Del Monte no acepta ninguna regulación

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Con gran indignación han tomado los vecinos y las organizaciones ambientalistas del caribe las maniobras que del Monte esta realizando a fin de quedar impune, en el cierre de una empacadora de piña en Siquirres.

La Transnacional que siempre ha predicado ser respetuosa de la Legislación Costarricense, ahora solo porque el Tribunal Ambiental Administrativo ya no puede pronunciarse de otra forma porque han sido reiteradas las violaciones que se han registrado, la Empresa descarga toda la fuerza contra este tribunal alegando que las pruebas son espurias y que carecen de fundamento.

Estas multinacionales han sido intocables , nunca el peso de la ley ha sido para ellas por eso Del Monte no acepta que el Tribunal Ambiental Administrativo haya tomado la decisión de cerrar una planta Empacadora .

El Campo pagado que los costarricenses hemos visto el día de hoy pagado por la Transnacional del Monte, es una muestra clara del irrespeto que estas Empresas tienen para con la legislación Costarricense.

Queremos advertir a la opinión publica nacional e internacional, el peligro que encierra el desconocimiento publico de esta Empresa a un mandato de este Tribunal y hacemos un llamado a las organizaciones sociales y ambientales de Costa Rica para que respaldemos las medidas adoptadas por el Tribunal Ambiental Administrativo, ya que hay decenas de comunidades que pueden dar fé que las violaciones que hoy el Tribunal Ambiental castiga son reales y son muchas familias que pueden dar testimonio de lo que está pasando.

Las Organizaciones Ambientalistas y sociales nunca hemos planteado que dichas Empresas deben de eliminar la producción de piñas en País, pero si reiteramos que estas Trasnacionales deben cumplir con todas nuestras leyes y que no se justifica que los Gobiernos de turno sigan haciendo concesiones, como ha sido la tónica en el pasado.

Estamos convencidos que todo el berrinche que hoy presenciamos los costarricenses en los principales medios de comunicación, por parte de Del Monte es nada mas ni nada menos que la falta de costumbre que un Tribunal los ponga a derecho.

Las Organizaciones Ambientales y sociales de este País que sí hemos recibido el peso de ley en reiteradas ocasiones, seguimos creyendo en nuestras leyes, estamos convencidos que en el campo Social y Ambiental tenemos muchas leyes y mejores que muchos Países, el problema está en que hemos sufrido parcialidad para la aplicación de las mismas , por eso apoyamos nuestro sistema legal pero reiteramos que han sido hechos para aplicarlos a todos por igual.


Carlos Arguedas Mora

Secretario de Salud Ocupacional
y Medio Ambiente del Sindicato SITRAP




El énfasis es nuestro




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3 comentarios:

rigo dijo...

Los primeros que deberían actuar ante la amenaza de la salud son los mismos empleados. Si sus condiciones no son adecuadas deberían renunciar a la empresa en orden se proteger sus vidas. Ningún trabajo debería valer lo que vale una vida.

No entendo qué tienen que ver los sindicatos ahí y menos llamando a la revuelta popular.

Hay que empezar a poner los puntos sobre las íes. Los responsables son los que se tienen que hacer cargo del problema. Y los responsables son los mismos empleados.

Si la gente deja de trabajar en esas condiciones la empresa tendrá dos opciones: o cumple con las demandas, o cierra por falta de empleados.

Pero ya cuando se meten sindicatos y el gobierno arengando a la gente y metiéndoles carbón, lo que hacen es complicar todo e inflar los problemas.

Saludos hadabruja.

Mónica Oporto dijo...

Los sindicatos (si funcionan en su tarea específica) son los que respaldan los pedidos de los trabajadores que nuclean.Máxime para dar cumplimiento a una disposición de este tipo que las multinacionales (que siguen el camino planteado por la UFCO) han ignorado por años en tanto explotaron las tierra de América.
Recordando a Mario Benedetti, te dejo un cuento que viene al caso:
Había una vez un bosque, lleno de trastos viejos y florecillas nuevas, entre los que, inconscientemente alegres, corrían, volaban, saltaban o, simplemente, transitaban sus habitantes naturales: gorriones, vaquitas de sanantonio, mulitas, zorrinos, liebres, perdices, ranas, cotorras, picaflores, etcétera.
Las relaciones zoociológicas eran relativamente buenas. Después de cada lluvia los hongos nacían como hongos, y eso daba abundante motivo a los cantos, graznidos, cotorreos, mugidos, rebuznos y otros medios de comunicación de masas.
Las flores eran vulgares y silvestres, pero por lo menos nadie las pisoteaba. Con su samba de una sola nota las insistentes ranas llenaban la noche. Eran verdaderamente llenadoras. En época de relativa escasez, los animales mayores corrían la liebre; pero cuando la escasez era más grave hasta las liebres corrían la liebre. Sin embargo, y pese a todas las dificultades de la vida salvaje, aquel era un bosque feliz.
Naturalmente había objeciones contra la tozudez de las mulitas, la difamación de las cotorras o la ronca sapiencia de los sapos; pero después de todo un picaflor tenía casi los mismos derechos que un yacaré, la única diferencia estaba en la dentadura. Todos estaban autorizados a ver el cielo, que aparecía entre las altas ramas y, cuando las calandrias cantaban el himno del bosque, los pinos se quitaban respetuosamente las copas y todos los árboles lo escuchaban de pie.
Por supuesto, un bosque es un conjunto de árboles y de matas, pero en él todo marcha mucho mejor cuando se arbola que cuando se mata. Esto no pareció importarle demasiado a un señorito ceñudo y sañudo que apareció en el bosque una mañana gris. De entrada, miró con resentimiento a arbustos y alimañas. Como anticipo, pisoteó un escarabajo y le arrancó lentamente las alas a una mariposa. Al día siguiente vino con otros hombres igualmente ceñudos y sañudos, acompañados de extraños instrumentos, herramientas y maquinarias.
Durante dos o tres semanas, indiferente a las más hondas aspiraciones de la flora y de la fauna, taló y taló. No dejó un solo árbol en pie. Los animales y animalitos que, por algún azar, lograron sobrevivir a la hecatombe, pasado el estupor inicial huyeron despavoridos.
Por fin, el hombrecito hizo cargar todos los troncos en enormes caminos. Sólo una tortuga quedó, por razones que ustedes podrán imaginar, para presenciar esta última operación. Por lo tanto, fue ella el único testigo de un extraño gesto: el hombrecito desenrolló un gran cartel y lo colocó en el primero de los camiones. Como la tortuga era analfabeta no pudo enterarse del texto del letrero, que decía: "Yo quiero a mi bosque, ¿Y usted?”

Mónica Oporto dijo...

Rigo, la fuerza de los trabajadores está en su organización y los sindicatos son la etapa de esa organización, no los podés desconocer como actores sociales organizados. Y el papel que han cumplido históricamente en las luchas y avances sociales.
Que la gente deje de trabajar en esas condiciones para que la empresa cumpla las demandas... creo que el neoliberalismo ha instalado una clara, fácil y contundente forma de flexibilizar el trabajo, con sueldos bajos y condiciones a las que debe "flexibilizarse" el trabajador que, si deja de trabajar, sabe que será reemplazado rápidamente porque la oferta de mano de obra es superior a su demanda.
Saludos!

 

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