llegarán directamente a las manos de los campesinos haitianos. Ellas serán destinadas primeramente a las tiendas administradas por la USAID y después serán vendidas por un precio “significativamente reducido” a las familias campesinas. “Nuestra meta es alcanzar 10 mil agricultores en esta temporada”, informó Jean Robert Estime, director responsable por el Proyecto Winner. “Las semillas ayudarán a alimentar y suministrar oportunidades económicas para los agricultores, sus familias y la comunidad en general”.

Para comprender que tipo de “oportunidades económicas” son estas, hay que dilucidar cuáles son los actores que están atrás del Proyecto Winner. Su director responsable, Jean Robert Estime, sirvió como Ministro de Relaciones Exteriores durante los 29 años de la dictadura de Duvalier en Haití, época en que fueron asesinados más de 30.000 haitianos y el país abrió sus puertas a los productos alimentarios extranjeros. Gracias a esa apertura, Haití importa hoy el 80% de los alimentos que consume.

Arquitecta y coordinadora del Winner, la USAID es una agencia gubernamental estadounidense creada en 1961. Según su página oficial en Internet, tiene la misión depromover los intereses de la política externa de Estados Unidos en la expansión de la democracia y de los mercados libres, mejorando la vida de los ciudadanos del mundo en desarrollo”. Con sede en Washington/DC, la USAID está presente en las cinco regiones del mundo. Su trabajo apoya “el crecimiento económico y los avances de la política externa de Estados Unidos”.


NUEVO TERREMOTO


“Se trata de un nuevo terremoto más peligroso a largo plazo que el ocurrido el 12 de enero. No se trata de una amenaza, sino de un ataque muy fuerte a la agricultura campesina, a los campesinos y a las campesinas, a la biodiversidad, a las semillas criollas que estamos defendiendo, a lo que resta de nuestro medioambiente en Haití”, denuncia Chavannes Jean-Baptiste, coordinador del Mouvman Peyizan Papay (MPP) y miembro de la Vía Campesina haitiana.

Chavannes acusa al gobierno haitiano de estar aprovechando el terremoto para vender el país a las fuerzas imperialistas y a las empresas transnacionales. “No podemos aceptar eso”, advierte el dirigente campesino, “debemos iniciar ya la movilización contra este Proyecto, contra la Monsanto en Haití. Necesitamos una fuerte unidad en Haití y una fuerte solidaridad internacional para enfrentar a la Monsanto y todas las fuerzas de la muerte que quieren acabar con la soberanía total de este pequeño país que conquistó su independencia con la sangre de sus hijos y de sus hijas desde 1804”.

Como primer paso en este enfrenamiento, el MPP convocó a los campesinos a enterrar y quemar todas las semillas de maíz provenientes del Ministerio de la Agricultura. Además, una gran marcha está planificando la Vía Campesina de Haití para los próximos días 4 y 5 de junio, con ocasión del Día Internacional del Medio Ambiente. La marcha partirá de la región de Papay con destino a la ciudad de Hinche, capital del departamento Central. (Traducción ALAI)

- Thalles Gomes, periodista brasileño, desde Puerto Príncipe- Haití.



Fuente ALAI

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Alerta transgénica: la FAO intenta legitimar a las trasnacionales

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Por Silvia Ribeiro

Del uno al cuatro de marzo 2010 se realizará en Guadalajara, México, una conferencia "técnica" internacional de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) sobre cómo se podría manipular y/o hacer transgénico casi todo lo que esté vivo: desde los cultivos y microorganismos hasta los bosques, peces y ganado, pasando por cómo usar más biotecnología en procesos agroindustriales.

Cínicamente, los objetivos manifiestos de la conferencia afirman que se hace para plantear las "oportunidades y opciones" para los países pobres frente a las crisis alimentaria y climática. Para ello la FAO, con apoyo y dinero del gobierno mexicano, tendrá una conferencia cerrada, sólo para invitados, en un hotel de lujo y rodeada de elementos de "seguridad" (nada alimentaria), limitando enfáticamente la participación real y las propuestas y perspectivas de aquéllos que afirma necesitarían sus supuestas soluciones.

Entre los organizadores de la conferencia se encuentra también el Banco Mundial y el CGIAR, ambas instituciones con largas colas que pisar por su impacto negativo sobre los más desposeídos. El gobierno de Estados Unidos e instituciones vinculadas a las industrias de transgénicos están entre los financiadores. Es lógico, ya que la conferencia es uno de los intentos más burdos de la FAO de promover y legitimar los transgénicos, beneficiando a las trasnacionales que los monopolizan.

Son muchas y graves las agresiones que encarnan esta conferencia. Una de ellas es que la conferencia se realiza al mismo tiempo que se autorizan las siembras de maíz transgénico en México, centro del origen del cultivo, en un claro intento del gobierno por legitimarse y tratar de tapar las críticas internacionales por este crimen de proporciones históricas, arropándose con la "indiferencia" de la FAO frente al tema. Peor aún, espera que la FAO no sólo no lo critique, como es su deber según su propio mandato y tratado, sino que termine afirmando que, contra la voluntad de campesinos, indígenas y la vasta mayoría de la población del país, sería bueno para México sembrar transgénicos. O al menos, que la coexistencia de transgénicos con otros cultivos es posible, falacia inventada por las trasnacionales. En Europa, donde se aceptó la coexistencia, ahora hay una campaña masiva para suspenderla, porque la contaminación transgénica –y todos los impactos ambientales, de salud y económicos que conlleva– son incontenibles.

Aunque el tema de la contaminación transgénica es grave en cualquier parte del mundo, la contaminación del maíz transgénico en México es devastadora, porque al ser el centro de origen, significa dañar el acervo genético y el reservorio de diversidad del maíz para todo el mundo. Frente al caos climático, uno de los elementos fundamentales es justamente que exista diversidad de semillas, lo que permitiría enfrentar los cambios del clima, con semillas adaptadas a diferentes circunstancias, que estén en manos de los campesinos, no contaminadas y no restringidas por patentes y control de mercados. Pero la orientación del evento es la contraria.

A partir de los documentos que se han publicado para la conferencia, queda claro el intento de la FAO por ignorar que se trata de tecnologías –sean transgénicos o biotecnología en general– que están controladas en porcentajes abismales por unas pocas trasnacionales, que monopolizan tanto los mercados como las patentes. Las pocas referencias que se hacen sobre esto, se restringen a buscar "opciones" para poder cumplir con los derechos de propiedad intelectual y acuerdos comerciales –y por tanto favorecer a las trasnacionales– en lugar de cuestionarlos por constituir un robo de las empresas a los bienes comunes, un asalto a las semillas que son "patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad", como lo expresa la Vía Campesina.

Ignorando este contexto fundamental y evitando discutir seriamente los daños ambientales y a la salud, los documentos de la conferencia son altamente útiles a las trasnacionales. Pretenden disimular los transgénicos englobando todo en el término supuestamente neutral de "biotecnología", donde entraría desde el yogur que hacía la abuela hasta los transgénicos de Monsanto. En esto y en otros puntos, como el ocultamiento de que los transgénicos producen menos y usan más químicos, es vergonzosa la repetición prácticamente literal de argumentos y fuentes de la industria de transgénicos en los documentos.

Estas falacias no quedarán sin contestar. Entre muchas otras actividades y manifestaciones de la sociedad civil que se realizarán en esos días en Guadalajara, la Red en Defensa del Maíz, Vía Campesina y la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales convocan el 2 y 3 de marzo a una primer audiencia titulada "La contaminación transgénica del maíz: ¿crimen de lesa humanidad?". Habrá testimonios nacionales e internacionales de campesinos, indígenas, activistas, intelectuales y científicos, construyendo un expediente que será presentado en tribunales internacionales. La FAO y esta conferencia constarán en el expediente.

Silvia Ribeiro es Investigadora del Grupo ETC

Fuente La Jornada


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Proyecto de ley de semillas: Tiro de gracia para la agricultura nacional

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COMUNICADO DE PRENSA
PROYECTO DE LEY DE SEMILLAS:
TIRO DE GRACIA PARA LA AGRICULTURA NACIONAL


SAN JOSÉ, 6 de agosto de 2008.

Mientras se habla de crisis alimentaria y de la necesidad de fortalecer la agricultura nacional; la Comisión de Asuntos Agropecuarios de la Asamblea Legislativa aprobó, en forma unánime, la reforma integral a la Ley de Semillas (expediente n.º 16 098), un proyecto que defiende los intereses de la industria semillera trasnacional.

Si este proyecto llegara convertirse en Ley, entre otras cosas implicaría que:

- Todas las semillas que se comercialicen en Costa Rica deben estar registradas y aprobadas por la Oficina Nacional de Semillas (Ofinase), y cumplir con los requisitos y procedimientos que ésta decida. Con esto, castigan legal y económicamente al agricultor que venda o intercambie semillas que no cumplan esas condiciones (art. 3, 17, 18, 23, 26, 27, 30 y 44). La posibilidad de excepciones a esta obligación queda pendiente de una decisión reglamentaria futura, sin ninguna garantía para las personas agricultoras.

-Bajo el señuelo de elevar “la calidad”, para su registro comercial las semillas deben cumplir, entre otras cosas, con los estándares exigidos por la Unión para la Protección de Obtenciones Vegetales la (UPOV) de ser distintas, homogéneas y estables (art. 18). Al ser la homogeneidad uno de los requisitos para el registro comercial, las semillas criollas se vuelven casi ilegales, la diversidad y la homogeneidad son contradictorias. Las semillas criollas se van diversificando al adaptarse, con la ayuda campesina, a diferentes climas, suelos, culturas y prácticas productivas. De allí surge la diversidad agrícola (art. 3, 17, 18, 23, 26, 27, 30 y 44).

- Las semillas criollas o tradicionales deberán ser registradas, y con eso, las empresas semilleras podrían encontrar fácilmente materia prima para hacer sus nuevas variedades comerciales (art. 36).

-La homogenización de la agricultura reduce severamente la diversidad alimentaria. Al restringir el uso legal de semillas sólo a las que estén registradas y certificadas, se desconoce la importancia capital de la diversidad genética de los cultivos criollos. Pérdida de variedades de semillas significa erosión genética, mayor incidencia de problemas fitosanitarios y un mayor uso de fertilizantes y agrovenenos, también significa menos opciones de alimentos disponibles para la población

-Serán delitos o infracciones la venta y difusión de información de semillas que no estén inscritas o que no cumplan con las especificaciones de la Ofinase, así como la venta de semillas sin una etiqueta que diga sus atributos de calidad (art. 43, 44, 45 y 46).

- Aumentarán los costos de la comida para todas las personas: los nuevos costos en insumos, registros y certificación significarán costos adicionales para la agricultura, que al final se le transladarán a las familias consumidoras.

- Se trata a los agricultores como “usuarios o consumidores de semillas”, y a la semilla se le llama “producto terminado” (art. 1, 4, 10, 49 y 51). Ante esta situación se hace necesario responder: ¿Quién “termina” el producto? ¿Las semilleras como Monsanto, que ahora tiene un cuasi monopolio en la venta de semillas en Centroamérica? ¿De cuándo acá el agricultor no es el productor por excelencia y desde todos los tiempos de las semillas, como fruto de su trabajo tenaz y cotidiano?


Aprobación en las sombras


Este proyecto de ley se aprobó en sigilo: sólo se consultaron 13 instituciones, la mayoría de ellas del mismo gobierno y cámaras industriales, únicamente a una de las cuatro universidades públicas y a una agrupación de agricultores, ambas se manifestaron en contra.

No se consultaron a las organizaciones campesinas, indígenas, comunales y ecologistas que trabajan día a día con las semillas, tampoco al Movimiento de Agricultura Orgánica Costarricense (Maoco) o la Red de Coordinación en Biodiversidad (RCB), que se han manifestado varias veces sobre este tema.

A pesar de que más de 130 000 personas demandaron consulta y discusión pública sobre el proyecto UPOV, que también afectaba el tema de plantas y semillas, nuevamente los diputados y diputadas desconocen su obligación de dar cuentas a la población y aprueban apresuradamente proyectos que apuntan a la destrucción de las familias productoras de alimentos.

Liberación Nacional, la Unidad Social Cristiana, el Partido Acción Ciudadana y el Movimiento Libertario dan así un paso más para liquidar la agricultura nacional y los derechos de los agricultores y agricultoras, reconocidos incluso por la FAO. ¿Es esta la forma de reaccionar ante la crisis alimentaria?

“La aprobación de esta ley es parte de una estrategia. Por un lado, las semillas protegidas con derechos de propiedad intelectual como los que da la Ley de Obtenciones Vegetales y UPOV-91, no pueden ser sembradas por quienes no paguen ese derecho de propiedad. Por otro lado ahora la ley de semillas viene a controlarnos todavía más, ya no vamos tampoco a poder vender o compartir semillas que no estén registradas y que no cuenten con un certificado de “calidad”. En el fondo lo que están haciendo es quitando el control de la semilla de manos de los campesinos para dárselo a las grandes empresas” manifestó José Oviedo, agricultor integrante de Unión Nacional de Productores Agropecuarios Costarricenses (UNAG).

Este proyecto de Ley de Semillas es producto de la presión internacional para que todos los países estandaricen sus leyes y así aseguren la comercialización para la industria semillera oligopólica y transnacional localizada principalmente en Europa y Estados Unidos.

En ningún país del mundo estas reformas han tenido el objetivo de aliviar el hambre o fortalecer a los pequeños agricultores y agricultoras. Al contrario, en países donde se ha aplicado este tipo de legislación se deben pagar altos montos para poder comercializar nuevas variedades (p.e. en el Reino Unido se paga el equivalente a $3902 para inscribir y $585 anuales para mantener el registro), y las organizaciones sin fines de lucro que promueven las variedades tradicionales y su distribución libre en países de África, Asia, Europa del Este y América Latina, han debido cerrar o pagar multas de miles de dólares.
¿Por qué no aprendemos de la experiencia, en temas con un impacto tan grande para nuestra alimentación y biodiversidad?

Este proyecto de Ley es un certero golpe a los derechos e intereses de agricultores y agricultoras costarricenses, a su conocimiento tradicional sobre las semillas criollas, a la diversidad de la alimentación, a la seguridad y soberanía alimentarias. Su aprobación en Comisión es un paso más para agravar la crisis y para acabar con nuestra soberanía alimentaria.

Esto se hace todavía más evidente al ver otras mociones y proyectos aprobados por la Asamblea Legislativa en estos últimos días, que eliminan las pocas protecciones que habían quedado frente al Convenio de la UPOV-91, y abren la puerta al patentamiento del conocimiento tradicional.

Desde la Red de Coordinación en Biodiversidad (RCB) haremos todo lo necesario para que este proyecto no llegue a ser ley de la República, y llamamos a las organizaciones campesinas, indígenas y ecologistas, así como a los Comités Patrióticos y a todas las organizaciones solidarias de este país a compartir esta lucha.


Mayor información:

Red de Coordinación en Biodiversidad, rcbcostarica@gmail.com

Silvia Rodríguez Cervantes, drasilviar@gmail.com

Grace García Muñoz, graciagarcimunoz@gmail.com

Eva Carazo Vargas, evacarazov@gmail.com

Nancy Hidalgo Dittel, nhidalgo@itcr.ac.cr

Isaac Rojas, gavitza@racsa.co.cr

Jaime García González, Coordinador RCB, biodiversidadcr@gmail.com


[1] Artículo 9 del Tratado Internacional
sobre los Recursos Fitogenéticos para la
Alimentación y la Agricultura, suscrito por Costa
Rica (ftp://ftp.fao.org/ag/cgrfa/it/ITPGRs.pdf)

[2] La Asociacion Kokopelli se enfrenta a
su segundo juicio por la difusión de semillas de
variedades agrícolas tradicionales
(http://bah.ourproject.org/article.php3?id_article=80).


*El énfasis es nuestro




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La bioseguridad según Monsanto

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Por Silvia Ribeiro*

No es novedad que la Ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados se redactó a favor de las empresas trasnacionales de los transgénicos. Por eso se le conoce como Ley Monsanto.

El 24 de marzo entró en vigor el reglamento de dicha ley, elaborado a puertas cerradas, que retoma y empeora todos los aspectos negativos de la ley, para facilitarle a las trasnacionales los trámites para vender sus semillas transgénicas en el país, legalizando así la contaminación.

Como señaló Alejandro Nadal, si un agricultor sufre daños por contaminación, no tendrá ninguna defensa para exigir reparación por daños (La Jornada, 26/10/2008). Aún peor: las víctimas de la contaminación podrían ser demandadas por las empresas por “uso indebido” de sus genes patentados, tal como ya ha ocurrido en cientos de casos en Estados Unidos.

El reglamento establece también que las decisiones podrán ser apeladas por las empresas, pero nunca por la gente común, por ejemplo, los campesinos e indígenas que verán su maíz milenario contaminado. Es curioso, por decirlo de alguna manera, que el único párrafo que nombra los posibles impactos socioeconómicos (artículo 16.5.d), está referido a que las empresas pueden presentar información adicional que será tenida en cuenta por las secretarías.

Monsanto, Syngenta o DuPont pueden alegar lo positivos que serán los cultivos frankenstein, según su propia y particular interpretación, pero los 100 millones de habitantes de México que podrían mostrar que los transgénicos enajenan la soberanía alimentaria, empeoran sus condiciones de vida y contaminan sus cultivos y alimentos no tienen derecho a apelación.

El aspecto central –y el más peligroso– del reglamento es que se deja en manos de las propias empresas solicitantes presentar, documentar y analizar los riesgos, impactos ambientales, a la salud, a la diversidad biológica, e incluso la evaluación, monitoreo y control de los riesgos que conllevarán sus cultivos transgénicos. O sea, es la parte interesada que dirá si las semillas que nos quieren vender tendrán algún problema.

Teóricamente, esto será revisado por una comisión de expertos, pero las empresas ni siquiera tienen que presentar la documentación de sus fuentes, solamente indicarlas. A ello se suma que las empresas definirán qué partes de la solicitud son consideradas “confidenciales”. Esto quiere decir que ellas definen qué puede ver el público, pero también, que lo marcado como confidencial ni siquiera se distribuirá entre los miembros del comité evaluador, solamente lo verá una sola persona, que será quien coordina este comité.

Es posible entonces que una sola persona, basada en las informaciones de la parte interesada por razones de lucro, sea quien decida sobre la experimentación con maíz transgénico en México, el centro de origen del cultivo, producto del trabajo, sabiduría y conocimiento de millones de personas durante más de diez mil años.

Huelga decir que los argumentos de las partes interesadas siempre serán parciales en su propio beneficio. Por ejemplo, Monsanto, para lograr la aprobación de la hormona transgénica rBGH que se inyecta a las vacas para producir más leche, reportó en la solicitud a las autoridades regulatorias de Estados Unidos, que las vacas sufrían más enfermedades y que tenían un aumento significativo de otra hormona, la IGF-1. Pero sus conclusiones afirmaban que eso no tendría ningún impacto sobre la salud humana.

Informes científicos independientes posteriores mostraron lo contrario, que el consumo de esa leche lleva a aumentos de la hormona IGF-1 en humanos, lo que está asociado a cáncer de seno, próstata y colon.

El mismo proceder tuvo Monsanto con experimentos con ratas de laboratorio que indicaron graves anomalías en los órganos internos y sangre, al ser alimentadas con un tipo de maíz transgénico. En las conclusiones presentandas a las autoridades dice que son datos irrelevantes y que son “variaciones normales entre ratas”.

Estos son apenas algunos de los casos que salieron a la luz. La verdad es que los comités de expertos deberían pasar la vida estudiando y poder realizar estudios independientes, para poder realmente fiscalizar los datos de las propias empresas, cosa que obviamente no sucederá. No existen ni los recursos ni la voluntad política para que esto ocurra.

En su lugar, lo que hay es una vergonzosa farsa leguleya para disimular que se entrega sin condiciones la soberanía alimentaria y el patrimonio genético más importante de México –el maíz– para que las transnacionales de las semillas puedan aumentar sus ganancias.

De ninguna manera es el último capítulo. Con o sin reglamento, la resistencia social contra los transgénicos continuará.


*Investigadora del Grupo ETC

Fuente La Jornada

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Transgénicos, herbicidas, contrabando y muerte "El mundo según Monsanto"


El documental "El Mundo según Monsanto", difundido el martes(11 de marzo) por la televisión francoalemana Arte, traza la historia del principal fabricante de organismos genéticamente modificados (OGM), cuyos granos de soja, maíz y algodón se propagan por el mundo pese a las alertas ecologistas.

La directora, la francesa Marie-Monique Robin, centró su película -y un libro del mismo título- en la empresa de Saint-Louis (Misuri, EEUU), que en más de un siglo de existencia fue fabricante del PCB (piraleno), del agente naranja usado como herbicida en la guerra de Vietnam y de hormonas de incremento de la producción láctea prohibidas en Europa.

El documental señala los peligros resultantes del crecimiento exponencial de los cultivos de transgénicos, que en 2007 cubrían 100 millones de hectáreas, con propiedades genéticas patentadas en un 90% por Monsanto.

La investigación, de tres años, se basó en miles de documentos oficiales, publicaciones científicas y artículos encontrados en Google.

La pesquisa la llevó a Estados Unidos y países como India, Paraguay, Brasil o México, cotejando las virtudes proclamadas de los OGM con realidades que a menudo son las de campesinos hundidos por las deudas con la multinacional, las de personas que sufren problemas de salud a proximidad de las plantaciones o las de variedades originales de granos amenazadas por las especies transgénicas.

James Maryanski, ex coordinador de biotecnologías de la Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug Administration, FDA) de Estados Unidos, reconoce que la autorización de comercialización de los OGM en 1992 fue "política", dado que la cuestión estaba todavía en plena discusión.

Monsanto tiene la patente de los OGM "Roundup Ready", resistentes a ese potente herbicida que contaminaría entretanto cultivos de plantas comestibles a proximidad.

Robin relató en entrevistas divulgadas por la promoción de la película que trató en vano de obtener respuestas de Monsanto a todos esos interrogantes, pero que la compañía decidió "no avalar" su película.

Optó entonces por basarse en centenares de documentos, conferencias y declaraciones de la empresa, e ir a verificar in situ si las cosas eran tan idílicas como el lema de la compañía, "Alimento, Salud, Esperanza", lo daban a entender.

Un capítulo del libro, titulado "Paraguay, Brasil, Argentina: la República unida de la soja", relata el ingreso de ese cultivo en esos países, que figuran hoy entre los mayores productores del mundo, a través de una política de hechos consumados que obligó a las autoridades de Paraguay y Brasil a legalizar centenares de hectáreas plantadas con granos contrabandeados.

La legalización benefició obviamente a Monsanto, que pudo cobrar así las royalties por su producto.

"No se trata de una película o un libro contra los OGM, sino de una pieza importante del dossier" sobre el tema, declaró el líder ecologista Nicolas Hulot, una de las personalidades más respetadas de Francia.

Marie-Monique Robin es una prestigiosa periodista independiente, que en 2004 realizó un documental sobre el Plan Cóndor de eliminación de disidentes políticos en Sudamérica -"Escuadrones de la Muerte: La Escuela Francesa"- para el cual entrevistó con cámara oculta a varios de los máximos represores de las dictaduras militares de los años 70.


Fuente: Ecoportal.net


Resumen del documental (en inglés) aquí



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Mala leche

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Por Silvia Ribeiro*

Gran parte de la producción industrial de leche en Estados Unidos y México utiliza una hormona transgénica de crecimiento bovino llamada rBGH, propiedad de Monsanto –que la denomina Somato-Tropina Bovina o BST (por sus siglas en inglés). Es una hormona que se le inyecta a las vacas y las hace producir hasta el doble de leche. Esto tiene efectos muy negativos en la salud del ganado, pero además puede tener consecuencias fatales para quienes consumen esos lácteos.

Esta hormona transgénica provoca que suba en la leche el nivel de otra hormona llamada en inglés IGF-1 (factor de crecimiento insulínico tipo 1). Estudios recientes muestran que los niveles anormalmente altos de esta segunda hormona se asocian con el surgimiento de cáncer de seno, próstata y colon.

Según el doctor Michael Hansen, asesor de la Unión de Consumidores de Estados Unidos, que analizó y compiló estos estudios (www.organicconsumers.org/r bgh0724_monsanto_rbgh.cfm), las vacas que reciben esta inyección tienen un aumento significativo en la frecuencia de 16 enfermedades, incluidas mastitis y problemas de gestación.

Las vacas sufren muchísimo y, además, la leche contiene restos de antibióticos, pus y sangre, por las continuas enfermedades y tratamientos a que son sometidas. Esto genera una mayor resistencia a antibióticos en quienes consumen esa leche y sus derivados, lo cual ya desde antes era un grave problema de salud pública.

Pese a que el uso de esta hormona artificial está prohibido en Europa, Canadá, Japón, Nueva Zelanda y Australia, se aprobó su uso comercial en México, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Panamá, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela y ocho países de otros continentes, basados en estudios que la propia Monsanto proporcionó a las agencias reguladoras estadunidenses.

La hormona transgénica de crecimiento bovino está en circulación en Estados Unidos desde 1993. Ya para esa época, su aprobación estuvo plagada de irregularidades y en varios documentos se señala la relación absurdamente estrecha de Monsanto con los funcionarios de la FDA (Administración de Fármacos y Alimentos estadunidense), que aprobaron la venta comercial de la hormona y de la leche de las vacas tratadas con ésta.

En los informes de la propia Monsanto a la FDA se registraba que las vacas sufrían más enfermedades y que en la leche de las vacas tratadas con la hormona bovina de crecimiento había un aumento “significativo” (sic) de la hormona IGF-1. Pero en sus conclusiones, la empresa descarta que eso tenga algún impacto en la salud humana.

No es la única vez que Monsanto tiene este proceder: también lo ha hecho con otros estudios que indicaban toxicidad en variedades de papa y maíz transgénico en ratones de laboratorio. Pese a las evidencias de daño en sus propios experimentos, concluía: “no son importantes”, mientras la revisión ulterior por parte de científicos independientes mostró lo contrario.

Conforme se divulgan más informes que muestran los riesgos de la hormona rBGH, se expresa con más claridad el rechazo de los consumidores estadunidenses. Grandes cadenas de supermercados como Kroger, Safeway y la cadena de cafeterías Starbucks han prometido a sus clientes que no tendrán leche con hormonas artificiales.

Ningún producto transgénico es etiquetado en Estados Unidos, porque desde sus inicios, las empresas productoras de transgénicos lograron con presiones de todo tipo que no se use una etiqueta que diga “contiene transgénicos” o cualquier formulación que lo indique, aunque sea verdad. Seguro desde entonces sabían que tenían mucho que ocultar.

Ahora, frente a las acciones de esos supermercados (motivadas por el rechazo de los consumidores), la respuesta de Monsanto es acosar a las autoridades para que tampoco se pueda etiquetar que la leche “no contiene” esa hormona transgénica. Monsanto alega que etiquetar es una forma de “engañar” a los consumidores, porque la leche con hormonas no tendría diferencias con las otras.

Como explica el doctor Michael Hansen, los consumidores entienden muy bien qué significa “libre de hormonas de crecimiento bovino”, o “libre de hormonas artificiales BST” (STB en castellano), y reconocen el valor de productos cuya etiqueta indica “sin colorantes artificiales” o “sin saborizantes”.

La decisión sobre si quieren o no una etiqueta informativa es de los consumidores, no de las empresas que lucran con estos aditivos y productos transgénicos. En todo el mundo, las encuestas a los consumidores sobre si prefieren o no etiquetado de transgénicos, hallaron de 80 a 98 por ciento a favor del etiquetado.

En México, existen dos marcas de leche orgánica, que declaran estar libres de hormonas STB, pero esta hormona se usa en 24 cuencas lecheras y las marcas que se abastecen allí no declaran su contenido en sus productos.

Con los nuevos informes en circulación, los países que aprobaron esta hormona deberían prohibir urgentemente su uso, tal como ya hizo la mayoría de los países industrializados.


*Investigadora del Grupo ETC

Fuente La Jornada, México

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