El agua no es mercancía

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Año 2000. La empresa “Aguas del Tunari”, controlada por la transnacional Bechtel, impuso un desmedido aumento en las tarifas de agua potable en la ciudad de Cochabamba. La reacción de los consumidores se inició con protestas callejeras que, muy pronto, apoyaron los “regantes” –sector de agricultores que requiere agua para sus tierras de siembra– y todos los campesinos de la región.

Esa ciudad, ubicada en el centro de Bolivia luchó hasta lograr que la empresa quede cerrada y se retorne al sistema de control municipal. “La guerra del agua”, como se la llamó, reivindicó el derecho social de acceder a este recurso.

Los analistas han señalado, en forma coincidente, que ese episodio inició, en Bolivia, el desmoronamiento del modelo neoliberal.

Hoy, el gobierno de Evo Morales, trabaja para establecer condiciones que signifiquen el goce de los servicios básicos para todos. Por cierto, el acceso al agua, es uno de estos servicios, talvez el más importante.


Las demandas de la Unión Europea

Junto a otras naciones del continente, Bolivia ha planteado su oposición al ALCA y, posteriormente, al Tratado de Libre Comercio (TLC) propiciados por Washington. No se trata de una oposición sectaria, sino que es la defensa de los recursos que han sido, y siguen siendo, consumidos en forma irracional por los países industrializados.

El agua para consumo humano se usa en la industria metal-mecánica, en la del cuero, en la textil, en la limpieza y una larga lista de otras actividades que bien podrían utilizar agua no potable para sus requerimientos. Usos irracionales también se constata con relación a otros recursos no renovables.

Como contraparte a esta situación, los países latinoamericanos iniciaron conversaciones con la Unión Europea. Las conversaciones tenían una buena orientación, hasta que la UE planteó el tema de la privatización de los recursos naturales.

Hacer del agua una mercancía comercializada por empresas transnacionales, figura entre las primeras exigencias de esa comunidad, volviendo a plantearnos el mismo tipo de imposiciones que establece el TLC de Estados Unidos.


Agua para el continente

La reacción del gobierno boliviano fue la primera. Debía ser la primera. Es que, Bolivia, es el país desde cuyos nevados salen las aguas que alimentan el Amazonas y el Río de la Plata, las dos cuencas más importantes de Sudamérica.

¿Vamos a entregar ese recurso a las empresas europeas?, ¿permitiremos que, desde nuestro país, se controle el consumo de agua en toda la región?, ¿dejaremos que se adueñen del agua que ha comenzado a ser escasa?

Los científicos han dado la voz de alarma. Concretamente, en Bolivia, dentro de dos años, en 2009, habrá que imponer restricciones al uso del agua. Precisamos que la racionalidad, en el uso de este recurso, comience a formarse desde ahora.

Los nevados de las cordilleras Oriental y Occidental deben ser cuidados. Un gran plan de conservación es posible tener preparado para que, en los próximos años, podamos implementar el manejo racional del agua.

Pero eso es insuficiente. La conciencia de un uso racional debe darse en cada persona. Disposiciones que impidan botar agua en el lavado de automotores y otros usos dispendiosos; normas estrictas para su uso en las diferentes industrias; racionamiento efectivo mediante tarifas diferenciadas.

Es decir, desde los gobiernos, debe comenzarse una acción permanente para no encontrarnos, el año 2009, en una situación conflictiva que obligue a racionamientos tardíos.


Agua para el mundo

Mientras la prensa proclama que Bolivia está impidiendo la firma de un acuerdo con la Unión Europea, lo que en realidad está haciendo, es propiciar la intención de que los países industrializados se apoderen de nuestro recurso más importante.

Debe cambiar tal criterio. Debe establecerse una relación de respeto entre aquellos países que depredaron los recursos durante siglos y nuestras naciones que luchan, ahora, por preservar lo poco que nos ha quedado.

No lo hacemos sólo para nuestras necesidades, que son la prioridad, sino también para el bienestar de todo el mundo. Si aceptamos la imposición de la UE, el agua no alcanzará para los próximos dos años. En la misma concepción neoliberal, mientras más rápido y en mayor cantidad vendan, harán más negocio.

A la Unión Europea habrá que decirle que están obligados a apoyarnos en el cuidado de nuestros recursos. ¡Que retiren esa exigencia de los acuerdos con América Latina!


Fuente Ecoportal.net

Nota: La negrita es nuestra




2 comentarios:

Jethro Masís dijo...

Hola Hadabruja.

Mirá esto, que es una muy buena noticia, y lo nuevo de Svankmajer que puse.

Saludos

hadabruja dijo...

Hola. Buenísima noticia, gracias!

Saludos

 

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