1° de Mayo: Los costarricenses tenemos mucho que celebrar

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El doble significado del 1º de Mayo

  • A 150 años de la rendición de Walker, este 1 de Mayo tenemos el imperativo moral de hacer que la huella de nuestros héroes, imperecedera en nuestra historia y nuestra memoria, se avive y encienda aún más, pues vivimos tiempos aciagos, cuando una interesada y poderosa alianza de tagarotes de afuera y de adentro -modositos en gestos y ropajes, así como duchos en retórica artificiosa y engañosa- intenta poner la patria en venta, a muy cómodos plazos y precios.

Luko Hilje Q.*

Hace muchos años, en mis tiempos de estudiante universitario, el hoy colega biólogo Marco Tulio Picado me preguntó, con cierta malicia, si yo sabía lo que se conmemoraba el 1º de Mayo en el país. Pensé que me estaba dando una broma, de tan obvia que era la respuesta, y le respondí: "¿Estás hablando en serio? Diay... el Día Internacional de los Trabajadores". Entonces él sonrió y replicó: "Pues... no. La rendición de William Walker". La verdad es que su respuesta me tomó por sorpresa.

Acostumbrado, como la mayoría de mis coterráneos, a creer que la Campaña Nacional contra los filibusteros que pretendían anexar nuestro territorio a los EE.UU. se condensa en el 11 de Abril como única efeméride patria, no imaginaba yo ese doble significado del 1º de Mayo para nosotros.

Paradójicamente, después me percataría de su nulo valor en los EE.UU., cuando llegué a vivir allá, pues arribé un domingo, ignorando que al día siguiente era feriado, como primer lunes de setiembre, que es cuando se celebra lo que se conmemora el 1º de Mayo en todo el mundo. Irónico, pues esa celebración tuvo su origen ahí, en las reivindicaciones de las grandes masas obreras que, sobreexplotadas con sus extenuantes jornadas laborales y sus paupérrimos salarios, sintetizaban sus luchas en una consigna de aritmética sencilla -partiendo el día en tres tractos equivalentes- pero de profunda justicia: ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de recreación. "¡Qué vagos!", habrían sentenciado iracundos algunos editorialistas de hoy, si hubieran vivido en esas épocas.

En efecto, cuentan los historiadores que, aunque planteada la cuestión desde muchos años antes, sería a partir de 1880 que empezaría a cobrar fuerza la lucha por instaurar la legislación que permitiera laborar por un máximo de ocho horas diarias. Y, si bien hubo reformas y avances parciales promovidas por la célebre American Federation Labor, la reticencia de los sectores dominantes en los partidos Demócrata y Republicano forzaría a los sindicatos a emprender acciones más drásticas. Asimismo, con unos dos años de antelación, se planteó que dicha legislación debiera entrar en vigencia a partir del 1º de mayo de 1886.

Llegada la fecha prevista, en numerosas ciudades se produjeron manifestaciones masivas, concretadas en centenares o miles de huelgas, que incluso se prolongarían por varios días. Y sería en Chicago donde el 4 de mayo la revuelta popular desembocaría en una seria escaramuza, de la cual resultarían varios muertos y heridos. Como consecuencia, serían inculpados varios dirigentes anarquistas o socialistas, entre quienes figuraron los alemanes August Spies, Michael Schwab, Adolph Fischer, Louis Lingg y George Engel, el inglés Samuel Fielden, y los estadounidenses Albert Parsons y Oscar Neebe. Enjuiciados y condenados a la horca, serían ejecutados año y medio después. Aunque crudamente golpeado y avasallado de momento, al año siguiente el movimiento obrero retomaría con renovados bríos sus justas luchas.

En correspondencia, sería gracias a una resolución de un congreso del movimiento obrero europeo, reunido en París en 1889, que se instauraría a partir del siguiente año el 1º de Mayo como el Día Internacional de los Trabajadores, en memoria de los valerosos mártires de Chicago. Aunque no era de acatamiento obligatorio para los gobiernos, poco a poco fue acogido en varios países. En el nuestro, no sería sino hasta 1913 cuando se iniciaría esta celebración, promovida por la recién fundada Confederación General de Trabajadores y por el célebre Centro Germinal, insólita instancia donde convergieran tanto obreros como intelectuales de la talla de Omar Dengo, Carmen Lyra, Joaquín García Monge, Rómulo Tovar y José María (Billo) Zeledón.

A la luz de esto, sobra remarcar que -a diferencia de casi todos los demás feriados- esta fecha tiene un auténtico contenido popular, y debe servirnos para rendir tributo a quienes entregaron sus vidas por algo que hoy es obvio y aceptado: que la jornada laboral consta de ocho horas.

Pero, en nuestra patria, ese contenido popular del 1º de Mayo se duplica. Porque lo cierto es que al desalmado y mercenario ejército filibustero no se le detuvo en conciliábulos ni mediante malabares diplomáticos, ni tampoco pactando, como lo sugirieron algunos blandengues, mercantilistas y oportunistas miembros de la élite política y económica de entonces. No. Quien los enfrentó y venció fue un contingente de patriotas, la mayoría humildes agricultores y artesanos que se sumaron al ejército convencional, sabiamente conducidos por el visionario y resuelto don Juanito Mora.

Valerosos y bravíos combatientes, muchos descalzos o con apenas caites, en extenuantes travesías bajo inclementes soles por esos sinuosos y escarpados Montes del Aguacate, rumbo a Puntarenas. Aspirando la brisa salobre al atravesar el golfo de Nicoya, y remontando entre manglares el río Tempisque hasta los puertos fluviales de Bolsón y Bebedero. Acampando en Liberia, con el corazón estrujado de nostalgia pero vibrante de patriotismo. Inmutables y acechantes, sintiendo la sangre colmar sus arterias, a la espera de la orden de atacar la casona de Santa Rosa. Escuchando los silbidos de balas y el estampido de cañones, así como el tropel de cascos por el avance de la caballería dispuesta a atacar con sus sables a los invasores, en medio de aquellas polvaredas veraniegas y el penetrante olor a pólvora. Tras la reyerta, atestiguando con dolor la muerte de una veintena de compatriotas, así como de una treintena de heridos, desperdigados sobre los retostados suelos de Santa Rosa, como grave preludio de lo que ocurriría en Rivas tres semanas después.

Atónitos, pues en medio de la celebración de la victoria ante la huida de Walker -entre centenares de cuerpos abatidos en las calles de Rivas-, poco después sobrevendría el pánico, por el cólera. Despavoridos, huyendo ante un enemigo invisible y fantasmal, imposible de vencer con la gallardía o el fervor patrio mostrado en las batallas previas. Porque esos retortijones y heces blanquecinas eran muy mal presagio: la grave señal del inminente y cercano final. De regreso ya, de nuevo las extenuantes travesías, pero esta vez con el ánimo maltrecho y el alma en vilo. Y el infausto retorno al hogar, cuando el abrazo del ansiado reencuentro más bien se tornaba en cómplice de la fatalidad.

Pero, superada la peste, había que volver al frente de batalla. Y, ante la nueva convocatoria de don Juanito, nuestros combatientes no se amilanaron. Sabiendo lo que les esperaba, marcharon de nuevo a pelear. A morir quemados o ahogados, como sucedió al hundirse el bergantín 11 de Abril en San Juan del Sur. A recorrer en embarcaciones hechizas, bajo un verdadero diluvio, el río San Juan y poder capturar, una tras otra, La Trinidad, el Castillo Viejo y el Fuerte de San Carlos, así como todos los navíos enemigos. Pasar terribles hambrunas y ver morir de inanición o enfermedades a tantos compañeros, e incluso atestiguar la deserción de algunos, cuyo ánimo menguara por estos males. Y más y más muertos en Ometepe y San Jorge, así como en Rivas -también un 11 de abril-, para por fin regocijarse ante la rendición de Walker ahí mismo, dos semanas después, el 1º de mayo de 1857.

En síntesis, incontables muestras de penurias, sacrificio, dolor y coraje, que hacen que el de este año no sea un 1º de Mayo más. Por eso, a 150 años de la rendición de Walker, tenemos el imperativo moral de hacer que la huella de nuestros héroes, imperecedera en nuestra historia y nuestra memoria, se avive y encienda aún más, pues vivimos tiempos aciagos, cuando una interesada y poderosa alianza de tagarotes de afuera y de adentro -modositos en gestos y ropajes, así como duchos en retórica artificiosa y engañosa- intenta poner la patria en venta, a muy cómodos plazos y precios.

Por eso, por respeto a la memoria de nuestros héroes y mártires, no permitamos que Walker regrese.


Tomado de Informa-tico.com

Nota: La negrita es nuestra


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2 comentarios:

Anónimo dijo...

hadabruja!! Yo no quiero ir... : )

Adiós, saludos...

ººEl Chamukoºº dijo...

Saludos compañeros:

Nuevo post en El Infierno

Si quieren ver las fotos de los sátiros sexuales del SEC

¡¡¡VÁYANSE AL INFIERNO!!!

 

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