TLC y empleo (3 de 4)

|





TLC y empleo (3 de 4)


Por Luis Paulino Vargas Solís

¿En verdad la inversión extranjera genera empleos abundantes?

La historia es bien conocida y se bifurca en dos partes: 1) sin TLC no habrá inversión extranjera y 2) sin inversión extranjera no habrán empleos. Vimos en el segundo artículo que la primera de estas afirmaciones es falsa. Vamos con la segunda, pues.

El auge económico de los últimos años

Los últimos años –justo en coincidencia con el debate nacional en relación con el TLC- han sido de considerable crecimiento económico. La economía nacional, a juzgar por los datos oficiales, ha pasado por una etapa de bonanza.

Veíamos en el segundo artículo cuán acelerado ha sido el crecimiento en los flujos de inversión extranjera recibidos por el país durante ese período. Recordemos dos datos que lo ilustran de forma muy clara: en ese trienio –y por comparación con los datos de 2003- la inversión extranjera creció en total un 145% con lo que, además, como proporción del Producto Interno Bruto (PIB) pasó de 3,3% (2003) a 6,4% (2006). Impresionante, sin duda. Y sin TLC, como ya vimos. Tan solo ampliemos el análisis para decir que esa es una tendencia presente durante todo el quinquenio 2001-2006.

Al mismo tiempo, tanto las exportaciones (FOB) como el PIB han crecido de forma muy notable. En el período 2001-2006 las primeras aumentaron, en promedio, un 10,8% anual. El dato respectivo es de 5,5% para el PIB. En el trienio más reciente (2004-2006) las tasas de crecimiento promedio anual fueron, respectivamente, de 10,4% y 6,0%. Habrá que reiterarlo: son cifras notables.

Seguramente hay una vinculación significativa entre el crecimiento de las inversiones extranjeras, el de las exportaciones y el del PIB. Una parte considerable de las inversiones extranjeras se destinan a la agricultura y agroindustria pero, sobre todo, al turismo y la industria.

Seguramente esas inversiones quedan insertas en actividades de exportaciones y generación de divisas. Sin embargo, en los últimos años creció mucho la inversión destinada a servicios financieros (banca) y sector inmobiliario (construcción).

La primera se multiplicó por más de 14 veces entre 2004 y 2006 y la segunda lo hizo por cerca de 17 veces entre 2002 y 2006. En estos dos casos (banca e inmobiliario) no se generan exportaciones, pero su auge seguramente ha contribuido a elevar los índices de crecimiento del PIB. Quizá en otra ocasión podamos analizar con un poquito más de detenimiento que es lo que este auge financiero e inmobiliario podría significar. De momento, tan solo hago mención de los datos respectivos.

Así pues, muy bueno parece ser el desempeño de la economía. Parece, subrayo. Para alguna gente, que ve la superficie del río pero no lo que éste arrastra, datos como los indicados son razón suficiente para el júbilo. Pero la verdad es que la economía carece de toda justificación como no sea el satisfacer las necesidades de la gente.

Crecer mucho no es razón suficiente para elogiar el desempeño de un sistema económico. No si ese crecimiento destruye el medio ambiente y se logra a costa de la calidad de vida de mucha gente. Ese es el caso de la Costa Rica actual. Me concentraré en lo segundo –lo que este crecimiento ha significado para las personas de carne y hueso- enfocándome especialmente en el tema del empleo.

¿Y el empleo? Malito, muy malito

Oficialmente las cosas han mejorado. Esa tesis se basa en el hecho de que la tasa de desempleo abierto, que sigue siendo alta, en todo caso bajó al 6,0% en 2006 cuando en los tres años previos estuvo en el rango 6,5%-6,7%. Pero si usted se preocupa por escudriñar los datos disponibles con un poco más de atención, se dará cuenta que la cosa se ha deteriorado, en vez de mejorar.

Voy a referirme a datos procedentes de las Encuestas de Hogares que en julio de cada año realiza el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC). Evitaré detalles estadísticos, los cuales incluiré en un versión posterior de este escrito. Haré referencia al quinquenio 2001-2006. Así pues, procedamos a repasar y analizar brevemente los datos más relevantes.

- En el quinquenio considerado (de julio 2001 a julio 2006) se crearon, en total, 277.004 nuevos puestos de trabajo, es decir, un promedio de 55.400,8 por año;

- En el mismo período, el número de personas ocupadas en situación clasificada como de subempleo, aumentó en 150.926, o sea, y en promedio, 30.185,2 por año. Recordemos que una persona subempleada está afrontando una situación laboral anómala, bien porque su ingreso es muy bajo relativamente al número de horas que trabaja, bien porque trabaja muy pocas horas para garantizarse un salario o ingreso apropiado. Se trata, en resumen, de trabajos de poca calidad relativa.

- Como consecuencia de los datos mencionados, el porcentaje de personas ocupadas en situación de subempleo ha aumentado muy significativamente: en 2001 era el 21,8% (22,7% en 2002) y salta hasta el 26,8% en 2006. En números absolutos, ello significa pasar de 339.262 personas (2001) a 490.188 personas (2006) ¿Dije que el crecimiento de la economía era impresionante? Mucho, pero mucho más lo es el de las personas subempleadas.

- Si sumamos personas subempleadas más personas declaradas desempleadas –es decir, el total de personas cuya situación laboral es anómala- el movimiento es ascendente: de 27,9% en 2001 (29,1% en 2002) hasta 32,8% en 2006. En números absolutos, ello implica pasar de 439.659 personas desempleadas y subempleadas (en 2001) a 606.215 personas (en 2006).

- La cosa, entonces, comienza a adquirir visos de catástrofe: prácticamente la tercera parte de los trabajadores y trabajadoras costarricenses están en una situación laboral anómala, bien en la forma de desempleo abierto, bien en la de subempleo;

- Retornemos ahora a los datos en relación con el número de nuevos puestos de trabajo creados y relacionémoslos con el aumento en la cantidad de personas trabajadoras subempleadas. Se crearon 277.004 puestos de trabajo en este quinquenio, de los cuales 150.926 han sido en situación de subempleo. O sea, y en breve, el 55% de los puestos de trabajo que se crean son de baja calidad y responden a situaciones de subempleo ¿Catastrófico dije? Lo es, efectivamente.

Pero, y entonces, ¿no que la inversión extranjera crea muchos empleos?

No hace falta saber mucho de economía para captar la gravísima contradicción en que el neoliberalismo tiene atrapado a nuestro país. Véase qué claro: las inversiones extranjeras crecen espectacularmente así como las exportaciones. Otro tanto acontece con la producción nacional medida por el PIB. Y, sin embargo, escasean grave, pero muy gravemente, los empleos de calidad. Seiscientos y resto de mil compatriotas que, a julio de 2006, estaban desempleados o subempleados, constituyen mucho, pero mucho más que una fría estadística. He ahí un drama social y humano que envilece y maltrata.

Sobre todo debe quedar clara una cosa: la inversión que nos llega por parte de las corporaciones transnacionales –en especial las de alta tecnología- aporta una proporción sustancial de las exportaciones pero una cuota absolutamente despreciable del empleo. Y, en contrapartida, su emplazamiento en Costa Rica implica grandes costos, en términos de los privilegios fiscales y el apoyo institucional que se les concede, así como de la infraestructura pública con que se les provee.

Las transnacionales en Costa Rica: un mundo aparte y una enorme mentira

Según un documento presentado en julio de 2006 por la Asociación de Empresas de Zona Franca de Costa Rica (AZOFRAS) ante la Comisión de Asuntos Internacionales de la Asamblea Legislativa, en 2005 esas empresas generaban alrededor de treinta y nueve mil (39.000) puestos de trabajo (ese documento está disponible en www.uccaep.or.cr/aperturacomercial/ZONAS-FRANCAS-IED-DRCAFTA%2003-07-06.pdf).

Por otra parte, y según datos del Banco Central, en ese mismo año las exportaciones procedentes de esas empresas de zona franca representaron el 52% del total respectivo (US $ 3,7 miles de millones) ¿De cuáles empresas hablamos cuando decimos zonas francas? Según la lista que se ofrece en el sitio Web de AZOFRAS (www.azofras.com) las cinco principales son Intel, Abbott Laboratories, Remecinc S.A., Baxter Productos Médicos, Ltda., Coca-Cola Industrias, S.A. Otras que aparecen entre las principales son las farmacéuticas Pfizer Zona Franca S.A y Roche Servicios S.A. Estamos hablando –como es obvio- de ilustres corporaciones transnacionales. Bien podemos decir que es inversión extranjera del más rancio abolengo.

Otro documento disponible en Internet (file:///E:/Inversi%C3%B3n-empleo-desarrollo/encuesta%20empleo%20COMEX.pdf), pero cuya procedencia es, en este caso, el Ministerio de Comercio Exterior de Costa Rica, permite estimar que, a enero de 2006, el empleo total en el sector exportador rondaba las 228.000 personas.

Por simplicidad, limitémonos a manejar números redondos. Según los datos de ASOFRAS, 40.000 trabajadores y trabajadoras de zona franca son suficientes para dar lugar al 52% de las exportaciones (las que se originan en empresas trasnacionales ubicadas en zona franca). El restante 48% de las exportaciones -a juzgar por los datos de COMEX- dan lugar a cerca de 190.000 puestos de trabajo para un empleo total de unas 230.000 personas en el sector exportador.

Nótese un dato importante: esos 230.000 puestos de trabajo son el empleo “directo” –o sea, propaganda aparte, el verdadero empleo- generado por las exportaciones, el cual tan solo representa algo así como un escuálido 12,5% del empleo total. El empleo “indirecto” estimulado por las exportaciones es otra historia, con su dosis de mentira deliberadamente inducida por la propaganda oficial.

Por limitación de espacio y tiempo, es asunto que, de momento, prefiero posponer para un análisis posterior, no sin hacer mención de un detalle: resulta sintomático que quienes tanto exaltan el “empleo indirecto” de las exportaciones no digan nada de la mucho mayor capacidad de generación de “empleos indirectos” por parte de actividades orientadas al mercado interno, las cuales, por añadidura, han sido duramente castigadas por esta estrategia neoliberal.

Volvamos adonde estábamos y observemos algo muy interesante: esos 40.000 puestos de trabajo que aportan las transnacionales de zona franca ¡constituyen poquito más del 2% del total del empleo en Costa Rica en el año 2006!

En todo el sector exportador –el de zona franca y el que no lo es- hay presencia de inversores extranjeros. Pero en las zonas francas el peso de estos últimos es mayor y, en especial, es ahí donde preferentemente se instalan las grandes corporaciones transnacionales de alta tecnología, que constituyen objetivo preferencial de las políticas de atracción de inversiones. Y estas políticas, perdón por la reiteración, se concretan en la práctica mediante la aplicación de sustanciales recursos públicos aportados por el pueblo de Costa Rica. Recursos públicos cuya finalidad prioritaria es, por lo tanto, complacer las “peticiones” que esos inversores transnacionales formulan como condición para venir a Costa Rica.

Por su parte, y como resulta obvio a partir de los datos examinados, tales transnacionales tan solo aportan un número reducidísimo de puestos de trabajo (cosa que, aunque algo atenuada, también es válida para el sector exportador en general). Cierto que pagan muy bien (según AZOFRAS pagan salarios que, en promedio, duplican el salario mínimo), pero con ello tan solo estamos repitiendo lo que ya sabíamos: quienes trabajan para estas grandes empresas transnacionales constituyen algo así como el segmento aristocrático de la clase trabajadora costarricense. Son poquitos y privilegiados.

¿Cómo podrían interpretar estos datos los más de 600 mil hombres y mujeres costarricenses que están en situación de desempleo o subempleo? Para estos compatriotas el cuento acerca de la inversión extranjera y las exportaciones que generan empleo constituye tan solo una burla cruel y descarnada.

Conclusiones

En los últimos años el país ha registrado un alto crecimiento de los flujos de inversión extranjera, las exportaciones y el PIB

Al mismo tiempo, y en contradicción con lo anterior, se ha dado lugar a un proceso sostenido de deterioro en las condiciones del empleo, al punto que una de cada tres personas trabajadoras está desempleada o subempleada. Ello significa que más de 600.000 compatriotas están en una situación laboral anómala. Mucho más que una estadística, tal cosa constituye un drama humano y social muy doloroso.

Se hace así manifiesto que el modelo neoliberal de fomento exportador y atracción de inversiones –en especial inversiones por parte de transnacionales de alta tecnología- genera exclusión y, en particular, produce una peligrosa segmentación dentro de la propia clase trabajadora costarricense: provee empleo en condiciones privilegiadas para un segmento reducido y condena al desamparo a muchísimos más.

Un detalle adicional queda en claro: bajo este esquema neoliberal de políticas, ni la inversión extranjera ni las exportaciones aportan una solución efectiva a los gravísimos problemas de empleo que vive Costa Rica. Absolutamente nada –como no sea la más irresponsable ligereza- permite afirmar que el TLC pueda cambiar tal situación, cuando en realidad tan solo viene a consolidar este curso de políticas y, respectivamente, esta desequilibrada estrategia de desarrollo.

Así pues, está claro que la estrategia neoliberal está atrapada en sus propios mecates, cosa que no sería tan grave de no ser porque también nos tiene agarrados a todos los demás ¿Será posible salir de la trampa? Al respecto ofrezco una breve reflexión en mi cuarto artículo.


Fuente Tribuna Democrática

Nota: La negrita es nuestra



0 comentarios:

 

©2009 Sin pelos en la lengua... NO AL TLC | Template Blue by TNB