TLC y empleo (4 de 4)

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TLC y empleo (4 de 4)


Por Luis Paulino Vargas Solís

¿Es posible salir de la trampa neoliberal?

Estamos efectivamente entrampados. Y no es difícil entender cómo y en qué sentido, según se desprende del análisis desarrollado en los tres artículos previos. Explicado brevemente, se trata de lo siguiente:

• La estrategia neoliberal –promotora irrestricta del TLC- enfatiza unilateral y casi obsesivamente las exportaciones y la atracción de inversiones por parte de grandes corporaciones transnacionales. Ambas cosas están obviamente vinculadas ya que estas transnacionales efectivamente aportan una parte sustancial de aquellas exportaciones.

• Pero estas transnacionales –y especialmente las de alta tecnología- tan solo crean una cantidad muy reducida de empleos. Mas, en general, ese es un problema que, aunque atenuado, comparte todo el sector exportador.

• La atracción de tales inversiones transnacionales constituye objetivo prioritario de las políticas públicas. Ello implica dos cosas: destinar ingentes recursos públicos a fin de satisfacer las condiciones que esas empresas demandan y, además, restar atención y recursos que apoyen el desarrollo de otros sectores de la economía que, a diferencia de tales empresas extranjeras, sí tiene capacidad para generar muchos empleos.

Otros factores inherentes a este “modelo neoliberal” complican ese cuadro tan problemático, en especial su sesgo especulativo, consumista y despilfarrador que constituye una pesada hipoteca sobre nuestro desarrollo futuro. Intentando ahorrar algo de espacio, aquí tan solo menciono, sin analizar, esas otras características del “modelo”. Paso a una pregunta importante.

¿Podría esta estrategia auto-enmendar sus problemas mediante un aumento adicional en los flujos de inversión que el país recibe?

Para entender la relevancia de esta pregunta, basta recordar lo que, sin cansancio posible, repiten los promotores del TLC: al aprobarse éste, aumentará la inversión extranjera. Hemos visto en el segundo artículo que esta afirmación es falaz. Pero su insistencia indirectamente nos está diciendo que ellos creen que mayores flujos de inversión extranjera podría ser una manera de corregir los graves desequilibrios que su “modelo” arrastra ¿Realmente es ello posible?

No, no lo es. Examinemos brevemente el por qué. Los enormes flujos de inversión extranjera que el país ha recibido en los últimos años, han repercutido en un aumento extraordinario de las reservas monetarias internacionales netas en poder del Banco Central.

No solo acontece que éstas han llegado a los niveles más altos en toda su historia si no que, además, en pocos años han crecido de forma explosiva: pasaron de US$ 1.318 millones en 2000, a US$ 1.500 millones en 2002, US$ 1.922 en 2004 y hasta US$ 3.115 en 2006 (datos a diciembre de cada año). Esto significa que en el período 2000-2006 el monto de estas reservas se multiplicó por 2,36 veces. Tan solo entre 2004 y 2006 –que, como vimos, son años donde la inversión extranjera literalmente estalla- aumentaron un 62%.

Superficialmente se podría considerar que esto es “bueno”. En realidad es una situación que ha generado notables problemas al Banco Central e, indirectamente, al sector exportador, que solía ser el consentido de las políticas neoliberales.

Sin duda, la decisión de pasar a las bandas cambiarias en sustitución del viejo sistema de minidevaluaciones, se hizo tratando de aprovechar esta coyuntura de sobreabundancia de dólares y haciéndole bonito a la banca y las finanzas a cuyo favor se ha querido abrir un nuevo frente para el negocio especulativo.

Pero, en la práctica, esta ha sido una salida tramposa: para que el valor del dólar no se derrumbe el Banco Central ha debido comprar enormes cantidades de divisas. Tan solo indiquemos que en un período de algo más de cuatro meses –entre mediados de octubre de 2006 y fines marzo de 2007- el Central debió comprar divisas por un monto de US$ 931 millones.

¿Por qué se hace tal cosa? Porque de otra forma, y en vista de la sobreoferta de dólares, el colón aumentaría su valor con lo que de forma directa se perjudicaría la rentabilidad de las empresas exportadoras. En todo caso, el solo hecho de que el tipo de cambio se mantenga “pegado al piso” (alrededor de 516-520 colones por dólar) ya es perjudicial para las exportaciones, en vista de que la inflación es muy superior a la posible devaluación que el Banco Central pueda forzar mediante su intervención masiva.

¿Qué implica esto para el Banco Central? Que sigue en las redes del absurdo jueguito en que viene atrapado desde hace muchos años: su objetivo es reducir la cantidad de dinero en la economía supuestamente con el fin de estabilizar los precios, pero el dinero que retira por un lado (generalmente mediante la colocación de bonos) lo vuelve a inyectar por otro (en este caso, mediante la compra de dólares).

Más que paradójico, esto resulta verdaderamente ridículo. Y, por lo demás, reitera lo que ya sabíamos: la perfecta inutilidad de la política monetaria de un Banco Central que hoy como ayer, por ya 23 años, sigue dominado por una estrecha óptica ideológica neoliberal.

En resumen: olvídense de que Costa Rica puede aumentar mucho más los flujos de inversión que se reciben. Con el TLC no se va a lograr y, en todo caso, hacerlo acarrearía consecuencias negativas: entre otras cosas, elevar hasta las nubes las pérdidas del Banco Central y, lo que es peor, arruinar a los exportadores. Arruinarlos, y no porque se rechace el TLC sino por la sobreabundancia de inversión extranjera.

Mala noticia: no será por esta vía como puedan arreglar las enormes falencias de su modelo.

¿Cómo salir de la trampa?

Efectivamente, el neoliberalismo está atrampado en sus propias redes y sin respuestas frente a su bancarrota. Quizá ésa sea una buena razón detrás de su obsesión por el TLC: cuando ya no queda mucho por hacer, permitir que los desequilibrios exploten y huir del barco subastándolo de previo, podría constituir para esos grupos sociales una salida, no airosa ni digna, pero sí muy rentable.

Desde la óptica de quienes nos oponemos al TLC y queremos otras vías para el desarrollo de Costa Rica, ¿qué podríamos proponer como posibles salidas? Pensando básicamente en el problema del empleo, sugeriré aquí algunos lineamientos generales que tan solo dejaré esbozados.

• Redefinir las prioridades y lineamientos de las políticas sobre inversión extranjera: en vez de conceder privilegios irrestrictos y casi ilimitados, definir elementales bases de negociación que garanticen ciertos beneficios sociales y económicos que cuanto menos retribuyan parcialmente las buenas condiciones políticas, económicas, culturales, ambientales, institucionales y educacionales que el país provee.

Tales beneficios a nuestro favor deberían incluir la generación de una cuantía significativa de empleos, transferencia deliberada de tecnologías y uso de materias primas y bienes intermedios nacionales. Esto último incrementaría la capacidad de generación indirecta de empleos. También deberían revisarse los actuales privilegios tributarios. Desde luego, y como ha de ser obvio, el país requiere fortalecerse para entablar este tipo de negociación con el capital extranjero, para lo cual es preciso solidificar alianzas y formas de cooperación a nivel internacional (véase el primer artículo).

• Establecer un nuevo balance en las prioridades de las políticas públicas de desarrollo a fin de promover el desarrollo de las empresas cooperativas, asociativas y de propiedad social, así como de aquellas de capital nacional, en especial las micro, pequeñas y medianas. Promover, pues, su modernización: en lo tecnológico, gerencial y administrativo y en el desarrollo de sus capacidades de innovación. Convertirlas, así, en núcleos dinámicos de generación de empleos y transformación y avance económico con distribución equitativa de la riqueza y los ingresos.

• Promover el turismo que se integra respetuosamente con la naturaleza e interactúa a profundidad con el entorno socio-económico. No más los grandes hoteles-enclave de propiedad extranjera, ambientalmente destructivos y desvinculados de las realidades socio-económico nacionales y las de su entorno comunal y regional más inmediato. Cierto que el crecimiento turístico depredador que venimos padeciendo tiene consecuencias prácticamente irreversibles, pero, como mínimo, es preciso frenarlo en el punto adonde ha llegado, para reiniciar el rediseño y reorientación del conjunto de la política sobre turismo. Y, por cierto, pequeñas hoteles integrados con el entorno socio-económico puede ser un buen instrumento para la generación de empleos.

• Reorientar a profundidad la racionalidad que guía el funcionamiento del sistema financiero: extirpar y sanear su actual sesgo especulativo y convertirlo en instrumento que apoye formas de desarrollo equilibradas desde el punto de vista social, regional, económico y ambiental. Que, en efecto, apoye empresas que crean empleos, producen y distribuyen riqueza respetando el ambiente, no las que especulan, despilfarran y depredan.

• Definir estrategias para el desarrollo regionalmente equilibrado: ello al menos en dos niveles: dedicando especiales esfuerzos a las regiones costeras y fronterizas deprimidas, así como a las áreas urbanas marginalizadas, que reclaman esfuerzos muy serios de regeneración y desarrollo. Esto último puede generar importantes efectos indirectos que promuevan el surgimiento de nuevas pequeñas empresas y eleve la productividad de nuestros trabajadores.


Fuente Tribuna Democrática

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